Portada :: N. Chomsky
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2007

Entrevista a Noam Chomsky
El lavado de cerebros en libertad es ms eficaz que en las dictaduras

Daniel Mermet
Le Monde Diplomatique



El escritor Noam Chomsky de los EEUU habla de los mecanismos detrs de la comunicacin moderna, un instrumento esencial de gobierno en los pases democrticos, tan importantes para nuestros gobiernos como la propaganda es a una dictadura.


DM: Empecemos por el asunto de los medios de comunicacin. En Francia, en mayo del 2005, con ocasin del referndum sobre el tratado de la Constitucin Europea, la mayor parte de rganos de prensa eran partidarios del "s", y sin embargo 55% de los franceses votaron por el "no". Luego, la potencia de manipulacin de los medios no parece absoluta. Ese voto de los ciudadanos representara tambin un "no" a los medios?

NC: El trabajo sobre la manipulacin meditica o la manufactura del consentimiento hecho por Edgard Herman y yo no aborda la cuestin de los efectos de los medios en el pblico[1]. Es un asunto complicado, pero las pocas investigaciones que profundizan en el tema sugieren que, en realidad, la influencia de los medios es ms importante en la fraccin de la poblacin ms educada. La masa de la opinin pblica parece menos tributaria del discurso de los medios.

Tomemos, por ejemplo, la eventualidad de una guerra contra Irn: 75% de los norteamericanos estiman que Estados Unidos debera poner fin a sus amenazas militares y privilegiar la bsqueda de un acuerdo por vas diplomticas. Encuestas llevadas a cabo por institutos occidentales sugieren que la opinin pblica iran y la de Estados Unidos convergen tambin en algunos aspectos de la cuestin nuclear: la aplastante mayora de la poblacin de los dos pases estima que la zona que se extiende de Israel a Irn debera estar completamente despejada de artefactos de guerra nuclear, comprendidos los que poseen las tropas norteamericanas de la regin. Ahora bien, para encontrar este tipo de informacin en los medios, es necesario buscar mucho tiempo.

En cuanto a los principales partidos polticos de los dos pases, ninguno defiende este punto de vista. Si Irn y Estados Unidos fueran autnticas democracias en cuyo interior la mayora determinara realmente las polticas pblicas, el diferendo actual sobre lo nuclear ya estara sin duda resuelto. Hay otros casos as.

En lo que se refiere, por ejemplo, al presupuesto federal de Estados Unidos, la mayora de norteamericanos desean una reduccin de los gastos militares y un aumento, por el contrario, en los gastos sociales, crditos otorgados a las Naciones Unidas, ayuda econmica y humanitaria internacional, y por ltimo, la anulacin de las bajas de impuestos decididas por el presidente George W. Bush a favor de los contribuyentes ms ricos.

En todos estos asuntos la poltica de la Casa Blanca es totalmente contraria a los reclamos de la opinin pblica. Pero las encuestas que revelan esta oposicin pblica persistente raramente son publicadas en los medios. Es decir, a los ciudadanos se les tiene no solamente apartados de los centros de decisin poltica, sino tambin se les mantiene en la ignorancia del estado real de esta misma opinin pblica.

Existe una inquietud internacional relativa al abismal "doble dficit" de Estados Unidos: el dficit comercial y el dficit presupuestal. Ahora bien, estos solo existen en estrecha relacin con un tercer dficit: el dficit democrtico, que no deja de ahondarse, no solamente en Estados Unidos, sino de modo ms general en el conjunto del mundo occidental.

Cada vez que se le pregunta a un periodista estrella o a un presentador de un gran noticiero televisivo si sufre de presiones, si le ha pasado que lo censuren, l contesta que es completamente libre, que expresa sus propias convicciones. Cmo funciona el control del pensamiento en una sociedad democrtica? En lo que respecta a las dictaduras lo sabemos.

Cuando se les pregunta a los periodistas, responden inmediatamente: "Nadie me ha presionado, yo escribo lo que quiero." Es cierto. Solamente, que si tomaran posiciones contrarias a la norma dominante, ya no escribiran sus editoriales. La regla no es absoluta, desde luego; a m mismo me sucede que me publiquen en la prensa norteamericana, Estados Unidos no es un pas totalitario tampoco. Pero cualquiera que no satisfaga ciertas exigencias mnimas no tiene oportunidad alguna de alcanzar el nivel de comentador con casa propia.

Es por otra parte una de las grandes diferencias entre el sistema de propaganda de un Estado totalitario y la manera de proceder en las sociedades democrticas. Exagerando un poco, en los pases totalitarios, el Estado decide la lnea que se debe seguir y luego todos deben ajustarse a esta. Las sociedades democrticas operan de otro modo. La "lnea" jams es enunciada como tal, se sobreentiende. Se procede, de alguna manera, al "lavado de cerebros en libertad". E incluso los debates "apasionados" en los grandes medios se sitan en el marco de los parmetros implcitos consentidos, los cuales tienen en sus mrgenes numerosos puntos de vista contrarios.

El sistema de control de las sociedades democrticas es muy eficaz; instila la lnea directriz como el aire que respira. Uno ni se percata, y se imagina a veces estar frente a un debate particularmente vigoroso. En el fondo, es mucho ms rendidor que los sistemas totalitarios.

Tomemos por ejemplo el caso de Alemania a comienzos de los aos 30. Tenemos tendencia a olvidarlo, pero era entonces el pas ms avanzado de Europa, estaba a la cabeza en materia de arte, de ciencias, de tcnicas, de literatura, de filosofa. Despus, en muy poco tiempo hubo un retroceso completo, y Alemania se volvi el Estado ms mortfero, el ms brbaro de la historia humana.

Todo aquello se realiz destilando temor: de los bolcheviques, de los judos, de los norteamericanos, de los gitanos, en sntesis, de todos aquellos que, segn los nazis, amenazaban el corazn de la civilizacin europea, es decir los "herederos directos de la civilizacin griega". En todo caso era lo que escriba el filsofo Martin Heidegger en 1935. Ahora bien, la mayora de medios de comunicacin alemanes que bombardearon a la poblacin con mensajes de este gnero usaron las tcnicas de marketing puestas a punto por los publicistas norteamericanos.

No olvidemos cmo se impone siempre una ideologa. Para dominar, la violencia no basta, se necesita una justificacin de otra naturaleza. As, cuando una persona ejerce su poder sobre otra -trtese de un dictador, un colono, un burcrata, un marido o un patrn-, requiere de una ideologa que la justifique, siempre la misma: esta dominacin se hace "por el bien" del dominado. En otras palabras, el poder se presenta siempre como altruista, desinteresado, generoso.

Cuando la violencia de Estado no basta


En los aos 30, las reglas de la propaganda nazi consistan, por ejemplo, en escoger palabras simples, repetirlas sin descanso, y asociarlas a emociones, sentimientos, temores. Cuando Hitler invadi los Sudetes (en 1938), fue invocando los objetivos ms nobles y caritativos, la necesidad de una "intervencin humanitaria" para impedir la "limpieza tnica" sufrida por los germanfonos y para permitir que todos pudieran vivir bajo el "ala protectora" de Alemania, con el apoyo de la potencia de ms avanzada del mundo en el campo de las artes y de la cultura.

En materia de propaganda, si de cierta manera nada ha cambiado desde Atenas, ha habido por lo menos cantidad de perfeccionamientos. Los instrumentos se han afinado mucho, en particular y paradojalmente en los pases ms libres del mundo: el Reino Unido y Estados Unidos. Es all, y no en otro lado, donde la industria moderna de relaciones pblicas, es decir la fbrica de la opinin, o la propaganda, naci en los aos 1920.

Efectivamente, esos dos pases haban progresado en materia de derechos democrticos (voto de las mujeres, libertad de expresin, etctera) a tal punto que la aspiracin a la libertad ya no poda ser contenida solo por la violencia del Estado. Viraron, pues, hacia las tecnologas de la "manufactura del consentimiento". La industria de las relaciones pblicas produce, en sentido literal, consentimiento, aceptacin, sumisin. Controla las ideas, los pensamientos, los espritus. En relacin al totalitarismo es un gran progreso: es mucho ms agradable sufrir una publicidad que encontrarse en un cuarto de torturas.

En Estados Unidos la libertad de expresin est protegida hasta un grado que me parece desconocido en cualquier pas del mundo. Es muy reciente. En los aos 1960 la Corte Suprema alz la barra muy alto en materia de respeto de la libertad de palabra, lo que expresaba, segn mi opinin, un principio fundamental establecido desde el siglo XVIII por los valores de la Ilustracin. La posicin de la Corte fue que la palabra era libre, teniendo por nica limitacin la participacin en un acto criminal. Si, por ejemplo, cuando entro a una tienda para desvalijarla, uno de mis cmplices tiene un arma y yo le digo "Dispara!", ese fin no est protegido por la Constitucin. Por lo dems, el motivo debe ser particularmente grave para que se cuestione la libertad de expresin. La Corte Suprema reafirm este principio a favor del Ku Klux Klan.

En Francia, en el Reino Unido y me parece que en el resto de Europa, la libertad de expresin es definida de manera ms restrictiva. Para m, la cuestin esencial es: el Estado tiene el derecho de determinar lo que es la verdad histrica y el de penar a quien se aparta de ella? Pensar en ello termina ajustndose a una prctica propiamente estalinista.

A los intelectuales franceses les cuesta admitir que esa es su inclinacin. Sin embargo, en el rechazo de una aproximacin as no deben haber excepciones. El Estado no debera tener medio alguno de castigar a cualquiera que pretendiese que el sol gira alrededor de la Tierra. El principio de la libertad de expresin tiene algo muy elemental: o se le defiende en el caso de opiniones que se detesta, o no se le defiende para nada. Incluso Hitler y Stalin admitan la libertad de expresin de los que compartan su punto de vista

Yo agrego que hay algo preocupante e incluso escandaloso en discutir estos temas dos siglos despus de Voltaire, quien, como se sabe, declaraba: "Yo defendera mis opiniones hasta la muerte, pero dara mi vida para que ustedes pudieran defender las suyas." Adoptar una de las doctrinas fundamentales de sus verdugos, es hacerle un triste favor a la memoria de las vctimas del holocausto.

En uno de sus libros, usted comentaba la frase de Milton Friedman: "Producir ganancias es la esencia misma de la democracia"


A decir verdad, las dos cosas son de tal modo contrarias que ni siquiera hay comentario posible La finalidad de la democracia es que la gente pueda decidir su propia vida y hacer las elecciones polticas que le ataen. La realizacin de ganancias es una patologa de nuestras sociedades, adosada a estructuras particulares. En una sociedad decente, tica, esta preocupacin por la ganancia sera marginal. Tomemos mi departamento universitario (en el Instituto Tcnico de Massachussets MIT): algunos cientficos trabajan duro para ganar mucho dinero, pero se les considera un poco como marginales, gente perturbada, casi casos patolgicos. El espritu que anima a la comunidad acadmica es ms bien el de tratar de hacer descubrimientos por inters intelectual pero tambin para el bienestar de todos.

En la obra que se le dedica en las ditions de L'Herne, Jean Ziegler escribe: "Ha habido tres totalitarismos: el totalitarismo estaliniano, nazi y ahora es Tina (iniciales de There is no alternative, no hay alternativa), propuesto por Margaret Thatcher planteando el carcter ineluctable del capitalismo neoliberal, que no es otra cosa que un posible forma de globalizacin). Comparara usted esos tres totalitarismos?


Yo no los pondra en el mismo plano. Enfrentarse contra "Tina" es afrontar una empresa intelectual que no se puede asimilar a los campos de concentracin ni al gulag. Y, de hecho, la poltica de Estados Unidos suscita una oposicin masiva a escala planetaria. Argentina y Venezuela han expulsado al Fondo Monetario Internacional (FMI). Estados Unidos debi renunciar a lo que era la norma todava hace veinte o treinta aos: el golpe militar en Amrica Latina. El programa econmico neoliberal que se ha impuesto a la fuerza a toda Amrica Latina en los aos 1980 y 1990, hoy da es rechazado en el conjunto del continente. Se encuentra esta misma oposicin contra la globalizacin econmica a escala mundial.

El movimiento por la justicia, que est bajo los fuegos de los proyectores mediticos durante cada Forum Social Mundial, trabaja en realidad todo el ao. Es un fenmeno muy nuevo en la historia, que marca quizs el comienzo de una verdadera Internacional. Su principal caballo de batalla est en la existencia de una solucin alternativa. Por otro lado, qu mejor ejemplo de globalizacin diferente que el Forum Social Mundial? Los medios hostiles llaman a los que se oponen a la globalizacin neoliberal los "antimundialistas", cuando en realidad ellos combaten por otra globalizacin, la globalizacin de los pueblos.

Se puede observar el contraste entre unos y otros porque en el mismo momento, tiene lugar en Davos, el Forum Econmico Mundial, que trabaja para la integracin econmica planetaria, pero en el nico inters de los financistas, de los bancos y de los fondos de pensin. Potencias que controlan tambin los medios de comunicacin. Es su concepcin de la integracin global, pero al servicio de los inversores. Los medios dominantes consideran que esta integracin es la nica que merece, de algn modo, la denominacin oficial de globalizacin.

He aqu un buen ejemplo del funcionamiento de la propaganda ideolgica en las sociedades democrticas. Es eficaz hasta tal punto que incluso los participantes en el Forum Social Mundial aceptan a veces el calificativo malintencionado de "antimundialistas" (o "antiglobalistas"). En Porto Alegre, intervine en el marco del Forum, y particip en la Conferencia Mundial de los Campesinos. Ellos solos representan la mayora de la poblacin del planeta

A usted se le ubica en la categora de los anarquistas o de los socialistas libertarios. En la democracia tal como usted la concibe, cul sera el lugar del Estado?


Vivimos en este mundo, no en un universo imaginario. En este mundo existen instituciones tirnicas, esas son las grandes empresas. Es lo que hay ms cercano a las instituciones totalitarias. Estas no tienen, por decirlo as que rendirle cuentas al pblico, a la sociedad; actan a la manera de depredadoras cuyas presas seran otras empresas. Para defenderse de ellas, las poblaciones slo tienen un instrumento: el Estado. Ahora bien, este no es un escudo muy eficaz, pues, en general, est estrechamente ligado a los depredadores. Con una diferencia no desdeable: mientras que, por ejemplo, General Electric no tiene que rendir cuentas, el Estado debe a veces explicarse ante la poblacin.

Cuando la democracia se haya ensanchado al punto que los ciudadanos controlen los medios de produccin y de intercambio, participen en el funcionamiento y en la direccin del marco general en el cual viven, entonces el Estado podra desaparecer poco a poco. Ser reemplazado por asociaciones voluntarias situadas en los lugares de trabajo y donde vive la gente.

Los soviets?


Eran los soviets. Pero la primera cosa que Lenin y Trotski destruyeron inmediatamente despus de la revolucin de Octubre, fueron los soviets, los consejos obreros y todas las instituciones democrticas. Lenin y Trotski a este respecto fueron los peores enemigos del socialismo en el siglo XX. En tanto que marxistas ortodoxos, estimaron que una sociedad retardataria como la Rusia de su poca no poda pasar directamente al socialismo antes de ser precipitada a la fuerza en la industrializacin.

En 1989, al momento del hundimiento del sistema comunista, yo pens que este hundimiento, paradjicamente, representaba una victoria par el socialismo. Pues el socialismo tal como yo lo concibo, o por lo menos lo respeto, implica el control democrtico de la produccin, de los intercambios y de las otras dimensiones de la existencia humana.

De todas maneras, los dos principales sistemas de propaganda se han puesto de acuerdo para decir que el sistema tirnico instituido por Lenin y Trotski, despus transformado en monstruosidad poltica por Stalin, era el "socialismo". Los dirigentes occidentales no podan sino estar encantados por este uso absurdo y escandaloso del trmino que les ha permitido durante dcadas difamar el socialismo autntico.

Con idntico entusiasmo, pero de sentido contrario, el sistema de propaganda sovitico ha intentado explotar en su provecho la simpata y el compromiso que suscitaban para muchos trabajadores los ideales socialistas autnticos.

No es cierto que todas las formas de autoorganizacin segn los principios anarquistas han terminado hundindose?


No hay "principios anarquistas" fijos, una suerte de catecismo libertario al se le debera prestar fidelidad. El anarquismo, por lo menos como yo lo entiendo, es un movimiento del pensamiento y de la accin humanas que busca identificar las estructuras de autoridad y de dominacin, pedirles que se justifiquen y, dado que son incapaces, lo que sucede con frecuencia, intentar superarlas.

Lejos de haberse "hundido" el anarquismo, el pensamiento libertario, est floreciendo. Est en la fuente de numerosos progresos reales. Formas de opresin y de injusticia que casi no se reconocan, y menos aun combatan, ya no se admiten. Es un logro, un avance para el conjunto del gnero humano, no un fracaso.

* Publicado en Le Monde Diplomatique - Agosto 2007
Traduccin libre de Mabel Sarco para Maritegui. La revista de las ideas


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter