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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2007

Entrevista a Carlos Taibo, coordinador del libro Nacionalismo espaol'
Es difcil ser nacionalista espaol y tener un proyecto de izquierdas

Alvar Chalmeta
Diagonal


Pese a su rabiosa actualidad poltica, la reciente publicacin de Nacionalismo espaol. Esencias, memoria e instituciones, trabajo colectivo de 13 profesores de diferentes universidades, sigue pasando desapercibida.
Impulsor de este abordaje de las manifestaciones contemporneas y triviales del discurso nacionalista, Taibo considera que se echaba en falta su enjuiciamiento crtico.

DIAGONAL: Por qu consideras que el nacionalismo espaol es un nacionalismo de Estado?

CARLOS TAIBO: Casi siempre que hablamos de nacionalismos pensamos en aquellos que contestan la realidad de los Estados existentes. No es eso lo que ocurre con los nacionalismos de Estado, cmodamente instalados en maquinarias oficiales que se hallan a su servicio. Aunque la presencia de estos ltimos nacionalismos es ubicua y evidente -ah estn, para testimoniarlo, el sistema educativo, las instituciones polticas, las fuerzas armadas o los lugares de memoria-, resulta muy comn que, dado que su efecto es a menudo inconsciente, se niegue su existencia. El discurso que emiten polticos y medios parece sobreentender que el nacionalismo, un fenmeno siempre retratado en clave negativa, tiene por fuerza que corresponder a los otros. Nosotros somos, en cambio, en el mejor de los casos, pulidos patriotas que defendemos la democracia y la pluralidad. No preciso agregar, creo, que eso es un cuento de hadas.

D.: Y qu implica eso?

C.T.: Entre nosotros implica que los debates sobre la cuestin nacional estn normalmente cojos. Pareciera como si la conducta de muchos de los ciudadanos espaoles que ven con malos ojos a los llamados nacionalismos de la periferia fuese siempre normal y educada, frente a la insania de esos nacionalismos. Sobran, sin embargo, las razones para concluir que al amparo de nuestro nacionalismo de Estado se hacen valer muchos de los vicios que, con razn o sin ella, se atribuyen a los nacionalismos de la periferia.

D.: Hay un discurso nacionalista espaol o hay varios?

C.T.: Admitamos que hay varios. As, habra modulaciones esencialistas junto con otras ms pragmticas, como habra manifestaciones liberales y otras ms conservadoras. Pero, a mi entender, siendo legtimas y necesarias esas distinciones, por detrs de todas esas formas del nacionalismo espaol se aprecia la idea de que existe una intocable nacin espaola concretada en un territorio y un Estado cuya integridad no puede ponerse en cuestin. Es curioso, por cierto, este nfasis en demonizar las naciones de los dems que se hace acompaar de una reivindicacin siempre esencialista, en cambio, de la propia. El nacionalismo espaol es, en primer lugar, un nacionalismo trivial, que se impone sin que la mayora de los sujetos que lo llevan sean plenamente conscientes. Por eso parece legtimo afirmar que est por todas partes, y ello sin necesidad de recurrir a las versiones ms ultramontanas de aqul, como es el caso de las heredadas del Franquismo. Importa mucho subrayar este hecho, que es anterior a cualquier sesuda distincin que haga referencia, por ejemplo, a las diferentes modulaciones partidarias del nacionalismo espaol. Aunque la cuestin es compleja, y por tomar un elemento de gua, me atrever a sealar que, siendo el nacionalismo que hoy preconiza el PP el ms vistoso, incurriramos en un grave error si no aprecisemos la huella, a menudo poderossima e irritante, del nacionalismo espaol en muchas de las posiciones del PSOE y, con frecuencia, tambin en las de IU.

D.: Existe un nuevo nacionalismo espaol o estamos ante una puesta al da de ese discurso eterno?

C.T.: Es innegable que hay esfuerzos de adaptacin. El nacionalismo que hoy transmiten PP y PSOE no es, con toda evidencia, el mismo que postulaba Franco 40 aos atrs. Pero debo subrayar que los elementos esencialistas, y la nula voluntad de discutir sobre ellos, son en sustancia los mismos.

D.: Cul es el papel del deporte en la construccin del mito colectivo nacionalista espaol?

C.T.: En el siglo XX el deporte se convirti en elemento fundamental de aquilatamiento de las identidades nacionales. Aunque ello no dej de tener alguna consecuencia saludable -era preferible que las disputas se dirimieran en un estadio y no en un campo de batalla-, sabido es que de un tiempo a esta parte los campos de ftbol, en singular, ofrecen un escenario muy adecuado para que rebroten las manifestaciones ms ultramontanas de los nacionalismos.

D.: Las mismas fuerzas que sustentan el nacionalismo espaol impulsan la integracin de Espaa en estructuras supranacionales (UE, OTAN...) No es contradictorio?

C.T.: Hay, en efecto, problemas al respecto. Pero no olvidemos que hoy por hoy, y en lo que ahora nos interesa, la lgica de los Estados- Nacin sigue plenamente en pie en el marco general de esas estructuras, que a menudo han sido utilizadas, por aadidura, para contestar eventuales proyectos de secesin. Tampoco olvidemos, por otra parte, que de forma muy llamativa el discurso de nuestros gobernantes, en apariencia no nacionalista, bien que echa mano de cdigos patticamente nacionalistas cuando se trata de defender los intereses de las empresas espaolas en el exterior. Igualmente, en todos los rdenes, incluido el constitucional, las fuerzas armadas desempean papeles fundamentales de preservacin en lo que respecta a los privilegios propios del nacionalismo de Estado.

D.: Cul es la relacin entre la izquierda y el nacionalismo espaol?

C.T.: Desde tiempo atrs es comn escuchar la retahla de que la expresin nacionalismo de izquierdas es una contradiccin en los trminos. Sin entrar al trapo de esa discusin, compleja donde las haya, y tomando la parte por el todo, admitir de buen grado que es difcil ser nacionalista espaol, por un lado, y postular al tiempo, por el otro, un proyecto creble emplazado polticamente en la izquierda.

Los mitos espaolistas

La mayora remiten a la Edad Media y al proceso de reconquista, si bien no faltan hitos posteriores, como la colonizacin de Amrica, el Siglo de Oro o la guerra de la Independencia de principios del XIX. A la hora de considerar muchos de esos procesos es obligado resaltar el papel prominente que se suele asignar, por lo dems, a Castilla. El nacionalismo espaol hace uso de una formidable maquinaria de invencin de tradiciones. Se habla mucho de las manipulaciones a las que se han entregado tantos libros de texto en Catalua, Euzkadi o Galicia, mientras apenas se le presta atencin a las que se revelan al calor del nacionalismo espaol. Tambin este ltimo ha reescrito la historia en provecho de una suerte de permanente progreso que abocara en la condicin presuntamente acabada y halagea de la nacin espaola de estos das. Y para refrendar esa invencin ah estn las reales academias, la monarqua, la Iglesia y, naturalmente, un sinfn de medios de comunicacin volcados en provecho de ese proyecto.



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