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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2007

El mal ejemplo de Venezuela

Alberto Cruz
Ceprid


El proceso venezolano, que ellos llaman bolivariano, es sistemticamente satanizado no slo por los medios burgueses sino desde sectores de un pretendido progresismo, ms centrados en la figura de Chvez que interesados en profundizar en lo que representa de transformacin social para las grandes masas, relegadas y oprimidas desde la independencia de la metrpoli espaola a mayor gloria de la elite poltica, econmica y blanca. El mundo est lleno de situaciones en las que hay liderazgos cuestionables no es el caso de Chvez, sistemticamente elegido, reelegido y apoyado por una amplia mayora del pueblo venezolano- y la gran potencia imperialista y sus aclitos no se molestan como lo hacen con el presidente venezolano. Qu pasa entonces? Pues que lo que hay en Venezuela es, ni ms ni menos, una dura expresin de la lucha de clases donde la correlacin de fuerzas. si bien por ahora no es abiertamente favorable al pueblo, s existe al menos un claro equilibrio con la oligarqua. Y es una lucha que trasciende al propio pas, tal y como lo han entendido los capitalistas de todas las partes del mundo y, de forma especial, los formadores de opinin, esos que escriben y opinan con prejuicios y estereotipos, impregnados en no pocas ocasiones de un claro concepto de clase y con una base neocolonial.

Nadie se plantea si el proceso venezolano est dando la vuelta al sistema econmico mundial, si su triunfo cuestiona la globalizacin neoliberal y si como consideran destacados analistas estadounidenses de la talla, por ejemplo, de Alexander Cockburn, editor de la pgina alternativa Counterpunch- est ayudando como nadie a socavar la hegemona mundial de EEUU. Un ejemplo se ha tenido estos das pasados en la reunin que la OPEP celebr en Riad (capital de Arabia Saud). La sola sugerencia venezolana de que el crtel petrolero comenzase a estudiar si el dlar deba ser la moneda de transaccin comercial ante su cada vez mayor debilidad desat todas las alarmas.

Y es que desde que desde la llegada de Chvez a la presidencia, all por 1998, la OPEP se ha convertido en uno de los grandes ejes de la poltica exterior de Venezuela. En primer lugar, revitalizando una organizacin en decadencia y normalizando la produccin conjunta para controlar el precio del barril de petrleo. Para EEUU y occidente en general, el precio considerado correcto del barril es de 30 dlares, sin tener en cuenta que los costes de extraccin son diferentes en los pases: desde el ms barato en Arabia Saud hasta el ms caro en Irn. Venezuela est entre medias de ambos, pero consider que un precio justo para equilibrar a unos y otros se situara sobre los 50 dlares. En segundo lugar, lanzando una batalla interna dentro de la OPEP para democratizar el Fondo de Desarrollo y Cooperacin (con un montante de 40.000 millones de dlares) y que la gestin de ese fondo no dependiese en exclusiva de Arabia Saud, que sistemticamente pona en manos de empresas estadounidenses y europeas la gestin de dicho fondo. Venezuela gan esta batalla y ahora ya no son slo las empresas occidentales las que lo gestionan, sino de los propios pases de la OPEP y otros no occidentales ajenos al crtel petrolero. Y uno de los proyectos estrella de esta nueva forma de gestin es que ahora se hace hincapi en cuestiones sociales que afectan a los pases de la OPEP, como evitar la desertificacin de la cuenca del ro Nger. Gestos como ste han hecho que Venezuela haya sido aceptado como pas observador en la Organizacin para la Unidad Africana.

Pero hay ms. Venezuela est dando la vuelta al sistema tradicional de intercambio comercial al poner en marcha instituciones como Petrocaribe o fomentar el trueque entre estados. Como dicen analistas latinoamericanos, de no haberse creado Petrocaribe las 16 naciones que lo forman -pobres, carentes de infraestructura y dependientes de la ayuda internacional- enfrentaran hoy, con excepcin de Venezuela y Cuba, un futuro trgico y sin salida ante los astronmicos precios del petrleo y sus derivados, unido al encarecimiento mundial de los alimentos a consecuencia de la produccin de agrocombustibles. Es ms, el ahorro de la factura petrolera para estos pases supone ya 450 millones de dlares al haberse liberado de los intermediarios y especuladores que intervienen en el mercado del petrleo.
Con el trueque (petrleo por mdicos cubanos, por carne y barcos argentinos, por leche y queso uruguayo, etc.) Venezuela ha puesto en marcha un intercambio directo de mercancas que rompe las normas de la Organizacin Mundial del Comercio y otorga a los pases ms dbiles un mayor papel a la hora de negociar sus productos y materias primas. Con las reglas de mercado, los pases pobres, productores de materias primas, ven siempre sus exportaciones sujetas a las fluctuaciones de unos precios que se establecen no tanto en funcin de la demanda como de los intereses polticos de las grandes corporaciones poltico-financieras. Slo as hay que entender la reciente rebelin de los pases del sur en las negociaciones que se mantienen en la OMC sobre cuestiones agrcolas, demandando a los pases desarrollados menos exigencias y un trato justo no slo en los precios, sino por los perjuicios que les ocasionan las subvenciones que, como es el caso de EEUU, otorgan a determinados productos de su produccin agrcola mientras abogan por una absoluta libertad de mercado con el resto.

Por si todo esto fuese poco, Venezuela ha logrado que el Fondo Monetario Internacional est a punto de pasar a la historia si se consolida la constitucin del Banco del Sur. La reorientacin que se anuncia en el FMI, as como su disposicin a no imponer crditos a cambio de ajustes estructurales sino a ser ms flexible con los estados no habra sido posible sin Venezuela, convertido en un importante financiador alternativo y muchsimo menos oneroso que el FMI o el BM. El xito econmico de Argentina se debe, en gran parte, a la ayuda econmica ofrecida por Venezuela, lo que permiti al gobierno de Kirchner realizar una poltica al margen de las recomendaciones del FMI.

El giro a la izquierda, ms o menos radical, que se est produciendo en Amrica Latina tras el ejemplo venezolano es consecuencia del fracaso de una macroeconoma impuesta por el neoliberalismo que ha incrementado enormemente la desigualdad y la pobreza en la gran mayora de la poblacin mientras una minora, la de siempre, se ha enriquecido an ms. El hecho de que ahora se lancen ciertas iniciativas sociales, como la de la reciente Cumbre Iberoamericana, se debe a todo lo anterior. Sin el mal ejemplo que da Venezuela ni el gobierno espaol ni otros latinoamericanos alabados por los medios de formacin de masas habran dado pasos en ese sentido.

Ahora slo falta que estos gobiernos combatan el mal ejemplo venezolano instaurando la jornada laboral de 6 horas diarias; instauren la propiedad social junto a la pblica y a la privada; establezcan la posibilidad de que los cargos pblicos puedan ser evaluados por medio de un referndum popular a mediados de su gestin, y revocados si es la voluntad popular; pongan en marcha los consejos comunales, y hagan que los vecinos de cualquier municipio puedan formular, ejecutar y evaluar las polticas pblicas adoptadas por la comunidad al margen, o con el apoyo, de las alcaldas. Algunas de estas cuestiones estn recogidas en la propuesta de reforma constitucional que se votar el prximo 2 de diciembre. Si es aprobada, se reforzar la perspectiva de una democratizacin poltica y social de largo alcance, especialmente en poltica exterior.

Y eso es lo que molesta a los gurs de la globalizacin, incluidas las empresas espaolas tan ardientemente defendidas estos ltimos das. Cuando estos empresarios tan supuestamente democrticos hablan de inseguridad jurdica en algunos pases, y citan siempre a Venezuela, Bolivia y Ecuador, lo hacen desde un planteamiento neocolonial, criticando la aprobacin de leyes en esos pases mediante las cuales esos pueblos recuperan el control sobre sus riquezas energticas. Los cambios propuestos en la reforma constitucional reafirman la recuperacin de las riquezas del pas, aunque se critique con escasa desde sectores de la izquierda venezolana, y abren al mismo tiempo la participacin popular en trminos desconocidos en gran parte del mundo, incluida Europa.

En Venezuela no se est efectuando un ataque contra el capitalismo como tal, pero s se est construyendo una alternativa al mismo, en el sentido de crear una sociedad en la que la meta explcita no es el crecimiento del capital o de los medios materiales de produccin sino del crecimiento del desarrollo humano. Mientras el proceso bolivariano no comenz a construir esa alternativa no se produjeron deserciones significativas entre los representantes del ala derecha de ese proceso. Ahora s, porque se profundiza la lucha de clases y cada uno se pone en su lugar. Petras lo ha dicho de forma muy acertada: La coalicin opositora de ricos y privilegiados teme las reformas constitucionales porque con stas deber otorgar un porcentaje mayor de sus beneficios a la clase obrera, perder su monopolio de las transacciones del mercado -que pasarn a manos de compaas pblicas- y el poder poltico del que ahora goza se desplazar hacia concejos comunitarios locales y hacia el poder ejecutivo. Mientras que los medios derechistas y liberales de Venezuela, Europa y USA han inventado acusaciones chocantes contra las reformas 'autoritarias', lo cierto es que las enmiendas proponen una democracia social ms amplia y profunda. Ese es el mal ejemplo que da Venezuela, el mal ejemplo de la buena izquierda.

Alberto Cruz es periodista, politlogo y escritor especializado en Relaciones Internacionales.
albercruz (arroba) eresmas.com





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