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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2007

Lo que dicen los papeles de la CIA
El terrorismo como poltica de Estado

Atilio Born
Pgina 12


Las recientes revelaciones de la CIA, al abrir sus archivos de los ltimos 25 aos, permiten apreciar en toda su perversidad la ntima conexin existente entre terrorismo e imperialismo.

Muchas lecciones se desprenden de estas revelaciones. En primer lugar, que contrariamente a lo que sostienen ciertas buenas almas "progresistas" el terrorismo no fue un episodio aislado atribuible a personal subalterno que se "excedi" en la aplicacin de las rdenes impartidas. Los documentos desclasificados demuestran inapelablemente que fue y sigue siendo una poltica de Estado del imperio, un instrumento ms de un plan criminal diseado por el gobierno de los Estados Unidos para aniquilar a sus adversarios. Esto exige, como lo ha probado hasta el cansancio Noam Chomsky, manipular a la opinin pblica para controlarla por el temor: antes a la Unin Sovitica y los "comunistas", despus a los "terroristas", maana vaya uno a saber quin (1). Pero es una poltica de Estado concebida, planificada, organizada, financiada y ejecutada por la Casa Blanca. Como en la Argentina, tampoco all hubo "errores o excesos" sino la fra aplicacin de un plan criminal.

Se demuestra, en segundo trmino, que el plan sistemtico de exterminio que se aplic en la Argentina y otros pases del Cono Sur el lgubre Plan Cndor tuvo su origen en Estados Unidos. All encontr su fundamentacin ideolgica, sus protectores, la asistencia financiera necesaria y los recursos humanos y organizacionales requeridos para ejecutarlo. El gobierno de un pas que se jacta de ser un supuesto "santuario de todas las libertades" fue quien adiestr a los carniceros que por aos asolaron la regin, monstruosas criaturas de las sucesivas encarnaciones del Dr. Jekyll que anida con harta frecuencia en la Casa Blanca. Entrenados y aleccionados en la Escuela de las Amricas y en las distintas instalaciones del Comando Sur, sus atrocidades fueron estimuladas por sus instructores, cuyos mandantes fueron a su vez los mayores beneficiarios econmicos de sus salvajadas.

En tercer lugar, los materiales de la CIA ratifican que a la hora de gestionar los negocios globales del imperio no hay mayores diferencias entre demcratas y republicanos. Sus diferencias, cuando las hay, se restringen a la poltica domstica. Ambos partidos expresan los matices del "tringulo de hierro" que controla la vida poltica, econmica y social de los Estados Unidos. Segn el distinguido politlogo John Saxe-Fernndez, el "tringulo" est constituido as: a) por la Casa Blanca y, especialmente, los departamentos de Defensa, Energa, Tesoro, Estado, la NASA, CIA y los mltiples aparatos de inteligencia ahora integrados en el gigantesco Departamento de Seguridad Nacional; b) las grandes corporaciones, sobre todo vinculadas a la produccin para la defensa, la aeroespacial, el petrleo y el gas, incluyendo los grandes laboratorios, instituciones de investigacin, las cmaras empresariales y algunos sindicatos; c) los comits clave del Congreso y, especialmente, por los de la Cmara de Representantes y del Senado en Energa y Recursos Naturales, Fuerzas Armadas y los diversos subcomits dedicados a los principales sectores de la vida econmica (2). Recordar que la burocracia federal, la clase poltica y los intereses corporativos se mueven en una especie de "puerta giratoria" que los instalan sucesivamente en las alturas del aparato estatal y, al da siguiente, en el puente de mando de algunas de las ms grandes transnacionales norteamericanas. El lubricante que facilita esta perpetua circulacin entre los espacios cada vez ms indiferenciados de lo pblico y lo privado son las esplndidas contribuciones que las diversas empresas y lobbies empresariales efectan para financiar las campaas electorales de los "representantes del pueblo".

Cuarto, los documentos exhiben la permanente vigencia del doble discurso de Washington: defensa de la libertad y la democracia, de labios para afuera, pero apoyo incondicional a cualquier dspota que se preste a servir a los intereses de los Estados Unidos (3). Y si el tirano no existe se lo inventa. La continuidad de este doble discurso es asombrosa y se remonta a los albores mismos de la repblica norteamericana, cosa que fue percibida con su habitual lucidez por Simn Bolvar cuando dijera que "los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la Amrica de miseria a nombre de la libertad" (4).

A principios del siglo veinte, cuando consumada la victoria sobre Espaa que ya haba sido derrotada por los patriotas cubanos en su larga guerra de liberacin de 1868-1898, Washington se lanza a la carrera imperial, la doctrina oficial instituida por Theodore Roosevelt en 1902 (presidente de los Estados Unidos entre 1901 y 1909) fue la poltica del gran garrote: "habla suavemente pero lleva un gran garrote". En 1903 el garrote auspicia, financia y apoya el separatismo de Panam, entonces parte de Colombia: en pocos das reconoce la independencia de los secesionistas y negocia con el nuevo gobierno un tratado que le dara el control de la zona del canal durante 100 aos. En ese mismo ao Roosevelt invade y ocupa Cuba y establece la base de Guantnamo. A fines de 1904, en su discurso ante el Congreso de la Unin, enuncia el "Corolario Roosevelt": los Estados Unidos se reservan el derecho de intervenir en cualquier pas en la medida en que sus intereses se vean afectados, palabras que resonaran con acordes ms lgubres en el discurso de George W. Bush del 2002 anunciando la "guerra infinita" contra el terrorismo. Menos de dos meses ms tarde, en enero de 1905, las tropas norteamericanas invaden la Repblica Dominicana y, en 1906, a Cuba.

Uno de sus sucesores, Woodrow Wilson, el supuesto "idealista", no le fue en zaga en su celo por defender la libertad y la democracia en esta parte del mundo. Invadi Mxico en 1914 para forzar la dimisin de Victoriano Huerta, y una vez ms entre 1916 y 1917 con el pretexto de capturar a Pancho Villa; hizo lo propio en Hait, en 1915, y en Repblica Dominicana, donde sus tropas permanecieron ocho aos, entre 1916 y 1924 con el objeto de "restablecer el orden", la misma excusa que hoy Bush utiliza para continuar con el saqueo de Irak. Episodios semejantes conmovieron a Centroamrica y el Caribe, la "tercera frontera" de los Estados Unidos, especialmente en Nicaragua, donde las fuerzas norteamericanas permanecieron por dcadas hasta eliminar a Sandino e instaurar la dictadura de Anastasio Somoza. "Un hijo de puta deca de l Franklin D. Roosevelt, pero 'nuestro' hijo de puta."

Es digno de destacarse el desparpajo con que este doble discurso se instala ya sin tapujos durante los aos de Ronald Reagan. La encargada de hacerlo fue su embajadora ante las Naciones Unidas, la politloga Jeanne Kirkpatrick, una implacable crtica de la poltica de James Carter en materia de derechos humanos. Sus notas fueron luego reunidas en un libro Dictadura y doble standards de amplia repercusin internacional(5). Su argumento central es el siguiente: la poltica exterior de Carter comete un gigantesco error al abandonar a los amigos de los Estados Unidos y favorecer el accionar de sus enemigos. La poltica de derechos humanos, aplicada universalmente por la Casa Blanca, ha debilitado la posicin de los Estados Unidos en el mundo. (Hay que recordar que precisamente en 1979 fueron derrocados dos gendarmes regionales de los Estados Unidos: el Irn del Sha, tumbado por la revolucin islmica, y Somoza, derrocado por la lucha de los sandinistas.) La conclusin: Washington debe distinguir entre los regmenes que violan los derechos humanos para defender las perspectivas de la libertad y la democracia y quienes los atropellan para atacar a Washington. La poltica de la Casa Blanca debera establecer una clara diferenciacin entre ambos procurando en el primer caso suavizar los excesos de los aliados en la seguridad de que ellos tambin son amantes de la libertad y la democracia (slo que las circunstancias locales les impiden exteriorizar sus bondades) y aplicar un criterio radical e intransigente con sus irrecuperables enemigos.

LA HIPOCRESIA DEL IMPERIO

De lo anterior se desprende claramente la enorme responsabilidad que le cabe a Estados Unidos en la promocin del terrorismo. Y tambin la futilidad del "combate contra el terrorismo" lanzado por George W. Bush, algo que carece por completo de credibilidad desde el momento en que quien la convoca es la cabeza del estado terrorista ms poderoso del mundo, y el que mayores crmenes ha cometido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy. La extensa obra de Noam Chomsky y tantos otros, documentando esta penosa realidad, nos exime de mayores argumentaciones. Qu grado de seriedad y consistencia puede tener una propuesta como la planteada por la Casa Blanca a la vista de los antecedentes histricos y las realidades contemporneas de la poltica exterior norteamericana? Cmo ignorar la decisiva responsabilidad de los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos en la promocin a escala planetaria del terrorismo? No lo legitim acaso arrojando sendas bombas atmicas sobre Hiroshima y Nagasaki, masacrando en total a unos 204.000 civiles inocentes y desarmados, casi 70 veces el nmero de vctimas provocado por el 11-S?

Pero esto no es todo. Qu decir de los innumerables asesinatos polticos, preparados y perpetrados en los cinco continentes desde finales de la Segunda Guerra Mundial por la CIA, con el pretexto de "contener la expansin comunista"? Y de los golpes de Estado contra nacientes democracias en la periferia, o de los planes de exterminio de disidentes y opositores, como el Plan Yakarta, que en pocos meses cobr medio milln de vidas en Indonesia a mediados de los aos sesenta?(6) O, ms cerca de nosotros, las atrocidades sistemticas framente aplicadas por el Plan Cndor en el Cono Sur, causantes de torturas, desapariciones y muertes de decenas de miles de personas?(7) Un gobierno que inventa figuras monstruosas como Osama bin Laden y Saddam Hussein (este ltimo convertido en un salvaje verdugo de su propio pueblo y de la minora kurda con el visto bueno de Washington) y que luego se vuelven en su contra; que incurre en gravsimas violaciones a los derechos humanos en las crceles de Abu Ghraib o en la base naval de Guantnamo; que humilla y ultraja a sus prisioneros musulmanes y ofende sus ntimas creencias religiosas como ni siquiera el propio rgimen nazi se atrevi a hacer; que hace gala de su presunta "superioridad" racial y civilizatoria arrasando pases enteros como Afganistn e Irak, acabando con sus tesoros culturales y provocando indecibles "daos colaterales" entre la poblacin civil; que enva en vuelos ilegales a supuestos terroristas a pases donde la tortura es legal para ser "eficazmente" interrogados por "expertos" estadounidenses; que mantiene hace medio siglo un inmoral y criminal bloqueo integral (econmico, comercial, financiero, poltico e informtico) contra Cuba; que con sus ms de setecientas bases y misiones militares dispersas por todo el mundo cifras oficiales del Pentgono sostiene a punta de bayoneta un "orden mundial" que, segn las Naciones Unidas, produce 100.000 muertes diarias repito, 100.000 muertes diarias a causa del hambre y de enfermedades curables; que aloja y protege en su territorio a terroristas confesos y juzgados como Orlando Bosch Avila, Luis Posada Carriles culpables de la voladura en pleno vuelo, frente a las costas de Barbados, de una aeronave de Cubana de Aviacin con 73 personas a bordo, puede un gobierno con este record en materia de derechos humanos ser reconocido como un sincero luchador en contra del terrorismo?

Por qu extraarse, entonces, por la proliferacin de rplicas terroristas al terrorismo de Estado propiciado por Washington? El terrorismo del sistema tiene un reverso inevitable: la resistencia de sus vctimas, a veces apelando tambin ellas al terrorismo. Acabar con este flagelo exige comenzar por desahuciar el doble standard moral instituido por la poltica exterior norteamericana y vergonzosamente aceptado por sus aliados. Esta hipocresa convertida en sistema sostiene que el terrorismo de Estado orquestado por los ricos y poderosos no es tal sino que se trata de "guerras humanitarias", "lucha contra el terrorismo" o "exportacin de democracia", nobles iniciativas encaminadas a construir un mundo en donde florezcan la libertad y la democracia. En realidad, lo que la prensa imperial denuncia como terrorismo es el rostro invisible y oculto del terrorismo oficial, que se practica a diario con total impunidad y ante el silencio de los grandes medios que procuran incesantemente adormecer nuestras conciencias y fabricar un consenso de irremediable resignacin agitando el espantajo del terrorismo.

LA PROTECCION AL TERRORISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS

Las revelaciones de los papeles de la CIA sobre la forma en que actan diversos comandos terroristas en los Estados Unidos corroboran que ese pas se ha convertido en un importantsimo si no el principal santuario de terroristas de todo el mundo. Recientes libros publicados por la periodista e investigadora argentina Stella Calloni (Los aos del lobo y Operacin Cndor: pacto criminal) y el historiador cubano Jos Luis Mndez (Bajo las alas del Cndor) aportan una evidencia inobjetable sobre la proteccin que Washington brinda a los diversos grupos de terroristas cubanos radicados en Miami que, por supuesto, deben ser ntidamente diferenciados de la emigracin cubana radicada en esa ciudad y que en su abrumadora mayora nada tiene que ver con los mafiosos.

Como ya se dijo, el Plan Cndor fue una de sus manifestaciones: un proyecto sistemtico de exterminio pergeado por Richard Helms, cuando era director de la CIA, y su mano derecha David Atlee Phillips, quien funga como jefe de la Divisin del Hemisferio Occidental. La "mano de obra" para realizar las tareas sucias del plan fue mayoritaria, aunque no exclusivamente reclutada entre la mafia terrorista de Miami. Las operaciones abarcaban un amplio espectro de actividades: desde golpes de Estado hasta sabotajes, campaas periodsticas, extorsiones, asesinatos, atentados dinamiteros llegando inclusive, como en el caso de la Operacin Irn-Contras a organizar una red de narcotrfico y contrabando de armas a cargo de dos asesores de muy alto nivel de la Casa Blanca: el teniente coronel Oliver North y Fawn Hall, una operacin que, conviene recordarlo, persisti a lo largo de cinco aos, y en la cual se involucraron agentes de la CIA, la mafia terrorista cubano-americana de Miami y narcotraficantes de diferentes pases(8). La Operacin Irn-Contras no fue la nica de ese tipo planificada y ejecutada bajo las rdenes directas de uno de los ms poderosos asesores del presidente de los Estados Unidos. En otra muestra de su celo por la lucha antiterrorista el propio North, un hombre de fluidos contactos con Jorge Mas Canosa, por entonces presidente de la Fundacin Nacional Cubano Americana, se encarg, por ejemplo, de facilitar la fuga del terrorista de origen cubano Luis Posada Carriles de la crcel venezolana donde estaba recluido por la voladura del avin de Cubana. No est de ms recordar que cuando estall el escndalo por la venta secreta de armas a Irn el presidente Ronald Reagan calific a Oliver North como "un nuevo hroe americano". No hay palabras que califiquen semejante infamia.

Objeto preferente de atencin del terrorismo de Estado promovido por la Casa Blanca con la complicidad de amplios sectores del Congreso, el Poder Judicial y la "prensa libre" de los Estados Unidos ha sido la Revolucin Cubana. La larga historia de las operaciones terroristas perpetradas en contra del pueblo cubano cuenta en su apoyo con una documentacin tan impresionante como inapelable en la identificacin de las fuentes oficiales que promovieron (o, en su defecto, consintieron) la ejecucin de las mismas. Su sola enumeracin ocupara un espacio similar al de este suplemento. Iniciada no bien se produjo el triunfo de la Revolucin, la campaa terrorista en contra de Cuba no ha tenido un momento de sosiego y prosigue hasta nuestros das. Pero hay dos hitos importantsimos en fechas recientes que hablan con elocuencia de la persistencia de esta poltica de criminal agresin contra ese pueblo. Uno: la detencin y confinamiento, en condiciones absolutamente inhumanas y vejatorias, de los cinco jvenes cubanos que se infiltraron en las filas de los grupos de terroristas cubano-americanos para recoger informacin de inteligencia que permitiese desbaratar sus siniestros planes. Al ser descubiertos, el gobierno norteamericano se coloc inequvocamente del lado de los terroristas, proces a quienes luchaban contra ellos acusndolos de "terroristas" y mediante juicios viciados de insanable nulidad, que son un verdadero escupitajo en el rostro del autoproclamado "imperio del derecho" del que se enorgullece la sociedad norteamericana, los luchadores en contra del terrorismo fueron recluidos en crceles dispersas por todo el pas y privados inclusive de recibir las visitas de sus madres, esposas e hijos, un derecho que no se le quita ni siquiera al ms feroz de los criminales a la espera de su ejecucin. El ensaamiento con "los cinco", como popularmente se los conoce y admira en el mundo entero, es una prueba irrefutable que demuestra de qu lado se encuentra realmente Washington en la "guerra contra el terrorismo".

Por si lo anterior no fuera suficiente la proteccin oficial brindada desde las ms altas esferas al terrorista confeso y juzgado, y luego escapado de prisin, Luis Posada Carriles, es otro indicio irrebatible que desnuda el "doble discurso" de Washington en su supuesta cruzada antiterrorista y la bajeza moral de una parte de la dirigencia poltica latinoamericana que consiente tales polticas. Este personaje particip en las principales operaciones terroristas de esa organizacin en Amrica latina, entre ellas el Plan Cndor(9). En 1985 se fuga de la crcel venezolana en donde, desde 1976, estaba cumpliendo su condena (recurdese que haba adoptado la ciudadana venezolana y que bajo el pseudnimo de Comisario Basilio se incorpor a los servicios de inteligencia venezolanos de la poca, participando en mltiples secuestros y torturas, razn por la cual Caracas tambin solicita su extradicin) junto con otro connotado terrorista: Orlando Bosch Avila, por el atentado contra el avin de Cubana(10). Se instala en El Salvador para colaborar activamente con el asesor presidencial de Reagan Oliver North (quien haba arreglado todo lo necesario para facilitar su fuga) en la Operacin Irn-Contras. Tiempo despus, contrata mercenarios que colocan bombas en Cuba en los aos 1997 y 1998. A comienzos del 2000 se dirige a Panam junto con otros malhechores con el objeto de consumar el asesinato de Fidel Castro, invitado a participar en la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que se reunira en ese pas el 17 y 18 de noviembre de 2000. Pero no bien el presidente cubano hubo llegado a Panam convoc a una inesperada conferencia de prensa en donde denunci la conspiracin que Posada Carriles y otros tres terroristas haban fraguado para hacer saltar por los aires el Paraninfo de la Universidad de Panam el da en que Fidel haba sido invitado a dialogar con los estudiantes y profesores. La minuciosa denuncia identificaba a los terroristas, sus contactos, sus escondrijos y los explosivos a ser utilizados. Simultneamente, la polica panamea era informada de todo esto, lo que condujo a la inmediata detencin de Posada Carriles y sus cmplices.

Los terroristas fueron sentenciados a una exigua condena por la Justicia panamea. Sin embargo, a mediados del 2004 mientras se sustanciaba un recurso ante la Corte de Apelaciones, Posadas Carriles y sus tres compinches: Gaspar Jimnez, Pedro Remn y Guillermo Novo Sampol, fueron favorecidos por un sorpresivo indulto decretado por la presidenta Mireya Moscoso a pocos das de finalizar su mandato. Sorpresivo para todos, menos para el embajador de los Estados Unidos en Panam dado que la decisin le fue comunicada con la debida antelacin y recibida con singular beneplcito por el representante del imperio. En la actualidad varios funcionarios de su gobierno estn sujetos a indagacin judicial por irregularidades cometidas en la liberacin de los terroristas indultados. La seora Moscoso residi varios aos en Miami acompaando el exilio de su marido, el ex presidente Arnulfo Arias Madrid y cultiv estrechas relaciones con algunos miembros de la mafia cubano-americana. No extraa que su "gesto humanitario" de indultar a los cuatro gangsters fuese generosamente recompensado por sus "amigos" de Miami: entre otras cosas le obsequiaron un automvil de lujo Lincoln, modelo Town Crown 2005, valorado en 125.000 dlares.

Con la ayuda de la CIA y la mafia cubano-americana (en realidad ambas organizaciones han llegado a fusionarse a tal punto que en los hechos se convierten en una), Posadas decide regresar de inmediato a su seguro refugio en Miami. Lo hace va Honduras y Mxico, pas desde el cual aborda en Isla Mujeres un barco camaronero, el "Santrina", que lo hace ingresar clandestinamente, pero con proteccin oficial, a los Estados Unidos a los pocos meses de haber abandonado Panam. No es ocioso recordar que el "Santrina" es propiedad de uno de los ms connotados anticastristas de Florida. La maniobra es detectada por la inteligencia cubana y desde ese mismo momento La Habana comienza a exigirle a Washington que diga dnde est Posada Carriles, cundo y cmo fue que lleg al pas, qu medios utiliz para llegar, quin lo recibi y con qu documentacin. La respuesta durante casi un ao fue el silencio, pero a mediados del 2005 las reiteradas denuncias de La Habana condujeron a la detencin del terrorista. Lo notable del caso es que el gobierno de Estados Unidos no lo acus por ninguno de los aberrantes crmenes impunes de este prfugo de la justicia internacional, sino por una escandalosa nimiedad: haber entrado ilegalmente al pas, cometiendo una "infraccin a las leyes migratorias de los Estados Unidos". La farsa pseudoprocesal que luego se mont finaliz ignominiosamente cuando el fiscal levant todos sus cargos y, para eterno deshonor del sistema judicial estadounidense, el terrorista recuper plenamente su libertad. Un verdadero escndalo, equivalente al que habra estallado si un pas del Tercer Mundo hubiese capturado a Osama bin Laden y el gobierno en cuestin lo hubiera detenido unas pocas semanas acusndolo de haber ingresado ilegalmente al pas y, al poco tiempo, retirado todos los cargos concedindosele asilo, proteccin y ciudadana. Cmo hubiera reaccionado Washington?

La conclusin no puede sino ser sta: la Casa Blanca es hoy por hoy la sede de una tenebrosa organizacin terrorista de alcance mundial. Sus tentculos se extienden por los cinco continentes y cuenta con inmensos recursos para financiar sus tropelas: desde detener a "sospechosos" sin prueba alguna y privarlos del derecho a una asistencia legal, como ocurre en Guantnamo y Abu Ghraib hasta proteger a un terrorista probado y confeso como Posada Carriles y a toda la mafia cubano-norteamericana enquistada en Miami que aporta la mano de obra para las tareas ms atroces y aberrantes que exige la dominacin imperialista. En el medio quedan los secuestros y asesinatos selectivos de opositores: el traslado de prisioneros a pases que legalizaron la tortura; el suministro de armas a grupos terroristas; las campaas desestabilizadoras de gobiernos democrticos y populares, cosa que hoy estamos viendo en Venezuela, Bolivia y Ecuador; la organizacin de golpes de Estado, como el perpetrado en el 2002 en Venezuela y, sin que esta enumeracin sea completa, su involucramiento con el negocio de la droga y el trfico de armas.

Por lo tanto, su proclamada "guerra contra el terrorismo" no es sino la ominosa encarnacin del perverso Ministerio de la Verdad concebido por George Orwell en su novela 1984 y en el cual la mentira, el engao y el doble discurso eran convenientemente fabricados para manipular a la ciudadana. Las contrapartes actuales del Ministerio de la Verdad: la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Pentgono o la CIA presentan a la "guerra infinita o preventiva" como la paz; la violacin de los derechos humanos y la legalidad internacional como su ms enrgica exaltacin y el terrorismo de Estado como "guerra contra el terrorismo". Bajo estas condiciones, lo nico que se puede predecir a ciencia cierta es que tendremos terrorismo para rato.

Notas

(1) El papel del miedo, como una pasin humana que adecuadamente exacerbada suele favorecer la formacin del consenso poltico, ha sido examinado por Noam Chomsky y Edward S. Herman en Los Guardianes de la Libertad (Barcelona, Crtica, 1990). El tema lo reexamina el lingista del MIT en su ms reciente Hegemona o Supervivencia. La estrategia imperialista de Estados Unidos (Barcelona, Byblos, 2005).

(2) En su libro Terror e Imperio (Mxico, Arena Abierta, 2006 ), pp. 121-149.

(3) Esto no implica negar que, excepcionalmente, pueda producirse alguna discontinuidad en ese doble discurso. Por ejemplo, la presidencia de James Carter (1977-1981) intent sinceramente promover una poltica internacional basada en la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, careci del respaldo suficiente en el establishment diplomtico de Washington y las clases dominantes del imperio que lo atacaron sin desmayo.

(4) Carta a Patricio Cambpell, 5 de agosto de 1829.

(5) Publicado en Buenos Aires por Editorial Sudamericana, 1982. Antes haba dado a conocer un trabajo con ese mismo ttulo en una de las principales revistas del neoconservadurismo norteamericano: Commentary, noviembre de 1979. Al ao siguiente publicara "The Hobbes problem: order, authority and legitimacy in Central America", un informe redactado a solicitud de una de las ms reaccionarias "usinas de pensamiento" estadounidense: el American Enterprise Institute.

(6) Quienes piensen que las anteriores aseveraciones son exageradas pueden consultar dos magnficos libros que aportan una evidencia apabullante. Uno, de William Blum, ex funcionario del Departamento de Estado que renunci a su puesto en 1967 al oponerse a la guerra de Vietnam promovida por Lyndon Johnson: Killing hope. US military and CIA interventions since World War II (Monroe: Common Courage Press, 2004). Dos, el de Luis Surez Salazar: Madre Amrica: un siglo de violencia y dolor, 1898-1998 (La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 2005)

(7) Ver el memorando S/S 7621263, del 8 de octubre de 1976, dirigido a Henry Kissinger por Harry Shlaudeman, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, titulado "Operacin Cndor". En este documento, al igual que muchos otros, se reconoce formalmente la activa participacin del gobierno de Estados Unidos en esta iniciativa y el papel crucial de la dictadura chilena en su coordinacin regional. En junio de 1976 Kissinger recibi en su despacho al ministro de Relaciones Exteriores de la Junta Militar argentina, almirante Csar A. Guzzetti, a quien le dijo: "Si hay cosas que tienen que hacerse, hganlas rpido y regresen lo antes posible a los procedimientos normales". Dicha declaracin fue (correctamente) interpretada como una luz verde para aniquilar a quienes resistan, y cuanto antes mejor. La documentacin se encuentra en el National Security Archive Electronic Briefing Book N 133, en donde se transcriben las 13 pginas de las minutas extradas de esa conversacin.

(8) El reconocimiento oficial de la operacin Irn-Contras, y el trfico de cocana que ella implicaba, queda certificado en el Informe "Drugs, Law Enforcement and Foreign Policy" del Subcomit sobre Terrorismo, Narcotrfico y Operaciones Internacionales del Comit de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos (Washington: 1988).

(9) Segn el documento del National Security Archive, NSAEBB153/19660600.pdf Posada Carriles se integra formalmente a la CIA en febrero de 1961 y se lo entrena para convertirlo en un experto en demoliciones y, posteriormente, en entrenamiento de fuerzas paramilitares y escuadrones de la muerte. Salvo unos pocos meses, permaneci oficialmente en esa agencia hasta junio de 1976, apenas tres meses antes de la voladura del avin de Cubana.

(10) Cartas del director del FBI Clarence M. Kelly al secretario de Estado Henry Kissinger, fechas 20 de octubre y 5 de noviembre de 1976.



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