Portada :: Cultura :: Leer
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-12-2007

Resea de Ikea t'estima. Un model per desmuntar de Olivier Bailly, Jean-Marc Caudron y Denis Lambert
Ikea: la trituradora sueca

ngel Ferrero
Rebelin


Ikea t'estima. Un model per desmuntar (Lleida: Pags Editors, 2007), de Olivier Bailly, Jean-Marc Caudron y Denis Lambert.

En su ya clsica exposicin del capitalismo tardo, Ernst Mandel caracteriz al capitalismo transnacional como un sistema basado en la incesante rotacin del capital. " La lgica del capitalismo tardo -escribi- conduce necesariamente () a convertir el capital ocioso en capital de servicios y simultneamente a reemplazar el capital de servicios por capital productivo, en otras palabras, servicios por mercancas: servicios de transporte colectivo por automviles privados; servicios de cine y teatro por equipo privado de televisin; maana, programas de televisin e instruccin educativa por video-cassettes. No hay necesidad de subrayar los peligros que implica esto para el medioambiente a causa del desmesurado crecimiento de esta montaa de mercancas." El hipermercado, esa gran superficie de aspecto anodino que salpica nuestra periferia conurbana, es la mejor representacin de esa "inmensa acumulacin de mercancas" de la que hablaba ya Marx, de esa "inmensa reunin, bajo un mismo techo, de ms de lo que cualquier persona podra comprar [y cuya sola] mera masa de objetos estimula el deseo", como ha escrito recientemente el socilogo britnico Richard Sennett. Ikea es, qu duda cabe, uno de los mayores exponentes de este modelo.

Este libro tiene la virtud de ser breve y ameno. Bailly, Caudron y Lambert -periodista y activistas de ONG respectivamente- escudrian al gigante sueco del mueble hasta all donde se lo permite la opacidad de esta exitosa empresa. Fundada en 1943 por Ingvar Kamprad (un calvinista cicatero que mantuvo nueve aos de amistad, entre 1941 y 1950, con Per Engdahl y Sven Olov Lindholm, lderes del movimiento neosueco pronazi), Ikea factur en el 2005 14.800 millones de euros y recibi ese mismo ao a 410 millones de clientes en sus 220 establecimientos repartidos por todo el mundo, que dan trabajo a ms de 90.000 empleados. La inauguracin de un centro comercial en Arabia Saudita el 1 de septiembre del 2004 provoc una autntica avalancha humana que termin con veinte hospitalizados por desmayos, diecisis heridos y dos muertos. Sorprendentemente para estas cifras, Ikea es una de las pocas empresas de su tamao que no cotiza en bolsa, y una complicada red financiera la sostiene. Lo hace a travs de la Stitching Ingka Foundation (radicada en Holanda, lo que no deja de ser curioso en una empresa que hace del chovinismo sueco bandera), asociada a la Stichting Ikea Foundation, poseedora de Ingka Holding, que agrupa a todas las empresas de Ikea. Ingka Holding est gestionada a su vez por Ikea International (con sede en Dinamarca), que es la encargada de asegurar las compras, la distribucin, la venda y en ocasiones la produccin misma del producto. Inter Ikea Systems (con sede en Delft, Holanda), subsidiaria de aquella en el organigrama de la empresa, es la compaa propietaria de la marca Ikea (su imagen). IKANO, una organizacin paralela, agrupa a todas las sociedades que no estn integradas en Ingka Holding, y cuya sedes son, invariablemente, parasos fiscales. Comprenne qui pourra.

Al terminar la lectura de Ikea t'estima uno no puede ms que llevarse la impresin de que esta influyente empresa -que, no lo olvidemos, amuebla los interiores de la mayor parte de los hogares occidentales- rene en grado sumo, bajo su impecable imagen corporativa azul-y-amarilla, todas las caractersticas negativas que uno asocia a una corporacin capitalista, a saber: explotacin laboral, destruccin del medio ambiente, embotamiento del espritu de la poblacin.

Explotacin laboral, tanto en los pases productores del Tercer Mundo como en los trabajadores del Primero. Despus de que varios reportajes televisivos mostraran a nios trabajando para subcontratistas de Ikea en India, Vietnam, Filipinas o Pakistn (donde incluso se les encadenaba a las mquinas), la empresa de la familia Kamprad cre un cdigo de conducta que en la prctica no es ms que papel mojado, pues los trabajadores de los 1.300 subcontratistas que proporcionan sus productos a Ikea tienen prohibido el derecho a la sindicacin (algunos incluso nunca han odo hablar de ello) y trabajan una media de quince horas al da (de las ocho de la maana a las once de la noche) sin contar las horas extra y el horario nocturno, frecuente cuando se acelera el plazo de entrega de los pedidos. Muchos de los obreros que viven lejos de la fbrica duermen directamente en sus puestos de trabajo para no perder tiempo en desplazamientos, que les sera descontado del sueldo. Por si fuera poco, son los trabajadores, y no la empresa, quienes corren con los gastos en seguridad mdica, descontados de sus 36 mensuales de salario. Si lo hacen es, entre otras cosas, porque ponerse enfermo en una factora de Bangla Desh o India significa uno o dos das sin sueldo. El grueso de las auditorias a estos subcontratistas lo realiza el Compliance and Monitoring Group de Ikea con lo que, como afirman los autores, sera como si un alumno de instituto se encargase de su propia evaluacin. Ms cerca de nosotros, Ikea ha destacado fomentando el trabajo precario entre jvenes y estudiantes, o rompiendo huelgas (en Blgica ofreci a los un bono de compra en una tienda de electrodomsticos a los trabajadores que permanecieran en su puesto de trabajo el da de la huelga), pero tiene su peor antecedente en una circular interna de la compaa en Francia firmada por el director de marketing, que aconsejaba no contratar a trabajadores de color porque "tienen menos posibilidades, y aqu de lo que se trata es de avanzar rpido." Segn un sindicalista citado por el diario L'Humanit, el director de un Ikea parisino declar a la prensa en 1997 que queran reforzar "su imagen nrdica" y que por esa razn no iban a poner "personas de origen extranjero en contacto con la clientela." Se pidi a Ikea que desmintiera estas acusaciones, pero los responsables de la compaa -me disculparis la broma- se hicieron los suecos.

Destruccin del medio ambiente. Despus de los escndalos que estallaron en Dinamarca y Alemania en los 80 por la presencia de formaldehdo y otras sustancias txicas en sus productos, el origen de la madera de los muebles expuestos en Ikea sigue siendo, en su mayor parte, de procedencia dudosa y, con toda probabilidad, talada sin ningn control en los bosques de Rusia o China. Slo en el 2005 se calcula que esta madera de naturaleza incierta alcanzaba los 640.000 metros cbicos. La voracidad maderera del coloso sueco se retroalimenta con su estrategia empresarial de obsolescencia planificada, pues ninguno de sus productos est diseado para durar ms de dos temporadas y, an hacindolo, su poderosa maquinaria publicitaria tratar de convencer a sus fieles compradores de lo contrario, pues uno de sus mayores logros estriba precisamente en haber sustrado el valor patrimonial del mueble para convertirlo en un producto de consumo. Pero el expediente ecolgico de Ikea no termina aqu. Su modelo de grandes superficies en el extrarradio obliga a los clientes al desplazamiento en automvil con lo que, de las ms de dos toneladas ( 2.808.424, exactamente) de CO2 que Ikea libera anualmente, el 56% es imputable a los compradores.

Embotamiento del espritu de la poblacin. La extensin y creciente hegemona del diseo Ikea, del mueble de lneas y madera clara, uniformiza los interiores de los hogares, narcotiza la creatividad de los diseadores y elimina progresivamente las particularidades culturales de cada nacin, un patrimonio humano que era garanta de diversidad. Lo peor es que Ikea ni siquiera representa el diseo sueco, sino su propio diseo, el diseo Ikea, y con l pretende crear un mundo a su imagen y semejanza. Para los trabajadores de los centros comerciales resulta igualmente alienante, como escriben los autores de este libro, "pasar su jornada laboral disfrazados de canario y rodeados de cocinas", realizando una "actividad monomanaca en la tienda alineando decenas de miles de vasos o centenares de palillos" en lugar de "un trabajo de dimensin humana que ofreciera actividades ms variadas". La publicidad, uno de los pilares fundamentales de la compaa, promueve a macha y martillo el consumo irracional, con consecuencias funestas no slo para el medioambiente, sino para los cada ao ms endeudados hogares europeos.

Y si despus de todo este cahier de dolances alguien todava puede creer en las bondades de la ideologa de un mercado libre completamente desbocado (el sistema que, segn nos repiten con insistencia, asegura la libertad personal a travs del consumo), bandera que Ikea enarbola orgullosamente, no est de ms recordar que el 75% de Habitat, la principal competidora de Ikea, est en manos de la familia Kamprad. El otro 25% lo posee la Stitching Ikea Foundation. Todo queda en familia y el monopolio se disfraza de falsa libertad de eleccin.

Uno de los platos que nunca falta en los comedores de Ikea son las albndigas (suecas, naturalmente). Segn parece, incomestibles. Pero viendo lo que hace con sus empleados y el medio ambiente, esta carne triturada es el menor de sus pecados.

* ngel Ferrero es licenciado en Comunicacin Audiovisual por la Universidad Autnoma de Barcelona. Actualmente realiza el doctorado en esa misma universidad.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter