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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2007

Ms all de la era del petrleo

Michael Klare
Argenpress

El profesor Klare, agudo analista de la geopoltica de los recursos naturales y crtico de los gobiernos de EEUU, esboza el panorama que se presenta al mundo, y en particular a EEUU, ante el inevitable fin de la era del petrleo tradicional, y barato




El pasado mayo, en una no proclamada y casi no percibida accin, el Departamento de Energa proclam un giro fundamental, casi de poca en la historia de EEUU y, en verdad, del mundo entero: nos estamos acercando al fin de la Era del Petrleo y entramos en la Era de la Insuficiencia. El departamento dej de hablar de 'crudo' (oil) en sus proyecciones sobre la disponibilidad futura de petrleo, y comenz a hablar de 'lquidos'. El departamento indic que la produccin global de 'lquidos' aumentara de 84 millones de barriles equivalentes de petrleo diarios (mboe en ingls, NdT) en 2005 hasta unos 117.7 mboe en el 2030 -apenas suficientes para satisfacer la demanda mundial, pronosticada en 117.6 mboe-.

Adems de sugerir el grado hasta el cual las empresas petroleras han dejado de ser meras suministradoras de petrleo y son ahora proveedoras de una amplia variedad de productos lquidos -incluyendo combustibles sintticos derivados de gas natural, maz, carbn y otras sustancias- este cambio sugiere algo ms fundamental: hemos entrado en una nueva era de competencia intensificada por la energa y de confianza creciente en el uso de la fuerza para proteger las fuentes de petrleo de ultramar.

Para apreciar la naturaleza del cambio, es til hurgar un poco ms a fondo en la curiosa terminologa del Departamento de Energa. 'Lquidos', explica el departamento en su Perspectiva Internacional de Energa (International Energy Outlook) de 2007, abarca `petrleo' convencional as como lquidos 'no-convencionales', notoriamente arenas bituminosas (bitumen), aceite de esquistos, biocombustibles, lquidos de carbn y lquidos de gas. Habiendo sido una vez un componente relativamente insignificante del negocio de la energa, estos combustibles han llegado a asumir mucha importancia ante la declinante produccin de petrleo convencional.

En realidad, el Departamento de Energa proyecta que la produccin de lquidos no-convencionales se cuadruplique, saltando de unos 2.4 mboe por da en 2005 a 10.5 mboe en 2030. Pero la historia real no es el crecimiento impresionante en los combustibles no-convencionales sino el estancamiento en la produccin de petrleo convencional. Mirado desde esta perspectiva, es difcil escapar a la conclusin que el cambio de 'oil' a 'lquidos' en la terminologa del departamento, es un no tan sutil intento de disfrazar el hecho de que la produccin mundial de petrleo est en, o cerca de, su capacidad pico, y que podemos esperar pronto una cada en la disponibilidad global de petrleo convencional.

El petrleo es, por supuesto, una sustancia finita, y los gelogos han avisado desde hace tiempo que terminar desapareciendo. La extraccin de petrleo, como la de otro recurso no renovable, seguir una curva parablica en el tiempo. La produccin crece rpidamente al principio y luego gradualmente se hace lenta hasta aproximadamente la mitad de la fuente original se haya agotado.; en este punto se llega a un pico en la produccin sustentable y la produccin empieza una declinacin irreversible hasta que se torna demasiado caro extraer lo poco que queda. La mayora de los gelogos creen que hemos ya alcanzado el punto medio en el agotamiento de la herencia original de petrleo en el mundo, y el nico debate real es sobre cuan cerca hemos llegado de ese punto, habiendo algunos expertos que pregonan que estamos ahora en el pico, mientras otros dicen que todava estamos a unos pocos aos o quiz a una dcada de llegar a l.

Hasta hace muy poco, los analistas del Departamento de Energa estaban firmemente en el campo de los optimistas furiosos que clamaban que el pico del petrleo estaba tan lejos en el futuro que no era preciso pensarlo mucho. Dejando de lado el aspecto cientfico del asunto, la promulgacin de esa visin tan rosa obviaba cualquier promocin de mejoras en la eficiencia del combustible para automotores o de urgir adelantos en el desarrollo de combustibles alternativos. Dada las prioridades de la Casa Blanca, no es de sorprenderse que esta visin prevaleciera en Washington.

Sin embargo, en slo los seis ltimos meses los signos de un inminente pico en la produccin de petrleo convencional han hecho imposible ignorarlos, aun a los conservadores analistas de la industria. Estos signos han venido, por un lado del mundo pacfico de las transacciones comerciales y fijacin de precios, y por otro del anlisis de los expertos internacionales en energa.

Lo ms dramtico quizs, haya sido el aumento espectacular de los precios del petrleo. El precio del crudo liviano, dulce, cruz la longeva barrera psicolgica de los U$S 80 por barril en el New York Mercantile Exchange (NYMEX) por primera vez en septiembre, y desde entonces ha crecido hasta U$S 90. Muchas razones han sido mencionadas para el aumento de los precios del crudo, incluyendo conmociones en la regin productora de petrleo del Delta en Nigeria, sabotajes en oleoductos en Mxico, aumento de la actividad de huracanes en el Golfo de Mxico y temores de ataques turcos a los santuarios de la guerrilla kurda. Pero la realidad subyacente es que la mayora de los pases productores de petrleo estn bombeando a mxima capacidad y encuentran difcil aumentar la produccin para enfrentar la creciente demanda internacional.

Aun una decisin de la Organizacin de Pases Exportadores de Petrleo (OPEP) de inflar la produccin en 500.000 barriles por da, no logr parar el impulso alcista de los precios. Preocupados porque un aumento excesivo de los costos del petrleo disparara una recesin mundial y redujera la demanda de sus productos, los pases de la OPEP acordaron, en una reunin en Viena el 11 de septiembre, aumentar su produccin conjunta. 'Pensamos que el mercado est un tanto alto' explic el ministro del petrleo kuwait, Mohammad al-Olaim. Pero la movida logr poco para calmar el aumento de los precios. Claramente, OPEP tendra que emprender un mucho mayor crecimiento de la produccin para alterar el entorno del mercado, y no est claro que sus miembros tengan la capacidad de hacerlo, ahora o en el futuro.

Un signo de alerta de otro tipo fue provisto por la decisin tomada por Kazajstn en agosto de 2007, de suspender el desarrollo de la regin petrolfera gigante de Kashagan, en su sector del Mar Caspio, iniciado en un principio por un consorcio de compaas occidentales a fines de los aos 90. Se dijo que Kashagan es el proyecto petrolfero ms promisorio desde el descubrimiento de petrleo en Prudhoe Bay, Alaska, a fines de los `60. Pero la empresa ha encontrado enormes problemas tcnicos y todava no ha producido un solo barril de petrleo. Frustrado por el fracaso de obtener algn beneficio econmico del proyecto, el gobierno kazajo ha argumentado riesgos ambientales y excesos de costos para justificar la suspensin de las operaciones y pedir mayor opinin sobre el proyecto.

Como el ascenso dramtico en los precios del petrleo, el episodio de Kashagan es una indicacin de las crecientes dificultades de la industria en su esfuerzo para impulsar la produccin para enfrentar el aumento de la demanda. 'Todas las compaas petroleras estn peleando para hacer crecer la produccin' Peter Hitchens, de Teather & Greenwood, dijo al Wall Street Journal en julio. 'Se torna ms y ms difcil llevar los proyectos en tiempo y dentro del presupuesto'.

Que esta debilidad de la industria no es un problema temporario sino el sntoma de una tendencia de largo plazo, fue confirmado por dos importantes estudios publicados el verano pasado por organizaciones conservadoras de la industria. El primero de estos fue publicado el 9 de julio por la Agencia Internacional de Energa (IEA), afiliada de la Organizacin para la Cooperacin y Desarrollo Econmicos, el club de las principales potencias industriales. Titulado 'Informe del mercado petrolero en el mediano plazo', es una evaluacin llana de la ecuacin global oferta-demanda en el perodo 2007-2012. La noticia no es buena.

Prediciendo que la actividad econmica mundial crecer en promedio el 4.5 % por ao durante este perodo -en gran parte impulsado por el crecimiento desenfrenado en China, India y el Medio Oriente- el informe concluye que la demanda global de petrleo aumentar un 2.2 % por ao, empujando el consumo mundial de, aproximadamente 86 millones de barriles por da (Mbd) en 2007, a 96 mbd en 2012. Con suerte y nuevas inversiones masivas, la industria petrolera ser capaz de aumentar la produccin suficientemente como para satisfacer -apenas- la demanda ms alta que se anticipa para 2012. Ms all de eso sin embargo, parece poco posible que la industria pueda sostener cualquier aumento en la demanda.'El petrleo parece estar muy justo en estos cinco aos' declar la agencia.

En la base de la conclusin general de este informe hay una cantidad de preocupaciones especficas. Lo ms notable es que seala una declinacin preocupante en el flujo de los campos ms antiguos en los pases no-OPEP, y la necesidad correspondiente de una mayor produccin de los pases OPEP, muchos de los cuales estn localizados en reas proclives a conflictos de Oriente Medio y Africa. Las cantidades involucradas conmueven. A primera vista parecera que sera una meta considerada razonable la necesidad de unos 10 Mbd extra entre 2007 y 2012, o sea 2 Mbd por da cada uno de los cinco aos. Pero eso no toma en cuenta que hoy da el mundo necesita unos 5 millones extra: 3 para compensar la declinacin en los pozos antiguos, ms 2 millones de demanda adicional. Este es un desafo intimidatorio y posiblemente inalcanzable, especialmente si se considera que casi todo el petrleo adicional tendr que provenir de Irn, Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Argelia, Angola, Libia, Nigeria, Sudn, Kazajstn y Venezuela, pases que no inspiran el tipo de confianza que se necesitar para verter centenares de miles de millones de dlares en nuevos trpanos, ductos y otras partes esenciales de infraestructura.

Causas similares de ansiedad pueden encontrarse en el segundo estudio principal publicado en el ltimo verano, 'Enfrentando las duras verdades acerca de la energa', preparado por el National Petroleum Council (NPC), una importante organizacin de la industria. Como se supone que presenta una visin 'equilibrada' del dilema de la energa nacional, el informe NPC fue ampliamente elogiado en Capitol Hill y en los medios; a su brillo se agregaba la identidad de su autor principal, el ex ejecutivo en jefe de ExxonMobil, Lee Raymond.

Al igual que el informe IEA, el estudio de NPC empieza proclamando que, con la combinacin correcta de polticas y mayor inversin, la industria es capaz de satisfacer la demanda de EEUU y del mundo de petrleo y gas natural. 'Afortunadamente el mundo no se est quedando sin recursos energticos' afirma el informe corajudamente. Pero los obstculos al desarrollo y distribucin de esos recursos abundan, de modo que se requiere urgentemente polticas y prcticas prudentes. Aunque 'no hay una nica y fcil solucin a los mltiples desafos que enfrentamos' los autores concluyen que 'confiamos que la rpida adopcin de estas estrategias' permitir a los Estados Unidos satisfacer sus necesidades de energa en el largo plazo.

Sin embargo, al leer ms profundamente el informe, surgen serias dudas. Aqu otra vez las preocupaciones surgen de las crecientes dificultades de extraer petrleo y gas de lugares poco favorables y de los riesgos geopolticos asociados con la creciente dependencia de proveedores inamistosos e inestables. De acuerdo a NPC (usando datos tomados de IEA), se estima que se necesitarn, en los prximos 25 aos, U$S 20 billones en nueva infraestructura para asegurar que estar disponible la energa suficiente para satisfacer la demanda mundial que se prev.

El informe afirma luego algo obvio: 'Ser necesario un clima de inversin estable y atractivo para atraer el capital adecuado para la evolucin y expansin de la infraestructura energtica'

Aqu es donde debera empezar cualquier observador astuto para alarmarse realmente, puesto que, como seala el informe, no es de esperar un clima as. A medida que el centro de gravedad de la produccin mundial de petrleo se desplaza definitivamente hacia los pases de la OPEP y los estados cuya produccin est centrada en lo estatal, como Rusia, el mercado llegar a ser dominado ms por los factores geopolticos que por los mercantiles.

'Estos corrimientos plantean profundas implicaciones para los intereses, estrategias y elaboracin de polticas de EEUU' afirma el estudio. 'Muchos de los cambios esperados podran elevar los riesgos de la seguridad energtica de EEUU, en un mundo donde es probable que la influencia de EEUU decline a medida que el poder econmico se desplaza a otras naciones. En los aos venideros, las amenazas a la seguridad de las principales fuentes mundiales de petrleo y gas natural pueden empeorar'.

Las implicaciones son obvias: los principales inversores no parece que vayan a expeler los billones de dlares necesarios para acrecentar sustancialmente la produccin en los aos venideros, lo que sugiere que la produccin global de petrleo convencional no alcanzar los elevados niveles predichos por el Departamento de Energa, sino que afrontarn pronto una declinacin irreversible.

Esta conclusin lleva a dos impulsos estratgicos obvios: primero, el gobierno buscar aliviar los escrpulos de los principales inversores en energa prometindoles proteger sus inversiones en ultramar por medio del despliegue de fuerzas militares estadounidenses; y segundo, la industria buscar contener su apuesta, desplazando una parte cada vez ms grande de sus fondos de inversin hacia el desarrollo de lquidos no-petrolferos.

El nuevo 'Consenso de Washington'

La necesidad de un rol militar vigoroso de EEUU en la proteccin de los activos energticos en el extranjero, ha sido un tema principal de la poltica exterior norteamericana desde 1945, cuando el presidente Roosevelt se encontr con el rey Abdul Aziz de Arabia Saudita y prometi proteger el reinado en reciprocidad por el acceso privilegiado al petrleo saudita.

En la ms famosa expresin de este lazo, el presidente Carter afirm en enero de 1980 que el flujo irrestricto de petrleo del Golfo Prsico est entre los intereses vitales del pas y que para proteger ese inters, los EEUU emplear 'cualquier medio necesario, inclusive la fuerza militar'. Este principio fue citado posteriormente por el presidente Reagan como la razn para 'reembanderar' los buques tanques kuwaites con la ensea norteamericana durante la guerra Irn-Irak de 1980-1988, y protegerlos con buques de guerra norteamericanos, una actitud que llev a espordicos choques con Irn. El mismo principio fue invocado subsecuentemente por George Bush como justificacin para la Guerra del Golfo en 1991.

Considerando estos hechos pasados, es importante reconocer que el uso de la fuerza militar para proteger el flujo de petrleo importado ha gozado generalmente de amplio apoyo bipartidario en Washington. Inicialmente la visin bipartidista estaba enfocada fundamentalmente en el rea del Golfo Prsico, pero desde 1990 se ha extendido tambin a otras reas. El presidente Clinton busc ansiosamente establecer estrechos lazos militares con los estados de Azerbaijn y Kazajstn del mar Caspio, luego de la ruptura de la URSS en 1991, mientras que G. W. Bush ha buscado vidamente aumentar la presencia de EEUU en las regiones productoras de petrleo de Africa, y llegando a favorecer el establecimiento de un Comando en Africa de EEUU (Africom) en febrero.

Uno podra imaginarse que la actual debacle en Irak sacudira este consenso, pero no hay evidencia que sea as. En realidad, parece que sucede lo contrario: temerosos, posiblemente de que el caos en Irak se extienda a otros pases de la regin del Golfo, las principales figuras de ambos partidos llaman a vigorizar el rol militar de EEUU en la proteccin del suministro de energa importada.

Quizs la expresin ms explcita de este consenso de lite es el informe de un grupo independiente, 'Consecuencias de la dependencia de EEUU del petrleo sobre la seguridad nacional', respaldado por muchos Demcratas y Republicanos prominentes. Fue publicado en octubre de 2006 por el bipartidario Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), encabezado conjuntamente por John Deutch, vicesecretario de defensa en la administracin Clinton, y James Schlesinger, secretario de defensa en las administraciones de Nixon y de Ford. El informe advierte sobre los crecientes peligros que se ciernen sobre el fluir seguro del petrleo importado. Concluyendo que slo los EEUU tienen la capacidad de proteger el comercio global del petrleo contra la amenaza de una obstruccin violenta, argumenta sobre la necesidad de una presencia militar fuerte de EEUU en las reas claves de produccin y en los senderos marinos que traen el petrleo extranjero a las playas norteamericanas.

La toma de conciencia sobre este nuevo 'Consenso de Washington' sobre la necesidad de proteger las fuentes externas de petrleo con tropas norteamericanas, ayuda a explicarse muchos desarrollos recientes en Washington. Lo que es ms relevante, echa luz sobre la posicin tomada por el presidente Bush al justificar su determinacin de retener una potente fuerza norteamericana en Irak, y sobre el por qu los Demcratas encuentran tan difcil oponerse a esa posicin.

Consideremos el discurso liminar sobre Irak del 13 de septiembre. 'Si nos sacaran de Irak' profetiz, 'se envalentonaran los extremistas de toda clase...Irn se beneficiara del caos y vera alentado en sus esfuerzos por obtener armas nucleares y dominar la regin. Los extremistas podran controlar una parte clave de la oferta energtica global' Y luego viene el golpe: 'Cualquiera sea el partido poltico al que pertenece o cualquiera sea su posicin acerca de Irak, deberamos poder coincidir en que Norteamrica tiene un inters vital en prevenir el caos y proveer esperanza en Medio Oriente'. En otras palabras, en Irak ya no se trata de democracia o armas de destruccin masiva o terrorismo, sino de mantener la estabilidad regional para asegurar el flujo seguro de petrleo y mantener estabilizada a la economa norteamericana; era casi como si estuviera hablando a la multitud bipartidaria que apoy el informe de CFR que citbamos.

Es muy claro que los Demcratas, o por lo menos los principales Demcratas, encuentran extraordinariamente difcil rebatir este argumento de plano. En marzo, por ejemplo, la senadora Hillary Clinton dijo al New York Times que Irak est 'justo en el centro de la regin petrolera' y por lo tanto 'se opone directamente a nuestros intereses' que se convierta en un estado fracasado o en un pen de Irn. Esto significa, continu, que ser necesario mantener indefinidamente algunas tropas de EEUU en Irak, para proveer apoyo logstico y entrenamiento a los militares iraques. El senador Barack Obama tambin ha hablado de la necesidad de mantener una presencia militar robusta en Irak y el rea circundante. As, mientras consideran adecuado el retiro de la mayora de las brigadas de combate de EEUU de Irak, ha abogado por 'una fuerza que pueda prevenir el caos en una amplia zona'.

Dada esta perspectiva, es muy duro para los Demcratas desafiar a Bush cuando dice que se necesita una presencia militar 'duradera' de EEUU o cambiar la actual poltica del Gobierno, bloqueando una retirada militar importante o algn otro hecho imprevisto. Del mismo modo, ser difcil para los Demcratas evitar un ataque norteamericano a Irn si se puede presentarlo como un paso necesario para prevenir que Irn amenace en el largo plazo la seguridad del suministro de petrleo en el Golfo Prsico.

Tampoco podemos anticipar un cambio dramtico en la poltica de EEUU en la regin del Golfo por parte del nuevo gobierno, ya sea Demcrata o Republicano. Si algo cambiara, podemos esperar un aumento del uso de la fuerza militar para proteger el flujo transocenico del petrleo, a medida que el nivel de amenaza aumenta junto con la necesidad de nuevas inversiones para prevenir reducciones aun mayores en el suministro global.

La carrera hacia los lquidos alternativos

Aunque estn decididos a seguir expandiendo el suministro de petrleo convencional el mayor tiempo posible, los funcionarios del gobierno y la industria son conscientes que en algn punto estos esfuerzos se harn progresivamente ms ineficaces. Tambin saben que la presin pblica para reducir las emisiones de dixido de carbono -apaciguando la acumulacin de gases de efecto invernadero que ocasionan el cambio climtico- y evitar exponerse a un conflicto en Medio Oriente, aumentar en los prximos aos. En consonancia, estn poniendo mayor nfasis en el desarrollo de alternativas al petrleo que se consigan en el pas o en el vecino Canad.

Este nuevo nfasis recibi por primera vez atencin en el ltimo Discurso a la Nacin de Bush. Remarcando la independencia energtica y la necesidad de modernizar las normas de economizacin de los combustibles, el presidente anunci un ambicioso plan para aumentar la produccin domstica de etanol y otros biocombustibles. El Gobierno parece favorecer diversos tipos de alternativas al petrleo: el etanol producido en hornos con maz, un tipo de mijo u otros productos no alimenticios (etanol celulsico); diesel derivado en gran medida de poroto de soja (biodiesel); y lquidos derivados de carbn (carbn-a-lquido), gas natural (gas-a-lquido) y petrleo de esquistos. Todos estos mtodos estn siendo probados en laboratorios de universidades y plantas de escala reducida, y se aplicarn a instalaciones ms grandes -en escala comercial- en los prximos aos con la ayuda de varias agencias gubernamentales.

En febrero, por ejemplo, el Departamento de Energa anunci subsidios por un total de U$S 385 millones para la construccin de seis plantas piloto para fabricar etanol celulsico que, cuando se terminen en 2012, producirn ms de 130 millones de galones de etanol celulsico por ao. (EEUU produce ya grandes cantidades de etanol cocinando y fermentando mazorcas de maz, un proceso que consume grandes cantidades de energa y malgastan una valiosa materia alimenticia, para suplantar slo una pequea parte de nuestro consumo de petrleo; las plantas celulsicas propuestas usaran biomasa no comestible como materia prima y consumiran mucha menos energa).

Igualmente ansiosas por desarrollar alternativas al petrleo estn las grandes compaas energticas; todas ellas han instalado laboratorios o divisiones para explorar las futuras opciones energticas. La BP ha estado particularmente agresiva; en 2005 estableci la BP Energa Alternativa y apart U$S 8000 millones para este propsito. En febrero pasado, en un nuevo giro, anunci un subsidio de U$S 500 millones -posiblemente el ms grande de su tipo en la historia- a la Universidad de California, Berkeley, a la Universidad de Illinois y al Laboratorio Nacional Lawrence de Berkeley, para fundar un Instituto de Biociencias de la Energa con el fin de desarrollar biocombustibles. BP dijo que se espera que el instituto 'explore la aplicacin de la biociencia'... (para) ...' la produccin de energa nueva ms limpia, principalmente combustibles para el transporte terrestre'.

Casi todas las grandes compaas petroleras apuestan fuerte a las arenas bituminosas de Canad -una sustancia viscosa, que se encuentra en la provincia de Alberta de Canad, que puede convertirse en petrleo sinttico- pero slo con enorme esfuerzo y gasto. De acuerdo con el Departamento de Energa, la produccin de betn canadiense aumentar de 1.1 millones de barriles equivalentes de petrleo (mboe) en 2005 a 3.6 mboe en 2030, un aumento que, se espera, ser encaminado en gran parte a los EEUU. Esperando facturar de esta bonanza, las corporaciones gigantescas como Chevron se apresuran a comprar licencias en los campos bituminosos del norte de Alberta.

Pero siendo atractivo desde una perspectiva geopoltica, la extraccin de las arenas bituminosas de Canad es ambientalmente destructiva. Requiere vastas cantidades de energa para recuperar el betn y convertirlo en un lquido til, liberando tres veces ms gases de efecto invernadero que el petrleo convencional; el proceso resultante intoxica las fuentes de agua y deja un desolado paisaje lunar para el maana. Aunque rara vez figura en la prensa de EEUU, est creciendo en Canad la oposicin al dao ambiental que desataran estas operaciones monumentales.

Los factores ambientales tambin se destacan ampliamente en otra fuente potencial de lquidos codiciada por las empresas de energa de EEUU, con fuerte apoyo gubernamental: el petrleo de esquistos, lquidos petrolferos extrados de roca inmadura que se encuentra en la cuenca del ro Green en el oeste de Colorado, el este de Utah y sur de Wyoming. Los gelogos del gobierno afirman que los esquistos en EEUU contienen el equivalente de 2.1 billones de barriles de petrleo- la misma cantidad que el stock original de petrleo en el mundo. Sin embargo, el nico medio de recobrar este tesoro proclamado es destripar una vasta rea virgen y calentar la roca a 500 grados generando, en el proceso, montaas de material de desecho. Tambin aqu, se ha generado una creciente oposicin al asalto masivamente destructivo del ambiente. Sin embargo, Shell Oil ha establecido una planta piloto en el condado Ro Blanco, del oeste de Colorado, con fuerte apoyo del Gobierno Bush.

La vida despus del pico

Tenemos ahora un retrato de la situacin energtica global despus del pico del petrleo convencional, con tropas corriendo de una zona caliente productora de petrleo a otra, y una parte creciente de nuestro combustible para transporte terrestre provista por lquidos no petrolferos de un tipo u otro. No se puede prever con precisin qu forma exacta tomar la futura ecuacin de energa, pero es obvio que el arduo proceso marcar los debates de la poltica norteamericana, interna e internacional, por un largo perodo.

Como lo sugiere esta breve evaluacin, el paso del pico del petrleo tendr consecuencias profundas y duraderas para este pas, de no fcil solucin. Encarando este futuro debemos, sobre todo, desechar las respuestas simples, tales como la 'independencia' energtica basada en el pillaje de las reas vrgenes remanentes en Norteamrica o la falsa promesa del etanol basado en maz (que puede proveer slo una nfima fraccin de los requerimientos de nuestro transporte). Por sobre todo est claro que muchos de los combustibles alternativos propuestos por el Gobierno Bush plantean daos significativos por s, y deben ser examinados cuidadosamente antes de comprometer grandes cantidades de fondos pblicos para su desarrollo. El camino ms seguro y ms moralmente defendible es repudiar cualquier 'consenso' que reclame el uso de la fuerza para proteger las fuentes del petrleo de ultramar, y esforzarse por conservar lo que queda del petrleo mundial, reduciendo su consumo.

Michael Klare es Profesor estadounidense, especialista en temas de defensa, autor de los libros 'Guerra por los Recursos' y 'Sangre y petrleo'


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