Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Silencio, habla el rey de Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2007

Espaa: injerencias no explicadas

Editorial La Jornada


Tras la agitacin en la clausura de la Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, en la que el rey de Espaa, Juan Carlos de Borbn, intent callar con malas maneras al presidente de Venezuela, Hugo Chvez, es preciso ir ms all de los encontronazos verbales y ver que detrs de ellos hay un redimensionamiento inexorable de la presencia espaola poltica, diplomtica y econmica en nuestro hemisferio.

Por principio de cuentas, sera necio desconocer que, tras la muerte de Franco, la antigua metrpoli desempe un papel positivo en Amrica Latina, asolada entonces por sangrientas dictaduras militares alentadas desde Washington. Durante los aos 80 del siglo pasado, Espaa fue, junto con Francia, un contrapeso pequeo y a veces tmido, pero siempre reconfortante a los intereses hegemnicos de Estados Unidos en la regin y tierra de asilo para opositores perseguidos.

En la dcada siguiente, conforme se colapsaban los regmenes militares en este lado del Atlntico y las nacientes democracias enfrentaban los saldos de desastre, se produjo una notable expansin de las inversiones peninsulares en Amrica Latina. El flujo de capitales correspondiente result importante para la recuperacin de economas devastadas por la crisis de la deuda externa.

El avance de la integracin espaola a la Europa comunitaria y la llegada de los posfranquistas del Partido Popular (PP) a La Moncloa implic un realineamiento de la percepcin de Latinoamrica en los rganos del Estado espaol. Desaparecieron los matices que diferenciaban a Madrid de Washington y los pases de este hemisferio dejaron de ser vistos como parte de un universo idiomtico y cultural comn para ser considerados mercados, en los cuales era preciso aplicar las normas de rapia y depredacin caractersticas del modelo globalizador en curso. A medida que las economas salan del amargo trance de fin de siglo, de este lado del mar se cay en la cuenta que las trasnacionales espaolas, ya por entonces con fuerte presencia regional, no eran menos voraces ni menos implacables que las estadunidenses.

La rapacidad de las grandes corporaciones peninsulares especialmente las que tienen intereses en los sectores hdricos y energticos les ha generado conflictos de diversos grados con gobiernos de Argentina, Bolivia y con las sociedades de casi todos los pases en los que tienen presencia.

Ante el surgimiento de gobiernos latinoamericanos con propuestas econmicas alternativas al Consenso de Washington y con polticas exteriores independientes, el gobierno que encabezaba Jos Mara Aznar emprendi una poltica de abierta injerencia para favorecer a las fuerzas derechistas de este lado del Atlntico. En el encuentro de anteayer, el presidente nicaragense, Daniel Ortega, dio cuenta de cmo, ya en tiempos de Rodrguez Zapatero, en la embajada de Espaa en Managua se conspir para impedir el triunfo del Frente Sandinista de Liberacin Nacional, lo que gener por segunda vez la ira del jefe del Estado espaol, quien abandon con rudeza la sesin.

Ayer Chvez record que el gobierno de Aznar particip en la conjura que desemboc en el fallido golpe de Estado de 2002, que por un par de das alej al presidente venezolano del poder. El ex jefe del gobierno espaol busc, adems, inducir a varios pases latinoamericanos con especial nfasis Mxico y Chile a la catastrfica y criminal aventura blica de Estados Unidos en Irak (y antes en Afganistn), faltando con ello al elemental respeto a las soberanas nacionales y a las facultades exclusivas de cada pas de fijar su poltica exterior.

No hay que equivocarse: no es que Chvez u Ortega le hayan colmado la paciencia al rey de Espaa, es que algunos gobiernos de este hemisferio han sido demasiado pacientes ante el intervencionismo espaol.

Ahora resulta fcil imputar al cavernario Aznar las responsabilidades por estos actos hostiles, inadmisibles y contrarios a la legalidad internacional; sin embargo, el ahora destemplado Juan Carlos de Borbn, en su calidad de jefe de Estado y responsable mximo de la poltica exterior de su pas, no puede eludir su responsabilidad en las tropelas cometidas por el gobernante defenestrado luego de los atentados del 11 de marzo de 2004 en los trenes de Madrid.

Las autoridades espaolas le deben una explicacin a los gobiernos y pueblos de Venezuela y Nicaragua, deuda que posiblemente se quedar pendiente por tiempo indefinido, habida cuenta de la arrogancia y el desdn hacia Amrica Latina que imperan en las altas esferas polticas de Madrid.



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