Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2007

Manuel Sacristn en la historia de las ideas

Francisco Fernndez Buey
Rebelin


A m el criterio de verdad de la tradicin del sentido comn y de la filosofa me importa. Yo no estoy dispuesto a sustituir las palabras verdadero y falso por las palabras vlido/no vlido, coherente/incoherente, consistente/ inconsistente. No; para m las palabras buenas son verdadero y falso, como en la lengua popular, como en la tradicin de la ciencia. Igual en Pero Grullo y en boca del pueblo que en Aristteles. Los del vlido/no vlido son los intelectuales, los tos que no van en serio.

 

MSL en 1979

I

Si Manuel Sacristn slo hubiera escrito la monografa sobre Heidegger (1958), que fue su tesis doctoral, y la Introduccin a la Lgica y al anlisis formal (1964), ya con eso habra entrado en la historia de la filosofa en lengua castellana como un filsofo importante del siglo XX, como un filsofo de los que tienen pensamiento propio. En 1965, a sus cuarenta aos, lo que Sacristn haba aportado en esos dos libros slo admita comparacin posible con lo que, antes y despus de la muerte de Ortega, haba escrito filosficamente, desde otra perspectiva, Xavier Zubiri (Naturaleza, historia y Dios, Sobre la esencia y Lecciones de Filosofa).

Esto es lo que se pensaba en el mundo filosfico acadmico cuando yo estudiaba en la seccin de filosofa de la Universidad de Barcelona, en la primera mitad de la dcada de los sesenta. Y, ms o menos con estas palabras que he dicho aqu, eso es lo que o decir a los filsofos con los que tuve relacin entonces: a Emilio Lled, a Jos Mara Valverde, a Francesc Gom, a Jos Rodrguez Martnez, a lvarez Bolado. A la hora de comparar, stos aadan, desde luego, el nombre de unos pocos filsofos entonces exiliados en Amrica Latina con los que el pensamiento hispnico de la poca quera enlazar (Snchez Vzquez, Gaos, Xirau) o, aqu mismo, el nombre de Aranguren o el de Tierno.

Si Manuel Sacristn slo hubiera escrito esos dos libros que he mencionado seguramente estaramos considerndole un pionero en el campo de la lgica formal y como un filsofo de orientacin analtica comparable a otros pensadores europeos contemporneos de parecida tendencia. Pero ya a mediados de la dcada de los sesenta Sacristn haba escrito y publicado otras cosas cuyo conocimiento obliga a revisar esta posible ubicacin suya en la historia de las ideas como lgico y filsofo analtico.

Pienso sobre todo en cuatro cosas: en lo que public, como cronista y crtico de la cultura, en la revista Laye en la dcada de los cincuenta; tambin en su visin panormica de la filosofa despus de la segunda guerra mundial; o en sus primeros escritos de aproximacin al marxismo; y, sobre todo, en sus ensayos sobre Goethe y Heine. Estas otras cuatro cosas permiten considerar a Sacristn, mediada, como digo, la dcada de los sesenta, no slo como lgico y filsofo analtico sino tambin como ensayista y como historiador de las ideas.

Con el tiempo, y a medida que se ha ido imponiendo una aproximacin transversal en la historia de las ideas, una aproximacin menos compartimentada y excluyente que la que dominaba entonces en el mundo acadmico, se ha ido prestando al menos tanta atencin al Sacristn crtico literario, lector atento de autores clsicos y contemporneos, como al Sacristn lgico y filsofo. A esta recuperacin han contribuido mucho las obras de Pinilla de las Heras, Garca Borrn, Laureano Bonet, Jordi Gracia y Juan Carlos Mainer, entre otros. De su mano, Sacristn ha entrado en la historia del ensayismo hispnico. Y ha entrado en esa historia con argumentos slidos: valorando como se merecan sus lecturas de Goethe y Heine, su ensayo sobre el Alfanhu de Ferlosio, sus notas sobre la dramaturgia contempornea o su anticipadora introduccin a la poesa de Brossa. Pues es ah, en su lectura crtica de poetas, dramaturgos y narradores, donde Sacristn ha dado lo mejor que llevaba dentro como escritor. Es ah, dialogando con Ferlosio y con Salinas, con Mann, con Goethe y con Heine, donde mejor se aprecia su dominio de la lengua castellana y su bsqueda de un estilo propio.

En dos de los escritos de finales de los cincuenta y comienzos de los sesenta se puede ver, por otra parte, el excelente historiador de las ideas que Sacristn era. El primero de ellos es el ensayo que escribi para el suplemento sobre filosofa contempornea de la Enciclopedia Espasa: una visin clara, rigurosa e informada de las corrientes filosficas despus de la guerra. El segundo, menos conocido y cuyo original en castellano seguramente se ha perdido (por lo que no podemos estimar hoy su valor desde el punto de vista de la creacin lingstica) es su ensayo sobre la alianza impa entre positivismo y religin, publicado en cataln en la revista Horitzons en 1961.

Los dos son ejemplo de rigor en el tratamiento de las ideas, con independencia de la simpata que quien escriba tenga por las ideas de los pensadores de que se ocupa. Los dos son ejemplo de profunda atencin al matiz y de respeto a los textos en la valoracin de las ideas de otros. Y los dos son ejemplo de la capacidad que Sacristn tena para dialogar con tradiciones filosficas distintas y para pensar por cuenta propia, en continuacin con las tradiciones filosficas que ms apreciaba.

En la panormica que escribi sobre las corrientes filosficas contemporneas se puede apreciar el germen de otra virtud como escritor de la que Sacristn hara gala ms tarde: la descripcin contenida y la definicin precisa de los conceptos clave de grandes libros de la historia de la filosofa. Eso es algo que iba a tener que cultivar con cierta frecuencia en la redaccin de voces para enciclopedias, un gnero literario entonces en auge y hoy no siempre bien apreciado, pero que hay que saber valorar por lo que tuvo de difusin de ideas nuevas en un pas en el que a la universidad slo llegaba una minora nfima. Decir lo esencial de un autor o de la obra de un autor, y decirlo sin tergiversarlo o sin empobrecerlo para siempre, con atencin al matiz diferencial, supone un ejercicio difcil y tambin contribuye a forjar un estilo de comunicacin con el lector.

Pero tal vez donde ms se aprecia el tipo de pensador que Sacristn quera ser es en su ensayo sobre la alianza impa, que puede ser considerado como un escrito de transicin entre la crnica (que Sacristn consideraba un gnero juvenil y que l mismo haba practicado en Laye) y el anlisis crtico de las ideas, orientado ya a la exposicin del propio punto de vista, que para entonces era inequvocamente marxista. Este es ya un ensayo social y polticamente comprometido. Eso lo prueba, sin ms, el lugar en que fue publicado. Pero es, sobre todo, un ensayo de filsofo comprometido con la verdad en la exposicin de las ideas que critica y en la argumentacin de las ideas que defiende: lleno de matices a la hora de distinguir entre positivismo, filosofa analtica y neopositivismo; y con los mismos matices al tratar del otro lado de la alianza, las corrientes religiosas. Es un ensayo denso, riguroso, sin concesiones, cuya lectura requiere atencin y paciencia: en las antpodas de la caricatura dogmtica y adoctrinadora a que tantos y tantos ensayos posteriores suelen reducir el marxismo que se practicaba en Espaa y en Europa durante aquellos aos. Tan alejado de esa caricatura que nadie, si lo lee hoy, identificara aquella forma de razonar y de escribir de Sacristn con el tipo de compromiso dogmtico y adoctrinador que se suele atribuir hoy en da al marxismo de la dcada de los sesenta.

Me ahorro y os ahorro aqu las citas del ensayo sobre la alianza impa que podran servir para argumentar con detenimiento lo que acabo de decir. Lo mejor es leerlo. Armarse de paciencia y atencin, y leerlo entero 1 . El tiempo que nos ahorramos al prescindir de las citas lo voy a invertir en argumentar ahora por qu, a la vista de estos otros escritos que public entre 1950 y 1965, puede decirse que Sacristn era algo ms que un lgico y un filsofo analtico y por qu esto realza su dimensin como pensador importante en la historia de las ideas.

De entrada, ya la lectura del ensayo sobre la alianza impa permite corregir la idea de que el filosofar de Sacristn en los sesenta era un hbrido de marxismo y neopositivismo; una idea que algunos han sacado de una interpretacin apresurada de su prlogo al Anti-Dhring de Engels y que tiene que ver con una confusin todava muy extendida, la consistente en reducir toda filosofa analtica a lo que fue una corriente de la misma, la corriente neopositivista. La peculiaridad de Sacristn como filsofo, ya en aquellos aos, antes y despus de que escribiera el prlogo al Anti-Dhring, es que, precisamente por su conocimiento de la historia de las ideas y por su dominio de las corrientes del pensamiento contemporneo, al hacerse marxista pudo y supo filosofar sin necesidad de alianza (ni impa ni pa).

Otros filsofos contemporneos han subrayado la autonoma filosfica del marxismo, sin duda, pero slo l y unos pocos ms se atrevieron, en la segunda mitad del siglo XX, a pensar reafirmando la proclama de Marx a favor de la autonoma filosfica del materialismo histrico sin quedarse en ella para hacer marxologa, o sea, proyectando esa declaracin de intenciones sobre los problemas socio-econmicos y socio-culturales de un mundo nuevo y dialogando con las corrientes filosficas que algo haban innovado desde la muerte de Marx. Proyectar y dialogar crticamente es lo que se entiende por pensamiento propio cuando previamente se ha declarado que se va a pensar y a actuar en el marco de una tradicin.

Cuando se habla de pensamiento propio ya se est dando por supuesto, en cierto modo, que el autor del que se trata no va a caber en ninguno de los cajones en que suele dividirse la historia oficial de las corrientes filosficas. El pensamiento propio tiene que ver con la originalidad en el mejor de los sentidos de la palabra (no con el narcisismo intelectual ni con el proponerse a uno mismo como potencial descubridor de mediterrneos). Sacristn era un filsofo con pensamiento propio, un pensador original ya en la dcada de los sesenta.

Qu quiere decir en este caso original? Quiere decir que, por su atencin a la historia (y no slo a la historia de las ideas, sino tambin a la historia material de los seres humanos), por su aficin a la literatura, a la poesa y a las prcticas artsticas y por el tipo de su compromiso cvico, Sacristn no poda ser ya slo un lgico formal ni un filsofo analtico acadmico. Con lo cual no estoy queriendo sugerir que no cumpliera con las normas de la filosofa acadmica, sino que no era eso lo que ms le interesaba. Cuando escribi su panormica de la filosofa despus de la segunda guerra mundial ya dej claro que su criterio principal para la seleccin de los autores estudiados era el peso de los mismos en la determinacin de la vida espiritual de la poca y no el tecnicismo dominante en las academias.

Aun en el caso de que las circunstancias que le toc vivir en aquella poca le hubieran permitido dedicarse preferentemente a la lgica formal y al anlisis, o sea, a prolongar acadmicamente lo que haba escrito en sus dos principales obras, la tesis doctoral y el manual de Lgica, Sacristn habra sido, por lo que he apuntado ms arriba, un lgico atpico y un filsofo analtico tambin atpico. Un lgico tan atento al menos a la dialctica como a los formalismos de la lgica matemtica; y un filsofo analtico tan interesado al menos en los llamados sinsentidos filosficos como en la construccin lgica de los lenguajes cientficos: un lgico y un filsofo analtico para decirlo parafraseando a Einstein sin el miedo que los filsofos analticos de aquella poca tenan a la metafsica.

Por eso, caso raro entre los filsofos contemporneos, empez siendo un marxista que dialoga sin miedo con el pensar esencial heideggeriano argumentando su preferencia por el anlisis racional; y fue luego un lgico y marxista que dialoga con la filosofa analtica contempornea sin miedo a proclamar el valor heurstico de la dialctica como metdica, como pensar praxeolgico.

