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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-12-2007

La victoria escondida del Presidente Chvez

Juan Carlos Monedero
Aporrea


 Tan doloso es poner una revolucin democrtica en peligro por exquisiteces puristas como dejar a esa revolucin consumirse por un silencio falsamente revolucionario

Ernesto Mntzer

La complicacin de una promesa

Que Venezuela iba a enrumbarse al socialismo fue la promesa electoral que llev al Presidente Chvez al triunfo espectacular de diciembre de 2006. De ah que, de entrada, que se cumpliera esa promesa no era sino una cuestin de honestidad poltica. Que la frmula fuera una reforma constitucional abra ms interrogantes. Es indudable que una Asamblea Constituyente obligaba a un debate ms en profundidad, con sus indudables ventajas, pero tambin se acompaaba de dos inconvenientes: implicaba disolver la Asamblea con mayora absoluta chavista tras la retirada de la oposicin- y significaba un cambio de modelo cuya profundidad no poda decretarse sino que tena que estar primero asentada en la ciudadana. Reforzar la idea de que se camina hacia un nuevo contrato social tiene siempre inters, y an ms cuando se pretende construir ese nuevo consenso a travs de la legalidad y la legitimidad constitucionales. La decisin final, polticamente correcta, fue dar pasos graduales a travs de una reforma. El socialismo se hace al andar.

Sin embargo, y como pudo comprobarse durante los tres meses de debate, era evidente que esa reforma era complicada en la forma y confusa en el fondo. Pese a que el mismo Presidente reconoci haber recibido informes cuestionando algunos aspectos e, incluso, la conveniencia de la misma, el proyecto lleg finalmente a una Cmara entregada que hizo bien poco por que el pueblo se enamorara de la propuesta.

La actitud tradicional de la oposicin de intentar tumbar el proceso bolivariano apoyndose en cualquier excusa apoyada por una iglesia tan lejos de dios como cerca de los Estados Unidos- forz, como en otras ocasiones, a que se simplificaran las posiciones. La proliferacin en Venezuela de iracundos y acrticos altavoces de la ltima afirmacin del Presidente, caracterizados por tomar al pie de la letra cualquier intervencin presidencial y convertirla en artculo de fe, terminaba de enturbiar la serenidad del debate. Una vez ms se perda la posibilidad de abrir una discusin desde dentro de la revolucin que permitiera un compromiso ciudadano a la altura de los momentos ms crticos vividos durante el debate constitucional (1999) o con ocasin del golpe o del revocatorio presidencial.

Aunque ya en un inicio hubiera parecido sensato optar por un ejercicio de simplificacin del texto constitucional, se opt por insistir en la Flutgesetz (la marea legislativa tan propia de la poca), con el resultado de que los finalmente muchos artculos reformados, as como la complicada redaccin de buena parte de ellos sembraron el frrago y el oscurantismo. El apresuramiento que demostraban algunas redacciones, el escaso cuidado con la tcnica constitucional, el endurecimiento de los requisitos para la participacin, la falta de concrecin de la nueva geometra poltica (postergada a desarrollos legislativos posteriores), el refuerzo del Ejecutivo o la superacin de la descentralizacin tradicional eran elementos que reclamaban mayor explicacin y quiz, como se argument desde dentro del chavismo, una asamblea constituyente. El argumento de que la reforma deba apoyarse en bloque no ayudaba a abrazar la propuesta, pues conforme iba creciendo en volumen la reforma, ms difcil se tornaba encontrar una lgica comn a todos ellos.

Es indudable que la reforma vigorizaba al Presidente de la Repblica. Pero en vez de explicar este hecho como algo necesario y paralelo al empoderamiento popular (sentar a Gramsci en la mesa de Montesquieu), se distraa el debate con otros asuntos que pareca excusas y que no daban argumentos para contrarrestar las alertas catastrofistas de la oposicin. La tarea de enmascaramiento puesta en marcha por los adversarios del proceso bolivarano termin de confundir a quien se adentrase en las entraas de la reforma, an fuera cargados de paciencia y conocimiento. Las tardas y malhumoradas explicaciones no podan, en la recta final, competir con las simplificaciones oportunistas de la oposicin.

