Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Silencio, habla el rey de Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2007

La "pataleta" del rey

Oliverio Comte
Rebelin


Siempre he pensado que los reyes, prncipes y condes son znganos, adheridos a la piel de aquellas naciones donde la monarqua an prevalece. Sus vidas estn marcadas por el ocio, la opulencia y los escndalos de todo tipo, que llenan los espacios de la prensa rosa y de farndula.

Sin embargo, Juan Carlos de Borbn, Rey de Espaa, constituye una excepcin a la regla, porque adems de la vida regalada a la que ha accedido como cualquier otro soberano, juega un rol activo en el diseo e implementacin de la poltica exterior espaola, independientemente del gobierno de turno. Desde esa perspectiva, no slo tuvo conocimiento del apoyo que brind el ex presidente Jos Mara Aznar a George W. Bush en la invasin a Irak, sino que lo comparti. Digmoslo claramente: el Rey Juan Carlos es cmplice de la ofensiva genocida del imperio y su secuela de muerte de cientos de miles de iraques y tambin de miles de soldados norteamericanos, carne de can al servicio de los intereses petroleros de Bush y sus halcones. A fines de 2004, el presidente estadounidense agradeci su colaboracin invitndolo junto a su esposa al rancho de Texas, lugar reservado slo a sus aliados incondicionales.

El rey tampoco pudo estar al margen del papel que jug Aznar en el golpe de estado de 2002 en Venezuela. Por el contrario, el gobernante debi actuar con la total anuencia de su soberano, cuyos intereses suelen estar muy ligados a la administracin norteamericana. Lo anterior, explica su airada reaccin contra el Presidente Hugo Chvez en la reciente Cumbre Iberoamericana en Chile, cuando ste acus a Aznar, de lo que todo el mundo sabe: que es un fascista y que apoy la asonada golpista. Nunca un gobernante - en este caso el rey - haba hecho callar a otro jefe de estado en una cumbre presidencial. Su alteza - como le dicen los genuflexos del gobierno chileno - acus el golpe y retrocedi 500 aos en un segundo, lo que desat su prepotencia atvica, frente a quienes considera sus sbditos.

Pero eso no fue todo, porque el monarca an tena otra sorpresa reservada, que borrara para siempre esa imagen edulcorada, mesurada y democrtica que cultiv y prevaleci en el imaginario colectivo, sobretodo de una sociedad como la chilena, donde predomina el arribismo, la siutiquera y la ignorancia. Tampoco soport la justificada crtica que hizo el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega contra la rapacidad de las transnacionales espaolas que han asolado Amrica Latina. Se levant furioso de su asiento y abandon la sala, como un adolescente taimado. Sin embargo, lo ms vergonzoso vino despus, cuando Alejandro Foxley, ministro de Relaciones Exteriores de Chile - que no siente la menor vergenza de ensuciarse las rodillas - sali raudo de la sala para intentar calmar el nuevo berrinche de su "majestad".

Como era de esperar, el canciller demcratacristiano se apresur en solidarizar con Espaa, a nombre del gobierno chileno (el vergonzante silencio de Michelle Bachelet otorga). Pero al da siguiente del exabrupto real, como un mueco al cual fuerzas oscuras dieron cuerda, Foxley retom con mayor bro la polmica y desafi a Hugo Chvez a comparar los procesos sociales de Chile y Venezuela. Segn asegur, Chile ha logrado enormes xitos en materia social, sin recurrir a "experiencias seudo revolucionarias o atajos", en una clara referencia descalificatoria al proceso venezolano. A estas alturas, estaba claro que la campaa contra el Presidente Chvez estaba en su clmax.

El Comandante Fidel Castro tiene razn cuando plantea que est en marcha una operacin impulsada por Washington, destinada a lograr el asesinato de imagen de Hugo Chvez, cuyo fin estratgico podra ser eventualmente su eliminacin fsica. En Chile, es liderada por el Diario La Tercera, medio de prensa vinculado a los organismos represivos durante la dictadura militar, que desarrolla hace aos una campaa de desinformacin permanente contra el proceso venezolano - que incluye tambin a Cuba - digitada por el demcratacristiano Gutenberg Martnez, quien participa a menudo en las reuniones del consejo editorial del peridico. Martnez, ex presidente de la Organizacin Demcrata Cristiana de Amrica (ODCA), es adems el marido de Soledad Alvear, ministra de Relaciones Exteriores de la administracin de Ricardo Lagos, que reconoci en 2001, al gobierno golpista que intent sin xito derrocar a Chvez.

Pero La Tercera no estuvo sola. sta vez se le uni The Clinic, pasqun editado por un equipo de periodistas jvenes, rebeldes sin causa en versin neoliberal, defensores irrestrictos de la libertad (individual). Dicen estar "firmes junto al pueblo", pero son tan reaccionarios como el que ms, frente a procesos como el venezolano o cubano, que implican cambios estructurales reales, en beneficio de la mayora, que ciertamente ponen en riesgo los privilegios y granjeras que les otorga una sociedad de clase.

La prensa chilena - como el ms avezado prestidigitador - ha sido muy efectiva desinformando y generando una opinin pblica totalmente disociada de la realidad concreta. Esa estrategia, en un pas como Chile, donde la mayora se nutre de diarios como Las ltimas Noticias, La Cuarta y La Tercera, que fomentan de manera deliberada la desinformacin, la farndula y la ignorancia, ha sido clave para moldear una animadversin bastante generalizada de los chilenos ante el proceso venezolano y fundamentalmente hacia la figura de Hugo Chvez.

Como plantea el terico holands, Teun A. Van Disk, la noticia constituye un tipo de discurso de carcter hegemnico, a travs del cual quienes ostentan el poder producen y reproducen el sistema imperante. Marx lo dijo de otra forma: las ideas de quienes no disponen de medios de produccin intelectual son sometidas a las ideas de la clase dominante.

El chileno comn, sumido en la ms profunda ignorancia, asume como realidad el discurso de los medios de comunicacin y ve a Chvez como un dictador, cuyo nico norte es lograr el poder ilimitado. El chileno comn ignora que fue elegido democrticamente por los venezolanos; que su coalisin ha ganado ms de 13 elecciones durante su mandato; que el crecimiento econmico de Venezuela en 2006 fue de un 10,3 %; que redujo en un 50 por ciento la pobreza extrema y que termin con el analfabetismo; que ha asegurado salud y educacin gratuita para todos los venezolanos; que barri la corrupcin de los gobiernos demcratacristianos, que por decenios esquilmaron los recursos de esa nacin; que Venezuela pag totalmente su deuda externa al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, logrando su soberana econmica, entre otros muchos logros, que a los defensores del neoliberalismo poco o nada les interesa o que simplemente ocultan.

En las antpodas, el gobierno de Michelle Bachelet, ha sido una gran decepcin para aquellos que alguna vez albergaron alguna esperanza de cambio, entre quienes por cierto, no me cuento. El derrotero neoliberal trazado ha seguido su curso inclume, mientras la presidenta sucumbe a los designios del imperio y a las presiones y zancadillas de sus propios compaeros de coalisin. El pas contina siendo el alumno predilecto del Fondo Monetario Internacional, el vecino desclasado y arribista que reniega de su origen, que busca codearse con el primer mundo a costa de cualquier precio.

En este escenario, fue fcil responsabilizar mediticamente a Hugo Chvez y exculpar al Rey Juan Carlos del desaguisado de la cumbre. No obstante, quedar grabada para la historia la actitud rastrera de Alejandro Foxley y el silencio inexplicable de Michelle Bachelet, fiel representante del capitalismo neoliberal, con rostro de mujer.



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