Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2007

En Lisboa, a espaldas de los pueblos
Resurreccin de la Constitucion Europea

Bernard Cassen
Le Monde Diplomatique


Al optar por ratificar en el parlamento un texto prcticamente idntico al que fuera rechazado por referndum en 2005, Nicolas Sarkozy acrecienta la fractura entre los ciudadanos y el aparato institucional de la Unin Europea, que produce polticas neoliberales que los gobiernos imputan felizmente a una "Europa" cuya legitimidad se ve as minada.

La firma del Tratado de Lisboa, el 13 de diciembre de 2007, por los gobiernos de los veintisiete Estados miembros de la Unin Europea, pone punto final al perodo de "reflexin", as llamado por eufemismo, que sigui al rechazo del Tratado Constitucional Europeo (TCE) por los referndums francs y holands de la primavera de 2005. Este tratado, al mismo tiempo que reorganiza las superestructuras institucionales de la Unin, afianza su naturaleza profundamente neoliberal y, como una cosa sin duda explica la otra, fue calibrado para precaverse, segn la jerga de Bruselas, contra cualquier "accidente" de ratificacin. Traduccin: no debe ser sometido a la aprobacin de los pueblos, a los cuales nunca se les habr hecho saber tan abiertamente su condicin de intrusos y de indeseables en la construccin europea.

El nuevo texto, denominado por antfrasis "tratado simplificado" o "mini tratado" por Nicolas Sarkozy durante su campaa presidencial, y ahora titulado "Tratado de Funcionamiento de la Unin Europea" (TFUE) tiene no menos de 256 pginas que incluyen cerca de 300 modificaciones al Tratado constitutivo de la Comunidad Europea (Roma, 1957) y unas sesenta modificaciones al Tratado sobre la Unin Europea (Maastricht, 1992), doce protocolos y decenas de declaraciones. En la larga historia de la diplomacia, se ha visto ms "simplificado" y ms "mini"...

El carcter casi ilegible de este documento para el comn de los mortales (y, puede imaginarse, para la gran mayora de sus representantes) no debe ocultar lo esencial: se trata pura y simplemente, salvo por algunas disposiciones, de repetir el contenido del TCE. Por eso, el simple paralelismo de la formas habra exigido que fuera sometido a los mismos procedimientos de ratificacin. Pero no. El argumento esgrimido por Sarkozy, durante y despus de su campaa, para justificar el rechazo a una nueva consulta popular es de una enternecedora mala fe: el TCE era una Constitucin, para la cual se impona un referndum; el TFUE no es una constitucin, una simple ratificacin parlamentaria ser suficiente! Ahora bien, el TCE no era en absoluto una "Constitucin" europea en el sentido jurdico del trmino; se trataba de un tratado como los anteriores, como lo afirm pblicamente Jean-Luc Dehaene, ex primer ministro belga y vicepresidente de la Convencin para el Futuro de Europa, que fue quien redact la primera versin.

La referencia constitucional era de naturaleza simblica, especialmente con el objetivo de "sacralizar" las polticas europeas vigentes, casi todas de esencia neoliberal, que figuraban en la parte III del TCE. Es cierto que esta parte III despareci en cuanto tal, pero su sustancia sigue intacta porque figura en los dos tratados (de Roma y de Maastricht), a los cuales el TFUE slo aporta algunas modificaciones; y sobre todo, porque esas polticas ya se aplican de forma cotidiana. ltimo argumento desarrollado por el Presidente de la Repblica: las modificaciones introducidas provocaron consenso. Si tal es el caso, se presenta una ocasin privilegiada para verificarlo, consultando a los electores. Los temas consensuales son tan escasos en Francia.

Se habr adivinado que Sarkozy no cree una sola palabra de estos camelos. En sus declaraciones a puertas cerradas durante su reciente visita al Parlamento Europeo, en Estrasburgo, dio a conocer el fondo de su pensamiento: "No habr tratado si se hace un referndum en Francia, que sera seguramente seguido de un referndum en Reino Unido" (1). Con una circunstancia agravante: "Lo mismo [un voto negativo, como el voto francs de 2005] se producira en todos los Estados miembros si se organizara un referndum". As, por lo menos las cosas estn claras, lo que confirma, sin por eso conmoverse, un cronista del semanario L'Express, ardiente partidario del nuevo tratado: "La prueba es que la Unin Europea slo avanza sin el consentimiento popular. (.) La Unin le teme a sus pueblos, hasta el punto de que en Lisboa fue necesario abandonar los 'signos ostensibles', bandera e himno, para dar extraas garantas a la opinin" (2). Est todo dicho.

Un vivero de futuros ministros de "apertura"


Si la construccin europea slo puede "avanzar" a espaldas de los pueblos, cuando no en contra de ellos, son sus fundamentos democrticos -constantemente invocados en todos los tratados- los que resultan cuestionados. Y no se trata de una cuestin subalterna. Es una de esas cuestiones en las cuales la forma no slo prima por sobre el fondo, sino que constituye en s misma el fondo; en este caso, la primaca de la soberana popular. En este sentido, debera inquietar fuertemente al conjunto de los responsables polticos e, incluso ms all, al conjunto de las estructuras de representacin de la sociedad.

