Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2007

El largo brazo del sionismo llega a todas partes
El libro que no puede publicarse en USA

Alan Hart
Information Clearing House

Traducido para Rebelin por Manuel Talens y Paloma Valverde



Por qu nos odian?, fue la pregunta que se hicieron los estadounidenses tras el horror del 11 de Septiembre. Y, para muchos de ellos, los odiadores no eran solamente el grupo de fundamentalistas islmicos violentos que, segn la versin oficial de los hechos, acababan de derribar las Torres Gemelas, sino tambin los rabes y los musulmanes, es decir, un cuarto de la humanidad.

Desde aquel da terrible y atroz me he estado repitiendo a m mismo cun diferente sera hoy el mundo -cunta muerte y destruccin nos habramos ahorrado- si el presidente Bush hubiera dicho algo como esto: sa es una buena pregunta, tratemos de encontrarle respuesta antes de actuar.

De haber intentado responder a la pregunta, el primer axioma que se habra establecido es que una mayora abrumadora de rabes y otros musulmanes no odian ni a los estadounidenses ni a USA. Quiz, si pudieran, muchos rabes y musulmanes, quin sabe si la mitad de todos ellos, viviran en USA para disfrutar de la supuesta buena vida que hay all.

Lo que odian es su poltica exterior. Y la causa principal de ese odio es el apoyo que el Congreso y la Casa Blanca le prestan al Estado sionista de Israel, con razn o sin ella. Pero el desprecio arrogante que Israel exhibe hacia el Derecho Internacional -aceptado por USA- es slo uno de dos factores de la ecuacin que, a lo largo de los ltimos sesenta aos, ha hecho que el dolor, la clera y la humillacin de rabes y otros musulmanes se conviertan en odio a causa del conflicto en Palestina. El otro factor es la impotencia de los represivos y corruptos regmenes del orden rabe existente, percibidos por sus propias masas como tteres al servicio estadounidense y sionista.

El 11 de septiembre de 2001 yo ya estaba muy avanzado en la escritura de mi libro Zionism: The Real Enemy of the Jews [Sionismo: el verdadero enemigo de los judos], de manera que la idea germinal de ste no es dar respuesta a la pregunta Por qu nos odian?. No obstante, mi libro ofrece a los estadounidenses una respuesta completa, exhaustiva, detallada y absolutamente documentada.

Mearshimer y Walt, en su libro The Israel Lobby and US Foreign Policy [El grupo de presin israel y la poltica exterior de USA], ya haban echado por tierra los tabes relativos a un aspecto del antes denominado conflicto arabo-israel. Mi libro, por su parte, se ocupa de la creacin y el mantenimiento de dicho conflicto en todos sus aspectos. Mi intencin es permitir que los lectores adquieran un conocimiento absoluto del conflicto -me atrevo a afirmar que por primera vez en muchos casos-, al ver cmo todas las piezas de este complicado rompecabezas se integran entre s. Por esa razn, lo que ocurri a puerta cerrada en Londres, Pars, Washington y Mosc tiene su lugar en mi versin de la historia al mismo nivel que los acontecimientos en la Palestina que pas a ser Israel y en las capitales del mundo rabe. Mi propsito es tambin ayudar a que los ciudadanos comprendan por qu la resolucin del conflicto ha permanecido y parece permanecer fuera del alcance de la poltica y la diplomacia, as como quin deber actuar, qu hay que hacer y por qu para alcanzar la justicia y la paz. La alternativa es la catstrofe para todos, y cuando digo todos no me refiero slo a los rabes y los judos de la regin, sino a todos nosotros, all donde vivamos (en el volumen I de mi libro recuerdo una entrevista que le hice a Golda Meir, la madre de Israel, para el programa Panorama de la BBC. En un momento dado la interrump para decirle: Primera Ministro, quiero estar seguro de haber comprendido lo que usted est diciendo... Dice usted que si Israel estuviese en peligro de caer derrotado en el campo de batalla, estara preparado para destruir la regin y todo el mundo con l? Sin la menor vacilacin y con aquella voz arenosa suya, con la que poda encantar o intimidar a presidentes estadounidenses segn necesitara, Golda respondi, S, eso es exactamente lo que estoy diciendo. Una hora despus de que yo transmitiese la entrevista, el Times de Londres alter su editorial principal. El texto corregido aludi a lo que Golda me haba dicho y aadi el siguiente comentario: Ms vale creerla).

La nica objecin que le pongo al excelente libro de Mearshimer y Walt es que utilice la expresin grupo de presin de Israel (Israel lobby). En 1980, cuando yo utilic esa expresin durante una conversacin con Shimon Peres, que entonces era el jefe del principal partido de la oposicin de Israel, el Partido Laborista, y esperaba convertirse en primer ministro impidiendo as que Menachem Begin obtuviese un segundo mandato, Peres me dijo: No es un grupo de presin de Israel, sino del Likud. La diferencia estaba en que el grupo de presin en USA representaba al sionismo de lnea dura, intransigente y (por lo menos algunas veces) batallaba por polticas que no eran las mejores a largo plazo para Israel. Por razones que mi libro deja bien claras, el fenmeno que han expuesto Mearshimer y Walt (complementando as el libro They Dare To Speak Out [Se atreven a hablar claro] de Paul Findley) se define mucho mejor como grupo de presin sionista.

En mi opinin, as como en la de todos los expertos verdaderos que conozco -entre los cuales estn, por ejemplo, los dos historiadores israeles revisionistas (honrados) de nuestro tiempo, los profesores Ilan Pappe y Aviv Shlaim-, la clave del conocimiento es la diferencia entre judasmo y sionismo. El mundo occidental, bsicamente judeocristiano pero no judo, ha sido condicionado para creer que judasmo y sionismo son la misma cosa. Pero no lo son. Son cosas opuestas.

El judasmo es una religin de judos (no de los judos, porque no todos los judos son religiosos) y, al igual que el cristianismo y el Islam, se centra en una serie de principios ticos y valores morales.

El sionismo es una ideologa laica y colonialista que en 1948, haciendo uso principalmente del terrorismo y la limpieza tnica, cre un Estado para algunos judos en el interior del mundo rabe (en 1897, en el momento de la creacin del sionismo y de la primera declaracin de cul era su objetivo, su ambicin colonial slo fue respaldada por una escasa minora de los judos del mundo y puede afirmarse que, sin la obscenidad del holocausto nazi -un crimen europeo por el que fueron castigados los rabes de Palestina-, Israel no habra existido nunca). Dicho en pocas palabras, el sionismo aplicado en la prctica ha convertido en una burla los principios ticos y los valores morales del judasmo, principios y valores que en realidad desprecia. Por dicha razn, los judos religiosos, a menudo descritos como ultraortodoxos, dicen que el sionismo est destruyendo el judasmo.

Para quienes deseen profundizar an ms en el conocimiento de la diferencia entre sionismo y judasmo, recomiendo otro libro recientemente publicado, A Threat From Within, A Century of Jewish Opposition To Zionism [Una amenaza desde dentro, un siglo de oposicin juda al sionismo]. Lo ha escrito un judo canadiense, Yakov Rabkin, que es catedrtico de Historia en la Universidad de Montreal. Cuando Yakov vino a Londres, le hice una pregunta muy explcita: Es razonable decir que los judos del mundo tienen un dilema, reafirmar o ratificar su compromiso con el judasmo y renunciar al sionismo o reafirmar o ratificar su compromiso con el sionismo y renunciar a judasmo? Respondi con una sola palabra: S!

El conocimiento de la diferencia entre judasmo y sionismo es la clave para comprender por qu es perfectamente posible ser antisionista (opuesto en todo o en parte a la empresa colonial del sionismo) sin ser de ninguna manera antisemita. La trascendencia de esa declaracin est explicada en las lneas que siguen.

La falsa acusacin de antisemitismo es el chantaje que utiliza el sionismo con la excusa de la obscenidad del Holocausto nazi y que le permite silenciar cualquier crtica contra Israel, su retoo farisaico y agresivo, para sofocar el debate informado y honesto sobre quin debe hacer justicia y traer la paz, cmo y por qu. Pero cuando los ciudadanos conozcan la diferencia entre sionismo y judasmo (y la verdad histrica despus) no tendrn por qu callarse asustados, como la mayora de los gentiles ahora hacen, por miedo de que los acusen falsamente de antisemitismo si critican al Estado sionista de Israel.

Sin embargo, hay otra razn que hace esencial el que los ciudadanos de las naciones occidentales, entre quienes viven la mayora de los judos del mundo, sean conscientes de la diferencia entre judasmo y sionismo. El conocimiento de dicha diferencia explica por qu es errneo culpar a todos judos de los crmenes de unos pocos (que son los sionistas a ultranza de Israel/Palestina).

A pesar de que yo era consciente de que mi libro sera muy incmodo para muchos judos y provocara al grupo de presin sionista, el cual hara todo lo posible para ocultarlo al mximo, insist en el ttulo Zionism: The Real Enemy of the Jews porque ste refleja en siete palabras dos verdades relacionadas con nuestro tiempo.

La primera de ellas es que el gigante dormido del antisemitismo tradicional se ha despertado de nuevo en las naciones predominantemente no judas de Occidente (donde, lo repito, viven la mayora de los judos del mundo como ciudadanos integrados). La segunda es que la causa principal de ese nuevo despertar es el comportamiento del Estado sionista (no judo!), tal como la mayor parte de las mejores mentes judas anteriores al Holocausto nazi temieron que sucediese si las grandes potencias permitan que el sionismo se saliese con la suya.

Como contexto de fondo al prrafo anterior aado la advertencia de Yehoshafat Harkabi, el director ms veterano y universalmente respetado del Servicio de Inteligencia de Israel (que cito en exergo en la primera pgina del volumen II de mi libro). En su libro Israels Fateful Hour [La hora fatdica de Israel], inicialmente publicado en hebreo en 1986, escribi lo siguiente (las cursivas son mas):

Israel es el criterio con el que todos los judos tendern a ser juzgados. Israel, como Estado judo, es un ejemplo del carcter judo, que se expresa libre y llanamente en su interior. El antisemitismo tiene races profundas e histricas. Sin embargo, cualquier defecto en la conducta israel que se exprese contra Israel ser probablemente transformado en la prueba emprica de la validez del antisemitismo. Sera una irona trgica si el Estado judo, que pretenda solucionar el problema del antisemitismo, se convirtiese en un factor del aumento del antisemitismo. Los israeles deben ser conscientes de que el precio de su mala conducta no lo pagan solamente ellos, sino tambin los judos de todo el mundo.

Soy de la opinin que tras la obscenidad del Holocausto nazi, y a causa de ste, lo ms probable es que el gigante se habra vuelto a dormir, habra permanecido dormido y, con toda probabilidad, habra muerto en su sueo si las principales potencias, en primer lugar Gran Bretaa y luego USA, no hubiesen permitido que el sionismo se saliese con la suya, como dijo Balfour, con razn o sin ella (hay motivos para decir que, con amigos como los polticos britnicos y estadounidenses, los judos del mundo no han necesitado enemigos).

En qu se basa la creencia de que el antisemitismo est en auge? El aumento de las profanaciones de sinagogas y tumbas judas (y actos similares), los insultos y agresiones contra judos son un indicio. Pero hay algo mucho ms siniestro: lo que un nmero creciente de gentiles, en particular de las clases media y alta, estn pensando y empiezan a decir a puerta cerrada y en reuniones sociales. Qu es lo que dicen? Estos judos de mierda! Y dicha antipata ha aumentado en respuesta a la arrogancia del poder de Israel y a la correcta percepcin de Israel como el opresor. Y cuanto ms aparente resulta que Israel es el obstculo para la paz en cualquier trmino que la mayora de los palestinos y otros rabes y musulmanes pudiesen aceptar, ms crecer esta antipata, con el peligro real de que estallar, se volver incontrolable y se manifestar como antisemitismo violento.

Tal como estn y parecen evolucionar las cosas, el segundo Holocausto contra los judos es una autntica posibilidad en un futuro previsible.

Soy asimismo de la opinin -que s compartida en privado por algunos judos eminentes- que si el monstruo del antisemitismo se pone de nuevo en movimiento, podra iniciar su andadura en USA.

Dos razones resumen el porqu:

1) Muchos congresistas (anteriores y actuales) se detestan a s mismos por haberse vendido al grupo de presin sionista. Si surgiese la oportunidad de desatar su clera reprimida y la rabia que les crea su culpabilidad, querrn venganza.

2) Los principales instigadores neocons de la invasin de Iraq son tambin sionistas de la lnea dura. Aunque pocos quieren admitirlo pblicamente, muchos saben que eso es cierto.

Y yo pregunto: Qu se puede hacer para eliminar el peligro de que el monstruo del antisemitismo ataque de nuevo?

He aqu una breve respuesta: Los gentiles de las naciones occidentales deben ser informados y educados sobre la diferencia entre judasmo y sionismo y, por lo tanto, sobre por qu es errneo culpar a todos judos por los crmenes de los pocos sionistas de la lnea dura. sa es una de las razones por las que he dedicado ms de cinco aos de mi vida a investigar y escribir Zionism: The Real Enemy of the Jews. Quiero poner mi grano de arena para evitar que el monstruo del antisemitismo se ponga de nuevo en marcha. Y sa es la diferencia esencial entre el gentil que hay en m y los sionistas de la lnea dura. Ellos quieren, incluso necesitan, el antisemitismo para justificar sus crmenes pasados, presentes y futuros.

Si en algn momento llego a iniciar una gira de conferencias de costa a costa en USA (como ya lo hice en el pasado), ste ser mi mensaje a los estadounidenses:

No culpen a los judos que viven en su comunidad por los crmenes del sionismo.

No culpen tampoco al grupo de presin sionista por comprar su influencia en la poltica exterior estadounidense, porque lo nico que ha hecho es actuar de acuerdo con las reglas.

Culpen a su corrupto y prevaricador sistema poltico que vende eso que denomina democracia al mejor postor.

Mi libro tiene dos temas principales y relacionados entre s.

Uno es cmo Israel, el retoo del sionismo, se convirti en su propio peor enemigo y en una amenaza no slo para la paz de la regin y el mundo, sino tambin para los mejores intereses de los judos de cualquier parte y para la integridad moral del judasmo.

El otro es por qu el mundo rabe y musulmn es una autntica bomba de relojera de frustracin y desesperacin.

El libro es pico tanto en su longitud (dos volmenes) como en su alcance y su contenido, porque es un reescritura completa de la historia de la creacin y del mantenimiento del conflicto en Palestina y sobre Palestina, y porque reemplaza con hechos documentados y verdad histrica la falsa mitologa sionista sobre la que se bas la versin inicial y todava existente de la historia judeocristiana. Tal como le seal en una carta abierta a la Secretaria de Estado Condoleezza Rice (divulgada por Information Clearing House el 7 de noviembre), la versin inicial de esa historia no es ms que un sinsentido de propaganda sionista. Se centra en dos falsos mitos:

Uno de ellos es que el Estado sionista de Israel ha vivido en peligro constante de aniquilacin, de que arrojen al mar a sus judos. La verdad histrica es que la existencia de Israel nunca ha estado en peligro. No lo estuvo en 1948/49. Tampoco en 1956. Menos en 1967. Y ni siquiera en 1973. La aseveracin sionista de lo contrario fue la tapadera que permiti que Israel se saliese con la suya donde ms importaba, en USA y en la Europa occidental, al presentar su agresin como defensa propia y a s mismo como la vctima, cundo lo que fue, y sigue siendo, es el opresor.

El otro falso mito es que Israel no ha contado con ningn personaje palestino dispuesto a negociar la paz. La verdad histrica es que Yasser Arafat s prepar el terreno en el lado palestino para alcanzar la paz, y lo hizo en 1979, hace ms de un de cuarto de siglo. En aquel ao, 1979, Arafat convenci al Consejo Nacional Palestino -la ms alta instancia decisional en el lado palestino- de que apoyara su poltica y el hasta entonces inimaginable acuerdo con Israel (inimaginable para los palestinos, porque la aceptacin de Israel en el interior de sus fronteras anteriores a 1967 exigi que renunciasen a reclamar el 78% de su territorio).

Tal como seal en mi libro Arafat (se fue el ttulo de la edicin estadounidense; el ttulo original era Arafat, Terrorist or Peacemaker? [Arafat, terrorista o pacificador?], el histrico lder palestino necesit seis aos para persuadir primero a sus colegas de la cpula de al-Fatah y luego a otros miembros del Consejo Nacional Palestino para que aceptasen la realidad de la existencia de Israel. Cuando en 1979 se procedi por fin a la votacin, hubo 296 votos a favor de su poltica y del compromiso y 4 en contra. Arafat, que haba arriesgado su vida tanto como su credibilidad para lograr que su entorno cambiase de opinin, estaba entonces en la cima de su poder y, a partir de ese momento -como bien lo saba el presidente Carter-, podran haberse celebrado con xito unas eventuales negociaciones de paz autntica y duradera sobre la base de dos Estados, con Israel de vuelta a sus fronteras anteriores a 1967 y con Jerusaln -preferentemente como ciudad abierta- como capital de ambos Estados.

El problema fue que Arafat no tuvo enfrente un interlocutor israel por la paz, porque el sionismo no ha estado nunca, y sigue sin estarlo, interesado en la paz en ninguno de los trminos que la mayora de los palestinos y otros rabes y la mayora de los musulmanes de cualquier parte pudieran aceptar. Es cierto que en 1993, y gracias en parte a la gestin de la etapa del presidente Clinton y a la influencia de ste, Arafat quiz tuvo un interlocutor israel por la paz encarnado en Yitzhak Rabin, pero un sionista visceral lo asesin. Y a Rabin lo sucedieron dirigentes israeles cuyo principal objetivo era volver a demonizar y destruir al dirigente palestino. A Arafat el terrorista lo podan manejar, pero a Arafat el hombre de paz no podan (acaso es verdad que Barak le ofreci el 95% de todo lo que haba dicho que quera? No, no es verdad. Eso, tambin, fue una mentira propagandstica. Envenenaron a Arafat? Probablemente. Acaso su sucesor, el presidente Abbas, es en realidad una marioneta israeloestadounidense? Lamentablemente s, o as lo parece. Pero, incluso si lo es, podemos estar seguros de una cosa: sea o no un dirigente ttere, el pueblo palestino no aceptar nunca las migajas de la mesa sionista en forma de dos o tres bantustanes a los que pudieran llamar un Estado).

En mi libro y en otros foros pblicos tambin he analizado la cuestin del derecho de Israel a la existencia.

Segn la primera versin histrica, an en vigor, a Israel se le concedi su certificado de nacimiento y, por lo tanto, su legitimidad mediante la resolucin de Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947 que estableca la particin. Esto no tiene sentido: en primer lugar, sin el consentimiento de la mayora del pueblo palestino, la ONU no tena derecho a decidir la particin de Palestina ni a asignar cualquier parte de su territorio a una minora de inmigrantes extranjeros con la finalidad de que establecieran un Estado slo para ellos.

A pesar de eso, con un margen mnimo y slo tras una votacin amaada, la Asamblea General de la ONU aprob una resolucin para dividir Palestina y crear dos Estados, uno rabe y otro judo, sin que Jerusaln formase parte de ninguno de ellos. Pero la resolucin de la Asamblea General era slo una propuesta, lo que significa que no habra tenido efecto, que no se hubiera convertido en una norma aplicable a menos que lo aprobara el Consejo de Seguridad.

La verdad es que la propuesta de divisin de la Asamblea General nunca lleg al Consejo de Seguridad para su estudio. Por qu? Porque USA saba que, si se aprobaba, slo podra ser puesta en prctica mediante la fuerza y el presidente Truman no estaba dispuesto a usar la fuerza en la particin de Palestina.

Por ello, el plan de particin estuvo viciado, nunca adquiri validez, y la cuestin de qu diablos hacer con Palestina (despus de que Gran Bretaa la convirtiera en un desastre y se desentendiera) volvi a la Asamblea General para ser discutida. La opcin apoyada y propuesta por USA fue entregada en fideicomiso a la ONU. Mientras la Asamblea General estaba debatiendo qu hacer, Israel declar de manera unilateral su derecho a la existencia, en realidad desafiando el deseo de la comunidad internacional organizada, incluido el gobierno de Truman.

La verdad de la poca fue que el Estado sionista, que se creo fundamentalmente como consecuencia del terrorismo sionista y de la limpieza tnica, no tena derecho a existir y, para ms aadidura, no tiene derecho a existir a menos... a menos que fuera reconocido y legitimado por aquellos que fueron desposedos de su territorio y de sus derechos durante la creacin del Estado sionista. Segn el Derecho Internacional, nicamente los palestinos podran dar a Israel la legitimidad que reclama. Y esa legitimidad era lo nico que los sionistas no podan arrancar por la fuerza a los palestinos.

La total comprensin de la verdadera naturaleza de la empresa colonial sionista requiere adems el conocimiento de que la mayora de los judos que llegaron a Palestina en respuesta a la llamada sionista no tenan relacin biolgica alguna con los antiguos hebreos. Los judos sionistas llegados eran fundamentalmente extranjeros de muchos lugares, descendientes de aquellos que se hicieron judos mediante la conversin al judasmo siglos despus de la cada del antiguo reino judo de Israel y de lo que se llam la dispersin en el olvido de sus gentes. La idea de que haba y hay dos pueblos con el mismo derecho a reclamar el mismo territorio es un sinsentido histrico. Los relativamente pocos judos con derecho a una reivindicacin vlida son los descendientes de aquellos que permanecieron en Palestina en todo momento. En la poca del nacimiento del sionismo eran slo unos pocos miles. Se consideraban a s mismos como palestinos y se opusieron radicalmente a la empresa colonial sionista debido a que teman, con toda la razn, que los convirtiesen, al igual que a los que llegaron, en extranjeros judos sionistas enemigos de los rabes, entre quienes vivan en paz y seguridad (a pesar de que no todos los judos de hoy son conscientes de esto, es tambin un hecho que el retorno de los judos a la tierra del Israel bblico por el empeo humano una posible pero lamentablemente inadecuada definicin del sionismo- fue rechazada por el judasmo).

La pregunta que debe contestar el presidente Bush y todos aquellos que exigen que Hams reconozca a Israel es sta: Cul es el Israel que debe reconocerse... el Israel de las fronteras anteriores a la guerra de 1967, y por lo tanto, en consonancia con la resolucin 242 del Consejo de Seguridad, o un Israel ms grande que, da tras da, est usurpando ms y ms territorio y expandiendo sus asentamientos en la Cisjordania ocupada?

De hecho, la posicin real de Hams no oculta secreto alguno. Si maana Israel dijera y demostrase que est listo para negociar una paz completa y definitiva basada en una verdadera solucin de dos Estados, uno que devolvera a Israel a sus fronteras anteriores a 1967, con Jerusaln como ciudad abierta y capital de los dos Estados, Hams dira: Sentmonos a negociar.

Los dirigentes de Hams diran eso y lo demostraran, porque no son idiotas y saben que no tendran eleccin alguna, ya que una verdadera solucin de dos Estados sigue siendo lo que la gran mayora de los palestinos est preparada para aceptar. Pero nunca se les presentar esa ocasin.

La verdad del presente es que la solucin de los dos Estados ya est muerta, aunque no enterrada todava... asesinada por los asentamientos que Israel ha creado y sigue creando en Cisjordania, en claro desafo de las resoluciones de la ONU, la legislacin internacional e incluso en claro desafo de los deseos un da expresados por el gobierno de Bush. Al menos en lo que respecta a la actividad ilegal de crear asentamientos, es la cola sionista quien mueve al perro estadounidense

En el ltimo captulo del volumen II de mi libro A Resurrection, a Crucifixion and a Road Map to Nowhere [Una resurreccin, una crucifixin y una hoja de ruta que no conduce a ninguna parte] afirm que la estrategia sionista para una solucin final al problema palestino no deja ahora lugar a la imaginacin. Los dirigentes del sionismo en Israel y quienes los apoyan en USA an creen que con el uso de la fuerza bruta y reduciendo a los palestinos a la ms abyecta pobreza quebrarn su voluntad de continuar la lucha por sus derechos. La asuncin es que, en este punto, y absolutamente desesperados, los palestinos estarn dispuestos a aceptar las migajas de la mesa sionista en forma de dos o tres bantustanes o, mejor an, abandonarn su tierra y buscarn una nueva vida en otros pases. Desde mi punto de vista, la conviccin de que el sionismo lograr un da anular la voluntad palestina de seguir la lucha por un mnimo de justicia aceptable es el producto de mentes que se engaan hasta la enajenacin mental (algunos afirman que Israel est a punto de convertirse en un Estado fascista, pero yo creo que la terminologa ms apropiada es en un manicomio).

Lo que parece casi demasiado terrible de pensar es algo as como: Qu harn los sionistas cuando sea patente incluso para ellos que no pueden destruir el nacionalismo palestino con bombas y balas y medidas represivas brutales de todo tipo?

Mi opinin es que ellos, los sionistas, se lanzarn a una limpieza tnica definitiva para expulsar a Jordania y ms all a los palestinos de Cisjordania. Eso, me temo, ser la solucin final sionista para el problema palestino. Si llega a ocurrir, Cisjordania se teir de rojo, fundamentalmente con sangre palestina. Y los periodistas honrados lo describirn como un Holocausto sionista.

Pero eso no tiene por qu ser el fin de la historia de Palestina. Habr, sin embargo, un nuevo comienzo.

Hace muchos aos, en la introduccin de mi primer libro, Arafat, Terrorist or Peacemaker?, afirm que, hablando en general, los judos son la elite intelectual de la civilizacin occidental y que los palestinos son la elite intelectual del mundo rabe. Lo que esos dos pueblos podran hacer juntos en paz y compaerismo sera, lo suger, el estambre de que se componen los sueos. Cambiaran y desarrollaran la regin y, al hacerlo, ofreceran al mundo entero la esperanza e inspiracin que tanto necesita. Sigo creyendo que los sueos pueden hacerse realidad, pero slo en el contexto de la solucin de un nico Estado al problema palestino. Por definicin, sera un Estado laico, democrtico, en el cual todos sus ciudadanos, rabes y judos, disfrutaran de los mismos derechos. S, eso significara la des-sionizacin de Palestina, pero no implicara el fin (ninguna clase de fin) para los judos que ahora viven en Israel y Palestina. Aquellos que desearan quedarse como ciudadanos de una Palestina des-sionizada podran finalmente tener paz con una seguridad duradera.

El eplogo de mi libro se titula The Jews as the Light Unto Nations [Los judos como luz de las naciones] y finaliza con las siguientes palabras, mis palabras, orgullosamente repetidas en la contraportada del volumen II:

Si los judos del mundo tuviesen la voluntad y el valor de hacer causa comn con las fuerzas de la razn en Israel antes de que sea demasiado tarde para todos nosotros, les espera una enorme recompensa. Con la demostracin de que la razn puede triunfar sobre el deseo y de que hay un lugar para la tica en la poltica, se convertiran en la luz de las naciones. Es una recompensa que no est disponible para ningn otro pueblo de la tierra por la exclusividad del sufrimiento del pueblo judo. Quiz sta sea la verdadera esencia de la idea que los considera un pueblo elegido... elegido para soportar un sufrimiento nico y, tras haberlo soportado, demostrarnos a los dems que crear un mundo mejor y ms justo no es una misin imposible.

Por qu creo que es importante que los estadounidenses conozcan la verdad de la historia sobre los hechos y la continuidad del conflicto dentro y fuera de Palestina y quien debe trabajar por la paz, qu debe hacer y porqu?

La respuesta es escueta: Debido a la impresionante influencia del grupo de presin sionista (como han documentado Mearshimer y Walt y, antes que ellos, el ex congresista Paul Findley), ningn presidente estadounidense tendr jams la voluntad poltica de exigir responsabilidades al sionismo, a menos que la opinin pblica informada lo empuje a hacerlo poniendo en marcha la democracia real. El problema en USA, hablando en general, es que la opinin pblica est muy poco uniformada (y desinformada) para presionar, para hacer que la democracia trabaje en pos de la justicia y la paz.

Por qu mi libro Zionism: The Real Enemy of the Jews no puede publicarse en USA?

La respuesta es concisa: porque el sionismo no quiere que se publique y todos los editores estadounidenses, los ms importantes y tambin los menos al parecer temen demasiado ofender al sionismo si lo publicasen.

En realidad, lo mismo ha sucedido en el Reino Unido, incluso si mi editor recibi cartas y otros mensajes con elogios poco habituales hacia mi trabajo de los editores ms importantes. Una de esas cartas, que he citado en el primer prrafo del volumen I de la primera autoedicin de mi libro en pastas duras, describe mi manuscrito como [...] Sorprendente... hecho con pasin, compromiso y profunda sabidura y luego sigue: [] No hay duda de que merece que se publique. Pero, a la hora de la verdad, tuve que crear mi propia editorial. Se supona que no tendra acceso al mercado minorista, pero lo tuve. Para vender bien en el mercado minorista los libros necesitan publicidad. Los primeros que la hacen para el pblico lector son, en general, los medios de comunicacin, pero no en el caso de mi libro. Ni uno solo de los peridicos o revistas, ni tampoco ningn programa de radio o televisin estaban dispuestos a prestar a mi libro ninguna atencin, crtica u otra cosa. La complicidad de los medios en la eliminacin de la verdad histrica y la traicin a la democracia demostr su solidez. sta es la situacin aqu y en Reino Unido (y en toda Europa occidental) y s que es peor, mucho peor, en la Tierra de la Libertad.

En el prefacio del Volumen II afirmo que no me cabe duda alguna de que las editoriales, los editores y los polticos que son cmplices en la eliminacin de la verdad histrica creen sinceramente que sirven a los mejores intereses de los judos, as como a sus propios intereses personales a corto plazo. A todos ellos (editoriales, editores, polticos) les digo lo siguiente: Os equivocis. Os equivocis peligrosamente. Negndoos a aceptar la verdad de la historia y, en concreto, la diferencia entre judasmo y sionismo y por qu es perfectamente posible ser apasionadamente antisionista sin ser antisemita, ayudis a que se culpe a todos los judos de los crmenes cometidos por unos cuantos. Y concluyo con la siguiente reflexin: Tambin sera de ayuda si ms de unos pocos judos que viven fundamentalmente en las naciones del mundo judeocristiano pudieran encontrar la voluntad y el valor para terminar con su silencio sobre la mala conducta (en palabras de Harkabi) de Israel y aceptar el hecho de que el sionismo es, como afirma el ttulo de este libro y demuestra su contenido, el verdadero enemigo. El silencio no es la forma de refutar y desbaratar una acusacin de complicidad en los crmenes sionistas.

Para el sionismo, el problema de mi libro es su ttulo. La fuente originaria del poder y el chantaje sionistas est en su xito al haber convencido a un mundo agobiado por la culpa de que el judasmo y el sionismo son la misma cosa. Cuanta ms gente sepa de que esto no es as y que, por lo tanto, es perfectamente posible ser un acrrimo antisionista sin ser antisemita, ms desnudo y ms vulnerable ser el sionismo. nicamente entonces ser una misin posible el detener la cuenta atrs de la catstrofe y slo entonces la paz tendr una oportunidad, su ltima oportunidad.

En su prefacio a The Israel Lobby and US Foreign Policy, Mearshimer y Walt afirman que USA no ser capaz abordar con eficacia los irritantes problemas del Oriente Prximo si los estadounidenses no logran mantener un dilogo civilizado sobre nuestros intereses en la regin y sobre el papel de todos los factores que entran en lnea de cuentas en la poltica exterior estadounidense, incluido el grupo de presin de Israel. Hemos escrito este libro para apoyar ese dilogo.

Yo he escrito el mo para imbuir en los ciudadanos el poder de participar en el debate informado y honesto y para que logren que la democracia lleve justicia y paz al Oriente Prximo. Si hay estadounidenses que quieren subir al estrado y ayudarme a que les lleve a sus conciudadanos mi versin de la verdad histrica, el partido habr comenzado. Y sta no es una liga de segunda divisin.

Zionism: The Real Enemy of the Jews
Alan Hart
Word Power Books
Fecha de publicacin: 7 de octubre de 2005
http://www.word-power.co.uk

 


 

Fuente: http://www.informationclearinghouse.info/article18716.htm

Artculo original publicado el 14 de noviembre de 2007

Esta traduccin se ha publicado tambin en Tlaxcala.

Sobre el autor


El escritor y traductor espaol Manuel Talens es miembro de Cubadebate, Rebelin y Tlaxcala.
 Su novela ms reciente es La cinta de Moebius (Alcal Grupo Editorial). Paloma Valverde es miembro de Cubadebate, IraqSolidaridad y Rebelin. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a los traductores y la fuente.



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