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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2007

La Ley de Memoria Histrica se ha aprobado porque al fin la derecha nos ha dado permiso
Pidiendo perdn

Lidia Falcn
blogs.publico.es



La Ley de Memoria Histrica se ha aprobado. Y se ha aprobado porque al fin la derecha nos ha dado permiso para hacerlo. En las largas y cmplices negociaciones que se han llevado a cabo entre los representantes de unos y otros partidos, ha sido pattico ir observando el proceso de adulacin y complacencia con que la izquierda llev las negociaciones a fin de contentar a los partidos de derecha, que ha concluido en la degradacin de una ley que la democracia nos deba desde hace 30 aos. Bien es cierto que el Partido Socialista haba esbozado un proyecto absolutamente indigno para que pudiera ser considerado reparador de los sufrimientos de las vctimas de la Guerra Civil y de la dictadura, y que ha sido en alguna medida limpiado por Izquierda Unida. Pero tambin sta se ha declarado vencida ante las imposiciones de los partidos catlicos y de los del gran capital.

Mi asombro fue or repetir diariamente a los comentaristas que era imprescindible obtener el consenso de todos los partidos. De todos, incluso de aquellos que dirigen los herederos polticos de los que organizaron el golpe de Estado, de los que llevaron a cabo las matanzas indiscriminadas y los consejos de guerra y expoliaron a los republicanos; partidos donde se encuentran, impunes y radiantes, los hijos y nietos de los dirigentes y cmplices del franquismo. La izquierda tambin desea esta alianza, quiz en cumplimiento de aquella vieja consigna del Partido Comunista de la reconciliacin nacional, que fue tan incomprendida por los que deban reconciliarse con quienes los haban condenado a muerte.

Lo ms pattico de este episodio es comprobar cmo la izquierda le ha pedido perdn a la derecha por atreverse a recordar los episodios de la Guerra Civil, los padecimientos de los que defendieron la Repblica, la represin que sufrieron los resistentes bajo la dictadura. Atacados al parecer del sndrome de Estocolmo, los partidos que deberan haber planteado estas reivindicaciones en tiempos bastante anteriores, cuando estaban ms ocupados en apagar los fuegos de la rebelin obrera aceptando los pactos de la Moncloa, se muestran enormemente comprensivos con la indignacin que acomete a los representantes de los partidos de derechas cuando se les habla de la memoria de nuestras desgracias. Hasta el punto de aceptar la equiparacin de la represin sistemtica practicada por los franquistas con los episodios de violencia incontrolada en la zona republicana. Siguen pidiendo perdn por parecer de izquierdas.

Lo ms triste de este periodo de la torturada historia de Espaa es comprobar cmo despus de tres cuartos de siglo de sufrir una genocida guerra civil, nica en Europa, por intentar vencer a la bestia fascista, de padecer los rigores de 40 aos de una dictadura cuya crueldad era desconocida en Espaa y de creer que habamos instaurado la democracia, se ha aprobado una ley de resarcimiento de los vencidos que no tiene parangn con ninguna de las que se han impuesto ni en Europa ni en Amrica ni en frica.

Ni Alemania ni Francia ni Chile ni Argentina ni Grecia ni Portugal ni incluso la torturada Surfrica han aceptado la impunidad de los que se beneficiaron con el sufrimiento de su pueblo. Despus de padecer las dictaduras hicieron, y continan, un ejercicio de justicia y democracia aprobando leyes que condenaron a los autores de los crmenes y dictaron de inmediato la nulidad de los juicios polticos de aquella etapa. Alemania y Francia llegaron mucho ms lejos concediendo indemnizaciones a los perjudicados, y todos sus gobiernos han pedido perdn a las vctimas.

En esta esquizofrenia en que nuestro Gobierno se ha instalado, hemos visto cmo aceptaba con complacencia que la judicatura espaola persiguiera a Pinochet allende nuestras fronteras, y al torturador argentino Scilingo en nuestro propio territorio, donde se le ha juzgado, condenado y encarcelado, en una digna defensa de los derechos humanos que consideramos compete a todos los pases, independientemente de dnde y cundo se cometieran los crmenes. Mientras, en Espaa, ese mismo Gobierno se opone a que se declare la nulidad de los consejos de guerra que durante el franquismo llevaron a la muerte y a decenas de aos de crcel a los antifascistas, sin garantas procesales algunas. Los mismos partidos que aplauden la nulidad de las leyes de perdn que dictaron los gobernantes argentinos aceptan en Espaa sumisamente que ni se hable de indemnizaciones a las vctimas, que se permita que subsistan monumentos conmemorativos del franquismo siempre que tengan valor arquitectnico o artstico quin decide el valor artstico?, y que la Iglesia mantenga las placas de las fachadas de las iglesias con los nombres de sus supuestos mrtires y los smbolos franquistas, yugos y flechas, escudo con guila imperial, que campean en los miles de pueblos que fueron torturados por esa misma iglesia.

Los mismos que aprueban y difunden la noticia de que se ha procesado y encarcelado a los parientes de Pinochet por la apropiacin de caudales pblicos se indignan ante la sola mencin de que a la familia Franco, y a tantas otras que se hicieron ricas mediante la adjudicacin de los bienes de los asesinados, expropiaciones y robos impunes que se produjeron durante decenas de aos se les pida cuentas de su fortuna.

En definitiva, ser demcrata en Espaa es diferente de serlo en Alemania o en Argentina. Hoy, ni siquiera a las vctimas sobrevivientes de la Guerra Civil y la dictadura se les otorga la satisfaccin de ver a sus verdugos avergonzados. Porque nunca nos pidieron perdn.

* Lidia Falcn es escritora y abogada



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