Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Silencio, habla el rey de Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2007

La oportunidad perdida por Chvez

Alberto Montero Soler
Rebelin



De lo ocurrido en el acto de clausura de la Cumbre Latinoamericana celebrada en Santiago de Chile lo que menos relevancia tiene, a mi entender, son las bruscas maneras con las que el monarca espaol, traicionado por sus genes absolutistas, mand callar al presidente venezolano. Si bien no hay que desechar que la escena, repetida hasta la saciedad por los noticieros de medio mundo, constituye la escenificacin perfecta del progresivo distanciamiento de algunos estados de Amrica Latina con respecto a la madre patria con el consiguiente enfado del padre putativo.

Lo que, siempre a mi modo de ver, s que tiene importancia es la desafortunada invocacin que, de manera casi recurrente, hizo Hugo Chvez del ex-presidente espaol, Jos Mara Aznar. Sus descalificaciones, aun pudiendo estar fundamentadas no ser yo quien gaste un minuto en rebatirlas-, eran completamente extemporneas y resucitaban a un personaje que desde hace casi cuatro aos haba desaparecido de la escena poltica internacional (entindase esa desaparicin en los trminos en los que suelen desaparecer cualquier expresidente espaol que se precie, esto es, pasando a la promocin de una manera ms abierta de los intereses y negocios de sus amigos y, en ocasiones, socios).

Para tratar de comprender su discurso en esta la ocasin, que quisiera pensar improvisado y no calculado, se me ocurren algunas claves interpretativas, la mayor parte de las cuales me llevan a reafirmarme en mi percepcin de lo errneo de la estrategia, si es que, insisto, lleg a haber alguna.

Si se analiza el discurso en clave psicolgica cabe concluir que el presidente venezolano mantiene una obsesin personal hacia Aznar desde que supo de la implicacin espaola en el golpe de estado de abril de 2002. En ese caso, no me siento autorizado para apoyar con fundamento la hiptesis de la obsesin, si bien no es menos cierto que Chvez ha dado muestras en reiteradas ocasiones de que mantiene una cierta inquina hacia el expresidente espaol que, de ser cierta, requerira ms de un tratamiento mdico que de un comentario poltico, porque pocos rditos se obtienen de fustigar a un fantasma del pasado mientras que quienlo hace no slo es el presente sino tambin el futuro para Amrica Latina.

En segundo lugar, tambin cabra interpretar el discurso en clave meditica: de todos es sabido la enorme capacidad del presidente venezolano para acaparar la atencin de los medios de comunicacin de todo el planeta. La embestida contra Aznar constituira, entonces, un intento por no pasar inadvertido en el marco de una Cumbre Iberoamericana marcada por los intentos de extender la idea de que Amrica Latina necesita afrontar una estrategia de cohesin social que, sin menoscabar los cimientos de la economa de mercado, reintegre a la sociedad a los millones de personas que esa misma economa de mercado ha contribuido a expulsar durante los ltimos veinte aos.

En ese intento de implantacin de un pacto socialdemcrata en toda Amrica Latina, los exabruptos de Chvez se convertan en la carnaza que estaban esperando los medios de comunicacin para darle sentido a su presencia una cumbre que se ocupaba de unas realidades que en el da a da se demuestra que les son del todo indiferentes.

En el marco de esa lgica, Chvez tuvo su minuto de gloria y los medios de comunicacin encontraron lo que andaban buscando para justificar su despliegue. Y todos se marcharon contentos a casa.

En tercer lugar, tambin cabra interpretar la actuacin de Chvez en clave de poltica nacional. El presidente venezolano, por lo tanto, no se estara dirigiendo a la comunidad iberoamericana, cuyos representantes se encontraban reunidos en Chile, sino que su discurso tena como destinatarios ltimos a los ciudadanos venezolanos frente a los que se reafirmaba en su denuncia de lo que l considera el pensamiento y la praxis poltica de Aznar y sus repercusiones, transcurridos ya ms cinco aos, sobre la situacin poltica en Venezuela.

