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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2007

Alerta Europa, vuelve el peligro!

Michel Peyret
Rebelin


Abuso de poder, prevaricacin, golpe de Estado, estos calificativos, cada uno a su manera, pueden definir lo que el primer personaje del Estado francs est perpetrando contra su pas y su pueblo. Segn los diccionarios se puede tratar de una medida violenta e ilegal para anunciar un cambio en el Estado, una traicin o el crimen de un funcionario por un acto cometido en el ejercicio de sus funciones, sancionado con penas de las cuales la menor es el castigo de inhabilitacin para cargo o empleo pblico. As se puede valorar la excepcional gravedad de la acusacin dirigida contra quien asume hoy en Francia la primera responsabilidad del Estado. Y sin embargo, en la rpida sucesin de las actuaciones del poder, las medidas y los anuncios multiplicados, esa dimensin de ilegalidad o delictiva tiende diluirse, a relativizarse hasta que se disuelve en una cotidianidad que sera tranquilizadora si no acarrease una acumulacin de disposiciones tan temibles unas como las otras. Obviamente cada uno intenta, de entrada, ocuparse slo de lo que le atae, considerar nicamente lo que le amenaza en primer lugar, lo inmediato, lo que cuestiona directamente sus ya parcos medios de vida, trabajo, existencia, jubilacin Y a pesar de todo es en este contexto, en un perodo en el que todo parece acelerarse, donde todas las cuestiones se abren y se generalizan, donde el delito, su preparacin y puesta a punto, se disimulan hasta que reaparece entre los peligros que se suceden.

Nueva etapa de desmanes del sistema

Aqu no se trata de elegir entre las distintas disposiciones, todas dirigidas a remarcar al mismo tiempo la dominacin y las alienaciones que derivan de la explotacin capitalista. Forman un conjunto y su acumulacin implica que se sobrepasa el lmite y que entramos en una nueva etapa de desmanes del sistema. Por lo que se refiere a los aspectos institucionales europeos de estas evoluciones, en otra poca fue necesaria la voz de un Vctor Hugo que estigmatizaba las actuaciones de quien fue prncipe-presidente antes de convertirse en el pequeo Napolen, o la resonancia de la acusacin de un Zola para indignarse por una traicin a la Repblica y por una violacin de la soberana del pueblo de Francia. Estas grandes voces permanecen como tales en la historia. En la actualidad, signo de los tiempos, faltan las elites y el pueblo las ha relevado en la defensa de intereses cuya importancia y gravedad evoca a los que dejaron su impronta a lo largo de la evolucin de la sociedad. En la actualidad, afortunadamente, es el propio pueblo quien asume los imperativos de su soberana y esto permanecer tambin como una etapa memorable de un cambio de poca. As, en mayo de 2005, cuando la mayora de las fuerzas polticas y medios de comunicacin hacan campaa por el s en el referndum destinado a dirigir el proceso de construccin de un Estado supranacional encajado por una constitucin que habra rematado la obra, ya muy avanzada, fue el pueblo quien impuso su eleccin.

El veredicto del pueblo

El veredicto del pueblo qued muy claro: fue como una insurreccin contra todos los que queran imponerle el nuevo yugo oficial. El NO restall rotundo. Y no contemplaba ms que el prlogo constitucional tras el que estn todos los atributos de un Estado, que fueron condenados sin apelacin posible, construido en el silencio, en la sombra, los amados tabes de Jean Monnet, el impulsor, el que deca democrticamente que haba que hacerlo y jams nombrarlo. De hecho en todos los tratados, incluido el fundacional de Roma, ya estaba la larva que los hizo saltar por los aires para desesperacin de antiguos o nuevos promotores del golpe de Estado permanente, ste disimulado cuidadosamente. Los franceses sin embargo haban tenido tiempo de recordar sus experiencias y percibir la naturaleza de lo que avanzaba solapadamente. Ya en 1992, en el referndum destinado a ratificar el Tratado de Maastricht, expresaron fuertes reticencias a los dispositivos encaminados a hacerles perder los elementos de soberana vinculados a la moneda, la elaboracin del presupuesto, el Banco de Francia y la creacin de dinero. Los franceses tomaban conciencia de que, cada vez ms, las directivas de la Comisin Europea se imponan obligatoriamente en la legislacin francesa hasta constituir casi su totalidad; la Asamblea Nacional se reduca de hecho al papel de oficina de registro de decisiones tomadas en otra parte. As apareca claramente que otros, con mtodos bastante oscuros, decidan en su lugar y los sustitua a ellos y sus prerrogativas republicanas conquistadas con mucho esfuerzo.

Un rastrero abuso de autoridad

Este abuso de autoridad rastrero que se les peda que aprobaran, con cierto cinismo para no utilizar formas habitualmente ms brutales, cuando no violentas, era el mejor posible pero estaba lejos ser el menos daino, todo lo contrario. Se actu con prudencia, sin ninguna precipitacin superflua, pero, a pesar de todo, su sucesin y acumulacin comedidas construan una verdadera expropiacin de soberana fuera de toda duda. Por eso, a partir de las elecciones al Parlamento Europeo de 2004, los electores franceses al igual, por otra parte, que la mayora de los de otros pases, se abstuvieron en masa: el 57% en Francia y hasta sobrepasar el 80% en pases del Este europeo, de los que se deca, sin embargo, que esperaban a Europa con mucha impaciencia. Sin embargo, dichos pases venan de una experiencia supranacional y as declaraban que no queran ms de eso. Los pueblos de los pases del oeste entendieron el aviso y eso reforz las prevenciones que ya manifestaban? Incluso aunque franceses y holandeses rechazaron en 2005 el tratado constitucional, los gobiernos de los dems pases decidieron permanecer all por un tiempo. El tiempo de la reflexin para encontrar nuevas formas que permitan conseguir que los pueblos, con presiones renovadas y acentuadas, acepten lo que no quieren. Si esto no es la preparacin de un nuevo golpe de Estado, desde luego es una violacin. Y eso expresa la idea de que en el fondo el mejor estado, en cualquier democracia, prescinde de la opinin de los pueblos.

Una violacin renovada

Eso es lo que propone Nicolas Sarkozy. El pueblo francs ya se pronunci? Da igual! Se renueva la violacin, el golpe de Estado! Que importa! Qu desfachatez, que menosprecio al pueblo de Francia y su soberana! Como si la soberana no fuera inalienable! Hay que dar alguna credibilidad a lo que es inadmisible, inaceptable? Hay que garantizar esta nueva violacin del pueblo francs pidiendo un referndum que ya tuvo lugar, en realidad para aceptar que se obliga a los franceses a reafirmar lo que ya decidieron? Es tan grotesco como inaceptable! Sin embargo es necesario considerar que las razones que impulsan a los reaccionarios y la mayora del PS a renovar su golpe de Estado son especialmente apremiantes para que asuman ante la historia la responsabilidad de forzar el destino de mala manera pisoteando la conservacin de la democracia y la Repblica. Por lo tanto, qu urgencias les impulsan a atentar de nuevo contra lo que subsiste de democracia, soberana y derecho del pueblo francs a disponer de s mismo? Manifiestamente, las fuerzas capitalistas estn muy preocupadas. Tras las elecciones europeas de 2004 y el referndum que las confirm en 2005, la dominacin, el poder y el sistema capitalista estn en cuestin. Las encuestas de opinin lo confirman: un 61% de los franceses considera negativo el capitalismo y los jvenes todava ms! Consecuentemente conviene amordazar, y amordazar forma duradera, al pueblo de Francia. Impedirle a toda costa marcar la pauta a los pueblos de Europa como pas varias veces desde la Revolucin. Ahogar la democracia y la soberana en un Estado supranacional concebido a tal efecto, no es la estrategia que permite presentar, bajo los colores afables de la paz y la cooperacin, la peor de las prevaricaciones?

Adnde va el dinero de Francia?

Las grandes sociedades capitalistas de origen europeo lo nico que tienen que hacer en la era de la globalizacin es el mercado nico europeo que ya tienen prcticamente conquistado; ya estn muy desplegadas por el mundo, especialmente hacia los mercados solventes donde encuentran salidas reales para sus productos. Francia, por ejemplo, en 2006 fue el principal inversor extranjero en Estados Unidos con una inversin de 38.600 millones de dlares en el territorio estadounidense, por delante de los Pases Bajos, Japn y Alemania. Ya en 1999 los flujos franceses de inversin en el extranjero haban aumentado mucho con respecto a los 3 aos anteriores, llegando a 101.000 millones de euros, lo que equivala al 7,5% del PIB. En 1998 el montante de las inversiones francesas en el extranjero alcanzaba 240.000 millones de euros, lo que equivale al 18% del PIB francs, contra el 12% en 1996. Sin embargo, precisa un estudio del ministerio, si se calcula el valor de estos activos en el extranjero en valor de mercado y no en valor contable, dicho valor llega a 632.000 millones de euros, lo que equivale al 48% del PIB. Se puede ver as cmo la riqueza creada por el trabajo de los franceses permite la internacionalizacin de las empresas francesas, y no slo su europeizacin, mientras nos dicen que en Francia falta dinero no slo para reducir la pobreza, sino incluso para garantizar un buen nivel de los medios sanitarios, los transportes, jubilaciones, vivienda, educacin, investigacin

Empresas insaciables

Estas empresas pretenden seguir saqueando al pueblo francs y su territorio para posibilitar nuevas salidas a sus productos en los mercados mundiales solventes y, por otra parte, para mantener su estatus en los mercados econmicos y de especulacin financiera a escala mundial. Y son insaciables, siempre quieren ms y ms, y todava ms parte de PIB, todo debe estar subordinado a esos objetivos, incluso reduciendo cada vez ms los gastos nacionales necesarios y tiles para cubrir las necesidades, e incluso aumentando el dficit del presupuesto del Estado. Los gobiernos nacionales, tambin ellos subordinados a la economa de mercado y sus exigencias faranicas, son demasiado dbiles para someter a sus pueblos a esas exigencias draconianas de larga duracin. Por eso se les conmina a renunciar a sus prerrogativas nacionales y delegarlas, cada vez ms, en esas instancias supranacionales menos sensibles por estar ms lejos de las presiones populares. Y adems se dedican a presionar a sus pueblos para que acepten lo inaceptable, que renuncien a sus prerrogativas sociales, polticas y democrticas y al derecho de disponer libremente de s mismos. Por eso los dirigentes socialistas y sus adlteres se empean en lo que haga falta para explicar al pueblo que ese Estado supranacional es otra cosa y que algn da podra trabajar por el pueblo. Olvidan que ese no es el objetivo del Estado supranacional, sino todo lo contrario. Veramos a las multinacionales abogar ardientemente por la supranacionalidad si sta amenazara, aunque fuese de lejos, su dominacin? Y Sarkozy, se hubiera volcado en el acoso que est ejerciendo sin una estrecha colaboracin con el presidente del MEDEF? No. Es obvio que los pueblos no tienen ningn inters para el gran capital si no es para que pierdan su espritu y renuncien a liberarse de cualquier explotacin, dominacin y alienacin.

Rebatir las exigencias del capital internacional

El terreno nacional debe permanecer como el lugar esencial de la lucha de clases, el primer lugar desde donde es posible rebatir las exigencias del capital internacionalizado, lo que obviamente no es exclusivo de algunas formas de lucha y solidaridades internacionales. Cada pueblo, segn su cultura y su identidad, debe avanzar a su ritmo, todava no ha llegado, y seguramente an tardar mucho, el momento en que todos decidan marchar al mismo paso, pero la experiencia todava reciente de los pases del Este y las determinaciones que se afirman en el oeste ponen de manifiesto que las construcciones de superestados slo pueden ser duraderas si derivan de voluntades libremente expresadas. En la actualidad, al contrario, es a la limitacin de la libre expresin a lo que se dedican todos los esfuerzos. El principio de reconocimiento de las realidades debe consagrarse ya que, como se dice, son testarudas, la experiencia histrica lo demuestra. Por lo tanto conviene exigir que el NO que se emiti en mayo de 2005 se respete y orientarse hacia la construccin de la Europa de las cooperaciones y solidaridades entre los pueblos contra cualquier construccin oficial; sta es la nica realidad.

La Europa de las cooperaciones y solidaridades

Por eso conviene derogar y suprimir en los Tratados actuales todo lo que usurpa las soberanas de los pueblos, en realidad todas las disposiciones y prerrogativas ya establecidas en el mbito europeo: moneda, BCE, Parlamento, presupuesto, defensa y las diversas polticas llamadas comunes ya aplicadas, para sustituirlos por cooperaciones libremente acordadas; que los pases decidan cooperar en tal o cual mbito financiando ellos mismos sus proyectos. Se podran crear un fondo solidario para luchar contra las desigualdades de desarrollo; una Asamblea general de los pueblos que tomase las decisiones necesarias para la multiplicacin de cooperaciones y solidaridades ms amplias y diversificadas y un ejecutivo reducido encargado de aplicar las decisiones de la Asamblea. Estas cooperaciones y solidaridades tenderan a extenderse al conjunto de los pueblos del mundo, dado que se facilitaron los intercambios por la creacin de una moneda comn que no es el dlar, y conservar las monedas nacionales para las necesidades internas de los pases. La Cuenca mediterrnea, cuna de culturas e intercambios, debera beneficiarse de cooperaciones reforzadas. La paz, el desarme -nuclear en primer lugar- y el libre derecho a la autodeterminacin seran favorecidos frente a los objetivos hegemnicos e imperialistas. Las polticas energticas y medioambientales, especialmente sensibles, naturalmente deben englobar a todo el planeta. Las cooperaciones, con una ONU renovada y democratizada, se volveran primordiales para extender los intercambios a toda la humanidad. Por lo tanto hay, obviamente, alternativas europeas para sustituir a las agrupaciones de dominacin y hegemona: la paz y el desarme contra las intervenciones imperialistas; vnculos e intercambios hacia una nueva civilizacin, una nueva globalizacin. En consecuencia esta es la obra que conviene emprender cuanto antes.


Michel Peyret naci en 1938 en Bgles, (Gironde-Francia), profesor de instituto y diputado comunista en la Asamblea Nacional por Gironde de 1986 a 1988. Es miembro del Consejo de Orientacin de Espacios Marxistas de Aquitania-Burdeos-Gironde (Francia).

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.



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