Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Silencio, habla el rey de Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-11-2007

El Esperpento en Hispanoamrica

Erik Del Bufalo
Rebelin


Garca Lorca nos habla de tres espritus que mueven la cultura Europea, la musa greco-latina, el ngel franco-germano y el duende andaluz. Pero es Valle-Incln quien nos devela la esencia de lo esperpntico espaol: la superioridad del impotente, el miedo al espantajo, el inconmensurable poder de la tristeza; uno de los lamentables arquetipos de lo peninsular.

El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisicin, la pintura de Zurbarn, el garrote vil, los empalamientos, el aceite de ricino que los nacionalistas hacan beber a los blasfemos, Felipe VII, el Opus Dei, el garrote vil disfrazado de juez Garzn, Benito Prez Galds, la mantilla, Francisco Franco, Juan Carlos I, el PP y el PSOE, como los dos brazos de un mismo status quo mrbido y cnico, son las manifestaciones ms claras de este fantasma maligno.

Lo esperpntico es el signo de cierto espritu hispano que sobrevive menos en la Espaa subterrnea de lo que lo hace en la superficie de sus antiguas provincias de ultramar. Conservado y alimentado por las elites que se mantuvieron dentro de la mentalidad colonial, pero, padecido tambin de un modo inconsciente y terrible, por las grandes bases del pueblo mestizo. Es por ello que no nos asombra la actitud esperpntica, sntesis de lo siniestro y lo ridculo, con la cual sectores de nuestra poblacin se ufanan del desaire hecho por el supuesto rey de Espaa al presidente legtimo de su propio pas.

Imposible de explicar por otra cosa, que no sea por un principio esperpntico activo entre nosotros, tan mostrenca actitud, tan pnfila mentalidad, tan memo carcter de espritu.

La escena presenciada en Santiago exhiba, sin duda, un bizarro aire de los que Goya magistralmente retrataba en sus cuadros: el grito desesperado de un trono que no merece serlo. Es como si dijese: Por qu no te callas; no ves, acaso, que soy en el fondo un pobre diablo? No ves, zambo de pacotilla, que siempre he sido puramente el triste segundn, el inservible delfn, el blasn del chantaje hacia mi pueblo, del ms mediocre de los caudillos fascistas?

Tal vez, asimismo entendamos por qu fue en este pequeo pas, Venezuela, donde comenz la revolucin contra la monarqua espaola. Entre nosotros lo esperpntico, aunque si bien existe, es ms frgil. Es imposible imaginar un Bolvar peruano o un Miranda chileno. En el arco andino, no slo el imperio tena ms presencia militar, cultural, religiosa y poltica, pero, por ello mismo, el Esperpento se apoderaba con mayor voracidad de las almas bajo su dominio. Comparndonos con el resto de Hispanoamrica, el racismo siempre fue menor o, si se quiere, el mestizaje mayor, el catolicismo ms ingrvido y menos influyente, la altivez india, y sobre todo caribe, ms presente, el esclavo aunque suene a perverso contrasentido menos subyugado en sus costumbres, todo aunado a la cercana de holandeses, franceses e ingleses en un mar que tambin es un mediterrneo. En fin, por no tener tanto oro, o por ser, para la poca, de las provincias ms pobres tan pobres que apenas llegbamos a simple capitana general nos salvamos tambin de sufrir mayores dosis del electroshock cultural de los ltimos despojos oscurantistas de Europa. En este sentido, en la lucha contra lo esperpntico, los venezolanos, aunque parezca mentira, an tenemos mucho que dar, en el mbito de lo moral, por nuestros pueblos hermanos.

Porque es seguro hasta que Nuestra Amrica no extirpe de s a este Esperpento, trado por el colonizador, siempre seremos vctimas de un victimario mucho ms dbil que nosotros; lo cual no slo es contranatural sino, adems, la raz de un complejo que no tenemos que padecer y el ltimo umbral espiritual por cruzar para obtener una verdadera soberana, aquella que comienza en el respeto de uno mismo. Comencemos por decir: aqu nos ordenamos y mandamos. Luego todo sacrificio valdr la pena.





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