De Asambleas y plazos

Por si fuera poco, en el trmite parlamentario, los 33 artculos iniciales se convirtieron en 69. Un Parlamento que haba necesitado poner en marcha el parlamentarismo de calle para legitimarse (apenas lo apoyaban dos venezolanos de cada diez), se colgaba de la propuesta presidencial para reinventarse la reforma. Pronto llegaron los recursos que hicieron del Tribunal Supremo un actor muy presente en esta historia. Como adems el calendario de aprobacin estaba absurdamente urgido por las fechas navideas, los plazos de discusin popular se hacan an ms escasos, complicando la posibilidad de un debate sosegado que pudiera repetir la experiencia de 1999 y, al tiempo, desmontar las falsedades difundidas en los medios. Pretender que la apelacin al Presidente bastaba en ltima instancia para superar estas deficiencias es no entender el xito en la politizacin lograda por el propio proceso bolivariano. Tres millones de chavistas han hecho valer su discrepancia no apoyando la reforma sin que eso implique abandonar su apoyo al Presidente, prueba de que estamos ante una revolucin que es bonita porque ha politizado y no adoctrinado.

El momento en que fue convocada la reforma es igualmente algo que no permite fciles anlisis Era ahora el momento idneo, sin haberse siquiera alcanzado el ecuador de la Presidencia? No cargaba an la ciudadana el esfuerzo descomunal de diciembre, donde se rompieron barreras de participacin y el Presidente Chvez conquist siete millones de votos? Era real pretender acercar siquiera ese resultado a travs de un referndum, tradicionalmente menos atendidos por la ciudadana? No era un trgala incorporar la palabra socialismo en la reforma cuando no se ofreca una definicin de qu quera significarse con esta palabra? No era precipitado avanzar constitucionalmente lo que no era visto como una necesidad en la calle? Un exceso de complacencia sobrevolaba el ambiente. Al final, y en ausencia de una clara conceptualizacin del socialismo, la oposicin tena abonado el terreno para difundir su tramposa tesis sobre lo que deba significar esa propuesta: eliminacin de la propiedad privada, ausencia de pluralismo poltico, perpetuacin del lder en el poder o prdida de la patria potestad sobre los hijos.

La confusin reinaba por doquier, y en las filas del chavismo no estaban listos los argumentos para defender la reforma. El ms sencillo era simplemente errneo: con la reforma se construa el socialismo. Si eso era as, no implicaba la exigencia de una asamblea constituyente en vez de una reforma? Por el contrario, si no se trataba de traer el socialismo sino de dar algunos pasos en esa direccin lectura correcta-, no era importante dejar de decir lo contrario para no abonar la confusin? Escuchando los argumentos de muchos partidarios del s, puede afirmarse que solamente el Presidente saba a ciencia cierta en qu consista la reforma.

Inconsistencias con la democracia participativa y protagnica

Algunos asuntos de diferente calado fueron construyendo el alud de suspicacias. La mala composicin acerca del mtodo tena que abundar necesariamente en la perplejidad. Cuando la propuesta arrancaba, la democracia participativa se releg, entregando la responsabilidad del proyecto de reforma a una comisin elegida a dedo y sometida a la estricta confidencialidad. El secreto no suele ser buen mtodo para generar adhesiones. Algn miembro de esa comisin haba defendido con vehemencia la opcin de la Asamblea Constituyente, de manera que no siempre pareca convincente en la defensa ahora, igualmente vehemente, de la opcin por la reforma. Otros ocurra con la inesperada multiplicacin de artculos reformados en la Asamblea, que se vean tan duplicados como poco justificados. Y algo de no menor relevancia: fue el Presidente quien enfticamente plante inicialmente que no se cambiaba ni una coma del proyecto idea repetida por el eco gubernamental, advirtiendo en contrario de un delito de lesa revolucin-. Sin embargo, ms temprano que tarde empezaron a modificarse aspectos sustantivos -Guardia Nacional, jornada laboral, derechos de propiedad-, lo que daba la sensacin tanto de apresuramiento como de que todo dependa, fuera o no cierto, de la decisin de una sola persona.

En mitad de ese viaje, la oposicin volvi por sus fueros y busc en la reforma una nueva bandera para intentar tumbar la V Repblica. Identific las debilidades, construy un nuevo sujeto cuyas naves no estuvieran an quemadas los estudiantes- y mordi como perro de presa con un discurso falaz y simple pero muy eficaz. El chavismo, por jactancia o por incapacidad, se dio el lujo de no debatir con la oposicin y perdi as la posibilidad de entender cules eran sus propios puntos dbiles y de poder contrarrestar el discurso opositor. Una vez ms se hace cierto que cuando los dioses quieren perder a alguien antes lo ciegan. Desde las filas bolivarianas se equipar la crtica interna con la crtica opositora, perdindose la capacidad de ajuste interno. Como pude decir en otro sitio, se trataba de la primera batalla ganada por la oposicin. Con esa actitud, todas las alertas acerca de los problemas que traa consigo la reforma fueron rechazados como si vinieran de enemigos declarados del proceso.

En definitiva, una parte importante de la derrota deben atribursela todos aquellos que han presentado la discrepancia como abandono de la revolucin, traicin o debilidad. Compltese el escenario con un creciente descontento ante la deriva burocrtica de la revolucin bolivariana, con sus correlatos de autoritarismo, corrupcin, clientelismo e ineficiencia econmica y administrativa. Un exceso de cuartarepublicanismo enmascarado bajo boina roja ha venido utilizando espacios de poder en el Gobierno, en la administracin, en el PSUV, en empresas pblicas o cobijadas polticamente- para repetir los abusos que llevaron a Chvez al poder en 1998 y cuya promesa de erradicacin forma parte an del fuerte apoyo que posee.

Quiz, con todos estos impedimentos, lo que sorprenda es que cuatro millones de venezolanos hayan apostado con firmeza por una va al socialismo.

No hay mal que por bien no venga

Pero ms all de todo esto, Chvez trae con su derrota la posibilidad de una victoria de largo aliento. Tanto el 50% de electores que han apostado por un futuro socialista como los abstencionistas, que ni por asomo han pensado en apoyar a la oposicin esto es, votar No-, alientan en esa direccin. Conviene notar que el error de la convocatoria a una reforma constitucional en este momento, reconocido con urgencia por el propio Presidente Chvez, ha servido para ver lo mucho que ha crecido la conciencia poltica en Venezuela. La nueva cultura poltica ha venido para quedarse.

Pero no se agotan ah los elementos positivos. Tantos que puede hablarse sin abuso de una victoria escondida del Presidente Chvez.

Por un lado, puede considerarse una victoria que la oposicin haya ganado slo aferrndose a la Constitucin de 1999, esto es, a la Constitucin impulsada por Chvez y a la que siempre advers. Es a partir de ahora, con el reconocimiento opositor de la V Repblica, que empieza la posibilidad de una normalizacin democrtica. Si la oposicin, por el contrario, ha aceptado la Constitucin bolivariana solamente como una estrategia electoral, demostrar una vez ms que no han entendido nada de lo que est pasando en este pas.

Igualmente, el resultado cuenta a Venezuela, a Amrica Latina y al mundo cmo ese pueblo, ayer invisible, reclama hoy que se cuente con lo que piensa. En otras palabras, es capaz de seguir apoyando a Chvez (entre el 60% y el 70%), y decirle al tiempo un No contundente cuando algo no lo comparte o no lo entiende. Chvez es un lder que acierta como nadie cuando manda obedeciendo. En otras palabras, cuando al tiempo que habla el mismo lenguaje de su pueblo no ordena que se cumpla otra cosa que aquello que el pueblo quiere realmente hacer. Por el contrario, se equivoca como todos cuando guiado por la improvisacin, por una deficiente informacin o a travs de una mala reflexin todos problemas ligados a un mal trabajo de equipo- decide al margen del pueblo. Es, por un lado, lo que ha ocurrido en importantes procesos electorales donde el apoyo a Chvez ha roto barreras y escenarios. An ms, cuando el pueblo recuper a su Presidente secuestrado por una parte de los que hoy festejan la victoria del No. Pero, por otro, tambin fue lo que ocurri en las ltimas elecciones a la Asamblea (que gener una abstencin inaceptable del 75%) y es lo que ha ocurrido ahora con el referndum constitucional, donde tres millones de la base chavista no han visto razones suficientes para acudir a las urnas.

Pero quiz la mayor victoria del chavismo tenga que ver precisamente con la reflexin a la que obliga la derrota. En los ltimos aos ha brillado por su ausencia la autocrtica. Al contrario, ha obrado una auto complacencia ingenua o dolosa. Las estructuras de informacin han sido peor que psimas especialmente en el exterior-, sin contar con la frivolidad de olvidar que los problemas de Venezuela se convierten en problemas para toda la izquierda continental. Castigar la mentira es una de las principales seales de salud democrtica. Como ha demostrado el referndum, demasiadas personas han mentido al Presidente Chvez.

En esta direccin, es momento de preguntarnos: Cmo es posible que haya ms aspirantes al PSUV que gente comprometida con la reforma? No haba responsables de chequear este compromiso? No se estarn repitiendo los comportamientos del rey del cuento, desnudo a los ojos de los nios y vestido con caros ropajes a ojos de la corte?

En un reciente Al Presidente, Chvez confront duramente a un ciudadano que le argumentaba que quiz estuviera mal informado. Algo que, sin embargo, piensa mucha gente en Venezuela (dicho de otra manera: no piensan que el Presidente sea consciente de determinadas cosas que ocurren en el pas). Pero ese crdito puede terminar agotndose de persistir los mismos errores.

De ah que alguien, ms temprano que tarde, debiera explicar por qu la reforma, un paso concreto hacia el socialismo, tiene menos votos que aspirantes al Partido Socialista Unido de Venezuela, un instrumento esencial para el proceso de cambio y que a da de hoy es mera carcasa donde an no hay estatutos o ideologa pero s una eficiente comisin de conflictos. No hubiera sido mala idea que la reforma constitucional hubiera nacido como propuesta del naciente PSUV y an mejor, como propuesta participada popularmente-, y no como una oferta del Ejecutivo sobre la base de una comisin restringida y poco empoderada. No debiera olvidarse que cuando la gente colabora en las propuestas cree ms en ellas.

Pero el horizonte, pese a la depresin que algunos han manifestado inicialmente, invita al optimismo. No es extrao pensar que este revs pueda ayudar a una necesaria autocrtica que haga ver al Presidente Chvez que antes de la ampliacin del socialismo, conviene avanzar en la correccin de errores y en el asentamiento de bases culturales para construir su proyecto. Hay que insistir en esta idea: no puede haber socialismo sin socialistas, o, como venimos repitiendo, el hombre nuevo es el hombre viejo en nuevas circunstancias. Como ensean los clsicos, en la medida de lo posible conviene no saltarse etapas. Donde no existe una conciencia de lo pblico no puede pensarse en esa fase superior que implica una sociedad socialista. La propuesta de ahondamiento de la democracia que implica el socialismo no puede tener lugar sin antes haber solventado los cuellos de botella de la ineficacia y la corrupcin, de la comprensin de lo de todos como lo de nadie, de la falta de previsibilidad institucional que otorga un cuerpo burocrtico cambiante y poco profesional. De la misma manera, la respuesta a estas lacras no puede ser que el Presidente termine comprobando hasta las facturas de las escobas o la electricidad de Palacio. Utilizando la expresin de Gramsci, una metstasis de cesarismo, pese a que sea democrtico, crean ms problemas que soluciones. Los tiempos del todo para el pueblo sin el pueblo no se corresponden con la poca y, mucho menos, con las expectativas de una ciudadana que le han aceptado al Presidente Chvez que ellos son el poder constituyente.

Le corresponde a una nueva generacin de polticos y cuadros armar una nueva tica pblica que se caracterice por el compromiso poltico y la alta capacitacin en la administracin del Estado. La existencia de esos nuevos cuadros ser el antdoto ms eficaz contra lo que ya se conoce como boliburguesa, es decir, esa nomenklatura que no ha necesitado ms que cinco aos para apropiarse de espacios enormes de riqueza y alcanzar una unnime reprobacin popular. Una voracidad obscena hummer, whisky, viviendas lujosas, control de empresas- y a veces es tan extrema urgida por su culpable incompatibilidad con el discurso revolucionario- que hace palidecer en ocasiones el robo institucionalizado durante la Cuarta Repblica.

Conclusin: que error con error se paga

La atribucin de toda crtica a un nimo contrarrevolucionario ha impedido, como se ha afirmado, el ajuste interno del proceso. Por supuesto que es cierto que hay acaparadores que tienen responsabilidad en las estrecheces de abastecimiento cuando estn aumentando las importaciones gubernamentales; por supuesto que es cierto que hay alcaldes y gobernadores que no esta vez tampoco han hecho campaa; por supuesto que los medios, la iglesia, las universidades privadas o privatizadas han sembrado en el pas las dudas; por supuesto que la hegemona neoliberal internacional, tanto en Estados Unidos como en Europa o determinados pases latinoamericanos, ha hecho sus deberes demonizadotes de la reforma y del Presidente Chvez. Pero tambin lo han hecho en situaciones anteriores y han fracasado en su intento. Es momento por tanto de ver las responsabilidades propias.

