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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2004

Tras las elecciones en Afganistn
Democracia inyectable

David Torres
El Mundo


Cuanto ms analfabeto es el comentarista poltico de turno, antes se atreve a proclamar que EE UU es la cuna de la democracia.Falso: la democracia, como tantas otras cosas, es un invento griego. Es cierto que en la Grecia de Pericles los esclavos y las mujeres no tenan derecho al voto, pero, veintitantos siglos despus, en los EE UU de Washington seguan sin tenerlo. Es ms, en las pasadas elecciones, las de las papeletas mariposa y el pucherazo florido, unos cuantos miles de negros se quedaron sin votar gracias a una artimaa electoral republicana digna de los tiempos de Kunta Kinte.

Una de las grandes bazas propagandsticas de Bush II es la aparicin de dos nuevas democracias en el mapa mundial gracias a su mandato.Cualquiera que eche un vistazo al actual desgobierno en Irak y Afganistn puede hacerse una idea de que el simple recuento de una papeleta en ambos pases ser tan dudoso como en Florida.En Afganistn las mujeres apenas son canarios trapenses enjaulados de por vida que ni siquiera tienen derecho al canto. Da escalofros contemplar a una de esas desdichadas criaturas que respiran bajo las tinieblas textiles de la Edad Media, pero imaginrselas con una papeleta en la mano roza el espanto, el esperpento, el esperanto.En Las extraas veladas, un libro de uno de los ms grandes y secretos maestros actuales del relato corto, Esteban Padrs de Palacios, hay un cuento de apenas una pgina donde una mujer afgana le dice a un arquelogo que ella es un fantasma. No, dice el arquelogo, usted slo es una mujer con burka. Los fantasmas no existen. Yo tampoco existo, seor, dice la voz de la mujer desde su eterna penumbra.

Erradicar la odiosa tirana de Sadam Husein tal como se ha hecho en Irak es como pretender curar un cncer de prstata mediante una patada en los cojones. Creer -como parecen creerlo Bush II, Cheney, Rumsfeld, Blair y tantos mamporreros polticos- que la democracia puede exportarse en porciones o inyectarse en ampollas, es un disparate. La Historia, al contrario que la evolucin, no da saltos. No puede convertirse de la noche a la maana un pas feudal que slo es un reino de taifas en una democracia hecha y derecha. No puede pretenderse que unos cuantos seores de la guerra -que incluso emiten su propia moneda y tienen potestad sobre la vida y la muerte de sus sbditos- acepten el juego democrtico.Y, sobre todo, no puede regalarse la libertad a un pueblo como si se le diese un caramelo. La libertad no se regala igual que se suelta a un perro: se conquista. Las cadenas que no se rompen siempre podrn volver a cerrarse. Esto debera haberlo aprendido bien Cheney, el mismo negrero que defenda a muerte el apartheid en Sudfrica.

En Afganistn las mujeres no existen y en EE UU todava hay negros que tampoco. Puede que no sean la cuna de la democracia, pero a este paso pueden acabar siendo su tumba.




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