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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-11-2007

Shara Occidental: el principio del fin?

Francisco Jos Alonso Rodrguez
Pblico


Ya son ms de 32 aos de lucha del pueblo saharaui. Durante este largo periodo de tiempo, la comunidad internacional ha abandonado a su suerte el Shara Occidental, permitiendo que tanto Mauritania como Marruecos proyectasen sus intereses expansionistas sobre l. Si bien es cierto que el primero de estos pases hubo de abandonar su ocupacin, esto no se debi a una hbil maniobra diplomtica de la ONU, sino a la imposibilidad de mantener econmicamente la invasin. Marruecos, por su parte, no ha cesado en todos estos aos en el intento de ocupar definitivamente el territorio.

Y mientras tanto, para sonrojo general de las Naciones Unidas y particular del Gobierno espaol, el pueblo saharaui se ha visto obligado a permanecer en un campo de refugiados provisional que levantaron en Tinduf gracias al apoyo humanitario de Argelia. Esta responsabilidad recae sobre todos los gobiernos representados en la ONU, pero el Gobierno espaol debiera esforzarse an ms que ninguno en resolver un conflicto que l mismo provoc con el abandono precipitado de esta colonia en 1975. Es, casi con toda seguridad, la ltima oportunidad del Gobierno espaol de subsanar, en la medida de lo posible, el craso error que cometi con la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid, as como de no llevar a cabo todas las promesas incumplidas al pueblo saharaui, que ya son legin. Y, desde luego, debiera en primersimo lugar dejar de vender armas a Marruecos, entre ellas, minas antipersonales, las ms abominables, si es que se pueden establecer categoras dentro de los instrumentos de muerte.

La razn de la falta de inters internacional por resolver esta situacin es tan evidente como recurrente: los sempiternos intereses econmicos y polticos, que parecen degradar hasta tal punto al ser humano que es capaz de cerrar los ojos ante las necesidades y derechos ms elementales.

Resulta para todos evidente que la guerra, en ningn caso, y quiz menos en ste, puede ser el camino para solventar las diferencias. La herramienta adecuada siempre ha de ser no violenta, y en el conflicto que nos ocupa es claro que ha de ser el referndum, cuya celebracin debi realizarse en 1992 y que se ha postergado desde entonces por las presiones de Marruecos. Por supuesto, ste ha contado con la aquiescencia de algunos pases de la ONU, encargada, en teora, de supervisar y controlar dicho referndum. Es ya inexcusable la obligacin de romper esta inercia; la situacin no se puede mantener indefinidamente, ya que el escepticismo (por otra parte muy justificado) del pueblo saharaui va en aumento. ste respetar sin matices los resultados del sufragio, siempre, lgicamente, que sea democrtico y que disponga de igualdad de medios con respecto a Marruecos. Esto es lo mnimo que la ONU debe garantizar.

Uno de los caballos de batalla con que est jugando Marruecos es, precisamente, el censo de votantes. Tanto el pueblo saharaui como el sentido comn exigen utilizar un censo poblacional fiable (como lo es el que realiz Espaa en 1974, que arroja una cifra de unas 74.000 personas) y actualizarlo debidamente. Marruecos, por su parte, intenta colar la nada despreciable cifra de 160.000 nuevos votantes, gracias a lo cual ha estado consiguiendo su objetivo: paralizar el plan de paz.

Es imprescindible acabar de una vez con el acoso de Marruecos; tengamos en cuenta la falta de recursos econmicos y las precarias condiciones en las que vive hoy el pueblo marroqu, y, todava as, el sitio al que estn sometiendo a los saharauis les obliga a mantener unos 80.000 soldados, una situacin que les cuesta alrededor de cuatro millones de dlares diarios. Esta sangra, inaceptable en s misma, se agrava an ms cuando el Estado que la realiza mantiene a su pueblo dentro de unos elevados ndices de pobreza. Pero la presin militar no es la nica a la que est sometida la poblacin saharaui; otras cuatro fuerzas represoras de carcter paramilitar, como son la Polica Judicial (PJ), la Direccin de la Vigilancia del Territorio (DST), la Gendarmera Real y las Compaas Mviles de Intervencin (CMI), son las responsables del 90% de las detenciones en el Shara Occidental.

Puede ser que esta vez s se est avanzando haca la resolucin del conflicto; en las reuniones directas que han empezado entre el Frente Polisario y el Reino de Marruecos deben aproximar posiciones entre ellos, priorizando la vigilancia del referndum para dar cumplimiento a las resoluciones de Naciones Unidas. En palabras de Sayet, ministro de Asuntos Exteriores de la Repblica rabe Saharaui Democrtica (RASD), si bien es cierto que lograr llegar a acuerdos sobre los aspectos conflictivos del plan de arreglo es un logro indiscutible, no es menos cierto que la fase de aplicacin sigue siendo el nudo gordiano de todo el proceso de paz, que, como todos sabemos, es una fase preada de riesgos y peligros que pueden dar al traste con todos los acuerdos logrados hasta el momento. Otros asuntos que quedan por acordar son los lmites fronterizos y el desmantelamiento de los cinco millones de minas, para lo cual es necesaria y urgente la entrega por parte del Gobierno marroqu de los planos de situacin de las mismas.

Por todo lo antedicho, conviene que la comunidad internacional tome una serie de medidas con el fin de asegurar la paz y la justicia en el Shara Occidental, como son evitar en estos momentos llegar a acuerdos con Marruecos que afecten al territorio, soberana o riquezas del Shara Occidental, el cese de venta de armas y el envo de observadores acreditados por cada pas ante la ONU para ir preparando la celebracin de un referndum de autoderminacin del pueblo saharaui.

Es el momento de que el pueblo saharaui recupere de una vez por todas y sin ms dilacin la soberana, la libertad a la que tienen derecho legtimo todos los pueblos y, sobre todo, que se respeten los derechos humanos en el Shara Occidental.

*Francisco Jos Alonso Rodrguez es presidente de la Liga Espaola Pro Derechos Humanos


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