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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2007

Acto de presentacin del libro Leer con nios, de Santiago Alba Rico, al que no pudo asistir su autor
Para qu sirve el Ministerio de Asuntos Exteriores?

Beln Gopegui
Rebelin


 

Haba una vez un escritor llamado Santiago Alba que viva en Tnez con su esposa y sus hijos. Ni el escritor ni su esposa haban querido casarse pues consideraban que su amor no deba estar sujeto a trmites burocrticos. Haba una vez un ministerio de Asuntos Exteriores de un pas muy moderno llamado Espaa, donde los homosexuales podan, como es justo, casarse y las parejas de hecho podan acceder a los derechos que durante mucho tiempo se les haban negado. Sin embargo, el ministerio de ese pas tan moderno se negaba a reconocer que Santiago Alba mereca, por compartir su vida con Ana, el mismo pasaporte que tenan ella y sus hijos y que le dara derecho a obtener un permiso de residencia en Tnez.

Haba una vez una embajada espaola y un ministerio tunecino que propusieron al escritor Santiago Alba convertirse en empleado domstico de su esposa para as poderle conceder un permiso de residencia en Tnez con un trmite que en otros casos no dura ms de una semana. El escritor acept la propuesta pues pensaba que era mejor convertirse en empleado domstico imaginario que ofrecer su amor en prenda a una embajada. Llev su pasaporte y sus papeles a la embajada y sta los mand al departamento de protocolo tunecino el 11 de noviembre de 2007, esperando que estuviera all slo una semana (o quizs dos o como mucho tres). Pero el departamento retuvo el pasaporte, y la embajada espaola de ese pas tan moderno, a pesar de tener la capacidad de interpelar a las autoridades tunecinas para que acelerasen los trmites, no hizo nada. Como el cuento sigue, como est ocurriendo ahora, volvamos al presente. El escritor permanece retenido en Tnez desde hace seis semanas mientras la embajada espaola acepta la situacin, ms que irregular, de que un ciudadano espaol que no ha cometido ningn delito se vea privado de su pasaporte e impedido de volver a su propio pas.

Santiago Alba, quien con tanta exactitud ha escrito sobre el horror y la guerra y las invasiones y las torturas e injusticias, cuando tiene que explicar su situacin utiliza las palabras tambin con exactitud: Como en la embajada saben muy bien quin soy y a qu me dedico, lo que no me ofrece la menor duda es que no estn precisamente preocupados por todos los perjuicios que me estn causando. Esto es todo lo que el escritor dice: no estn precisamente preocupados. Porque Santiago Alba detesta el victimismo y nunca se hara pasar por vctima aunque lo sea. Tambin nosotros lo detestamos, sabemos que hay daos muchsimo ms graves que el que est padeciendo Santiago. Lo que nos ocurre es que, a diferencia de la embajada, s que estamos preocupados. Mucho. Porque pensamos que vivimos en un pas cuyo ministerio de Asuntos Exteriores se hace cmplice, por omisin, del destierro de un ciudadano. Y pensamos que el atropello de los derechos importa siempre, incluso en los casos ms leves, o en los medianos, como ste. Atropellar la ley se parece mucho a atropellar el lenguaje. Si a lo que yo llamo bicicleta, t me obligas a llamarlo goma de borrar, no habr terreno comn, no habr posibilidad de argumentar, de razonar, de comprender. Estamos preocupados y extendemos nuestra preocupacin, a travs de este acto, a todas las personas que puedan de algn modo intervenir.

Ahora vamos a hablar un poco del libro donde Santiago Alba se pregunta para qu sirven los nios y las nias y, por lo tanto, para qu sirve la diferencia entre lo bueno y lo malo, lo horrible y lo maravilloso. Un libro muy bello y tanto ms necesario cuando, hoy, esas diferencias parecen confusas a la mayora de las personas. Los nios y las nias, nos dice Santiago Alba, sirven para aprender a cuidar. Es una afirmacin delicada, en el sentido de fcil de lastimar o romper, sentido que no est lejos del que Santiago Alba atribuye a lo real: Llamamos, dice, real a todo que una vez roto no puede recomponerse; a todo aquello que, una vez destruido, no puede ser reconstruido. Real como un haya, real como un ciervo, real como la economa ecolgica, real como los anlisis feministas, muchos de ellos marxistas, que llevan aos hablando de la economa de los cuidados.

El pensamiento econmico convencional considera, como saben, a los agentes humanos especies de centros de computacin, radicalmente desvinculados unos de otros y en constante competencia, ocupados todo el tiempo en calcular las opciones y estrategias que, en cada caso, reporten mayores beneficios individuales. Para mostrar lo pattico que resulta partir del supuesto del centro de computacin egosta a la hora de explicar los hechos ms elementales de la vida humana, el ensayista Luis Alegre pone el siguiente ejemplo: Pensemos, dice, en como se podra explicar el hecho innegable de que bastantes seres humanos tiendan a cuidar generosamente de sus hijos. Podra aducirse que lo hacen para lograr el objetivo egosta de tener quien les cuide a ellos en la vejez, pero entonces resultara inexplicable por qu los padres cuidan tambin a sus hijos incluso cuando stos tienen alguna enfermedad terminal. La afirmacin de Santiago Alba, tanto como la de Luis Alegre, tanto como la economa ecolgica y la economa feminista, impugnan el pensamiento econmico convencional que es hoy el pensamiento poltico convencional, y el pensamiento tico convencional, etctera.

Supongo que todos hemos visto alguna vez una de esas pelculas en donde una computadora o un robot no comprenden cosas que a las personas les parecen obvias, no entienden un chiste, o por qu alguien se ruboriza, o para qu sirve cuidar. Lo que Santiago Alba ha llamado nuestra cordura nihilista nos ha conducido a un sitio no muy distante del de ese robot que no comprende en qu consiste ser humano, esto es: pertenecer a una especie animal que escribe y fabrica herramientas de gran complejidad y enuncia leyes y, como otras especies animales, cuida a las cras, a los cachorros, a los nios. Nuestra cordura nihilista, tambin llamada capitalismo, hace que tengamos que preguntar por lo evidente. He dicho alguna vez que el libro de Santiago Alba era delicado y brutal. Es delicado como lo vivo. Es brutal porque siempre incorpora violencia tener que preguntar por lo evidente: la violencia de otros sobre nosotros, y la violencia, tambin, de quien se quita de encima unas manos que le oprimen y le impiden respirar.

Siguiendo el ejemplo de Santiago Alba, voy a preguntar por lo evidente. Y lo evidente es, como decamos al principio, que Alba no est aqu, presentando su libro. Pero hay otras cosas tambin evidentes para quienes tenemos los datos, y que hoy voy a permitirme compartir. Es evidente, y acaso mnimo o acaso no, que en septiembre de 2007 hicieron a Santiago Alba una larga entrevista para el peridico El Pas con motivo de este libro, Leer con nios. Es evidente que todava no la han publicado. Y es tambin evidente que a Santiago Alba le parece irrelevante, innecesario y absurdo, dedicar un artculo a protestar por el hecho de que un medio de comunicacin capitalista no publique una entrevista que sin embargo le hizo, que se prolong ms de dos horas y que, en trminos capitalistas, le impidi trabajar y producir durante ese tiempo. No obstante, a m me gustara preguntar aqu por las pequeas tragedias ntimas de los periodistas a quienes encargan entrevistas y que las hacen pero luego pasan semanas y meses sin que puedan publicarlas. Qu habr pensado la periodista que entrevist a Santiago Alba? Qu razn le habrn dado? Quiz que Santiago ha escrito junto con Carlos Fernndez Liria un artculo donde critica no slo el carcter extrajurdico de la sentencia del sumario 18/98, sino tambin el alborozo con que la hemos aceptado y cmo no hemos podido dejar de saber que el contenido punitivo de esa sentencia estaba sujeto a los vaivenes de las fallidas negociaciones de paz y al calendario electoral? O puede que le hayan dicho que Santiago Alba ha escrito artculos no falsos sobre Palestina, sobre Iraq, sobre Cuba, sobre Venezuela. O puede, es lo ms probable, que no le hayan dicho nada. Que la periodista haya tenido que conformase con un no vamos a sacarla ahora o cualquier otra frase. En esto se acaban convirtiendo nuestras vidas de cuerdos capitalistas, en no poder decidir, en no poder preguntar, en no poder intervenir y que no poder hacerlo nos parezca lgico.

Cuando Santiago Alba me pidi que viniera aqu, me dijo que hablara de lo que siempre hay que hablar: de la literatura que nos falta, de la que est por hacer. Pero yo he venido a desobedecerle para hablar de la literatura que no nos falta y que s tenemos, la que l escribe cada da. En su libro Leer los nios, no slo logra explicar para qu sirven los nios y las nias, e incluso para qu sirve que nos lo preguntemos. Tambin consigue explicar que los libros podran llegar a servir para algo bueno. Por eso quiero terminar dedicndole unas palabras de Conrad que describen muy bien los cuentos maravillos que jalonan Leer con nios, y nos revelan para qu sirve este libro de Santiago Alba:

Tendemos a olvidar, dijo Conrad, que el camino de lo excelso es, en lo intelectual, a diferencia de lo emocional, la humildad. Lo que uno siente tan irremediablemente estril en el pesimismo declarado es tan slo su arrogancia. Parece que el descubrimiento hecho por muchos hombres en diferentes momentos de la historia de que es mucha la maldad existente en el mundo, fuese fuente de orgullo y de inconfesable alegra para no pocos de los autores modernos. Esta disposicin de la mente no es la ms apropiada para abordar seriamente el arte de la Ficcin [...] Ser esperanzado en un sentido artstico no implica necesariamente creer en la bondad del mundo. Basta con creer que no es imposible que sea as.

Agradezcamos pues, a Santiago Alba, que a pesar de los pesares nos ensee a comprender que no es imposible la bondad del mundo. Muchas gracias por su atencin.


 

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