En este caso, alguien debera sugerirle al presidente Chvez que cada foro tiene su pblico y a donde se suele ir a hablar de los temas que a l incumben (lo que, en ningn caso, excluye el guio ocasional hacia su propio pblico, la ciudadana nacional). Nada ganabaen el mbitointerno con denunciar en tono bronco a quien l mismo vaticin que se convertira en polvo estelar hace aos. Por aquel entonces, la declaracin tuvo su sentido, su oportunidad y hasta su gracia. La de ahora, sin embargo, de entrada nos brinda un flaco favor a los espaoles, volviendo a traer al primer plano de la arena poltica, casi en condicin de mrtir, a quienes muchos hubiramos deseado ver efectivamente convertido en polvo estelar (en sentido metafrico, entindaseme bien). Pero, adems, y para el comn de los espaoles, le ha regalado al monarca espaol la oportunidad de convertirse pblicamente -aunque de malos modos (lo que nuevamente, y para la mayora de mis compatriotas, agranda si cabe el valor de la gesta)- en el adalid de los intereses de Espaa y los espaoles en aquella tierra de indios desagradecidos.

En definitiva, Chvez obtena pocos beneficiosen el planointerno y desestabilizaba, sin mucho sentido, los ya de por s reducidos apoyos que pudieran brindrsele desde Espaa y, por contagio, desde algunos pases latinoamericanos.

Y, finalmente, el anlisis es mucho ms desesperanzador si se hace en clave de poltica internacional. En ese caso, cabra pensar que el presidente Chvez no slo se estaba dirigiendo a su pueblo sino tambin a todos sus seguidores dentro de los movimientos de izquierda latinoamericanos y mundiales y, asumiendo su papel autoinvestido de conciencia moral de los pueblos oprimidos de Amrica Latina, denunciaba por ensima vez la figura de Aznar y su poltica en el hemisferio.

Si sa hubiera sido la estrategia no cabe menos que reprocharle a Chvez la oportunidad que ha perdido para concitar a su alrededor el apoyo de gran parte de los pases latinoamericanos frente a lo que realmente debera haber sido el eje de su discurso: los desmanes y tropelas de las empresas espaolas en Amrica Latina desde su agresivo desembarco a fines de los ochenta en aquel continente. Hubiera sido difcil encontrar un pas que no hubiera podido denunciar algn caso de comportamiento depredador de estas empresas: precios artificialmente elevados, cuando no abusivos; falta de inversin que redundan en servicios de nfima calidad; expolio de riquezas naturales; actividades productivas o extractivas con costes ambientales irreparables; desplazamientos forzados de comunidades originarios; y un largo etctera ms.

Era en torno a esta cuestin y con una retrica menos incendiaria donde Chvez poda haber encontrado el consenso de casi todos los asistentes. Ah estaba el filn que un estadista, ms preocupado por aglutinar esfuerzos para una transformacin real de Amrica Latina que por sembrar el rechazo a travs del histrionismo en las formas y el desacierto en la eleccin de los momentos, hubiera aprovechado para atraer hacia sus posiciones a alguien ms que a sus socios incondicionales y a los que, por otro lado, no les qued ms remedio que cerrar filas en torno al presidente venezolano.

En este sentido, slo cabe afirmar que, si bien Chvez es el interlocutor perfecto que las clases populares depauperadas de Venezuela necesitaban al frente del Estado para poder recuperar su conciencia de ciudadano y su dignidad como personas, sigue sin tomarle el pulso a la esfera internacional.

Ms all de su indudable atraccin meditica y de los aliados, en muchos casos meramente coyunturales, que le reporta la diplomacia del petrleo, sigue sin concitar a su alrededor un grupo de pases que identifiquen su lucha contra la opresin del Norte desarrollado con la que, en el mismo sentido, se mantiene desde Venezuela.

Es por ello, y en beneficio de todos los pueblos oprimidos del mundo, que Chvez debera aprender que la diplomacia de la justicia social no slo necesita de la generosa y revolucionaria solidaridad con la que Venezuela administra su petrleo sino que, para estar ms cargada de razn, tambin debe acompaarse de unas formas que marquen distancia con aquellos a los que se denuncia y aproxime a aquellos que comparten sueos y aspiraciones. De otra forma, perdemos todos.

Alberto Montero Soler ([email protected]) es profesor de Economa Aplicada en la Universidad de Mlaga (Espaa).




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