Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2007

La farsa de Annapolis
Regresando a Madrid

Azmi Bishara
Al Ahran Weekly

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


 

 

 

 

La genial idea de Bush de celebrar una conferencia de paz sin sentido y sin lustre alguno es como esos relmpagos secos que no traen la lluvia por mucho que reces. La administracin estadounidense necesitaba algo para demostrar que su poltica respecto a la regin rabe no era un fracaso absoluto. Y no se le ocurri nada mejor que volver a poner en escena la conferencia de paz de Madrid (*) que en su da organiz James Baker, secretario de estado con Bush padre. No se sabe por qu razn los republicanos consideran la poltica de Bush Sr / Baker tras la guerra en Kuwait como una historia de xitos que merece la pena conmemorar y emular. Por eso, nos hemos encontrado hoy con una conferencia que ha llevado a los rabes a Washington encendidos de gratitud ante la gracia imperial que de nuevo dirige su atencin hacia la causa palestina.

Con el correr de los aos, los crculos oficiales rabes y todos sus squitos han ido adoptando trminos y conceptos tales como el proceso de paz, el proceso. la prioridad [alta o baja] de que la administracin estadounidense tome decisiones sobre la causa palestina, impulsar los esfuerzos diplomticos, e incluso la visin de Bush. Lo que tienen en comn todos estos trminos y conceptos es que se han difundido como valores positivos en s mismos, por su aparente capacidad de inspirar esperanza y remover aguas estancadas. Otra virtud comn es su capacidad de sustituir contenidos promoviendo la veneracin por las formas (el proceso y la prioridad en la agenda). Tambin suponen un recurrente para la gente y una amnesia total respecto a la historia misma de esos trminos, que sus partidarios no dejan nunca de repetir. As, si la gente se aventura a preguntar Por qu? o Con qu fin?, son tildados de nios inocentes y balbucientes.

Es verdad, las conferencias internacionales son eventos histricos. Pero como Karl Marx observ con respecto a Napolen III, algunos hechos histricos se repiten dos veces, una vez como tragedia y la segunda como farsa. Madrid dispuso el escenario para la formulacin de bandas de negociacin y de la tragedia de Oslo, de la cual sigue siendo rehn la causa palestina. Con Annapolis, el teln se ha abierto a la farsa. Al principio, la gente pens que iba a ser una conferencia y luego que una asamblea. Despus se factur como reunin y, finalmente, como inauguracin de un proceso de paz, que es como decir un proceso de negociacin. Pero Madrid result ser tambin la inauguracin de un proceso de negociacin. Cuntas inauguraciones de procesos de negociacin puede haber? Cuntas veces deben pronunciarse pomposos discursos, embellecidos con citas del Torah, intercalados de versos cornicos, tachonados de referencias a nuestro comn padre Abraham y a los hermanastros Isaac e Ismael, en salones especialmente dispuestos, con aire acondicionado, atestados de delegaciones y periodistas, todos anticipando la nada, muriendo de aburrimiento y pasando el tiempo tratando de imaginar cmo van a reconvertir los desvaros ms aburridos e inocuos en discursos que sean profundos, cohesivos, elocuentes o cualquier otra cosa? Qu han hecho los rabes desde Madrid hasta el momento actual? Han negociado. Por qu necesitamos otra orga de retrica para introducir ms de lo mismo? Su conjetura es tan buena como la ma. Desde luego, algunos dicen, o mantienen (para aquellos que piensan que el asunto requiere un idioma solemne que no sea irnico), que estas negociaciones sern serias aunque no se cree un estado palestino, que estamos inaugurando una fase seria de las negociaciones, que lo que vamos a ver en los prximos ocho meses har que todas las negociaciones celebradas hasta ahora parezcan un juego de nios. Al menos eso se prometieron a ellos mismos los negociadores palestinos, incluso aunque Olmert contrarrestara esta promesa con otra de que no se someteran a ningn calendario ni fecha lmite de conclusin de las negociaciones para una solucin permanente.

Los palestinos y los israeles no han llegado a entendimiento alguno respecto al estatuto de Jerusaln, las fronteras o el desmantelamiento de los asentamientos israeles. Por otra parte, acerca del derecho al retorno de los refugiados palestinos, no se ha hecho ningn progreso hacia la abnegacin oficial rabe y palestina del ejercicio de ese derecho. Sin embargo, se convirti un tema que en principio no lo era la judeidad del estado de Israel- en una cuestin de negociacin en paridad con todas las dems, como Jerusaln, los refugiados, las fronteras y los asentamientos.

Hay tambin un quasi consenso sobre la visin de Bush. El mismo, esencialmente, que sobre la anterior visin de Sharon: una frmula para malvender todo lo que eran derechos palestinos no negociables a cambio de una entidad poltica palestina que ser gobernada despus de una poca o dos por una elite palestina, una vez que cumpla su parte combatiendo al terrorismo. Esa entidad poltica, que se denominar estado, no estar definida territorialmente por las fronteras anteriores a junio de 1967. Su creacin no ir acompaada por el retorno de los refugiados palestinos a sus hogares ni por el desmantelamiento de los asentamientos israeles importantes. No se ejercer soberana sobre la Jerusaln rabe aunque quiz pueda extender la ciudadana a los rabes de Jerusaln, que quiz puedan mantener all su residencia. Tambin puede que sea posible que se estipule algo para facilitar el acceso a los lugares sagrados clave. Un sueo rosa para quienes suean con gobernar un estado, una pesadilla para cualquiera que todava se aferre a la justicia de la causa palestina.

En todas las etapas, antes de que este sueo se produzca, los negociadores tendrn que reunirse y discutir largamente. Pero primero, aqu y ahora, EEUU necesita un poco de fanfarria: una fiesta del Partido Republicano-Bush-Rice-Blair para celebrar este sorprendente xito, y finalmente, conseguir una conferencia de paz fuera del terreno, mientras los palestinos en Gaza, los libaneses y los iraques viven una atroz y autntica pesadilla.

Pero la reunin de Annapolis no se ha producido slo por el anhelo estadounidense de dar un golpe de relaciones pblicas sino tambin de la necesidad de atender la posicin de los moderados rabes. Esos que se atienen a la lnea estadounidense respecto a todos los temas y en todas las ocasiones y que no han discutido ni una sola vez con Washington desde que los neocon dejaron de entrometerse en sus asuntos internos. Ahora es el momento para que EEUU les recompense ofrecindoles alguna cosa en el proceso de paz. Pero, una vez ms, ellos van hacia Washington en vez de hacer que Washington vaya hacia ellos. Olmert ofreci una serie de iniciativas con ninguna buena fe y se vio apoyado en ellas por la opinin pblica israel, la mayora de la cual rechaza discutir las cuestiones del estatuto final, aunque entre un 65 y un 75% apoyara la asistencia israel a Annapolis y las negociaciones con Siria y los palestinos. Washington no hizo ningn intento de convocar a Olmert por su falta de cooperacin y, finalmente, fue muy embarazoso para los rabes moderados considerar siquiera la asistencia a una conferencia que se supona que, en parte, iba a celebrarse para ayudarles. Seguro, el presidente de la Autoridad Palestina (AP) pudo ser escuchado en El Cairo hablando acerca de la oportunidad histrica que no debera desperdiciarse. Pero todo el mundo sabe que es rehn del proceso de negociacin y de las ddivas israeles, y que es preferible que huyera hacia delante a las garras israeles antes que considerar la idea de retornar a un gobierno de unidad nacional palestina.

Todo lo anteriormente mencionado conduce a que la conferencia se haya conseguido de antemano. Esta conferencia se articul a partir de la discordia y enfrentamiento internos palestinos. Antes de la escisin entre Fatah y Hamas, el supuesto proceso de paz estaba congelado e Israel le dijo a la AP y a su presidente que tenan que acabar incluso de hablar con Hamas para que Israel estuviera dispuesto a dialogar con ellos. Israel tiene una fuente inagotable de condiciones no slo para llegar a un acuerdo con la AP sino para dignarse, simplemente, a hablar con ellos. La ltima fue que la AP tena que cesar cualquier forma de cooperacin y contacto con Hamas, es decir, con los representantes de una inmensa parte del pueblo palestino.

