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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2007

El interminable infierno de Somalia

Anna Husarska
Fundacin Sur


El Conflicto interno de Somalia est propulsado por un combustible que es una mezcla de religin, poltica y rivalidad entre clanes. A diario se mata a civiles en Mogadiscio, hay bombas al borde de la carretera y ataques con morteros, y los periodistas y polticos son el objetivo. Para empeorar las cosas, el pas ha sufrido este ao tanto sequas como inundaciones.

Esta combinacin de inseguridad y desastres naturales ha desplazado un enorme nmero de personas y causado sufrimiento a una escala de sufrimiento digna de contemplarse. Segn las cifras ms recientes de Naciones Unidas, 400.000 personas, o casi un tercio de la poblacin de Mogadiscio, ha huido de la ciudad.

An as, Somalia muy raramente sale en los titulares de prensa. Esto refleja en parte la casi imposibilidad de recopilar noticias all. Muy pocos periodistas extranjeros se aventuran a entrar all, es demasiado difcil y peligroso para ellos trabajar dentro del pas, y los periodistas locales son acosados por las autoridades. Y, incluso cuando hay noticias, la capacidad del mundo de absorber historias malas y tristes desde otro lugar infernal ms, es limitada.

Desde el pasado mes de diciembre, Somalia ha estado en una situacin de guerra civil de hecho. El Gobierno secular, apoyado por Naciones Unidas, la Unin Europea y Estados Unidos, con refuerzos militares de Etiopa, ha estado luchando contra los insurgentes de la Unin de las Cortes Islmicas, un grupo acusado de esconder a terroristas de Al-Qaeda, y cuyos lderes estn apoyados por Eritrea.

El caos total y la ausencia de seguridad hace casi imposible encontrar una solucin poltica. Cuando los ancianos locales y los delegados queran reunirse en Mogadiscio, para una conferencia de reconciliacin, las condiciones de seguridad les obligaban a posponer la conferencia varios meses, (aunque cuando por fin se reunan, en gran cantidad y por largo tiempo, no hace ningn avance).

No hace mucho, se neg el permiso para aterrizar en Baidoa (Sede del Parlamento de Somalia) a un avin con el enviado de la ONU para Derechos humanos, y los pilotos a veces se niegan a llevar en sus aviones a extranjeros a Mogadiscio, porque es muy peligroso. La misma falta de seguridad afecta al reparto de la ayuda humanitaria: en una visita reciente al norte de Somalia, para evaluar las necesidades humanitarias, un equipo del Comit Internacional de Rescate, del cual yo era parte, pas ms tiempo, esfuerzo y dinero en asuntos de seguridad que en inspeccionar los pozos y evaluar las necesidades de letrinas, aunque la falta de agua y sanitarios es grave.

En un tramo de 25 millas de carretera entre las ciudades del sur de Kismayo y Jilib, hay al menos 35 puestos de control conducidos por hombres armados que cobran a los pasajeros entre 50 y 200 dlares americanos por pasar. En el mar, la piratera trastorna gravemente la ayuda enviada por barco.

Un incidente en el sur de Somalia demuestra vvidamente cmo la inseguridad puede obstaculizar el trabajo humanitario. Mientras que nuestro equipo de evaluacin se encontraba en la ciudad de Marare, una escena banal de dos amigos veinteaeros desayunando se convirti en un gran drama cuando uno de los chicos puso mal su kalashnikov y mat accidentalmente a su amigo.

Los chavales eran del mismo clan, pero, desgraciadamente de diferente sub-clan. El proceso habitual es que la familia de la vctima escoge a alguien del sub-clan del perpetrador para matarlo. Los ancianos de los dos sub-clanes pasaron cuatro das negociando una solucin menos sangrienta, y al final acordaron que se pagase el precio de 100 camellos, (por valor de 7.000 dlares americanos), como compensacin. Pero durante esos cuatro das, se entorpeci el trabajo en el hospital local (llevado por una organizacin internacional no gubernamental) ya que los trabajadores que eran miembros del sub-clan del perpetrador, se mantuvieron alejados de sus puestos de trabajo, por si acaso eran seleccionados para la matanza por venganza.

El dilema que plante el accidente no es fcil de comprender para los extranjeros. Pero la manera en la que los ancianos esquivaron una resolucin violenta es un ejemplo admirable de buena gobernabilidad.

Si tan solo estas prcticas fueran utilizadas para abordar la mayora de los problemas que abruman a Somalia. En este Estado fracasado por excelencia, esta especie de sabidura de ancianos podra ser la nica opcin para empezar a afrontar el atolladero creado por el desorden que ha oprimido al pas desde la marcha del dictador Said Barre, en 1991.

Ignorar la situacin en Somalia y no intentar restablecer la ley y el orden no es una opcin. Las dos principales facciones que combaten en Mogadiscio estn respaldadas, respectivamente, por Etiopa y por Eritrea. Porque esas naciones, de entre las ms pobres de frica, tienen una disputa sin resolver sobre la frontera que las separa, que les llev a una guerra, entre 1998 y 2000, en la que murieron decenas de miles de personas de ambos lados y las hostilidades en la zona continan, su participacin, por delegacin (by proxy), en la guerra civil de Somalia podra tener graves implicaciones para todo el cuerno de frica.

*Anna Husarska es Senior Policy Adviser en el International Rescue Committee. www.theIRC.org.

T
raducido por Rosa Moro del Departamento frica de la Fundacin Sur.


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