La soledad en la toma de decisiones, la falta de una red coral de gobierno, la ausencia de una estructura colegiada de direccin poltica, la falta de consolidacin del partido o un creciente autoritarismo ramificado en amplios sectores de la administracin y el Gobierno no pueden sustituirse por discursos extremos, acusaciones de traicin o deslealtad o por una primaca de las declaraciones altisonantes. Ms all de todos estos aspectos, incluidas las adversidades de la poltica exterior con el correlato del miedo al aislamiento-, han sido algunas decisiones internas las que han ido debilitando el proceso. Momento es de recordar contra William Blake que los caminos del exceso no siempre conducen al palacio de la sabidura.

La gestin de la conveniente recuperacin del espacio radioelctrico que ocupaba el canar RCTV no pasar a los anales de la estrategia poltica. Era necesario anunciarlo con seis meses de antelacin, como una decisin poltica y no administrativa y en un acto militar? De la misma manera, los regustos autoritarios de algunos momentos de la creacin del PSUV la eleccin a dedo de los propulsores, la labor desarrollada por algunos Gobernadores, la creacin de una comisin de conflictos aun cuando no estaban todava listos ni estatutos ni programa- tampoco recibirn grandes elogios en una historia de la democracia latinoamericana. Por ltimo, una reforma constitucional nacida de un grupo deliberante confidencial no es un mtodo adecuado cuando se trata de dar pasos hacia el socialismo. Como record Marx, esta fase superior de la historia humana reclama grandes dosis de conciencia y, por tanto, de participacin. No vale decir que el socialismo no se decreta y despus pretender realmente decretarlo. No en un pueblo que ha llevado durante tanto tiempo la Constitucin de 1999 en sus bolsillos.

Conclusin: que el Che Guevara no vuelva a marcharse a Bolivia

Hay un momento en toda revolucin donde las promesas incumplidas, la crcel recurrente que tejen los burcratas, la sustitucin de los antiguos privilegiados por otros nuevos (que, adems de quedarse con el dinero quieren tambin la gloria del sacrificio, cuyo discurso monopolizan pero no cumplen), la tentacin de negociar con el antiguo rgimen a costa de los pobres o, en el otro extremo, la renovacin del culto a la personalidad contra la que alerta el propio Chvez-o la exacerbacin de la amenaza hacia propios y ajenos, hacen que los autnticos revolucionarios se vayan con su suerte a otra parte, aunque sea para que les llenen de plomo el pecho en una escuelita en un pueblo perdido.

Lo que significa la Venezuela bolivariana en el contexto emancipador mundial no puede permitir siquiera pensar en un escenario que no sea la profundizacin exitosa del camino emprendido dcadas atrs y que tuvo su pistoletazo de salida con el pueblo alzado y reprimido durante el caracazo en 1989. La Venezuela bolivariana y socialista es hoy vanguardia de la emancipacin latinoamericana y hay que cuidarla como a un preciado tesoro. Como sostiene Ernesto Mntzer, manchndonos polticamente las manos cuando las circunstancias lo reclamen, pero no contribuyendo con el silencio a que se devore a s misma.

Ms all de que ms adelante pueda ser el pueblo quien decida los contornos de su nuevo contrato social y se movilice para que el Presidente Chvez pueda continuar esa tarea, hoy la discusin tiene necesariamente que ser otra. Quedan por delante cinco aos de Gobierno, asentados sobre todo lo ya construido y con una credibilidad que no tiene parangn en todo el continente. Adems de la voluntad demostrada del pueblo venezolano y de la direccin eficaz del Presidente Chvez, se cuenta en Venezuela con dos herramientas de gran valor: por un lado, una de las mejores constituciones del mundo; por otro, un partido naciente que puede convertirse en un referente para todo el continente si logra construirse como una estructura nacida desde la base y articulada desde la base.

Esto no debe llevar a anlisis ingnuos. Las dificultades seguirn siendo grandes. Los ataques internos y externos van a recrudecerse al entenderse la derrota del referndum como un momento de debilidad. No vamos a escuchar al grueso de los opinlogos que han acusado a Chvez de dictador, autcrata, manipulador, gorila o castrocomunista, entonar un mea culpa despus de que el Presidente aceptara de inmediato y sin ningn reparo el resultado adverso. Pese a los insultos y calumnias de polticos, tertulianos, columnistas y editorialistas, miembros de ese cartel global de mercenarios de la comunicacin, el Consejo Nacional Electoral no estaba manipulado, ni el voto electrnico se monitoreaba fraudulentamente por satlites rusos y chinos; era rotundamente falso que los jefes de mesa respondan en ltima instancia a consignas del oficialismo o que los funcionarios pblicos estaban obligados a votar por lo que les dijera Chvez. O, como se ha pretendido en pattica explicacin a posteriori, el ejrcito, lejos de ser una guardia pretoriana del Presidente, ha sido y es un garante de la Constitucin y a la Constitucin se somete. Ese mismo ejrcito que ha asumido el lema Patria, socialismo o muerte como saludo no ha usado sus armas para imponer la reforma y menos, como se ha pretendido en un desesperado intento de explicar el normal desarrollo del referndum, ha tenido que forzar al Presidente a aceptar el resultado (Qu necesidad tiene ese peculiar neofascismo de negar el compromiso democrtico de Chvez!). Ojala mostrara el ejrcito la misma fidelidad institucional en Colombia, en Mxico o en Guatemala, por slo quedarnos en ese continente.

La campaa para intentar tumbar a Chvez no se va a frenar pese a que, una vez ms, haya demostrado su pleno compromiso con los procedimientos democrticos. Ya se sabe que en una parte importante de la derecha mundial, -que contamina a una izquierda contaminada de argumentos conservadores- la honestidad democrtica es algo que slo se exige a los otros.

En repetidas ocasiones ha repetido Chvez que comenzaba la revolucin en la revolucin. Ahora, cuando van a arreciar las posiciones del chavismo sin Chvez en las propuestas tericas de Dieterich, en el comportamiento errtico de Baduel, en las crticas tardas de quienes dentro del chavismo anhelan mantener posiciones de poder e, incluso, en polticos oportunistas de la oposicin-, es cuando corresponde asentar las bases para que la revolucin eche los cimientos de unas estructuras profundas. Es el momento de mimar la capacidad democrtica del PSUV, revirtiendo una estrategia que ha primado la cantidad a la calidad y que ha impedido que sea la base quien se encuentre con su verdadero instrumento de emancipacin. Es el momento de hacer de la discusin interna un requisito democrtico, de multiplicar las disidencias, de hacer cierta la apertura de mil escuelas para que florezcan las mil flores de un pensamiento plural. Es el momento de cortar de cuajo la corrupcin, de demostrar que el aparato del Estado respira por otras heridas que las abiertas en la Cuarta Repblica, de predicar con el ejemplo gubernamental la austeridad socialista a la que est obligado un pueblo en donde an hay necesidades extremas no cubiertas. Es el momento de hacer de la formacin de cuadros un objetivo prioritario de la V Repblica.

Es muy difcil que surjan liderazgos como el que representa el Presidente Chvez. Por eso, nadie tiene derecho a dilapidarlos, pues su fracaso condena al continente al retraso en su emancipacin. Por el referente simblico levantado, ni siquiera el propio Chvez puede frivolizar con la importancia de Hugo Chvez. La enseanza del referndum es clara: ojal los aciertos del futuro y en su caso los errores- tengan necesariamente que atribuirse a ms actores. No un Chvez sino mil Chvez ser el mejor legado dejado por el Presidente para la nueva Venezuela. Que dure cinco aos su mandato o pueda renovarse ms adelante lo decidir el pueblo venezolano. Que la revolucin reclama un nuevo rumbo desde el da 3 de diciembre slo puede negarse desde la falta de compromiso revolucionario. Deca Bertold Brecht que son los pueblos con convicciones los que tienen esperanza. La conviccin revolucionaria del pueblo bolivariano y del Presidente Chvez tiene pues la tarea por delante de seguir sembrando las esperanzas que habrn de cosecharse en el horizonte hermoso que sigue alumbrando el continente latinoamericano.

(*)Profesor de Ciencia Poltica de la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Centro Internacional Miranda

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