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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2007

Diez das que estremecieron al mundo y la Revolucin Bolivariana

Alejandro Ruiz
Venezuela Cantaclaro


Qu revolucin es esa a la cual Hugo Chvez invita hoy a rendirle tributo?

Sbado 10 de noviembre de 2007. Ha culminado la Cumbre Iberoamericana de Gobiernos, y en el Estadio Nacional de Chile se congregan partidarios de izquierda; a mitad de su discurso el Presidente de Venezuela, con su voz algo ronca, exclama: Vamos a rendirle tributo a la revolucin rusa, a los bolcheviques y a su gran lder, Lenin; que hace 90 aos hicieron esa hazaa!.

El surgimiento de la primera revolucin socialista del mundo lo narra el periodista estadounidense John Silas Reed, en su libro Diez das que estremecieron al mundo. Ese libro tiene un valor literario, histrico y poltico apasionante; an para los originalistas de inventamos todo o erramos o para los contrarios al socialismo.

Escrito por un egresado en literatura de la Universidad de Harvard, que vivi la agitacin y el desarrollo inicial de la llamada Revolucin Socialista de Octubre; relata, con una visin general, la cotidianidad de cmo los Consejos de Obreros, Campesinos y Soldados alcanzaron el poder en Rusia el 7 de noviembre de 1917, bajo la direccin poltica y militar de los comunistas. S, los comunistas!

Algunos pasajes del libro pudieran servir de referencia para comprender mejor la Revolucin Bolivariana en Venezuela y los acontecimientos que hace 90 aos antecedieron al llamado Socialismo del Siglo XXI; tan autntico como lo es cada pas, cada tiempo histrico y cada correlacin de fuerzas en pugna. Aunque siempre hay inventos que ya estn patentados por la historia, a favor y en contra de una revolucin socialista o que pretenda serlo, sin importar que se acceda al poder por la va pacfica o armada.

La Constituyente de 1917, la Constitucin del 1999

En su prefacio de Diez das que estremecieron al mundo, John Reed incita a la lectura con algunas preguntas. Entre stas, por qu los bolcheviques, que defendieron la Asamblea Constituyente de 1917, ahora, al calor de una inminente revolucin socialista, la disolvieron. Y por qu la burguesa, hostil a la Asamblea Constituyente de 1917 hasta la aparicin del peligro bolchevique, ahora la defenda.

Hoy la pregunta es similar ante el debate sobre la reforma constitucional en Venezuela; por qu los revolucionarios, que defendieron la Constitucin de 1999, ahora, al calor de una inminente revolucin socialista, la reforman. Y por qu la burguesa, hostil a la Constitucin de 1999 hasta la aparicin del peligro socialista, ahora la defiende.

La respuesta a la esencia la aporta all mismo John Reed:

Las clases poseedoras queran una revolucin solamente poltica que, arrancando el poder al zar, se lo entregara a ellas. Queran hacer de Rusia una repblica constitucional (). Ahora bien, las masas populares queran una verdadera democracia obrera y campesina.

Cualquier parecido

Muchos autores han justificado su hostilidad al Gobierno sovitico pretextando que la ltima fase de la revolucin no fue otra cosa que una lucha defensiva de los elementos civilizados de la sociedad contra la brutalidad de los ataques de los bolcheviques (resaltado nuestro).

Ahora bien, fueron precisamente esos elementos, las clases poseedoras, quienes, viendo crecer el podero de las organizaciones revolucionarias de las masas, decidieron destruirlas, costase lo que costase, y poner una barrera a la revolucin.

Dispuestos a alcanzar sus objetivos, recurrieron a maniobras desesperadas. Para derribar el ministerio Kerenski y aniquilar a los Soviets, desorganizaron los transportes y provocaron perturbaciones interiores; para reducir a los comits de fbrica, cerraron las fbricas e hicieron desaparecer el combustible y las materias primas; para acabar con los comits del ejrcito restablecieron la pena de muerte y trataron de provocar la derrota militar, contina Reed.

Bien vale la pena preguntarse 90 aos despus: Es diferente u original la conducta de las clases poseedoras ante la posibilidad de una revolucin socialista?

Alguien pudiera escribir hoy, parafraseando al autor del libro:

Muchos autores y dueos de medios de difusin masiva han justificado su hostilidad al Gobierno Bolivariano pretextando que la ltima fase de la revolucin no fue otra cosa que una lucha defensiva de los elementos de la sociedad civil contra la brutalidad de los ataques de los chavistas.

Y as por el estilo, cada quien puede hacer su ejercicio literario. Cambiemos el nombre del pas y el tiempo histrico, y tendremos la misma conducta de la burguesa y sus aliados: sabotaje econmico, golpe de estado, lucha no violenta, acaparamiento y otros inventos aplicados y por aplicar contra la Revolucin Bolivariana, cuando se evidenci que era algo ms que una revolucin poltica.

Podemos, Baduel y otros hace 90 aos

Entre la burguesa y los bolcheviques -explica el periodista estadounidense- se encontraban los llamados socialistas moderados, que incluan a los mencheviques, a los socialrevolucionarios y algunas fracciones de menor importancia. Todos estos partidos estaban igualmente expuestos a los ataques de las clases poseedoras, pero su fuerza de resistencia se hallaba quebrantada por sus mismas teoras.

Los mencheviques y los socialrevolucionarios consideraban que Rusia no estaba madura para la revolucin social y que slo era posible una revolucin poltica.

Y finalmente, cuando los bolcheviques echaron abajo todo ese hueco edificio de compromisos, mencheviques y socialrevolucionarios se encontraron en la lucha al lado de las clases poseedoras. En todos los pases del mundo, poco ms o menos, vemos producirse hoy el mismo fenmeno.

Est reseando a las fuerzas polticas existentes en la Rusia de 1917, en apenas el prefacio del libro, firmado en Nueva York, el 1 de enero de 1919. Lo mejor viene despus, en doce captulos interesantes, en gnero de crnica literaria.

Antes que la revolucin, el caos

En el Capitulo I, Los orgenes, relata como un alto dirigente de un partido de la burguesa liberal prefera la destruccin econmica del pas, antes que la revolucin:

Me declar que el hundimiento econmico formaba parte de una campaa destinada a desacreditar la revolucin. Un diplomtico aliado, cuyo nombre he prometido callar, me confirm el hecho. S tambin que cerca de Jarkov, los propietarios de unas minas las incendiaron e inundaron; que en Mosc, ingenieros textiles, antes de abandonar las fbricas, inutilizaron las mquinas, y que unos obreros sorprendieron a ciertos funcionarios de los ferrocarriles en flagrante delito de sabotaje a las locomotoras (resaltado nuestro).

Tambin se pudiera escribir ahora, algo as:

En diciembre del ao 2002, que en Venezuela, ingenieros petroleros, antes de abandonar las fbricas, inutilizaron las mquinas, y que unos obreros sorprendieron a ciertos funcionarios de PDVSA en flagrante delito de sabotaje a las computadoras.

Los especuladores -contina explicando el primer captulo- se aprovechaban del desorden general para amasar fortunas que dilapidaban en orgas fantsticas o en pagar a los funcionarios. Acaparaban stocks de vveres o de combustibles y los exportaban clandestinamente a Suecia. Durante los cuatro primeros meses de la revolucin, las reservas de vveres de los grandes almacenes municipales de Petrogrado fueron saqueadas casi a la vista de todos, hasta el punto de que la reserva de trigo para dos aos result casi insuficiente a las necesidades de un mes. Segn el informe oficial del ltimo ministro de Abastecimientos del Gobierno provisional, el caf se compraba al por mayor en Vladivostok a dos rublos la libra, y el consumidor lo pagaba a trece en Petrogrado.

Cambian los tiempos y el espacio, no la esencia de la lucha de clases.

Una revolucin sin azcar y sin leche

Los empresarios para evitar la revolucin de los comunistas, acaparaban o destruan su propia produccin de alimentos bsicos.

En un prrafo digno de ser remitido al Indecu y al Seniat, narra John Reed:

Se tena derecho a dos libras de azcar mensuales, pero era casi imposible encontrarla. Una tableta de chocolate o una libra de caramelos inspidos costaban de siete a diez rublos, ms o menos un dlar. Slo haba leche para menos de la mitad de los nios de la ciudad; la mayor parte de los hoteles y de las casas particulares no la vean desde haca meses. En plena temporada de frutas, las manzanas y las peras se vendan en las esquinas de las calles a poco menos de un rublo cada una. Para conseguir leche, pan, azcar o tabaco era preciso hacer cola durante horas bajo la lluvia glacial.

No olvidemos que hablamos de Rusia, ao 1917.

Que nos invadan, pero camarada jams

La mentalidad burguesa y pequeoburguesa se resista en medio del fragor de la revolucin de los obreros, campesinos y soldados. Preferan la invasin de una potencia extranjera, antes que el triunfo de la revolucin.

Las mujeres de los funcionarios se reunan por las tardes a tomar el t, llevando cada una en su manguito una cajita con azcar, de oro o plata, ornada de brillantes, y media hogaza de pan. Estas damas suspiraban por la vuelta del zar, por la llegada de los alemanes y, en fin, por todo aquello que pudiera resolver la crisis del servicio domstico. La hija de un amigo mo sufri un da un ataque de histeria, porque la cobradora de un tranva la haba llamado camarada.

Hasta los mesoneros se alzaron

En Diez das que estremecieron al mundo, se describe la nueva situacin de sectores marginados. La autoestima y la dignidad humana por primera vez llenaban en masa los corazones y las mentes de los ms excluidos.

Las criadas, a quienes antes se trataba como a bestias y apenas se les pagaba, estaban emancipndose () Los camareros de los hoteles y restaurantes estaban tambin organizados y se negaban a recibir propinas. En las paredes de los restaurantes haba inscripciones como sta: No se admiten propinas. Como esta otra: Porque un hombre est obligado a ganarse la vida sirviendo a otros en la mesa, no es necesario insultarlo ofrecindole una propina.

La primera Misin Cultura

Rusia entera aprenda a leer: lea asuntos de poltica, de economa, de historia, porque el pueblo tena necesidad de saber () La sed de instruccin, tan largo tiempo refrenada, se convirti con la revolucin en un verdadero delirio. Slo del Instituto Smolny salieron cada da, durante los seis primeros meses, toneladas de literatura, que, ya en carros, ya en vagones, iban a saturar el pas. Rusia absorba, insaciable, como la arena caliente absorbe el agua. Y no grotescas novelas, historia falsificada, religin diluida o esa literatura barata que pervierte, sino teoras econmicas y sociales, filosofa, las obras de Tolstoi, de Gogol, de Gorki.

Seguidamente John Reed ilustra esta dramtica escena:

Visitamos el frente del 12 ejrcito, detrs de Riga. Plidos, descalzos, los hombres se consuman sobre el lodo eterno de las trincheras. Enderezndose a nuestro lado, los rostros contrados, la piel azulada por el fro asomando por entre los desgarrones de la ropa, nos preguntaron vidamente: Ha trado usted alguna cosa para leer?.

Para finalizar, Lenin se puso en pie

Vale la pena leer o releer Diez das que estremecieron al mundo, sin complejos, y tomar nota de las similitudes y diferencias, de lo general y de lo particular de cada proceso histrico.

Porque una revolucin verdadera es una hazaa permanente en un espacio y tiempo concreto, que se nutre de un acumulado histrico y de la creacin heroica diaria. Tan similar y tan distinta a la vez, como lo es el ADN de cada ser humano. Digo esto -que a veces suena necio decirlo-, cmo si fuese posible de otra forma.

John Reed nos revela el surgimiento de la primera revolucin socialista del mundo, como testigo que vivi dentro de ella, As, en el Captulo V nos relata como en medio del acalorado debate sobre el curso de los acontecimientos, un da despus de la insurreccin revolucionaria del 7 de noviembre de 1917, en el Congreso de los Soviets se escuchaban los discursos y las dudas de los ms diversos oradores; mientras en las calles contiguas los fusiles y ametralladoras todava gritaban.

Ante esta escena, John Reed agrega, con su narrativa categrica:

Finalmente, Lenin se puso en pie. Mantenindose en el borde de la tribuna, pase sobre los asistentes sus ojillos semicerrados, aparentemente insensible a la inmensa ovacin, que se prolong durante varios minutos. Cuando sta hubo terminado, dijo simplemente: -Ahora procederemos a la edificacin del orden socialista.-


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