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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2007

Nosotros, Franco, el Rey y Aznar

Marco Aurelio Rodrguez
Aporrea


El 20 de noviembre se conmemor el 32 aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco. Que pedimos que dios mantenga en su gloria bien metido bajo todos los kilos de tierra que le corresponden y que por nada le sean ligeros.

Como soy venezolano y por derecho puedo decir lo que se me d la gana del pueblo espaol a quien tan largamente dimos cobijo solidario despus de recibirle en las hambrientas chalupas en las que llegaron hace aos las chalupas de antao son las pateras de hoy- consternados y hambrientos del pan ms grande: la libertad.

Las misas que prodigaron a este asesino. Los homenajes, la sabrosura de la hez embadurnada de remembranzas son para nosotros una vaga rfaga de recuerdos que nos devuelven a la infancia aquella cuando en mi Grupo Escolar recibimos a los hijos de la Espaa que se compraba entonces en Venezuela por seis pesetas.

Si alguien pretende meternos cabras aqu no lo conseguir; vi a los espaoles crecer junto a m, reconozco su acento y sus giros al hablar, eran gente humilde cuyos padres, como lo dije antes, llegaron huyendo de todo lo que all les espantaba: la pobreza unos, la represin poltica y cultural y otros, y por sobre todo aquellos, que estaban tras la esperanza de una vida diferente a la que les ofreca el oscurantismo que reinaba en Espaa.

En este lugar del mapamundi nos encontraron, por obra de las cartas de navegacin de aquellos que llegaron 500 aos atrs; la leyenda no se haba aplacado en sus ensueos, y los gallegos siguieron entusiasmados Les brindamos abrigo, respeto y amor, sobre todo a Ana Vidal, aquella hermosa nia que en mi escuela era todos los das el sol que se alzaba con su uniformito blanco, perfectamente planchado por la gracia de las manos de su madre y del espeso almidn.

Ahora que han crecido y que transcendieron el status crucial de conserjes, bodegueros, comerciantes de otro rango y naturalmente, pobres. Ahora cuando han cuadrado una nueva valoracin para el color de su piel, tan distante a los negritos de ms abajo, sus rostros engrosan las marchas del franquismo local. Muestran sus palmas blancas

Cunteme a m que los vi, cariosamente entusiasmado, por la manera como se hacan los mejores del saln y cuyas notas apuntaban hacia una inteligencia descollante. Fueron mis compaeros de clase.

Recientemente descubro que los dividendos del esfuerzo de sus padres los han colocado en el centro de eso que llaman Clase Media o ms bien Mediana y que defienden con angustia lo que sus padres les prodigaron con tremendo trabajo. Pero olvidan su mediana condicin de espaoles de abajo, blancos de orilla que arrastraron hasta nosotros su sufrida condicin de clase inferior que habra de ensuciar sus manos en los oficios viles de una conserjera, por ejemplo.

A mi que no me vengan con vainas, que los conozco y que en lo elaborado de esta prosa con la que les endilgo se, descubre que tambin hube de tener calificaciones buenas y frecuentes! y que la pretendida superioridad cerebral es puro vericueto y que criaron a sus hijos en el clasismo de que no somos negros, tambin.

Afectos a la monarqua, temblaron al sentirse superiores, y odiando a Chvez, comulgaron con la prensa de all. Son venezolanos a toda mecha, pero desde nios los fines de semana de sus vidas transcurren en los linderos de algn club privado y la semana en el aislamiento de un colegio religiosos de los privados. Son por decirlo de algn modo, venezolanos, pero de otra hechura

Sus hijos van a las marchas y declaran a los micrfonos en un acento que jams se pareci mucho al nuestro. Dicen sandeces; sus padres les recogen de orgullosos en inmensos carros, para llevarlos a casa y piensan que se la estn comiendo. Vemos que les une a Espaa lo peorcito: la corona, el rey y sus rumbas con putas caras de la ribera peninsular mediterrnea, que van de la mano de una retahla de muertos que acompaan a la monarqua desde 1492, hasta la rabia de hoy.

Lamentablemente nuestros, profesan un gusto asaz por el PP - fallamos; no son los mejores de ellos los que nos acompaan; ya estn por hacer valer sus derechos ante la Comunidad Europea para que les den su pasaporte se van.

Es poco lo queda por decir: La Espaa venezolana, la que llevamos en el corazn no tiene mucho que ver con unos coprfagos llamados Aznar y su rey.

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