Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Silencio, habla el rey de Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2007

Juan Carlos y el franquismo

Lisandro Otero
Rebelin


El incidente ocurrido en la Cumbre Presidencial de Chile es inslito y desconcertante. Nunca antes un Jefe de Estado se atrevi a regaar a otro como si fuera un prvulo, con evidente descortesa y ordinariez. Fue una actitud de zafiedad, aspereza y chabacanera que a todos sorprendi. Hasta ahora Juan Carlos se haba caracterizado por su actitud cordial, su buen humor, su afabilidad que trataba de limar enconos y buscar un clima de concordia en el campo diplomtico. Sbitamente se le vio descontrolado, irascible, frentico. Qu fue lo que desat su intemperancia?

El presidente Chvez acus a Aznar de fascista, lo cual ha sido admitido hasta por el propio lder del  Partido Popular,  un legado histrico de la Falange Tradicionalista de Franco. Chvez no insult a nadie, no le falt el respeto a ninguno, simplemente realiz una definicin realista y verdadera: Aznar es un fascista; eso lo saben todos. Al irritarse el Rey demostr su solidaridad con el franquismo y sus sucesores: Aznar y compaa.

 El compromiso de Aznar con el gobierno de Bush, su envo de tropas a la bestial guerra neocolonial en Irak por el petrleo del Oriente Medio, contribuy a su desprestigio. Aznar se empe en desconocer la voluntad del 90% de los espaoles que desaprobaban su aventura guerrerista, su entrega al servilismo ms indigno.

El vasallaje de Aznar a Bush lo llev hasta a organizar giras de reclutamiento por Mxico y Centroamrica para engrosar las tropas de ocupacin yanqui en Irak y fomentar el sometimiento al imperio.  Significativa  fue la negativa de Aznar a responder la definicin que le solicitaba el diputado Llamazares sobre su postura ante el franquismo y el alzamiento falangista de 1936. Tcitamente confes su adhesin ideolgica a la dictadura que ensangrent Espaa con un milln de cadveres. Cuando el pas gallego recibi la catstrofe ecolgica de la marea negra con el naufragio del vapor Prestige, Aznar se desentendi del calamitoso desastre. Ni siquiera accedi a visitar de inmediato las reas afectadas. La arrogancia nepotista de Aznar le  llev a postular a su mujer para un cargo pblico y esa misma soberbia insolente le condujo  a celebrar la boda de su hija en la capilla real del palacio del Escorial, queriendo con ese gesto prepotente igualarse a la monarqua a la cual sirve. Juan Carlos tampoco est lejos del franquismo. Su padre, el pretendiente Don Juan, tras la Guerra Civil, se entrevist en tres ocasiones con Franco. La primera, en 1948, fue para la vuelta del entonces prncipe Juan Carlos a Espaa; la segunda, en 1954, para discutir los estudios militares, y la tercera,                   en 1960, para los estudios civiles del actual Rey. Franco design a Juan Carlos como su sucesor y lo prepar ideolgicamente para desempear ese papel. Juan Carlos, se percat que solamente una monarqua parlamentaria tendra posibilidades de sobrevivir en un pas agotado tras tantos aos de dictadura pero nunca se alej de la base absolutista del falangismo.

Ahora el pueblo espaol est dando seales de creciente republicanismo. Los retratos del rey son quemados en las calles. La vida regalada de sus hijos es denigrada en caricaturas y chistes. Hasta se est produciendo una crisis familiar: su hija Elena de separa de su marido, el souteneur Marichalar. Es lgico que todo eso est desestabilizando a Juan Carlos hasta hacerle perder los controles y atreverse a mandar a callar a un Jefe de Estado en una reunin internacional.

Lo ms sorprendente es que la prensa espaola ha elogiado la incivil actitud del Rey y destacan la cumbre como un xito de Espaa, en lugar de analizar el descrdito en que se ha sumido la jefatura del Estado. Chvez  ha logrado despertar las expectativas  populares y ha acumulado votaciones extraordinarias en diez elecciones sucesivas que indican el inmenso respaldo con que cuentan sus proyectos  revolucionarios y de beneficio social   El poder del pueblo est consolidado. En nuestro continente prevalece una extendida simpata hacia la repblica bolivariana, su pueblo y su gobierno. El gobierno espaol ha sido incapaz de comprender esto, como tampoco entiende el cambio radical que se est operando en Amrica Latina y cree que sus antiguas colonias constituyen an el traspatio servil de Estados Unidos.


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