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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2007

Europa disminuida

Alberto Piris
La Estrella Digital


Por muchos tratados que los dirigentes europeos firmen solemnemente bajo las espectaculares bvedas de los viejos monasterios del continente como el manuelino del Belm lisboeta, una Europa cuyo brazo militar es articulado y controlado desde fuera de ella no deja de ser una Europa invlida, coja, disminuida.

Porque se trata de una Europa sin poltica comn de defensa, precisamente por haberla dejado en manos de la OTAN, que es lo mismo que en manos de EEUU. Y de su fiel escudero trasatlntico, el Reino Unido, cuya tradicin de seguir lo que se decide en Washington ya haba comprobado De Gaulle y ha confirmado, muchos aos despus, la participacin britnica en la invasin de Iraq, que fue causa de una grave divisin entre los miembros de la Unin Europea (UE).

Esto hace de la dudosa europeidad britnica un factor problemtico para el futuro de la UE, como ha vuelto a quedar de manifiesto en Lisboa la pasada semana, con la ostensible reticencia del primer ministro Brown a dejarse ver en la cumbre como uno ms de los veintisiete. Un miembro casi tan problemtico como ha sido y puede volver a serlo la Polonia de los pintorescos hermanos gemelos, felizmente en aparentes vas de retorno al sentido comn. Dos pases Inglaterra y Polonia, pero no los nicos, cuyas patentes de fidelidad y entusiasmo por la causa europea dejan bastante que desear, y cuyas vacilaciones tambin contribuyen a debilitar a la UE, tan empeada en acogerlos en su seno.

Por otra parte, es deprimente la idea de una alianza militar cuyo enemigo desaparece sin ms ni ms, como le ocurri a la OTAN al disolverse en 1991 el Pacto de Varsovia. Quiz no se haya reflexionado lo suficiente sobre este asunto entre los pueblos europeos. Desde entonces, igual que los seis personajes pirandellianos que salan en busca de un autor, los ncleos profundos de la OTAN estn tambin a la bsqueda de un enemigo, lo bastante universal para que impresione a todos y de magnitud adecuada para volver a cerrar filas con entusiasmo en torno a las hoy deslucidas banderas otnicas.

Ahora parece haber dos aspirantes destacados al puesto de enemigo de EEUU, de la OTAN y, por tanto, de enemigo oficial de Occidente: Irn y Rusia. El primero, el que ms ecos nocivos suscita hoy en los medios de comunicacin occidentales, representara al enemigo del siglo XXI, impredecible y con cierto aire extico; la segunda, que provoca una reaccin ms ambivalente en los citados medios, supone la sensacin de seguridad y comodidad de reencontrarse con un viejo conocido del que se saben sus hbitos y sus manas: hasta el nmero y situacin de sus misiles.

Pero conviene saber que poco o nada podra hacer la OTAN en el conflicto originado por el programa nuclear de Irn, al que se opone de plano Israel y, por tanto, tambin EEUU. La OTAN, como tal alianza, nunca atacar a Irn, porque para ello habra que alcanzar la unanimidad entre los aliados, lo que es hoy en todo punto imposible. La concertacin entre la UE, Rusia y China, que s sera capaz de reconducir este conflicto y frenar en cierto grado la proliferacin de armas nucleares en Oriente Medio, dejara a EEUU sin voz ni voto en tan crtica zona del mundo, lo que Washington no puede tolerar, a pesar de estar sufriendo la resaca del fracaso iraqu. Irn podr ser el enemigo necesario de EEUU y de Israel, pero la OTAN pierde el tiempo si pretende utilizarlo como tal.

Por otro lado, el rechazo de Putin al despliegue del escudo antimisiles estadounidense en territorio europeo se presenta en EEUU como si el gobierno de Mosc fuera un presunto aliado de Irn, y como si este pas estuviera ya listo para lanzar sus misiles sobre Europa, ante la pasividad o la anuencia rusas. Tan distorsionado anlisis prescinde del hecho de que Rusia tiene razones para considerar que el despliegue del citado escudo viola el Acta Fundacional OTAN-Rusia, firmada en 1997, y tambin varios procesos de desarme ya iniciados. Sea o no democrtica la poltica interior de Mosc, lo que aqu no viene a cuento, s es razonable entender que los dirigentes rusos reaccionen ante lo que estiman una provocacin y el quebrantamiento de acuerdos previamente alcanzados con Occidente.

Llegados a este punto es cuando hay que lamentarse de la debilidad de la UE para hacer escuchar su voz en el concierto internacional, con los argumentos suficientes y con el respaldo poltico y militar que sera necesario para ejercer una influencia positiva, todo ello a causa de esa disminuida condicin de que adolece y que aqu se comenta.

Militarizar, a travs de la OTAN, conflictos que no pueden resolverse mediante las armas y deben ser abordados por otros medios, es el principal peligro que comporta la bsqueda de enemigos para mantener con vida a la Alianza Atlntica. Europa, limitada y maniatada en su poltica de defensa, deber plantearse con seriedad nuevas vas para salir de situacin tan poco deseable y resolver este problema antes de que sea demasiado tarde.



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