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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2007

La sugerente parbola de Antonini y un maletn de miles de dlares
Otro pato de la justicia de Estados Unidos

Marcos Salgado
Rebelin


Si tiene plumas, pico y hace cuac, es un pato, se suele decir en Argentina cuando las cosas no tienen misterios. Cuando no hay mucho para pensar sobre las actitudes de una persona o el origen de los hechos que la rodean. Bien vale la comparacin en el caso del ciudadano estadounidense de origen venezolano Guido Antonini Wilson, el hombre de la valija llena de dlares que lleg en un avin fletado por la empresa estatal argentina ENARSA una madrugada de agosto al aeropuerto de la ciudad de Buenos Aires. El avin venia de Caracas, con funcionarios de tercera lnea de ambos paises. Una agente de seguridad detect el dinero y le avis a un superior. Los dlares quedaron en el aeropuerto y Antonini se fue. Este podra ser un relato descontaminado, los hechos puros. De ah en ms aparecen demasiadas manos sazonando un men por dems atractivo para los intereses permanentes de atacar al presidente de Venezuela y la relacin de ste con otros mandatarios de la regin, en este caso, con los argentinos Nstor Kirchner y Cristina Fernndez, cuyo acercamiento con Caracas es un dolor de cabeza para la Casa Blanca al menos desde noviembre de 2005, cuando en la Cumbre de las Amricas se fren el intento estadounidense de reinstalar la discusin sobre el rea de Libre Comercio de las Amricas (ALCA).

Pero volvamos a Buenos Aires y al ltimo fro agosto. Aunque la incautacin de una valija repleta de dlares es noticia segn los manuales de los vidos canales de cable -siempre con buenas fuentes en los organismos de seguridad- el hecho se conoce cuatro das despus y la primicia la tiene el multimedio Clarn, cuya lnea antichavista ya nadie intenta al menos ocultar. La radio del grupo difunde la noticia con el cronista que en el mismo aeropuerto espera la llegada, justamente, del presidente de Venezuela, Hugo Chvez, quien llegaba en visita oficial. En ese momento, Antonini era para los medios argentinos un miembro de la delegacin venezolana. Un dato falso que tambin repiti hasta el hartazgo la prensa opositora en Venezuela. Despus supimos que no, pero ya sabemos que el gran pblico no est atento a las rectificaciones, mucho menos cuando los medios las difuden con muy poco mpetu.

La cronologa dice que das despus la justicia de Buenos Aires inicia una causa por contrabando contra el estadounidense-venezolano residente en Miami y pide a Estados Unidos -adonde Antonini vol presuroso- su extradicin. Asi el tema parece estancarse, los medios antichavistas en Venezuela se enfrascan entonces en la campaa contra la reforma constitucional y los de Argentina vuelven a sus asuntos domsticos: las elecciones presidenciales, la victoria previsible de Cristina Fernndez de Kirchner y el cambio de mando de esposo a esposa, el 10 de diciembre.

Un da antes del traspaso y tambin en Buenos Aires, los presidentes de Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil, Argentina y Venezuela le pusieron la firma a una asociacin estratgica: el Banco del Sur, en el que tambin participa Uruguay. Lo hicieron en un clima de camaradera que apenas fue reflejado por los medios locales y que revela un entendimiento que va ms all de las coyunturas.

Era entonces el momento justo para salir al ruedo golpeando con el mismo men de agosto, ms finamente sazonado y arruinar as los destellos de una buena semana para los presidentes sudamericanos. Ahora la noticia llegaba de Estados Unidos, y es -por que no- Antonini. Nos venimos a enterar entonces que el hombre tenia proteccin del FBI, cuyos funcionarios anunciaban la detencin de tres venezolanos y un uruguayo, quienes -aseguraron- haban presionado a Antonini para que no revelara el verdadero destino de los dlares de la valija. Enseguida, el mismo FBI se ocup de adelantar cual era ese verdadero fin: la campaa electoral de la ya presidenta Cristina Fernndez.

La nueva mandataria argentina contest con dureza denunciando una presin que sus ministros -menos diplomticos- adjudicaron a directamente a Estados Unidos. Desde la Casa Blanca lleg la respuesta de manual: una cosa es la justicia y otra las relaciones entre Estados. Sin embargo, el sistema judicial de los Estados Unidos admite entre sus mecanismos acuerdos que permiten una absoluta discrecionalidad poltica all donde deberan reinar los cdigos penales.

Asi se tejen indignantes historias de impunidad. Vale recordar por ejemplo los pedidos de extradicin de la justicia argentina sobre integrantes de la temible polica secreta del dictador chileno Augusto Pinochet. Es el caso de Michael Townley, asesino confeso del ltimo ministro de Interior de Salvador Allende, el general Carlos Prats en 1974 en Buenos Aires. Townley es tambin uno de los responsables del asesinato el mismo ao del canciller de la Unidad Popular, Orlando Letelier, en Washington.

El lector desprevenido podr pensar que Townley -ciudadano estadounidense, como Antonini- no fue extraditado a la Argentina porque purga una dura condena por una asesinato en la capital misma del pas del Norte. No es as, ya hace casi tres dcadas que el asesino disfruta de otra identidad provista por los Estados Unidos. La razn de tal beneficio? Haber colaborado con la investigacin del asesinato de Letelier, del que l mismo fue pieza clave.

Es decir, quien debera estar purgando un largo castigo sale premiado y protegido por los Estados Unidos, lejos de la accin judicial en Argentina o en Chile. Si recordamos la relacin de la embajada de los Estados Unidos en Santiago y las corporaciones de ese pais con el golpe de 1973 en Chile, no ser dificil concluir que un atentado en la calle de las embajadas en el centro de Washington tuvo colaboracin local, de la que Townley debe saber. As, se hace imprescindible cuidarlo de una condena de por vida en una crcel argentina, donde ya cumple cadena perpetua otro agente chileno, Arancibia Clavel, por el asesinato de Prats.

De nuevo, si tiene plumas, pico y hace cuac...

As, aunque ahora hablemos apenas de contrabando de divisas, Antonini parece un pato ms de una lista de protegidos que, slo en el caso argentino, incluye tambin a banqueros y delicuentes de todo pelaje cuyas extradiciones se demoran para siempre.

Cmo seguir el sainete de Antonini, el nuevo protegido? El conservador y furibundo antichavista diario La Nacin de Buenos Aires nos da una pista. Su corresponsal en Estados Unidos cuenta que dialog telefnicamente con Antonini y le propuso conversar largo y tendido sobre el caso. Estoy muy seguro que si, algn da hablaremos, fue la respuesta. Todos estamos seguros que s, ya se sabe...

Si tiene plumas, pico...



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