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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2007

La batalla por Pakistn

Txente Rekondo
Rebelin


La muerte de Benazir Bhutton en atentado ha sacudido buena parte de los cimientos polticos de aqul pas asitico, pero ms all de la tragedia que supone para su familia personal y poltica e incluso para el futuro de Pakistn, su violento final pareca seguir el ttulo de crnica de una muerte anunciada. Los intereses de Washington y los deseos de la propia Bhutto forjaron un escenario virtual.

Y ese guin se ha topado de bruces con la cruda realidad de ese complejo y turbulento estado y ha saltado hecho pedazos tras el atentado contra la famosa poltica paquistan. Como si de una tragedia griega se tratase, la familia Bhutto ha estado marcada por la muerte violenta de sus miembros, el padre de Benazir y dos de sus hermanos tambin murieron de forma violenta, y por los escndalos de corrupcin, su propio marido en las calles de Pakistn es conocido como el seor 10%

Pakistn es un pas al borde del precipicio, una delicada situacin si se tiene en cuenta la capacidad desestabilizadora para esa regin del continente asitico que supondra una radicalizacin de la sociedad paquistan, sin olvidar tampoco la capacidad nuclear que posee Islamabad. Los enfrentamientos y la violencia se suceden por todas las provincias y el nivel de stos aumenta cada da.

Un breve vistazo nos permite observar cmo hasta hace poco el movimiento taliban paquistan se haba hecho con el control de los distritos de Swat y Shangla en la Provincia Fronteriza del Noreste, recientemente recuperadas por el ejrcito tras duras batallas y con importantes prdidas de vidas en ambos bandos. Adems esta intervencin del ejrcito ha provocado tambin un alto nmero de muertes civiles lo que a su vez trae consigo un mayor rechazo a las fuerzas de Islamabad en la zona y a una mayor radicalizacin de sus habitantes.

La violencia sectaria tambin es peridica, tanto entre diferentes tribus como entre miembros de las comunidades chitas y sunitas del pas. Otras zonas, como Baluchistn, asisten al resurgir del movimiento armado que busca la formacin de un estado propio y rechaza la autoridad del gobierno central, al que acusa de expoliar las riquezas de ese pueblo y de marginar a sus ciudadanos.

Tambin estamos asistiendo a un notable incremento de los ataques suicidas contra militares, altos cargos del gobierno y lderes polticos, el propio Musharraf ha sido objeto de ms de un ataque. Y todo ello se ve aderezado por la presencia de una oposicin dividida y desestructurada que busca acariciar alguno de los resortes del poder aunque eso signifique llevar a cabo alianzas contra natura. Las diferentes posturas en torno a la participacin en las prximas elecciones del ocho de enero o el boicot a las mismas siguen dividiendo a aquella an ms.

El presidente Mushrraf , como la figura del general en su laberinto parece de momento sentirse seguro, al menos en el estricto sentido poltico, ya que como hemos visto en cualquier momento se puede suceder otro ataque contra su vida. Y para llegar a esa situacin es clave el apoyo que recibe de Washington, lo que la calle del pas percibe con humor al llamarle Busharraf, y de los militares paquistanes, lo que le permite mantenerse firme en su puesto al frente del pas.

La desaparicin fsica de la escena poltica de Bhutto va a dar lugar a un sin fin de especulaciones e interpretaciones como lo har sin duda el atentado realizado en Rawalpindi. Es cierto que el anterior ataque contra Bhutto al llegar al pas tras aos de exilio dio muestras de ser una accin planeada y resalida con mucha meticulosidad, lo que hace pensar que no muy lejos de ella podamos encontrar a algn miembro del todopoderoso servicio secreto, el ISI. Y esos datos pasaron curiosamente desapercibidos en la mayora de anlisis occidentales. En esta ocasin ser difcil encontrar el autor intelectual del atentado, ya que ste puede obedecer a un amplio abanico de intereses que se benefician con la desaparicin de Bhutto, adems tampoco podemos olvidar del alto nmero de enemigos que tena la poltica paquistan.

Una de las claves para entender ese complejo puzzle en el que se ha convertido en Pakistn actual es el papel que desempean las fuerzas armadas desde la fundacin del pas. En estos momentos, los militares paquistanes son una importante empresa financiera que ha ido creando redes y fuentes financieras para poder desarrollar su maquinaria militar, incluido el costoso programa nuclear, y controlar al mismo tiempo poltica y econmicamente Pakistn.

Los generales paquistanes no estn interesados en la defensa o articulacin de un modelo democrtico, porque son conscientes que ello podra significar el final de sus privilegios y de su acomodada y poderosa situacin, y en esto coinciden tambin con el otro protagonista clave, el gobierno de Estados Unidos.

Las actuaciones de Washinton en Pakistn, como en otras partes del mundo, han estado disfrazadas por el discurso de promover la democracia en todos los rincones del planeta, pero al igual que en el pasado con Pinochet, Marcos y otros muchos dictadores, o incluso con el general Zia y el propio Musharaf en Pakistn, lo que en realidad busca la actuacin de la poltica exterior estadounidenses es la defensa a ultranza de sus propios intereses econmicos, polticos o militares en todo el mundo. De ah que defender la democracia con dictadores como los mencionados sonara a risa de no ser por el tremendo sufrimiento que han generado en los pueblos a los que dice querer ayudar.

Un repaso a la prensa paquistan escrita en urdu nos permite descubrir el sentir de la poblacin local, tremendamente enojados con la actitud de su gobierno ante las pretensiones de los dirigentes de la Casa Blanca. Un ejemplo lo encontramos en la reciente visita a Pakistn de Subsecretario de Estado norteamericano Jhon Negroponte, que la presentan como parte de los mismos esfuerzos para proteger sus propios intereses. Y ms adelante, entre lneas, se puede leer que la agenda real de la visita no es acabar con el estado de emergencia y establecer una democracia verdadera en Pakistn, sino lograr asegurar la proteccin de los intereses de Estados Unidos en el futuro escenario poltico del pas.

Los frutos de esta actuacin la estamos viendo en los ltimos das con mayor claridad que en el pasado. La presin de Washington ha trado consigo un importante aumento del sentimiento antiamericano por todo Pakistn, adems de haber contribuido a un auge de un islamismo de corte nacionalista. Este punto es importante adems si tenemos en cuenta que la realidad islamista del pas dista mucho de los discursos alarmistas e interesados que se vierten desde Estados Unidos, sobre todo desde sectores neoconservadores.

Los partidos religiosos no son una fuerza homognea, a las divisiones tradicionales en torno a chitas y sunitas hay que sumar las diferentes tendencias entre los grupos con base en las zonas rurales o movimientos ms urbanos. Adems, hasta hace poco la tendencia taliban paquistan representaba un movimiento marginal y poco numeroso. Un dato bastante esclarecedor es el apoyo que recibe la mayor alianza islamista del pas, el Muttahida Majlis-e-Amal (MMA) que en las elecciones del 2002 logr algo ms del doce por ciento del voto (si bien es cierto que en algunas zonas fue la fuerza ms votada).

El proceso de islamizacin de Pakistn ha estado estrechamente unido al apoyo estadounidense a determinados dirigentes del pas. As, el rgimen militar del general Zia recibi el apoyo y respaldo de la administracin republicana de Reegan, ya que lo consideraron pieza clave para expulsar a las fuerzas soviticas de Afganistn. La promocin de madrassas y la radicalizacin ideolgica de las fuerzas islamistas cont con el beneplcito de Islamabad y Washington y con el apoyo econmico de Arabia Saudita. Y ahora bajo el mandato de Musharraf, tambin con apoyo norteamericano, estamos asistiendo a al avance ideolgico y material de las fuerzas del islamismo militante, unido al aumento de los ataques suicidas y a la implantacin de la sharia en algunas zonas.

Las recientes maniobras desde EEUU han trado consigo que los canales de comunicacin entre los militantes talibanes paquistanes y el ejrcito se hayan roto y que la situacin se est acercando peligrosamente a un punto sin retorno.

En Pakistn estamos asistiendo a una lucha sin cuartel. Por un lado estn las fuerzas armadas y sus apoyos polticos y econmicos tanto locales como extranjeros, y por otro lado encontramos a los militantes islamistas, partidos minoritarios, parte de la sociedad civil, e incluso al Qaeda. Y mantienen una pelea de todos contra todos. Y sin olvidar a EEUU, uno de cuyos polticos ha sealado que la seguridad del arsenal nuclear paquistan es el principal interese estratgico de Washington. Y para ello no dudan en apoyar a los militares locales para que mantengan controlado el centro del pas (Islamabad y Punjab).

La sociedad paquistan afronta divisiones tnicas, polticas, sectarias y culturales, y ahora a stas hay que aadir un movimiento islamista radicalizado en auge. Probablemente todava no hemos asistido a la conclusin de esta lucha por Pakistn, pero podemos adelantar que probablemente no asistamos a un final feliz.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Anlisis Internacional (GAIN)


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