Este fue el primer logro. Y la AP lo hizo tan bien que recibi cientos de palmaditas en la espalda por su decidida postura contra Hamas, convocndose al mundo entero a Annapolis para hacer de falsos testigos de negociaciones que ni han empezado ni ofrecen garanta alguna de xito en caso de que se iniciaran. Toda esta exhibicin slo para reforzar (u otorgar poderes segn la jerga de la ciencia poltica) la posicin de los moderados palestinos que deben estar tan orgullosos de ellos mismos de haber alcanzado una oportunidad histrica que hasta puede que oigan ya las alas de la historia revoloteando sobre Annapolis. Qu importante puede llegar a sentirse una persona cuando acepta las condiciones de Israel! Qu buenos son los EEUU e Israel (y Europa, que slo quiere que todo acabe cuanto antes) que hacen que la gente que ellos quieren se sienta importante!

El segundo logro est en la punta de la lengua de cualquiera. Israel haba anunciado en varias ocasiones y a travs de varios portavoces que la condicin para hablar con los palestinos se haba cumplido. Ahora, para que las negociaciones progresen, los palestinos tenan que hacer honor a sus compromisos con la Hoja de Ruta, que eran combatir al terrorismo y desmantelar la estructura terrorista. Con esto, Israel quiere decir aplastar a la resistencia palestina, empezando por Cisjordania. Este compromiso con la Hoja de Ruta haba sido siempre la manzana de la discordia entre Israel y Arafat, en gran parte porque el estilo israel es forzar a los palestinos para probarles y entonces decirles: Esperemos y veamos. Pero Israel consigui triunfar convenciendo a la AP post-Arafat para que aceptara esa condicin.

Con esos logros cosechados por Israel antes de que las negociaciones empezaran, el negociador palestino era ms dbil que nunca. Es incluso dbil a los ojos de la opinin pblica israel como consecuencia de la desunin palestina y como consecuencia de cun dependiente se ha convertido el liderazgo de la AP de la buena fe de Israel y del xito de las negociaciones. Cuando los palestinos estaban ms o menos unidos, Israel impuso la divisin palestina para poder dialogar. Despus de esa divisin proclam que la AP era demasiado dbil para controlar su propio terreno y no podra ser tomada lo suficientemente en serio como para merecer concesiones hechas de buena fe.

Pero hubo an un tercer logro: el desenganche rabe de la causa palestina. Los rabes pueden ver cun dbil es la AP y quin tiene capacidad para tomar decisiones de la AP. Comparten su debilidad y por eso la entienden muy bien, por lo que se agarran a cualquier solucin pragmtica que su debilidad haga posible. No van a ser ms palestinos que los palestinos, es decir, que el negociador palestino. Es verdad, se aprovechan de cada surco y bache en el proceso negociador para proclamar cun firme es la parte palestina y que no va ceder fcilmente. Pero, en ltima instancia, aunque les resulte fcil o sientan remordimientos de conciencia, estn de acuerdo en traicionar la causa.

Esos son los cimientos que se han colocado para la reunin de Annapolis, por no decir que, sencillamente, se trataba de sentarse alrededor de la mesa y, tcitamente, normalizar relaciones con Israel. Todas las delegaciones que fueron a Annapolis haban estado presentes en el pasado en la conferencia de Madrid. Su participacin no llev necesariamente a la normalizacin. Llev a bandas separadas de negociacin, algunas de las cuales quedaron paralizadas. La nica parte que firm un acuerdo con Israel desde Madrid fue Jordania. La nica parte que ha normalizado sus relaciones con Israel sin un acuerdo de paz ha sido la Organizacin para la Liberacin de Palestina.

Al parecer, Siria decidi tomar parte en Annapolis por temor a quedarse totalmente aislada en el mundo rabe si no lo haca as. Que decidiera participar no ofrece garantas de que le sean devueltos los Altos del Goln, aunque esa cuestin estaba en la lista de la agenda de Annapolis, Tena que figurar en la agenda, porque de otra manera Siria no podra aceptar ir. En un pasado no tan lejano, hubiera tan slo bastado una rpida valoracin de que esa ceremonia inaugural sera perjudicial para la causa palestina para que Damasco decidiera no asistir, estuviera o no el Goln en la agenda.

N. de la T.:

(*) La conferencia de Madrid se celebr en noviembre de 1991.

Enlace texto original en ingls:

http://weekly.ahram.org.eg/2007/873/op55.htm

 



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