Todas las fuerzas y prcticamente todos los dirigentes polticos que haban preconizado el rechazo al TCE en 2005 estn evidentemente unidos en la demanda de un referndum para ratificar el TFUE. La direccin del Partido Socialista (PS), vida de tomarse una revancha por ese "no" donde se vio desaprobada por una parte de sus dirigentes y por la mayora de sus electores, ha tomado otra decisin: su mayora llama a los representantes electos a votar "s" al texto que se presentar en la Asamblea Nacional y en el Senado, en lugar de luchar por la realizacin de un referndum. Cay as en el olvido el compromiso incluido en su programa en ese sentido, y tambin en la propuesta 98 de la campaa presidencial de Sgolne Royal! Es demasiado buena la oportunidad de hacer entrar por la ventana parlamentaria un texto que fue expulsado por la gran puerta del veredicto popular. Patrick Bloche, diputado de Pars, lo dice claramente: "Esta vez tengo ganas de que el PS piense algo sobre Europa, aun a riesgo de pensar lo mismo que Sarkozy" (3).

Ms arriba hemos visto lo que realmente piensa Sarkozy, quien as dispone de un vivero ampliado de futuros ministros de "apertura" que comparten con l el temor -justificado- del sufragio de los ciudadanos. Por lo menos se pronunci claramente antes de ser elegido para la presidencia, diciendo que no habra referndum. Para la direccin del PS, que haba tomado una posicin contraria, "Europa" bien vale renegar de sus promesas! Cabe interrogarse sobre ese encarnizamiento de un partido a favor de una forma de construccin europea que quiso desde el primer da ser una mquina de liberalizar (4), y que luego retom por su cuenta los criterios de la globalizacin neoliberal, especialmente en lo que se refiere a las relaciones con los pases del Sur (5). La eleccin -con el patrocinio de Sarkozy- de Dominique Strauss-Khan para la direccin general del Fondo Monetario Internacional (FMI), despus de la de Pascal Lamy a la cabeza de la Organizacin Mundial del Comercio (OMC), tiene el valor de un test. En lugar de interrogarse sobre el buen fundamento de esas nominaciones para organizaciones multilaterales cuyas siglas y polticas son denostadas por la casi totalidad de los movimientos sociales del planeta, los dirigentes del PS expresaron su orgullo al ver reconocidas las "competencias" de dos miembros eminentes de su partido.

Al practicar una fuga hacia delante, consistente en reclamar siempre "ms Europa" (este es el sentido de su compromiso con el "s") -cuando "ms" de esta Europa significa indefectiblemente ms liberalizaciones, privatizaciones y cuestionamientos a los servicios pblicos-, la mayora de los dirigentes de la izquierda gubernamental se prohben deliberadamente a s mismos cualquier veleidad de transformacin social y de redistribucin de la riqueza aqu y ahora. Resulta pattico verlos correr tras una "Europa social" que, como un espejismo, cada da desaparece ante ellos.

Titulado con mucho atino "La educacin europea", el artculo de un autntico liberal de derecha, Claude Imbert, editorialista de Le Point, lo seala claramente: "La promesa, machacada por nuestros socialistas, de una 'Europa social' a la francesa es una fantasa ms. Entre nuestros asociados, nadie la quiere. Ni los conservadores ni los socialistas!" (6). El mismo Imbert haba escrito antes que el antiliberalismo es "un eslogan por excelencia antieuropeo: en efecto, la Europa comunitaria es liberal; sus reglas son liberales" (7).

Resulta audaz calificar como "socialistas" a los socialdemcratas del Partido Socialista Europeo (PSE) que, en el Parlamento Europeo, hacen generalmente causa comn con sus "adversarios" del Partido Popular Europeo (PPE) cuando se trata de liberalizar y de acercarse a Estados Unidos (8). Si esta Europa es efectivamente, y por naturaleza, liberal, y si cierra sus instituciones para seguir sindolo, la pregunta, que durante mucho tiempo fue tab, es la de saber cmo liberarse de ese yugo.

* Bernard Cassen. Director de Le Monde Diplomatique S.A.
Traduccin: Luca Vera

Notas:


1 Mencionadas en el sitio del diario conservador britnico The Daily Telegraph, y retomadas en el sitio del semanario francs Marianne el 15-11-07 (www.marianne2.fr).

2 Christian Makarian, "Adieu utopie", L'Express, Pars, 25-10-07.

3 Libration, Pars, 29-10-07.

4 Vase Franois Denord, "Ds 1958, la 'rforme' par l'Europe", Le Monde diplomatique, Pars, noviembre de 2007; y Anne-Ccile Robert, "La gauche dans son labyrinthe", Le Monde diplomatique, Pars, mayo de 2005.

5 Vase Raoul-Marc Jennar, "Acuerdos leoninos impuestos a frica", Le Monde diplomatique, edicin Cono Sur, Buenos Aires, febrero de 2005.

6 Le Point, Pars, 28-6-07.

7 Le Point, 8-6-06.

8 En su reciente y estimulante obra, Quelle Europe aprs le non?, Raoul-Marc Jennar menciona el significativo caso de la diputada europea socialdemcrata alemana Erika Mann, extremadamente influyente dentro del PSE, y que preside la Transatlantic Policy Network. Esta usina de pensamiento agrupa a mucha multinacionales europeas y estadounidenses, y preconiza una unin cada vez ms estrecha con Estados Unidos. Lgicamente, Mann es miembro del grupo Kangourou, un foro de parlamentarios partidarios del librecambio y de la libre circulacin de los capitales.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter