Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-12-2007

Los dilemas de Chvez

Nelson Soza Montiel
Argenpress


En un escenario muy similar al de Allende y sus tensiones con la Unidad Popular, tironeado entre entre autoritarios y demcratas o entre radicales y moderados, Chvez puede intentar forzar el trnsito a una economa centralizada o poner paos fros al proceso de cambios para recuperar el apoyo de los sectores ms escpticos.

Pasarn an varios meses antes de que sean digeridos del todo el elevado ausentismo electoral y la prdida de tres millones de votos que en diciembre de 2006 dijeron SI a la eleccin de Hugo Chvez pero que un ao despus dijeron NO a su propuesta de nueva reforma constitucional. Es claro que una correcta lectura de ambos factores puede dar indistintamente la pauta al chavismo para remontar su derrota y reforzar su proceso de cambios, o a los vencedores para asestar un golpe definitivo en las elecciones a gobernadores de 2008.

Pero no cabe duda de que es el seno de las propias fuerzas sociales partidarias de los cambios -al menos hasta ahora- donde radican las claves de ambos enigmas. El resultado del referendo refleja un indudable desplazamiento de quienes apoyan a Chvez y la irrupcin de un ciudadano de a pi cuya fisonoma sociopoltica no est del todo clara. Es posible que quiera respeto, inclusin, igualdad de oportunidades, seguridad, inversiones y empleo -como sostienen algunos analistas del medio local, pensando bsicamente en las capas de ingresos medios de la poblacin. Pero tambin es probable que las respuestas deban buscarse en unos sectores poblacionales, muy organizados, cuyas demandas de participacin no cuadran con lo que han visto hasta ahora.

El error de haber mezclado el tema de la reeleccin presidencial con las dems propuestas -entre ellas, la posibilidad de una mayor descentralizacin del poder en el ciudadano de a pi- ha sido mencionado como una explicacin posible para la prdida de apoyo electoral. Pero tras del supuesto de que los votos podran trasvasijarse a la propuesta de una Constitucin socialista emerge algo mucho ms de fondo: est madura Venezuela para transitar hacia un modelo que muchos continan asociando con un aparato estatal centralizado e ineficiente, dirigido por una enorme y no pocas veces corrupta burocracia?

Como suele ocurrir en los regmenes donde un partido o una coalicin partidaria se consolida en el poder por un largo perodo -generando estructuras clientelares utilizadas para acceder a los recursos pblicos o a los resortes del poder-, el voto opositor venezolano parece albergar un rechazo a los vnculos poco trasparentes habidos entre el PSUV y el Estado (sucedi antes en la Espaa de Felipe Gonzlez y el PSOE, y de esa crtica tampoco han estado exentos en Chile los gobiernos de la Concertacin).

En el caso venezolano, la misma dinmica de empoderamiento popular insuflada por Chvez ha generado una brecha en la percepcin respecto de quines deben conducir el proceso de cambios. Un amplio sector sostiene que aqullos comenzaron en 1999 con la llegada de Chvez a la presidencia, y que su figura y el equipo dirigente que lo rodea son la clave del proceso. Otros, en cambio, arguyen que -con su irrupcin desde el Caracazo de febrero de 1989- son los sectores populares los verdaderos protagonistas del proceso y en ellos radica la continuidad de su eventual profundizacin.

Entonces, el rechazo a la aparicin de lderes infalibles y de un aparato centralizado que termina por sustituir a los sectores populares se extiende por defecto al temor de que sean el PSUV y la nueva dirigencia estatal quienes asuman la conduccin de un modelo que adems careci de tiempo y de voluntades para sometrselo a un abierto debate.

Algo de todo ello hay cuando, en los das siguientes al referendo, Chvez admiti: Me equivoqu en la seleccin del momento estratgico para hacer la propuesta. Pudiera ser que esos tres o ms millones an no estn maduros para asumir un proyecto abiertamente socialista. Y Jos Albornoz, secretario general de Patria Para Todos -un pequeo partido de cuadros que apoya a Chvez- complement: El pueblo nos ha mandado una respuesta que estamos obligados a considerar: no tiene sentido una propuesta si el pueblo no la quiere, porque el socialismo no se decreta.

Interrogantes y opciones

Dentro y fuera de Venezuela, algunos analistas advierten que la victoria del NO podra incluso fortalecer el proceso de cambios. De momento, el triunfo opositor ha permitido que se consolide una Constitucin Bolivariana de 1999 que hasta ahora era sistemticamente desconocida por la derecha venezolana. A su vez, el reconocimiento de la vigencia de un rgimen democrtico deslegitima cualquier intento golpista. Hasta ah llega el consenso relativo. Pero a partir de ello los caminos se abren en un incierto abanico, y en muchos casos el escenario se asemeja a los dilemas del Presidente Salvador Allende y sus conflictos con los partidos de la Unidad Popular.

En el caso de la oposicin, no est claro qu har -o podra hacer- con su triunfo. Su confluencia durante el referendo no necesariamente se extrapola a la elaboracin de un proyecto y de un frente comn antichavista para las elecciones de gobernadores de 2008 y presidenciales de 2012. Tambin podra intentar convocar en 2009 a un referendo revocatorio del mandato de Chvez -previsto por la Constitucin para el tercer ao de cada administracin. El oficialismo especula que, de ser as, cabra la posibilidad de replantear el tema de la reeleccin indefinida.

En cuanto al chavismo, el referendo permiti el total afloramiento de una divisin entre autoritarios y demcratas o -si se quiere- entre radicales y moderados. Chvez puede intentar forzar el trnsito a una economa centralizada o poner paos fros al proceso de cambios para recuperar el apoyo de los sectores ms escpticos.

Chvez ya ha anunciado que emprender la rectificacin de los errores que provocaron su derrota electoral. Pero para recuperar los 3,5 millones de votantes que se abstuvieron deber esforzarse en un combate a fondo contra la corrupcin y avanzar en la estructuracin de una nueva burocracia. Es claro que ya no podr proponer otra reforma constitucional, pero s una Asamblea Constituyente que d a la transicin al socialismo la legitimidad y fuerza necesarias. Ello tendra que hacerlo en algn momento antes de la eleccin presidencial de 2012.

Podra quedarse all, y para los moderados sera bastante. Pero los radicales apuntan que tambin puede tensionar al mximo los espacios que le permite el marco constitucional y legal vigente. En este mbito se inscribe un resuelto impulso a la participacin popular a todos los niveles, garantizar el desarrollo de la reforma agraria, intervenir y aun nacionalizar los monopolios de la distribucin de bienes, someter al capital financiero (con expropiaciones si es necesario, dicen) para asegurar el crdito a los pequeos empresarios y la financiacin de los programas de vivienda popular.

Las similitudes entre Allende y Chvez no terminan en las tensiones intestinas de sus respectivas bases partidarias y de un proyecto de cambios insuficientemente digeridos por las respectivas sociedades. Tambin entonces como ahora ha quedado en claro que los liderazgos o los personalismos son condicin necesaria pero no suficiente para lograr que el colectivo social se empape de nuevos hbitos y conductas.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter