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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2007

Ms sobre la polmica en torno a un artculo de Martnez Llaneza
Doctrinarios y barcos a la deriva

Ricardo Rodrguez
Rebelin


 

 

 

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A lo largo de estas semanas he seguido con creciente inters la polmica desarrollada en Rebelin a raz de que se publicara una crtica de Manuel Martnez Llaneza a la obra de Ted Grant y Alan Woods Razn y revolucin. En la polmica han participado Flix Monasterio-Huelin Maci y Salvador Lpez Arnal, uno para discrepar y otro para defender las opiniones de Martnez Llaneza, quien volvi a intervenir con un nuevo texto de respuesta.

Me haba conformado con ser testigo de la disputa, intentando aprender lo que me fuese posible de quienes saben mucho ms que yo. Pero la lectura del ltimo artculo de Monasterio-Huelin, Entre barcos a la deriva, una deriva entre barcos. Reivindicacin de la sntesis (tendran que concederle algn tipo de premio por el ttulo), me convenci de que quiz yo tambin podra decir algo de inters acerca de los asuntos sobre los que se debata. Aunque igual no alcanzo a lograrlo, ya que jams he sido campen de vallas como l, y eso marca.

Tuve la oportunidad de leer la obra de Ted Grant y Alan Woods hace ya unos aos, y goc del inmenso privilegio de conocer personalmente al primero de los dos autores antes de su muerte, en 1997, cuando le acompa en una de las presentaciones en Espaa de su libro Rusia. De la revolucin a la contrarrevolucin. En mi casa guardo un ejemplar con una emocionada dedicatoria de su puo y letra y en la memoria un recuerdo lleno de cario por su asombrosa inteligencia y por su tenacidad. Siento una profunda gratitud tanto hacia Ted Grant como hacia Alan Woods por su trayectoria personal de insobornable entrega en favor de los ideales de la revolucin socialista, aunque no concuerde en ocasiones con sus opiniones. He ledo con placer infinidad de trabajos suyos, y me parece admirable la ms reciente lucha de Alan Woods en defensa de la revolucin bolivariana, en Venezuela. Me alegra, adems, que Martnez Llaneza comparta conmigo ese respeto por ellos.

Ahora bien, el respeto y la admiracin jams requieren el acuerdo absoluto e incondicional con cuanto manifieste aquel a quien se respeta o admira. Y cuando finalic la lectura de Razn y revolucin llegu a conclusiones muy similares a las expresadas por Martnez Llaneza en su escrito. Puede que mi opinin sobre la obra sea incluso ms negativa. Me pareci errada la misma orientacin que la animaba de juzgar la portentosa masa de conocimientos cientficos acumulados hasta nuestro tiempo por la humanidad a la luz de una teora general y abstracta que, utilizada como suprema falsilla, fuese dando razn de la verdad o falsedad de cualquier proposicin, versara sta sobre la teora de la evolucin o el movimiento de los planetas. Hace ya mucho tiempo, afortunadamente, que no existe ninguna Biblia a la que se reconozca el poder de ofrecer una explicacin acabada de la totalidad del universo y a cuya sombra deban quedar cuantas ramas del conocimiento se desarrollen; ni Biblia, ni fe, ni tampoco metafsica. La conquista de una sociedad laica requiri de una lucha dura, pero fructfera. Una lucha en la que los cientficos, por cierto, acostumbraban a ser los quemados, en el sentido ms literal de la palabra, y nunca los que quemaban. Los intentos de la ortodoxia oficial sovitica de convertir una caricatura del marxismo que denominaron diamat en nueva gran partera se saldaron con el fracaso ms estrepitoso y con una bochornosa mediocridad intelectual. Que una tal forma de entender el marxismo pueda ser estimada como antdoto contra el dogmatismo, como lo hace Monasterio-Huelin, supone una vertiginosa vuelta del revs de la realidad que en gran medida escapa a mi comprensin, por ms que l la disfrace con un farragoso alarde de erudicin.

No me cabe la menor duda de que jams fue intencin de los autores de Razn y revolucin edificar una nueva Biblia, ni siquiera una metafsica general y omnmoda. La posicin ideolgica de ambos se halla felizmente muy lejos de ambas pretensiones. Es ms, no desconocan la deformacin estalinista del marxismo; incluso le dedican un epgrafe, y ello hace ms chocante an que en el conjunto de su libro reproduzcan el esquematismo escolstico de Politzer y Afanasiev. Sucede que, a mi juicio, operaron como si dijramos al revs. Pudieron intentar urdir una concepcin general marxista de la ciencia, lo que con toda seguridad les hubiese permitido dar con formulaciones provechosas y sugerentes de haber seguido el consejo de Martnez Llaneza de profundizar en el estudio de la produccin social de las ciencias. En lugar de ello, quisieron, partiendo de un mtodo presuntamente superior, dar cuenta de los resultados concretos y de teoras particulares de la fsica, las matemticas o la biologa. se es, creo yo, su fundamental error de enfoque, que necesariamente haba de desembocar en multitud de errores especficos. Por ello era pertinente que stos, al menos a ttulo de ejemplo, fuesen sealados.

 

Lo cierto, en cualquier caso, es que, por falta de tiempo y de capacidad para ello, nunca me tom el trabajo de responder a Alan Woods y Ted Grant. Por eso me alegr que alguien con mejor conocimiento de la ciencia que yo como Martnez Llaneza lo hiciese, y ms que lo hiciera con tanto rigor como sencillez, porque complicar innecesariamente la exposicin de ideas es un vicio demasiado extendido en la actualidad entre ciertos autores, stos s, academicistas hasta el vmito.

Martnez Llaneza escogi la parte de Razn y revolucin dedicada a las matemticas como ejemplo ilustrativo de la forma en que los autores tratan la ciencia. Al sacar a relucir un sinnmero de errores elementales en la exposicin de Ted Grant y Alan Woods quedaba claro que el recurso a un saber pretendidamente situado por encima de todas las ciencias particulares, o ciencia de las ciencias, o mtodo general, para dilucidar la correccin o no de postulados de una ciencia especfica, de la que se ignoran hasta sus rudimentos, lleva a escribir un montn de disparates. Es decir que para poder emitir un juicio fundamentado, acertado o no, sobre matemticas lo primero que se hace necesario es saber algo de matemticas. Parece cosa difcil de discutir, pero el hecho de que tanto Sokal y Bricmont, como Martnez Llaneza y Lpez Arnal o autores de la talla de Mario Bunge, se vean obligados a insistir en ello una y otra vez debe llevarnos a concluir que todava abundan quienes estn convencidos de la existencia de sabiduras trascendentales, aptas para decidir sobre lo divino y lo humano sin necesidad de descender al tedioso estudio de aquello sobre lo que se pontifica. Despus de todo, si tenemos catecismo, para qu las molestias?

Sea como fuere, ninguno de los antes mencionados ha sacado nunca a relucir su ttulo universitario. Bien es verdad que tampoco lo hicieron Ted Grant y Alan Woods. El nico que parece patolgicamente obsesionado con los ttulos es Monasterio-Huelin, habida cuenta de que no para de hablar de ellos, terminando su ltimo artculo con la enigmtica revelacin de que dispone de unos cuantos, pero que va a ser tan elegante de no restregrnoslos por la cara. l sabr el porqu de esa mana. Los dems se limitan a hablar de conocimiento, que nunca ha sido lo mismo que tener un ttulo, como cualquiera que sepa un poco del estado de nuestras universidades podr sospechar.

 

 

 

2

 

La verdad es que la defensa que lleva a cabo Monasterio-Huelin de Razn y revolucin produce cierta perplejidad. Reconoce que los numerosos errores sealados por Martnez Llaneza son tales, pero tampoco le preocupa mucho la correccin de lo que llama el mtodo clsico del materialismo dialctico. Si se erige en valedor de la legitimidad de ste -que nadie haba puesto en duda, dicho sea de paso-, es porque se le antoja una herramienta ms de resistencia frente al atroz totalitarismo de la ciencia que segn l nos abruma. Una herramienta ms, que va colocando en la misma trinchera que la filosofa Zen, el taosmo, la cabalstica, el eterno retorno de Nietzsche, el pensamiento de Bergson y no s cuntas cosas ms. Para mi gusto le ha faltado mencionar el libro de los Vedas, el Ramayana, el Avesta o libro sagrado de los seguidores de Zoroastro y, por supuesto, el Antiguo Testamento y El genio del cristianismo del vizconde de Chateaubriand. As la tropa habra estado ms completa. Aunque, desde luego, a Alan Woods le podra espantar que le adjudicasen semejantes compaas, dado que, a fin de cuentas, es un marxista.

El siguiente peldao que Monasterio-Huelin se ve obligado a ascender en su cruzada es el de identificar a Martnez Llaneza como totalitario de la ciencia (o academicista, dogmtico o doctrinario, segn la ocasin). Es preciso que se le desenmascare como amenaza a la libertad de pensamiento, de la que Monasterio-Huelin aspira a ser ardiente cruzado, para que se justifique un refrito tan indigesto de filosofas, pseudofilosofas, religiones y supersticiones variadas, todas unidas frente al horrible enemigo comn. Pero como en el trabajo de Martnez Llaneza no hay ni una sola frase que permita deducir que su autor sostiene una concepcin dogmtica o totalitaria de la ciencia, sino todo lo contrario, nuestro hroe tiene que recurrir a los juicios de intenciones y la burda tergiversacin de las palabras, cuando no a la simple invencin. As lo hace al afirmar que Martnez Llaneza, en el ms puro academicismo cartesiano, propugna la separacin de las diferentes disciplinas y sus modalidades... en ctedras y revistas especializadas, lo que le reprocha el cruzado de la libertad como el colmo del dogmatismo. Martnez Llaneza no dice tal cosa en ningn lugar, pero Monasterio-Huelin se lo atribuye y asunto concluido.

Otras veces oculta tramposamente los fragmentos del texto a criticar que no le interesan. En su segundo escrito, por ejemplo, reproduce la frase en la que Martnez Llaneza dice: ese mtodo me trae al fresco. Y de inmediato y entre parntesis nos aclara que se refiere al mtodo del materialismo dialctico. Pues no, seor Monasterio. Antes del punto y seguido, aunque usted no se haya tomado la molestia de copiar tambin esta parte (por qu ser?), se le explica que a lo que se refiere es a un... mtodo que no slo no garantiza sus resultados, sino que no tiene la menor relacin (siquiera dialctica) con ellos. Que este mtodo sea el materialismo dialctico lo dice usted, no Martnez Llaneza. Para l (y para m) no es ms que una burda parodia del marxismo (o del materialismo dialctico, si lo prefiere). Y no somos muy originales, no crea. Antes, mucho antes que nosotros, en una carta dirigida en enero de 1868 a Engels, ridiculiz Marx sin piedad las rgidas tricotomas de tesis, anttesis y sntesis tan del gusto de Stein, que al autor de El Capital se le antojaba irrisorio que se pudieran confundir con la dialctica materialista. En 1918, en su breve esbozo sobre la vida y la obra de Marx escrito para el Diccionario Enciclopdico Granat, recoga Lenin la misma burla. Ser que Marx, Engels y Lenin rechazaban el mtodo del materialismo dialctico, sin dar ninguna explicacin, y lamentablemente no se encontraba all Monasterio-Huelin para sacarles los colores.

Pero ya veremos cmo, no slo a Martnez Llaneza, sino tambin a Engels lo lee Monasterio-Huelin de una manera muy particular, o mejor dicho, saltndose de una manera muy particular las pginas.

Antes, hagamos una pequea observacin. Monasterio-Huelin tiene perfecto derecho a hacer una lectura tan descentrada como quiera de los textos que aborda, sin aceptar centrarse en lo que el autor le imponga como centro ... como en una elipse, o una elipsis (cunta pedantera para decir que interpreta lo que le parece bien y responde acerca de lo que le da la real gana, como es natural y saludable que haga!). A lo que no tiene ningn derecho es a exigir al autor un pronunciamiento expreso sobre toda una serie de principios esenciales de su visin del cosmos so pena de ser reo de totalitarismo o academicismo por omisin en caso contrario. Descntrese l si quiere, pero no obligue a los dems a descentrarse con l. Martnez Llaneza le vino a aclarar su opinin sobre determinadas cuestiones por pura cortesa en su contestacin. Pero no estaba obligado ni moral ni intelectualmente a hacerlo. Si la crtica de Razn y revolucin seala algunos errores matemticos gruesos ya tiene un valor en s misma, aunque a Monasterio-Huelin esos errores le importen tan poco como piensa que a otros les importa el materialismo dialctico. Si adems ese sealamiento de errores apunta a un enfoque equivocado en la forma de aproximarse al conocimiento cientfico entra en un debate de enorme trascendencia. Pero un debate naturalmente acotado, en el que podran avanzar contrastando ideas los autores de Razn y revolucin y Martnez Llaneza, siempre y cuando para acometerlo no se le exigiera a nadie una declaracin jurada sobre todos y cada uno de los principios que sostienen su concepcin del universo. Porque este requerimiento, que es el que hace Monasterio-Huelin, s que es totalitario. Y lo es en el preciso sentido de basarse en la idea absurda de que no es posible tratar de ninguna materia del conocimiento humano sin antes haber tomado posicin acerca de su totalidad, y a veces en la idea ms absurda todava de que tan descabellada condicin se infiere de alguna forma de pensamiento dialctico. En este preciso sentido, Monasterio-Huelin s que se comporta como un totalitario.

Martnez Llaneza no necesita explicar su concepcin completa del marxismo para criticar a quienes pretenden decidir sobre teoras matemticas recurriendo a un presunto mtodo tan superior como ajeno a las propias matemticas. Me consta que tiene una opinin formada a lo largo de aos de lecturas y militancia poltica en la izquierda sobre el marxismo, pero no era un tratado sobre marxismo lo que pretendi escribir, como resulta obvio. Tampoco est diciendo que la ideologa no tenga relacin alguna con la ciencia, y nada le obliga a desarrollar una teora acabada sobre las relaciones entre ciencia e ideologa, aunque con seguridad fuese capaz de acometer tal tarea y algunas ideas apunte en su texto al respecto, para asegurar algo tan elemental como que ser comunista o ser neoliberal no determina la manera en que uno resuelva ecuaciones. El aforisma de Monasterio-Huelin segn el cual si se defienden ciertas teoras (cientficas) a su vez se estn defendiendo ciertos conceptos filosficos no es una simplificacin, pero s es una simpleza. Pues unas veces s y otras veces no; las teoras cientficas no determinan mecnica y unvocamente posiciones ni conceptos filosficos, ni tampoco polticos. Y lo mismo sucede con cualquier otro mbito de la existencia. Por eso, siendo verdad que los primeros futuristas italianos militaron en el fascismo, como se nos recuerda, tambin lo es que otros fascistas no comulgaban con la esttica de Marinetti, y adems lo es que Maiakovski, que era bolchevique, escribi multitud de poemas de notable inspiracin futurista. Una teora cientfica no lleva del rabo una filosofa y a su vez una posicin poltica y una expresin artstica, ni siquiera en el caso de que el rabo y la cabeza fueran intercambiables. Afortunadamente, porque as podr seguir siendo comunista y disfrutando de la gigantesca obra literaria de un reaccionario como Dostoievski. O sea que las cosas son algo ms complicadas que como Monasterio se las imagina, aunque no tan complicadas como las expone.

 

3

 

La primera ocasin en que Monasterio-Huelin tiene a bien explicarnos qu entiende l por ese tan trado y tan llevado mtodo del materialismo dialctico citando a los clsicos, descubrimos dos sorprendentes secretos acerca de l. El primero, que ya habamos anunciado, es que lee a saltos, sin que tengamos claro si por aquello del salto cualitativo de Engels, que no es totalitario, y constituye la base del susodicho. El segundo secreto es que no conoce el prlogo del Anti-Dhring de Manuel Sacristn, porque solamente as se entiende que se enfade con Martnez Llaneza por su perversa mana de rechazar el mtodo, a pesar de la referencia al prlogo... . Ese a pesar de sugiere que la exposicin de Martnez Llaneza es contradictoria con el texto de Sacristn, aunque se refiera a l, digamos que para cubrirse las espaldas. Pero resulta que si Monasterio leyera el tal prlogo hallara, para su desdicha, que tambin Manuel Sacristn rechaza el mtodo sin dar ninguna explicacin.

Veamos. Se pregunta Monasterio-Huelin: Qu dice Engels en el Anti-Dhring?. Y a continuacin cita, a su manera: Se hace (Engels) la pregunta (p. 144): Qu papel juega, pues, en Marx, la negacin de la negacin? Tras un par de pginas Engels concluye: Marx contina... La negacin de la produccin capitalista se engendra por s misma, con la necesidad de un proceso natural: es la negacin de la negacin.

Hasta aqu la manera de citar de Monasterio. Luego se embarca en un par de metforas, una suya sobre los granos de arena y otra de Engels sobre los granos de las plantas, para hacernos ms comprensible lo que es el materialismo dialctico. Algo dir tambin al respecto.

Como yo dispongo de la misma traduccin que l del Anti-Dhring, la de Edicions Avant, puedo seguirle con cierta facilidad. La clave est en por qu se salta dos pginas Monasterio, qu hay en esas dos pginas y, ms importante, por qu tras saltarse dos pginas se come el principio de la frase en que reanuda la cita. Qu hay en las dos pginas? Un resumen muy escueto de Engels de la parte de El Capital en que Marx expone el proceso de acumulacin primitiva. En tal exposicin, insiste Engels, Marx a su vez sintetiza el resultado final de ms de medio centenar de pginas de investigaciones econmicas e histricas. Cmo reza la frase completa de la que Monasterio se come el principio? A saber: nicamente despus de haber terminado con su prueba histrica y econmica, Marx contina...

Los olvidos al citar de Monasterio pueden llevar al lector poco avisado a atribuir a Engels la idea de que existe una ley general y universal de la dialctica que puede aplicarse a diferentes realidades (por ejemplo, al proceso de acumulacin primitiva de capital) para descubrir su concreto desarrollo. La intencin de Monasterio es cabalmente que pensemos eso, para que tambin nos convenzamos de que si negamos que haya semejantes leyes se nos puede imputar que rechazamos el materialismo dialctico sin dar ninguna explicacin. Pero resulta que Engels dice precisamente lo contrario, esto es, que slo es posible alcanzar un conocimiento del proceso de acumulacin primitiva por medio de la investigacin concreta del desarrollo econmico e histrico de una sociedad determinada, o el anlisis concreto de la realidad concreta, que constituye, en expresin de Lenin, el alma del marxismo.

Y era natural que Engels insistiera en este punto, porque el epgrafe en el que se contienen estas palabras est dedicado a contestar a la aseveracin de Eugen Dhring de que Marx emplea la negacin de la negacin como ley general de la que extrae la explicacin del nacimiento del capitalismo. Pues no, le responde Engels, lo que hace Marx es estudiar el proceso concreto de nacimiento del capitalismo, en este caso de la acumulacin primitiva, sin recurrir a ninguna ley general de la dialctica, y nicamente despus afirma que se corresponde con una forma general de movimiento dialctico. Ninguna ley situada por encima de la realidad concreta puede ser aplicada a sta en ningn sentido para desvelarla. Los mtodos para entender la acumulacin primitiva son los de la historia y la economa, como son los de la fsica nuclear los que se precisan para estudiar las partculas elementales. Y el problema de Monasterio es que lee a Engels tan mal como Dhring lea a Marx (no vamos a aadir que desde la ms supina ignorancia de lo que es el marxismo, como l osa decir de Sokal y Bricmont aludiendo a la filosofa, pero el lector podr sacar sus propias conclusiones).

Y diremos ms. Toda la obra, el Anti-Dhring entero, es un texto polmico compuesto por Engels para desmontar la estpida y perniciosa pretensin de Eugen Dhring de haber erigido un sistema abarcador de la totalidad de los campos del conocimiento humano y que present en sociedad por medio de un libro titulado pomposamente Curso de filosofa como visin del mundo y configuracin de la vida rigurosamente cientficas (1875). En los diferentes prlogos que redact, el mismo Engels se encarg de advertir que l no pretenda responder al sistema de Dhring con otro sistema, pero que al criticar una obra que aspiraba a hablar con autoridad sobre todas las ramas del conocimiento se vio obligado a exponer sus propias ideas en campos acerca de los cuales ni l ni Marx haban reflexionado lo suficiente. Bien es cierto que tambin encuentra en esta circunstancia una oportunidad de desarrollar la visin marxista en terrenos hasta entonces por ella inexplorados. Pero justamente por esto, de una forma abierta, an claramente inmadura y sujeta a errores.

Las razones por las que un texto polmico pas a interpretarse de forma dominante como una especie de sistematizacin del materialismo dialctico, lo que expresamente no era segn confesin del propio autor, han sido prolijamente analizadas por multitud de escritores. Una explicacin escueta pero esclarecedora est en el artculo de Francisco Fernndez Buey De la polmica al sistema, publicado en el volumen colectivo Engels y el marxismo, que edit la Fundacin de Investigaciones Marxistas en 1998. Una suerte muy similar corri despus la obra de Lenin Materialismo y empiriocriticismo, con menos justificacin si cabe en la fuente. Ni a Engels ni a Lenin, y fuesen cuales fueren sus errores concretos, se les puede culpar porque un nutrido nmero de sus epgonos leyeran ambos libros, que haban sido escritos al calor de las disputas polticas concretas, como acabados manuales de marxismo sin fisuras ni vacos. Esta equivocada lectura, que en tiempos anduvo muy extendida, es la que a mi juicio conduce bsicamente al error de enfoque de Ted Grant y Alan Woods, quienes, no obstante, y dgase esto en su honor por encima del de Monasterio, por lo menos no manipulan las citas de Engels.

Pero tampoco podemos obcecarnos hasta el punto de negar que en el mismo libro de Engels se deslizan ciertos excesos especulativos. Quienes pasamos por dogmticos ante los ojos de Monasterio-Huelin no creemos que para ser marxista sea imprescindible una aceptacin ciega y exenta de crtica de todas y cada una de las palabras pronunciadas por los padres fundadores. Consideramos que, como seres humanos que eran, tanto Marx como Engels pudieron cometer errores. Y en este caso concreto, adems, son comprensibles atendiendo al entorno en que se escribe el Anti-Dhring y al propio estado de desarrollo del pensamiento marxista. Y es que el marxismo se forma impugnando el idealismo hegeliano, pero, a falta de otras herramientas para ir ampliando su propia concepcin del mundo, sus fundadores continuaron empleando determinadas categoras hegelianas incluso en sus obras de madurez. Ocasionalmente, como en el Anti-Dhring, Hegel penetra en el discurso, no solamente por aquel meollo de la dialctica entendida como anlisis de la realidad concreta que el marxismo conserva expresamente, sino tambin por medio de categoras que los mismos Marx y Engels haban desechado por idealistas. Eso lleva a este ltimo a enredarse, en otro lugar del epgrafe que citaba Monasterio-Huelin, con ejemplos matemticos mal escogidos y deficientemente entendidos, y en ste y otros fragmentos, a tratar de cuadrar forzadamente con principios de la vieja Naturphilosophie cuestiones particulares de la ciencia positiva. Lo cual adems es contradictorio con el corazn de la obra engelsiana, con la parte esencial de lo que ahora vamos a llamar nosotros materialismo dialctico.

El error de Engels no hubiese revestido mucha gravedad si no le hubiese sucedido una poderosa corriente marxista, tanto en la socialdemocracia como en el comunismo, que lo encaram en el altar de las verdades reveladas, en tanto definicin por antonomasia de la dialctica materialista. Lo que por otro lado abri un flanco de fcil ataque para reaccionarios como Karl Popper. En otras palabras: Engels hizo lo que pudo en su tiempo con el grado de desarrollo cultural y cientfico entonces alcanzado. Y fue mucho, desde luego. La empresa por l esbozada igual en el Anti-Dhring que en La dialctica de la naturaleza era de gran importancia, como Marx y l intuyeron. Pero era una tarea conscientemente exploratoria, con aciertos y desaciertos, que un movimiento marxista creador debera y an debe- continuar sin enquistarse en dogmas que Marx y Engels jams expusieron como tales. Y ms cuando, como advierte Manuel Sacristn, hoy no tenemos por qu sujetarnos a servidumbres hegelianas que en la poca de madurez de los autores del Manifiesto comunista eran con seguridad difcilmente sorteables para reaccionar con coherencia frente al positivismo hegemnico. Tendremos otras, que ya nos recuerda Monasterio-Huelin que an no se ha dicho (ni se dir, aado) la ltima palabra, constatacin bsica con la que por supuesto estamos de acuerdo si no sirve de excusa para el estancamiento.

Dejadas de lado las leyes supremas de la dialctica, el ncleo de lo que Engels pretende decirnos y de lo que puede entenderse como fundamento del materialismo dialctico est en efecto excelentemente expuesto en el prlogo de Manuel Sacristn. A l me remito, como hizo Martnez Llaneza, sin intentar resumir la que es una exposicin breve pero brillante del marxismo que sintetizada por m acabara necesariamente empobrecida. De esta forma, adems, confo en estimular a Monasterio-Huelin para que se d estas Navidades, en Noche Buena si lo prefiere, el placer de leerlo. No figura en su versin de Edicions Avant del Anti-Dhring, sino en la de Grijalbo de 1964 (Mxico D.F.). Pero tambin puede encontrarlo en varios lugares de Internet. Entre otros, en http://archivo.juventudes.org/textos/Manuel%20Sacristan/Sobre%20el%20Anti-Duhring.pdf.

No me resisto sin embargo a recoger alguna idea, simplemente para que Monasterio-Huelin entienda por qu Martnez Llaneza alude a la expresin de Lenin del anlisis concreto de la realidad concreta y al prlogo de Sacristn para dar cuenta de su posicin acerca del materialismo dialctico y, de forma ms especfica, de la relacin de ste con la ciencia y por qu ambas alusiones le deberan haber bastado.

Para empezar, Sacristn no tiene mucho que decir acerca de la negacin de la negacin y acerca de la metfora del grano de Engels (y nada, lgicamente, sobre la nueva metfora inventada por Monasterio). Pero lo poco que dice es claro: El conocido y desgraciado ejemplo del grano de cebada que en su siembra, germinacin y crecimiento debera entenderse segn la frmula sacramental hegeliana de negacin de la negacin- es caracterstico en este sentido (los subrayados son mos). Caracterstico, haba dicho antes Sacristn, de una injustificada invasin del terreno de la ciencia positiva y de una estril aplicacin, puramente verbal, de la dialctica al nivel del anlisis abstracto y reductivo.

En qu sentido, pues, puede hablarse de materialismo dialctico segn Sacristn? Pues en ninguno que tenga nada que ver ni con la negacin de la negacin como frmula sacramental, ni con una doctrina o mtodo que ante un fenmeno recin descubierto que pueda ser explicado de varias formas tenga la capacidad de descartar algunas de ellas, ni mucho menos en el sentido de una filosofa que permita la anticipacin a los resultados de la ciencia.

El materialismo dialctico sera una simple concepcin del mundo (en palabras de Engels) que rechaza en la accin de los seres humanos cualquier componente ajeno a la realidad mundana. Es por ello materialista y por ello aspira a la liberacin de la conciencia de todos los fantasmas con los que a lo largo de la historia ha sido obnubilada (incluidos, me temo, algunos de la filosofa Zen y de la cabalstica). Pero no slo no se pretende un conocimiento ajeno y por encima del cientfico, sino que se basa en ste, del que acepta su metodologa analtico-reductiva (expresin que a Monasterio le horroriza, pero que Sacristn utiliza sin que le salga sarpullido). El materialismo dialctico permite la reflexin acerca de la inspiracin y la marcha de la investigacin cientfica, as como posibilita el estudio de la produccin social de la ciencia en la medida que la ciencia nace de una prctica social humana (adentrarnos en qu demonios concebir Monasterio-Huelin que es la praxis nos desbordara). Pero en ningn caso posibilita la determinacin de resultados especficos de la ciencia por mtodos diferentes de los que ella misma crea en su desenvolvimiento. Un fsico puede ser marxista, y que sea marxista influir sin duda en la orientacin que imprima a su labor investigadora, como al resto de su quehacer en tanto que ser social, pero los mtodos de investigacin que emplear sern los de la fsica; si se dedicara a hacer cbalas con la negacin de la negacin no llegara a ningn lado.

La parte dialctica no se define ni por reglas ni por leyes, porque en el pensamiento marxista, el no dogmtico de verdad, no hay planillas ni disponemos de la prueba del nueve. Nada ahorra el esfuerzo en el marxismo del estudio de la realidad concreta y de pensar por s mismo. Y esto es justamente lo que aade la dialctica. Pues la prctica humana dice Manuel Sacristn- no se enfrenta slo con la necesidad de penetrar analtico-reductivamente en la realidad, sino tambin con la de tratar y entender las concreciones reales, aquello que la ciencia positiva no puede recoger. Y concluye magistralmente: El anlisis marxista se propone entender la individual situacin concreta (en esto es pensamiento dialctico) sin postular ms componentes de la misma que los resultantes de la abstraccin y el anlisis reductivo cientficos (y en esto es el marxismo un materialismo).

Y esta es la manera de entender la ciencia y su relacin con el materialismo dialctico que inspira muy visiblemente el ensayo crtico de Martnez Llaneza, como l declara al principio. Constituye por tanto un sinsentido que nadie, salvo que simplemente no haya ledo el prlogo de Manuel Sacristn, le exija ulteriores explicaciones de concrecin del mtodo.

Pero no es slo Manuel Sacristn. Tambin Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la crcel apunta a una comprensin del marxismo ajena a reglas y leyes. Lo mismo Rosa Luxemburgo en los escasos textos en los que reflexiona acerca de la totalidad. Y podran citarse otros muchos marxistas destacados en la historia del movimiento revolucionario por su carencia completa de dogmatismo y academicismo. De lo que, finalmente, tendramos que deducir que, o bien todos ellos rechazaron el materialismo dialctico sin dar ninguna explicacin, o bien es que Monasterio-Huelin no sabe lo que es el materialismo dialctico.

 

4

 

Me resta slo hacer una ltima observacin que ya se sale fuera en gran medida del objetivo de este escrito.

Creo que sera injusto equiparar el libro de Ted Grant y Alan Woods con la defensa de l llevada a cabo por Monasterio-Huelin. El debate que podra establecerse entre los primeros y Martnez Llaneza es un debate entre marxistas acerca de la ciencia. A Monasterio, en cambio, parece importarle el marxismo nicamente en la medida en que pueda considerarse una filosofa que, junto a otras muchas, asedien lo que l llama totalitarismo de la ciencia.

No obstante, Alan Woods tendra que meditar detenidamente sobre el hecho de que la lectura de Razn y revolucin realizada por Monasterio-Huelin es posible y en absoluto descabellada. Una vez aceptado que el materialismo dialctico, entendido como conjunto de principios abstractos, puede servir para determinar resultados concretos de la investigacin cientfica al margen de los mtodos de sta, por qu no aceptar, en una sociedad libre, que cualquier otra filosofa, sea sta el taosmo o la que fuere, entre en liza en el juicio sobre teoras y proposiciones fsicas o matemticas? ste es por supuesto el mejor camino para destruir toda posibilidad de conocimiento cientfico y para el oscurantismo, pero el razonamiento de Monasterio-Huelin en este punto no carece de consistencia.

Hay un sentido en el que la defensa de la autonoma de la ciencia, que tanto repugna a Monasterio-Huelin, es crucial. Y es el sentido en el que defenda esa autonoma Galileo Galilei frente a la Inquisicin. En los aos noventa, Juan Pablo II constituy en el Vaticano un grupo de estudios galileanos al que encomend la tarea de revisar el procesamiento del genial pisano. De las conclusiones de trabajo de aquel grupo solamente trascendi a los medios de comunicacin que el Papa peda perdn por la condena de Galileo. Pero hubo mucho ms, y la doctrina oficial al respecto de la Iglesia se ha encargado de divulgarla, con bastante xito por cierto, el clebre periodista catlico Vittorio Messori. En esencia, la Iglesia reconoca que haba cometido un exceso con el cientfico y que en gran parte se haba demostrado que ste tena razn en su formulacin de la teora heliocntrica. Pero en lo que respecta a la relacin de la ciencia con la religin, el Vaticano se reserva el derecho a dictar su criterio, basado en un dogma, sobre el contenido material del conocimiento cientfico. Y an peor, se acusa soterradamente a Galileo de soberbia y de totalitarismo cientfico por no admitir la intervencin distorsionadora de la religin en sus investigaciones. Pero, concebida la relacin de ciencia, filosofas y mitos que escorza Monasterio-Huelin, por qu no iba a reclamar Benedicto XVI su derecho correspondiente a examinar si el teorema egregio de Gauss cabe o no en el Deuteronomio?

Por el contrario, toda la admirable vida de Galileo constituye una lucha heroica por conquistar la autonoma y la libertad de la investigacin cientfica. Sin negar la de la religin en su campo, que era a juicio de Galileo el de la moral y no el de la descripcin del sistema solar. En su Carta a la seora Cristina de Lorena, lo expres metafricamente, con gracia pero con concisin y exactitud insuperables: la intencin del Espritu Santo era ensearnos cmo se va al cielo, y no cmo va el cielo

El marxismo no puede convertirse en una secta ms que despedace la razn, porque en la razn est su fuerza transformadora de la realidad. El marxismo se inserta inequvocamente en la tradicin de la Ilustracin y de la revolucin francesa y aspira a la emancipacin humana. Para la cual el conocimiento que proporciona la ciencia es un arma muy poderosa que los pueblos han de arrebatar a las clases dominantes que la han acaparado a lo largo de los siglos.

Uno de los hechos argidos por Monasterio-Huelin puede ser tomado como ejemplo de lo que quiero decir. Pero, hombre protesta-, si la alternativa es el racionalismo, cmo perder de vista las bombas de Hiroshima? (supongo que se refera a las bombas de Hiroshima y Nagasaki). La desfachatez de la forma en que aqu se usa un ejemplo trgico de la historia desborda cualquier imaginacin. Porque, como todo el mundo sabe, el racionalismo no tir ninguna bomba. Las bombas fueron arrojadas por el ejrcito de Estados Unidos por orden de sus gobernantes y por decisin de la oligarqua dominante en el Imperio. Para entender las causas Monasterio-Huelin tendra que pensar mejor en la lucha de poder con la URSS, la expansin imperialista y los propios requerimientos de la industria militar, entre otros factores. Esto es, tendra que estudiar una determinada realidad concreta de luchas polticas y econmicas. Pero el ejemplo vale para comprender que el conocimiento cientfico puede ser utilizado para destruir la humanidad o en su beneficio. Que se logre lo ltimo depende de que se consiga extender y quedar en manos de la inmensa mayora de la sociedad, y se sera uno de los objetivos primordiales de una revolucin socialista, que es, no vayamos a olvidarlo, la razn de ser ltima de todo marxismo digno de tal nombre.

LOS OTROS TEXTOS DE LA POLMICA:

(Crtica a "Razn y Revolucin" de Alan Woods y Ted Grant)(AWTD) La ciencia mal-tratada (http://www.rebelion.org/docs/60179.pdf ) Manuel Martnez Llaneza

(Crtica a "La ciencia mal-tratada" de Manuel Martnez Llaneza) Del "anlisis" de casos a la ocultacin de los principios (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60228) Flix Monasterio-Huelin Maci (09-12-2007)

Crtica de la crtica precipitada (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60241) Salvador Lpez Arnal (10-12-2007)

Ms crticas a una crtica muy precipitada (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60329 ) Salvador Lpez Arnal (11-12-2007)

Confesiones al hilo de una crtica chismosa (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60450) Manuel Martnez Llaneza (14-12-2007)

Entre barcos a la deriva, una deriva entre barcos. Reivindicacin de la sntesis. Flix Monasterio-Huelin Maci (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60500), 15-12-07.

Cinco consideraciones y una coda final con tres compases irritados. Salvador Lpez Arnal (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60548).

La inanicin de Gdel, y los unicornios azules. Juan Hurtado (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60800).

Las palabras, los conceptos y sus dueos, Salvador Lpez Arnal (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60851).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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