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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2007

El Gran Dictador
Una apologa del Presidente Chvez

John Brown
Rebelin





"Si un homme qui se croit un roi est fou, un roi qui se croit un roi ne lest pas moins"
(Si un hombre que se cree rey est loco, un rey que se cree rey no lo est menos)
Jacques Lacan

Los portavoces de la derecha de la izquierda y de la izquierda de la derecha, as como de la derecha de la derecha, del centro de la derecha, del centro de la izquierda y del extremo centro, en resumen de todas las derechas independientemente de su origen ideolgico sienten horror por un personaje como el Presidente de la Repblica de Venezuela, Hugo Chvez Fras. Este horror es compartido por sectores de la pequea burguesa intelectual incluso de izquierda. Se trata de un sentimiento de aversin profunda al hecho de que un hombre del pueblo, de origen parcialmente indio ocupe la ms alta magistratura de la Repblica. No es tanto que sea un hombre de izquierdas: a Salvador Allende o a Fidel Castro siempre les tuvieron ms respeto: eran enemigos, y por ello mismo, algo reconocible. Se trataba de "gente bien" o, como dicen algunas oligarquas latinoamericanas, de "gente como uno". Eso no les impide ser "asesinables", pero los hace menos inquietantes.

Hugo Chvez es un hombre de gran talento y habilidad, con capacidad y formacin, pero con unos modales y una retrica que lo hacen poco presentable en sociedad. Es precisamente esto lo que indica la radicalidad de la revolucin que vive Venezuela. Por primera vez, el principal cargo del Estado no est ocupado por alguien cooptado o al menos reconocido por las clases dominantes. Se le critica por su falta de formacin y su falta de modales. La formacin de Chvez es la de un autodidacta, rica, heterclita, a veces disparatada. No encaja en ningn canon acadmico. Es la que podra darse cualquier persona del pueblo deseosa de entender el mundo en que vivimos para cambiarlo. Sus modales no son malos en trminos absolutos: nunca ha demostrado falta de educacin ni de respeto a sus interlocutores y adversarios. Lo que pasa es que dice cosas que desentonan en la buena sociedad: recordar el expolio de las Amricas ante el rey de Espaa era una indelicadeza necesaria para alguien que habla en nombre de los expoliados, recordar desde la presidencia de la Repblica que "el capitalismo es incompatible con la democracia" es algo que debera estremecer a las izquierdas y las derechas que gestionan y justifican el terror del Imperio en nombre del Estado de derecho y la democracia.

Afrma Jacques Rancire apoyndose en Platn que no existe un saber especializado, una techn propia del poltico, que esa misma carencia de saber especializado en los gobernantes es la esencia de la democracia, ese rgimen en el que cualquiera puede llegar a gobernar. Una poltica convertida en tcnica y acaparada por expertos conocedores de la economa y de la sociedad es lo que llama Rancire "polica": mera gestin y normalizacin social, sin antagonismo ni decisin poltica. Chvez es precisamente ese individuo que es como cualquiera de nosotros, quislibet, que ocupa el puesto del gobernante. Al hacerlo no est cerrando en nombre de un saber la posibilidad de sus conciudadanos de ser polticamente activos: por el contrario, la abre. Lo apasionante del proceso venezolano es precisamente esa capacidad enorme de apertura del espacio de lo poltico a las mayoras sociales, cuya participacin poltica no se reduce ni mucho menos al ejercicio del derecho de sufragio, por mucho que para 4 millones de personas que antes de la revolucin bolivariana no tenan existencia civil al no estar censadas este derecho haya sido y siga siendo sumamente importante. Chvez es un dirigente legitimado electoralmente, pero ello no quiere decir que la gente le d un mandato libre e incondicional como hemos podido ver en el ltimo referndum. Chvez es el capitn -negro mal disfrazado de blanco- de un barco negrero en rebelin, que a diferencia del personaje de Melville en Benito Cereno, acepta gustoso su papel. Y es que el modo que tiene Chvez de ocupar el lugar del poder neutraliza el funcionamiento normal de un Estado de derecho "respetable" y pone en peligro la reproduccin de las condiciones jurdicas y polticas del capitalismo. Este es el nico motivo por el que las derechas de toda laya lo tildan de dictador. El proceso de transformacin social ms democrtico, ms rodeado de garantas, ms respetuoso del pluralismo no deja de ser una terrible ofensiva contra el poder de clase de las oligarquas venezolanas y mundiales. En Venezuela no slo no se gobierna en favor de" la gente bien" y contra la "chusma", sino que la "chusma" est progresivamente tomando las riendas del pas. Esto es precisamente la democracia, esto es lo que tantsima inquietud produce.

Afirman que Chvez es un gran dictador. Dan ganas en un primer momento de rebatir ese insulto, de decir que un gran dictador como Dios y el capital mandan no permite que el 90% de los medios de comunicacin de su pas lo ataquen violentsimamente a diario, que un gran dictador de bien al estilo de Pinochet el cual segn los liberales como Hayek es un exponente autoritario del Estado de derecho, no convoca referndums con posibilidades de perder. No vale la pena insistir sobre todo esto; todo el mundo que quiera informarse lo sabe. Chvez desempea, sin embargo, el papel de otro Gran Dictador que encarn Chaplin en la pelcula del mismo nombre: el sastrecito pobre judo que llega a la tribuna de Hitler, lo suplanta y pone fin mediante un discurso de paz a la pesadilla blica y totalitaria del nacionalsocialismo. El Chvez que habl en las Naciones Unidas de un Bush que "huele a azufre" santigndose muestra el mismo talento para distanciarse de la seriedad poltica. La poltica de los soberanos es una bufonada que se toma a s mismo en serio, imponiendo a los dems la misma seriedad. Hay que reivindicar como legitimadora la mirada de las oligarquas y de todas las derechas sobre Chvez. Lo que hay que pedirle al Presidente bolivariano es que no se rebaje nunca al lugar de un jefe de Estado "serio y respetable" como lo fueron Hitler y Carlos Andrs Prez para los oligarcas del planeta, que evite tomarse demasiado en serio. Su voluntad de llevar a cabo una revolucin a golpe de cambios constitucionales tiene que ver con esa peligrosa seriedad y constituye un peligro para el proceso bolivariano. Tambin es peligrosa de manera ms anecdtica su polmica con el Borbn: compararse con el rey de Espaa afirmando su superior legitimidad es creer demasiado en esta ltima, contemplarse como personificacin de un poder soberano. Ninguna revolucin, ninguna democracia autntica son compatibles con ese tipo de poder que aparta a la gente, a las mayoras, de la participacin poltica efectiva. Lo peor que le puede ocurrir a la revolucin bolivariana es que Chvez se crea realmente que es el Presidente, ponindose en el mismo plano que otro fulano que se cree que es rey.



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