Jean-Paul Sartre deca por entonces que una de las debilidades de los marxistas contemporneos fue el no haberse atrevido a medirse con la filosofa existencial de Martin Heidegger. Sacristn hizo eso, ya a finales de la dcada de los cincuenta, y con detalle, leyendo a Heidegger sin complejos. Albert Einstein haba dicho, en una clebre resea de Bertrand Russell, que el principal defecto de la filosofa analtica, obsesionada por la semntica, era su horror a la metafsica, no slo a la especulacin en general. Sacristn, en lo que escribi como epistemlogo de orientacin marxista, nunca cay en ese defecto de la corriente neopositivista.

Tal vez tambin por eso, en su evolucin filosfica, Sacristn nunca necesit las muletas del existencialismo en boga, ni fue, cuando se dedicaba preferentemente a la lgica y al anlisis, un positivistn, como dijo una vez amigablemente Javier Muguerza, Tampoco fue, ni siquiera en la dcada de los sesenta, un marxista al que se pudiera adscribir a alguna de las corrientes del marxismo entonces establecidas. Por una parte, apreciaba demasiado el anlisis y la filosofa analtica de la ciencia como para haber sido un marxista historicista; y, por otra, apreciaba lo suficiente la historia y la historiografa como para haberse convertido en un marxista estructuralista: sus conocimientos de la ciencia en su historia eran demasiado amplios y slidos. De ah su distancia respecto de marxistas cuya orientacin apreciaba en otras cosas, como Lukcs, Althusser y Colletti.

Sacristn acept la crtica de Einstein en su reflexin sobre la filosofa analtica contempornea y alab la crtica de Quine a la pretensin de construir una lgica dialctica alternativa. Esto le acerca a la filosofa de base cientfica del siglo XX. Pero al mismo tiempo pens que, aunque la dialctica no es una lgica, ni una ciencia, ni un mtodo en sentido propio, tampoco es un mero flatus vocis, sino una metdica o un estilo de pensamiento con potencialidades heursticas relevantes all donde no alcanza el anlisis reductivo practicado por las ciencias. Algo as haban pensado otros clsicos de la historia del pensamiento racional, desde Aristteles a Goethe. Justamente en sus aproximaciones al concepto de dialctica es donde mejor se ve, en mi opinin, la vena clasicista del filosofar de Sacristn.

Se podra decir, pues, que Sacristn fue elaborando su propio filosofar (sobre las concepciones del mundo, sobre diferentes aspectos del conocimiento cientfico o del conocimiento ordinario o acerca de la praxis socio-poltica) apoyndose, segn los temas que trataba, en Marx, al que siempre ley libremente; en Gramsci, cuyo concepto del filosofar orientado a la praxis apreciaba, aunque lamentara su escasa formacin epistemolgica; o en las mximas y reflexiones de Goethe, por lo que stas sugeran sobre el conocer y el actuar mediante hiptesis.

 

II

Querra ahora dedicar unos minutos a la ubicacin del pensamiento de Sacristn en la historia de los marxismos de la segunda mitad del siglo XX. Y subrayar, tambin en esto, su originalidad. Para lo cual seguramente lo ms directo es partir de una declaracin suya, hecha casi al final de su vida:

Nunca me gust la epistemologa predominante en la tradicin marxista. Siempre me pareci que en ese campo eran mejores las escuelas marxistas minoritarias2.

 

La crtica a la debilidad epistemolgica de las corrientes marxistas aflorara tanto en la estimacin del filosofar de Gramsci y de Lenin como en el dilogo que estableci con Lukcs y con la Heller de la etapa de Budapest, o en la controversia con Althusser y con Colletti3. La finalidad de esta crtica era evitar al marxismo contemporneo el doble escollo del ideologismo y de la escolstica cientificista, o sea: la tendencia a imponer a las teoras cientficas en sentido estricto los rasgos totalizadores propios del pensamiento revolucionario y la tendencia a atribuir al marxismo el estatuto epistemolgico de la teora cientfica en sentido estricto4.

Dnde radica la originalidad de este punto de vista en el marco de los marxismos hispnicos? A esa pregunta se podra contestar como sigue. Si la forma principal de expresin del marxismo de Sacristn (tan emblemtica como modestamente significada en el rtulo de panfletos y materiales) enlaza, a travs de condicionamientos externos muy parecidos, con el tronco comn del pensamiento socialista en Espaa, y si su insistencia en subrayar (en el conjunto de la obra de Marx) el programa crtico, favorable a la emancipacin de las clases sociales subalternas, da fundamento y desarrolla la intencin revolucionaria de una parte del socialismo hispnico, en cambio, la atencin prestada a la cuestin del mtodo y a los problemas epistemolgicos le aleja de lo que fueron siempre las preocupaciones y temas dominantes de este ltimo.

 

Concretando un poco ms: la caracterstica ms saliente del marxismo de Sacristn, lo que permite hablar razonablemente de originalidad (y esto no slo en el contexto del pensamiento socialista hispnico) ha sido la acentuacin de la naturaleza anti-ideolgica del pensamiento revolucionario que tuvo su origen en Marx. Tal orientacin est expresada ya por Sacristn en 1965 con inequvoca rotundidad:

El pensamientro de Marx ha nacido como crtica de la ideologa y su tradicin no puede dejar de ser anti-ideolgica sin desnaturalizarse.5

 

Desde 1965 este tema aparece en los escritos de Sacristn como un hilo conductor que vertebra varias de sus discusiones con autores marxistas de diferentes generaciones. Est en el centro de las objeciones que hizo al uso gramsciano del concepto de ideologa en los Quaderni del carcere; ocupa igualmente un lugar central en la discusin con el Lukcs de La destruccin de la razn; alcanza un nuevo desarrollo en la estimacin, otra vez crtica, del concepto leniniano del marxismo (segn la cual tambin ste seguira teniendo un elemento ideolgico); y rebrota en una equilibrada presentacin de los primeros resultados de la denominada Escuela de Budapest. En todos esos casos (que corresponden a ensayos publicados hasta principios de los aos ochenta) Sacristn no ha dejado de afinar y profundizar en este motivo: la eliminacin de la especulacin ideolgica en el pensamiento socialista.

En 1967 esta tarea le pareca el programa ms fecundo que puede proponerse para el marxismo contemporneo, o sea, el programa de la hora. Luego, en el marco de la discusin con lo que llam el panideologismo de Lukcs, Sacristn se enfrent abiertamente incluso a un riesgo que l mismo haba sealado con preocupacin (el de ser confundido por marxistas de orientacin hegeliana con los tericos del final de las ideologas). A pesar de lo cual, se distancia de la caracterizacin del marxismo como concepcin del mundo para proponer una distincin precisa entre sta ( la cosmovisin) y lo que deba ser un programa crtico revolucionario. Ah est la base filosfica de lo que podramos llamar su marxismo laico.

Admitiendo que el asunto de la caducidad de las ideologas se ha concretado por el momento en una nueva ideologa reaccionaria, en la ideologa del fatalismo tecnolgico, niega Sacristn que la conciencia crtica haya de aceptar por eso el ser albergada por la magnificencia sin cimientos de las concepciones del mundo estructuralmente romnticas. Esta, la concepcin del mundo, no puede ser para el pensamiento revolucionario mediacin entre programa prctico racional y conocimiento positivo, porque mezcla teora en un sentido muy vago (o pseudoteora) con finalidades y valoraciones que no son reconocibles como tales.

De ah que la lucha marxiana contra la obnubilacin de la conciencia, la crtica de las ideologas, incluso en el pensamiento revolucionario de formacin marxista, se materialice para Sacristn en una hiptesis general, en la cual la mediacin tiene que ser producida entre estas tres cosas: a) una clara conciencia de la realidad tal cual sta se presenta a la luz del conocimiento positivo de cada poca; b) una conciencia clara del juicio valorativo que nos merece esa realidad y c) una conciencia clara de las finalidades entrelazadas con esa valoracin, finalidades que han de ser vistas como tales, no como afirmaciones (pseudo)-tericas.6

Hay que decir que esta lanza anti-especulativa y anti-ideolgica, en favor de la claridad de la conciencia cientfica y poltico-moral, fue rota por Sacristn a contracorriente, o sea, justo en un momento en el cual las luchas obreras y estudiantiles estaban propiciando en Espaa y en Europa una nueva recuperacin unilateral del culturalismo idealista y voluntarista con que lo mejor del marxismo de los aos veinte haba tratado de oponerse al achatamiento de la tradicin revolucionaria por las socialdemocracias.

En ese contexto la propuesta anti-ideolgica de Sacristn debe leerse, en mi opinin, como una advertencia del siguiente tenor: la recuperacin terico-prctica del marxismo no se har mediante un nuevo retorno, volvindose nuevamente hacia Hegel, sino mirando de frente a lo que hay, al presente, enlazando para ello con el conocimiento emprico, con el cultivo de las ciencias (naturales y sociales) positivas. Pero y ah est la clave de la lectura que propongo en los ensayos que Sacristn escribi en esa poca dicha advertencia cubra al mismo tiempo otro flanco: no hacerse la ilusin de que el marxismo es la ciencia sin ms (o la gran ciencia o la otra ciencia, como a veces se deca).

Frutos de esta prudencia dialctica, que desde el primer momento no quiso pagar un tributo considerado innecesario al origen hegeliano de la dialctica, fueron tambin intervenciones terico-polticas o poltico-culturales acerca, por ejemplo, del lugar de la filosofa en los estudios superiores o sobre la universidad y la divisin del trabajo7, intervenciones en las que an es ms patente la aspiracin de Sacristn a un pensamiento crudo (a un concepto de dialctica prximo al brechtiano) que por necesidad tena que resultar entonces polmico. En cualquier caso, aquel programa de la hora se fue ampliando temticamente en los papeles escritos en los aos setenta, buena parte de ellos publicados ya en las revistas barcelonesas Materiales (1976-1977) y mientras tanto.

Siempre he pensado que fue precisamente este equilibrio suyo entre crtica radical de las ideologas y del ideologismo y reafirmacin de la prctica revolucionaria lo que dej a Sacristn en minora entre los marxistas hispnicos y le situ en una posicin excntrica entre los marxismos europeos contemporneos. Pues buena parte de quienes aceptaban lo primero (la premisa epistemolgica) negaban lo segundo; y buena parte de quienes estaban de acuerdo con lo segundo (la reafirmacin de la praxis revolucionaria) preferan un uso ms laxo de ideologa (a lo sumo, el uso gramsciano). En cambio, en el marxismo de Sacristn hubo siempre una tensin constante entre tradicin y modernidad, entre un concepto del comunismo marxista como tradicin cultural autnoma de los abajo y una apertura, tambin constante, a sugerencias procedentes, en primer lugar, de las ciencias contemporneas y, en segundo lugar, de otras tradiciones comprometidas en la lucha por la emancipacin del gnero humano.

Desde mediados de los setenta, y muy particularmente en la etapa de mientras tanto, Sacristn observ, e hizo observar a los otros, que los dos polos de la tradicin socialista marxista (ciencia y proletariado) han cambiado tanto que tienen dificultades en reconocerse. Recomponer esta tensin pasaba, segn l, por complementar la problemtica clsica del movimiento obrero con las aportaciones de los nuevos movimientos sociales que surgen de las contradicciones especficas del capitalismo imperialista.

Lo que seguramente da un matiz nuevo y diferenciador a la obra del ltimo Sacristn es la acentuacin, en su marxismo, de una vena cultural y polticamente libertaria, apreciable, por ejemplo, en su discusin con el comunismo autoritario del filsofo alemn W. Harich, en su consideracin crtica del autoritarismo de las democracias representativas contemporneas, en la importancia concedida a la creacin de comunidades alternativas sobre la base del trabajo voluntario, o en su orientacin final hacia el federalismo en lo cultural.

III

Al analizar comparativamente los escritos del Sacristn joven (en los aos cincuenta) con sus ltimos escritos de los ochenta se descubre que existe algo as como un mismo hilo talante clsico, pensamiento dialctico que va uniendo motivos, preocupaciones y argumentos en su obra. As, por ejemplo, la juvenil aspiracin a un nuevo clasicismo, tan vinculada al inters por la dramaturgia norteamericana del momento en clave neoclsica, aquella bsqueda de lo que el joven Sacristn consideraba dar calor de hoy a la llama de siempre, no puede dejar de relacionarse con la caracterizacin madura del comunismo como tradicin liberadora (en lugar de poner el acento en el marxismo en tanto que teora).

Ms all de las diferencias de acento, son varias las ideas de fondo que persisten, que reaparecen una y otra vez, como ocurre a veces con ciertas secuencias de los directores de cine grandes: la atraccin por la iluminacin mstica; la descalificacin fulminante del progresismo mercantilista; el anudamiento del clasicismo artstico con la pasin por la verdad del pueblo, por la verdad de Pero Grullo; la atencin hacia lo nuevo como forma propia de ocuparse del tejer la tela vieja de la entera vida; el barnizar siempre las cosas bien de negro para que luego resalte mejor la tiza que ha de corregir el panorama; el optimismo histrico de fondo que resalta sobre el escepticismo clsico...

En esa perspectiva an puede resultar de inters la lectura comparada de Tres grandes libros en la estacada (artculo publicado en la revista Laye a finales de 1952)8 y de la comunicacin sobre ecologa poltica, escrita en 1978, y que en cierto modo representa una nueva inflexin en el pensamiento de Manuel Sacristn, el giro hacia un punto de vista eco-socialista, hacia un socialismo ecolgicamente fundamentado9. El Sacristn de 1978 no es ya el joven licenciado en filosofa que discute con el existencialismo y se fija en la formacin nietzscheana del protagonista del Doktor Faustus de Tomas Mann, sino que es un marxista de solidsima formacin epistemolgica y con una gran experiencia poltico-cultural. Pese a lo cual, el lector atento captar, en esa comparacin, una vez ms la misma preocupacin fundamental, la misma radicalidad en el anlisis y la misma veracidad a la hora de proponer alternativas.

En 1952, la resea simultnea de La bomba increible de Salinas, de 1984 de Orwell y del Doktor Faustus de Mann daba ocasin a Sacristn para abordar la discusin de uno de los grandes temas, que encontramos tambin en su obra del final de la dcada de los setenta: la crisis cultural, la crisis de nuestra civilizacin, analizada en aquel caso a travs de la literatura y en sensibilidades diferentes. Es notable hallar en esa resea el caamazo de algo que ms tarde aparecera explcitamente tratado y argumentado en el plano de los proyectos poltico-culturales: la crtica del pesimismo descriptivo y del pesimismo sentimental ante el asunto de la tcnica contempornea.

En 1952 haba en el joven Sacristn una curiossima combinacin de motivos nietzscheanos en la caracterizacin de la crisis a lo Mann con un optimismo racionalista que le permite hacer depender la superacin de la crisis exclusivamente del conocimiento de la misma, o escribir frases como sta: Puesto que segn esos pesimismos la tcnica no es nada sustantivo, una sociedad amenazada de muerte por su tcnica puede abandonarla y obviar el peligro. De ah se segua la preferencia del joven Sacristn (preferencia comparativa, claro est) por el tratamiento del asunto que hace Thomas Mann, un planteamiento en el que vea mayor profundidad y mayor verdad que en el catastrofismo sentimental o en la utopa literaria.

El origen profundo de la crisis cultural bajo el capitalismo no hay que buscarlo, segn el joven Sacristn, ni en la Bomba ni en la maldad tcnico-poltica que conducir a un hipottico 1984. Ya entonces Sacristn era demasiado clsico para ver novedades esenciales de poca en cuestiones de tcnica o de moral. El origen de la crisis tiene que rastrearse ms bien, siguiendo a Mann, en la tendencia espiritual hacia la nada, hacia las meras formas, hacia los contenidos formales, en esa marcha depuradora en cuyo lmite est una vida hecha de naderas.

Veintitantos aos despus Sacristn haba corregido algo el optimismo histrico que en 1952 le haca infravalorar el riesgo de la Bomba por comparacin con el peligro esencial que representa el nihilismo, o que le llevaba a considerar la nuestra como la menos brutal de las crisis, justamente por el hecho de saber que estamos en crisis, por la luz que arroja la conciencia sobre el cuadro bien barnizado de negro.

Pero con esas diferencias (que vienen dadas, sin duda, por una reconsideracin de la dialctica histrica desde el marxismo y por la experiencia del militante comunista que ha aprendido a traducir en trminos de prctica poltico-moral la conviccin goethiana de que en el principio fue la accin), el equilibrio, la mesura clasicista entre el vitalismo y la razn seguirn dominando en el ltimo Sacristn. La crtica del pesimismo slo descriptivo y del pesimismo sentimental ha sido sustituida ahora, ya en la madurez, por la discusin con la dialctica negativa, que cree poder seguir haciendo avanzar a la historia por el lado malo, y con los varios ecologismos irracionalistas que desprecian ciegamente la ciencia, toda ciencia. Frente a la crnica (a la que siempre consider un gnero juvenil) y al tratamiento literario, slo metafrico, Sacristn prefera en 1978 una aproximacin ms analtica, ms cientfica, al problema de la crisis cultural. Queda en ellos, sin embargo, la misma concepcin clasicista de la juventud y el mismo concepto de la dialctica histrica que le impulsaran en la vejez a adoptar como lema los versos de Hlderlin:

De donde nace el peligro

nace la salvacin tambin10

 

Francisco Fernndez Buey

Barcelona, IX/2005


 

Nota: Este trabajo de Francisco Fernndez Buey est incluido en El legado de un maestro. Papeles de la FIM, Madrid, 2007 (edicin de Salvador Lpez Arnal e Iaki Vzquez lvarez), pp. 41-50.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Salvador Lpez Arnal prepara ahora una traduccin al castellano del texto en cataln que ha quedado.

2 En entrevista concedida a Gabriel Vargas Lozano para Dialctica (Universidad de Puebla); reproducida en Pacifismo, ecologismo, poltica alternativa, pg. 100-122. En ese contexto Sacristn aluda a Otto Neurath y Karl Korsch, entre otros.

3 Vase a este respecto: La formacin del marxismo de Gramsci, en Panfletos y materiales I: Sobre Marx y marxismo, ed. cit. pgs.62-115; El filosofar de Lenin, ibid. pgs.133-176; Sobre el marxismo ortodoxo de G. Lukcs, ibid. pgs.232-250; El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia, ibid., pgs. 317-323; y sus notas de lectura de Colletti (en el Fondo de Reserva de la UB).

4 En Panfletos y materiales, I: Sobre Marx y marxismo, ed. cit. pgs. 257-259.

5 En Panfletos y materiales, I: Sobre Marx y marxismo, ed. cit. pg 57.

6 Ibid. pgs. 108-112.

7 Cf. Panfletos y materiales II: Papeles de filosofa, ed. cit. pgs.356-381, y III: Intervenciones polticas, ed. cit. pg. 98-152.

8 Ahora en Panfletos y materiales, IV: Lecturas. Icaria, Barcelona, 1986, pgs.17-29

9 En mientras tanto n 1, Barcelona, noviembre/diciembre de 1979; ahora en Pacifismo, ecologismo, poltica alternativa. Icaria, Barcelona, 1987.

10 F. Hlderlin, Patmos, en Poesa completa, tomo II, edicin bilinge. Hiperin, Madrid, 1979, pg. 140-141.

 



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