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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2007

Programas de debate en los medios de comunicacin espaoles
Un golpe de realidad

Mariano Sanz Flez
Rebelin



La realidad se me present ayer de golpe en la forma de mensajes de texto, enviados por telfono mvil, por los espectadores de un programa de debate de televisin (el de la noche del 15 al 16 de noviembre de 2007, en la cadena Antena 3), de cuyo nombre no puedo ni quiero acordarme, dedicado, en su primera parte al menos (la nica que pude soportar), al incidente diplomtico entre Hugo Chvez, presidente de Venezuela y el rey de Espaa, quien en la reciente cumbre iberoamericana celebrada en Santiago de Chile increp a aqul con la ingeniossima majeza de por qu no te callas? (no se ha dicho siempre que es muy sencillo, que es como uno ms?: nunca como en ese momento).

Se trataba de uno de esos presuntos programas de debate, en los que en realidad no hay ninguna posibilidad de contraste de ideas (al estilo de lo que ocurra, por ejemplo, en mi aorado La Clave, de Balbn), sino que slo son pretexto y escenario de autnticos reality shows en los que el objeto y el guin del espectculo consiste precisamente en el supuesto debate. Es decir, lo importante no es ya, en ninguna medida, el contenido del debate en general, ni las posturas en que se exprese dialcticamente el mismo, sino la forma del debate, el cauce en que dicho debate se manifiesta con la consecuencia ineludible del empobrecimiento radical, consustancial, del pensamiento y de su expresin, degenerando en inexorable trifulca, cuanto ms chabacana mejor: ms a la altura del que suponen espectador medio. El resultado es, por supuesto, muy rentable desde varios puntos de vista: el medio emisor se vanagloria de que en esa cadena la que sea, se incluye programacin seria, de contenido serio; por otro lado, con esa frmula, viene a resultar que esa programacin seria est tan bien concebida y tan bien hecha que puede competir con la telebasura de otras cadenas; los telespectadores pueden a su vez adquirir un mejor concepto de s mismos pensando que ellos no pierden el tiempo con programas de casquera, sino que se interesan por los ms elevados temas; y los interesados en que el debate no llegue demasiado lejos y no entre en ciertos pormenores consiguen que el mensaje ms adecuado sea recibido en trminos lo ms esquemticos que sea posible y sin contestacin articulada porque ay de quien pretenda introducir un poco de orden y rigor en la contienda!, manteniendo as la unidad del lenguaje y del discurso.

Lo de menos, pues, son los contertulios que intervenan en el debate, entre quienes estaban un abogado y (de profesin) famoso llamado Javier Nart; Pilar Rahola, ex poltica y tambin famosa, quien imaginen en qu consisti su intervencin! se vio en la necesidad de recordarnos a todos que en realidad ella profesaba convicciones republicanas, a pesar de lo que tuvo la ocurrencia de decir; Ral Moragas, poltico del PP; y un tal Adriansens, cubano ferviente anticomunista (eso es todo lo que se pudo sacar en claro de su confuso discurso); por citar slo aquellos nombres que, por serme ya conocidos de antes, puedo ahora identificar. Haba tambin, por ejemplo, dos invitados especiales venidos de Venezuela: una periodista de all, cuyo nombre decid no retener; y un joven espaol que, segn deduje, era asesor del gobierno venezolano y cuyo nombre lamento no recordar iba, el pobre, con un ejemplar de la constitucin venezolana y de las enmiendas que se pretenden, dispuesto a emplear ese material en el debate para contrarrestar lo que viene dicindose contra toda verdad (pensaba el ingenuo, sin duda, que bastara con leer lo escrito para desmentir las falsedades acerca de lo escrito!).

Pues bien, como quiera que no soy aficionado a la televisin en general, ni a ese tipo de programas en particular, nunca me haba molestado en detenerme en ninguno de ellos, por lo que asist al espectculo con la sorpresa y la candidez de la primera vez (y ltima). Resultaba que, como haba visto en muchas ocasiones al pasar de una cadena a otra en busca de algo digerible, en dicho programa tambin se ofreca a los telespectadores la posibilidad de remitir con el mvil mensajes SMS con la opinin correspondiente mediante la sencilla frmula de comenzarlo con una determinada clave y enviarlo al nmero que se expona en la pantalla. Ante la imposibilidad de digerir la falsedad, la estupidez y la ruindad (las tres cosas juntas) de las opiniones que vertan (o, mejor, cometan) los contertulios que hablaban concretamente, los cuatro citados por sus nombres y tambin, muy en particular, un sujeto de mediana edad con traje y media melenita, que, sobre la base de los lugares ms comunes del pensamiento nico, hizo el ms vil de los discursos contra el Sr. Chvez, concentr mi atencin en los mensajes que aparecan, en rpida sucesin, al pie de la pantalla.

Me sorprendieron varias cosas. En primer lugar, me sobrecogi la entristecedora unanimidad (haba tan pocos mensajes disidentes que deben despreciarse a estos efectos) en defender la intolerable conducta del monarca, considerndola como una genuina manifestacin de firmeza y patriotismo, en lugar de como una lamentable carencia de recursos intelectuales y de conocimiento y asuncin de sus propios lmites institucionales. Es decir, en lugar de opinar que el rey haba perdido los papeles, no paraban de aparecer mensajes con vivas al rey y vivas a Espaa, con constantes alusiones a los atributos sexuales que prolongarn el vergonzante rgimen monrquico. El panorama era desolador: eran mayoritarias las opiniones inspiradas por autnticas tendencias fascistas, expuestas sin sonrojo, indicadoras de hasta qu punto estn extendidas esas tendencias entre los jvenes era evidente que los mensajes procedan de manos giles, de espectadores con el cerebro poco desarrollado, con destreza en el manejo de las nuevas tecnologas y de los lenguajes reducidos, y con la osada de la ignorancia mayscula: eran jvenes. Como experiencia sociolgica result completamente reveladora. Vivimos tiempos ms que peligrosos. Como dijo Umbral en su discurso de recepcin del Prncipe de Asturias (slo yo siento nuseas al or o decir el ttulo del premio?), estamos rodeados. Slo recuerdo tanta unanimidad meditica y, por tanto, sociolgica, en la coyuntura histrica de la primera Guerra del Golfo, de Felipe Gonzlez.

Hace unos das particip en una conversacin en la que alguien sostuvo que el PP se equivoca flagrantemente al enfocar su estrategia electoral, pues est ofreciendo su cara ms extrema, su ms descarnada tendencia ultra, con Acebes y Zaplana como guardia pretoriana de Rajoy, quien, adems, ha perdido ya toda imagen de socarronera y campechana que le poda granjear algunas simpatas entre los votantes menos avisados. Repliqu yo entonces que, muy al contrario, lo que haba hecho el PP era, sencillamente, apostar fuerte: no saben si ganarn, pero si ganan, lo habrn conseguido con este discurso filofascista, sin caretas, sin hablar cataln en la intimidad, y se pondrn a cumplir su programa, sin ms. Es decir, no slo quieren ganar, quieren ganar siendo como son. Pues bien, lo que revelaban los mensajes resultaba aterrador: pueden ganar, y lo saben!

En segundo lugar, la forma de los mensajes era, en s misma, todo un cursillo de realidad. Sabemos que hay una serie de cdigos que reducen las letras necesarias para construir el mensaje (as, por ejemplo, se usa xq en lugar de porque o de para que, segn el contexto). La lgica de estos usos reside en la necesidad de abreviar las pulsaciones de teclas del telfono, sacrificando el rigor del lenguaje a las diosas agilidad y comodidad as naci, seguramente, nuestra . Lo que ya no encaja dentro de ese esquema es sustituir la y por la ll podra entenderse al revs: sustituir la ll por la y, como en ya yego, porque as nos habramos ahorrado una letra, pues eso slo puede explicarse como lo que es: una lamentable falta de ortografa, toda vez que en lugar de ahorrar letras, las habramos ampliado estpidamente; pura ignorancia, por tanto. Pues bien, los mensajes, en su inmensa mayora, incurran en ese tipo de atentados, que no podan explicarse por el medio utilizado ni por la rapidez de la escritura, sino slo por la calidad intelectual del sujeto emisor (por ejemplo, sera absurdo tratar de argumentar que en lugar de rey se escribiera rei por comodidad o por la celeridad de la emisin, porque en ello habramos empleado el mismo nmero de letras, con el mismo nmero de pulsaciones, adems, en el telfono).

De la misma manera, el nivel intelectual que se deduca del contenido de los mensajes vena a ser el correspondiente al nivel formativo exhibido en su forma: nfimo. Por supuesto, era previsible que, en general, quien est dispuesto a perder el tiempo y la inteligencia en la atencin a programas como se, no tenga gran aficin a la lectura ni al anlisis de la informacin. Pero resultaba ciertamente abrumadora la vaciedad de los mensajes enviados, generalmente limitados a exabruptos, vtores y graves insultos a Chvez, y algunas veces abiertamente partidarios del linchamiento y el magnicidio (del tipo, y cito textualmente, hay que matarlo), sin que dejaran de ser curiosos, por paradjicos, los mensajes del tipo (esta vez no cito textualmente) ese cabrn slo sabe insultar a los dems estoy orgullosa de ser espaola, o ese tirano de mierda nos ha insultado a todos viva el rey, etc. No me result sorprendente, sin embargo, que los mensajes que me parecan apoyados en algn soporte reflexivo, aun dentro de las opiniones contrarias a las mas (ya he advertido que voy a despreciar por prcticamente inexistentes las que no incurran en insultos a Chvez o en adhesiones incondicionales a sm, como solan referirse a su majestad), fueran aqullos en los que el remitente se identificaba como procedente de algn pas iberoamericano, sealadamente Ecuador y Venezuela as, por ejemplo, y siempre hablando en trminos muy generales, venan a tener en cuenta que Chvez haba sido elegido democrticamente en varias ocasiones, de modo que sus crticas tenan en cuenta la informacin bsica, excluyendo, pues, la calificacin de dictador para referirse a l, y reservndole la de comunista, como si eso fuera un insulto. En todo caso, hay que insistir en ello para ser justos, he de advertir que todo lo anterior se basa en la rapidsima visin de unos mensajes que por su propia naturaleza son muy breves (estoy hablando de SMS, acrnimo que, si no me equivoco, incluye la expresin short message) y cuyo contenido ha de ser, por fuerza, esquemtico, de modo que lo que estoy exponiendo son meras impresiones, basadas en mnimos indicios que ni siquiera se pueden concretar y que actan a un nivel casi subconsciente o puramente intuitivo, de modo que son tan radicalmente subjetivas que ni me molestar en defender su consistencia.

Pero lo que ms me sorprendi de todo fue el hecho de que yo mismo, para evitar tanta unanimidad y, sobre todo, para expresar mi estupor por el hecho de que nadie expresara ni la menor crtica a sm, me sum a la riada de mensajes diciendo que me avergonzaba de los mensajes que estaba leyendo y que lo que haba pasado era que sm haba tenido muy mala educacin, y, retrico, preguntndome para cundo la III Repblica omit cuidadosamente expresar lo que de verdad pienso de la monarqua en general, y de la espaola en particular, para no incurrir en injurias graves a sm.

En seguida recib un mensaje confirmatorio de mi envo; leo: gracias por enviarnos su opinion, permanezca atento a la pantalla. POR QUE NO TE CALLAS? El sonido que arrasa YA en tu movil! Envia CALLAS al 343. Lo he reproducido tal cual, con los signos ortogrficos que lleva y sin los que no lleva. Hay que reconocer que el tratamiento telefnico del tema era, desde luego, coherente con el planteamiento general del programa: la banalizacin ms escandalosa y estpida del problema a debatir; el orgullo, se podra decir, de la imbecilidad del espectculo que se propone.

Pues bien, permanec atento a la pantalla (sometindome a un verdadero trato inhumano y degradante), por la mera curiosidad de ver si al final aparecera mi mensaje, que mnimamente introdujera un atisbo de posicin alternativa a la inundacin de mensajes monocordes, dciles y perfectamente orquestados para arropar la metedura de pata del rey. En torno a las dos de la madrugada el espacio televisivo dio por terminado ese tema y pas a publicidad sin que, por supuesto, hubiera aparecido mi mensaje, seguramente por falta de tiempo ante la avalancha de gente con ganas de opinar cosas tan dispares como (todas las frases siguientes son interpretaciones libres de la impresin recibida) viva espaa, viva el rey, viban ls cojones dl rei, viva ntro rei, viva el rey de espaa, estoy orgullosa, x fin alguien c 2 cojones, ya era ora q algn dijera a Chvz q se caye, etc. No reproduzco, es cierto, pero no exagero ni en el fondo ni en la forma. Estn aqu, son as, y son muchos ms de lo que crea. Y lo dominan todo: el lenguaje y el discurso, el medio y el mensaje. Ya estn aquiii.



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