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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2004

El guin afgano

Txente Rekondo
GAIN


Tras dos cancelaciones, este fin de semana cerca de diez millones y medio de afganos, el nmero que se han registrado para votar, tomarn parte en las elecciones presidenciales del pas. Tendrn que elegir entre dieciocho candidatos, y se han habilitado ms de 25.000 colegios electorales por todo Afganistn. La mayora de refugiados afganos, tanto en Irn como en Pakistn, no han mostrado excesivo inters en los comicios, y la participacin de la mujer afgana es tambin una duda. Los resultados tardarn en conocerse entre dos o tres semanas, oficialmente se alega la compleja orografa afgana como principal motivo, aunque hay quien apunta a posibles tejemanejes postelectorales. Y es que las dudas que planean sobre estos comicios son muy importantes como para otorgarles el label de calidad o estndar democrtico al uso en Occidente (falsificaciones, violencia permanente, la propia coyuntura...).

As es que tras ser pospuestas por dos veces, las elecciones presidenciales en Afganistn se celebran este sbado. Se suele decir que las prisas no son buenas compaeras, sin embargo, la administracin norteamericana se ha dejado guiar por stas. Bush no poda permitir un nuevo retraso en su calendario afgano. En vsperas del crudo invierno y del comienzo del Ramadn, a Washington le quedaban pocas opciones para fijar otra nueva fecha. Si en un principio las elecciones generales tambin se han pospuesto hasta el prximo ao, el nueve de octubre es el da inamovible para las presidenciales, de acuerdo con el guin afgano diseado en Estados Unidos.

La sombra del dos de noviembre ha estado planeando en todo momento ante la toma de las decisiones anteriormente sealadas. Las elecciones estadounidenses son el eje central para entender las prisas de Bush y los suyos. Los propios afganos han manifestado abiertamente la premura de esta cita electoral, sin embargo, la Casa Blanca necesita que "su candidato", Hamid Karzai, sea elegido presidente de Afganistn, lo que significara una especie de "misin cumplida".

Con la situacin iraqu empeorando cada da que pasa, este "triunfo afgano" es vital para que Bush siga aspirando a repetir como presidente de Estados Unidos. Los intereses de Afganistn ante esta realidad, sobra decirlo, no estn en ninguna de las agendas que se colocan sobre las diferentes mesas en estos momentos.

Diferentes escenarios

La mayora de los anlisis apuntan la victoria de Karzai sobre sus rivales. No obstante, existen dudas sobre la posibilidad de ste de lograr ms del 50% de los votos, lo que le evitara tener que concurrir a una segunda vuelta.

El escenario poltico se presenta dividido claramente en facciones tnicas en su mayor parte. Esta divisin ha estado alentada por sus propios protagonistas, conscientes que esa es la mejor situacin para reforzar sus posiciones ante cualquier futuro gobierno o negociacin.

Las amenazas y las divisiones que han precedido a la fotografa actual del pas, era el escenario deseado, la mejor frmula para que Karzai, "el favorito", tenga que pagar un precio por asentar o asegurar su ms que anunciada victoria electoral. Si se cumplen estos pronsticos, Karzai tendr que dirigir un gobierno pactado, similar al actual, en el que los intereses de cada seor de la guerra se anteponen a los del pas.

El vaco que durante las dos o tres semanas de recuento va a presidir el pas puede ser tambin el escenario ideal para que los contrarios al proceso intensifiquen sus ataques, al mismo tiempo que la mayora de actores polticos y militares utilizarn ese tiempo para colocarse todava en mejor posicin, aunque para ello sea necesario el uso de la violencia o la desestabilizacin de Afganistn. De momento, los contactos entre las facciones rivales, probablemente entre todas ellas, se estn dando en todos los mbitos. Sin embargo, la mayora de analistas coinciden en sealar como un psimo escenario el resultado de esas conversaciones forzadas. A corto plazo esa alianza contra-natura puede valer para la foto que busca Washington, pero a largo plazo condena a Afganistn a caer en el abismo ms negro de su pasado reciente.

Pocas esperanzas

La estrategia de EEUU va a continuar de momento envuelta en importantes contradicciones. Sobre el terreno seguirn sus operaciones militares para "capturar a los talibanes y sus aliados de al Qaeda" (con gran nmero de vctimas colaterales), al mismo tiempo que sigue su asistencia en la reconstruccin del pas y el desarrollo e implantacin de sus instituciones. No obstante, esta labor es en ocasiones contradictoria, y as se ha demostrado en la lucha contra los talibanes, cuando Washington no ha dudado en aliarse con determinados seores de la guerra (Hazrat Ali en Jalalabad, Fahim en Kabul, o Dostum y Atta en Mazar-i-Sharif), enemigos todos ellos del principal aliado estadounidense, Karzai.

Un repaso a los principales candidatos permite afirmar que la polarizacin tnica que preside las elecciones se ha materializado en un campo complejo y en un peligroso escenario, lo que deja poco lugar para la esperanza de resolucin de la situacin actual.

El fraude electoral planea sobre el conjunto de las elecciones, pero esto es algo que no parece quitarles el sueo a los observadores occidentales, que lo aceptan como un mal menor. Lo que "importa es la celebracin misma de los comicios, ms que cmo se llevan a cabo los mismos".

Afganistn est peor que hace algunos meses. El trfico y cultivo de droga crece cada da, el poder de los seores de la guerra (hoy candidatos presidenciales) y sus poderosas milicias armadas es mayor, y la violencia lejos de disminuir aumenta a cada momento. En lo que llevamos de ao, en Afganistn han muerto ms soldados estadounidenses, afganos o cooperantes internacionales que en todo el ao 2003.

Las fuerzas que se oponen al proceso electoral, agrupadas en torno a los talibanes y a Hezb-i-Islami Afghanistan (HIA) de Hekmatyar, no cejan en sus intentos por derrocar el rgimen impuesto por EEUU, a pesar de sus maniobras interesadas en cada momento, como los movimientos polticos de HIA, impulsados por Pakistn, de cara a encontrar un sitio en el futuro escenario poltico.

Sin embargo, la ausencia de esos actores polticos, o de otros como los comunistas, deja ya cojo de salida el proceso en su conjunto, y a pesar de los intentos de Washington por incorporar a la "cara amables o buena" de esos movimientos a su guin afgano. Por todo ello, pretender "consolidar" la democracia en Afganistn (siempre segn los parmetros occidentales) sin haber superado previamente las races que motivaron el conflicto es un grave error. Este fallo se ha producido tambin en el pasado, Camboya o Liberia son ejemplos de cmo no se deben hacer las cosas. Y eso aunque est escrito en el guin de Washington.





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