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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2007

La valenta de los condenados en el 18/98 ha compuesto una cancin de dignidad que durar dcadas
Hablar el silencio

Sabino Cuadra Lasarte
Gara


En la rueda de prensa dada por la Plataforma 18/98 para valorar la sentencia recada sobre el caso, uno de sus portavoces, Mariano Ferrer, tom de prestado una frase que serva muy bien para expresar algo de lo que en estos momentos est pasando en nuestro pueblo y que, ms o menos, deca as: Rompern todos los instrumentos, pero la msica seguir sonando.

Estn destrozando violines, chelos y contrabajos; rompiendo a golpes trompetas, trombones y flautas; reventando con saa bombos y timbales... Ahora ha sido el turno de Egin, Ekin, Xaki, Zumalabe... Hace tan solo unos das fue el de la Mesa Nacional de Batasuna. Poco antes, el de Jarrai, Segi... Varios sumarios ms aguardan su turno: Egunkaria, herriko tabernas... Golpean a diestro y siniestro, arremetiendo incluso contra sillas, atriles y batutas. Pero todos sus esfuerzos son intiles: la msica sigue sonando.

Su apellido era Troncoso. Fue auditor en el tribunal militar que juzg a un par de decenas de patriotas y revolucionarios vascos en Burgos, en 1970. Hubo fuertes condenas, varias de ellas de muerte. Al final del juicio los procesados, puestos en pie, cantaron el Eusko Gudariak. Troncoso los ech de la sala.

Treinta y siete aos despus, la escena se ha repetido ante otro tribunal de excepcin: la jueza Murillo expuls a los condenados del 18/98 cuando stos, tras escuchar su aberrante sentencia, comenzaron a cantar aquella misma cancin. Sin instrumentos, sin partitura y sin direccin, se entonaron idnticas notas. Sonaba la misma msica.

Hace dos viernes, como todos los aos, una cuadrilla del Casco Viejo de Iruea salimos a cantar por el barrio. Somos Alde Zaharreko Abesbatza Ludiko-Polifonikoa y nuestro repertorio son villancicos tradicionales a los que cambiamos las letras para relacionarlas con temas actuales. Los de este ao fueron el Instituto Navarro del Vascuence, el TAV, Sanz, Zapatero y Bush y, como no, nuestra musa inagotable: Yolanda Barcina. Salimos vestidos de vasquitos y neskitas, ataviados con llamativas pelucas y un pauelo palestino.

Uno de estos villancicos se refera a la justicia espaola y sus ms altas instancias. Era el conocido Pero mira como beben los peces en el ro, cuyo estribillo deca: Madre ma que vergenza/ la Audiencia Nacional,/ el Tribunal Supremo/ y el Constitucional./ Autos, sentencias,/ recursos y dems;/ chapuzas a mansalva,/ aqu no hay quin d ms. Y en uno de sus prrafos se deca: A varios cientos de aos/ acaban de condenar/ a decenas de personas/ por el hecho de pensar/ de escribir, de organizarse/ y en nuestro pueblo sembrar/ semillas de resistencia/ de conciencia y libertad. Y todo ello acompaado de la oportuna coreografa, pasos de baile y gestos varios.

Mientras cantbamos por el Casco Viejo, repartamos las letras de las canciones entre el pblico que nos escuchaba. Agotamos las dos mil copias que hicimos. Nuestras piezas ms aplaudidas y coreadas fueron las dedicadas a Yolanda Barcina y la antes comentada: Madre ma, qu vergenza la Audiencia Nacional... Luego -nos consta que es as-, nuestros villancicos son cantados tambin en las cenas de cuadrillas y familiares propias de estos das.

En el libro Lluis Llach, referido a la vida del conocido cantante cataln, se recuerdan ancdotas de la censura franquista, cuando haba que presentar al Gobernador Civil las letras de las canciones que iban a ser cantadas en los conciertos.

En una ocasin, su famosa cancin La estaca fue censurada ntegramente. Ante ello, Llach interpret su msica, sin cantarla. El resultado final de aquello fue que lo prohibido termin siendo coreado por los miles de personas que acudieron al concierto. Quizs por eso, otra de sus canciones afirmara: Sois vosotros los que habis hecho del silencio palabras.

Podrn destrozar muchos instrumentos y prohibir muchas letras, pero la msica seguir sonando. Podrn suprimir, incluso, los conciertos y disolver el pblico que acude a ellos, pero cuando ste se disperse en mil direcciones, tararear aquello que trataron de silenciar. Charangas y fanfarres tocarn esas melodas en nuestras fiestas y cada vez sern ms populares. Y cuando todo esto sea prohibido y reprimido, hablar el silencio, silbar el viento y los truenos, con sus timbales, denunciarn los desmanes del Gobierno del PPSOE. Y despus, las ansias de libertad y justicia de nuestro pueblo escribirn nuevas partituras y crearn nuevas corales y orfeones. La msica seguir sonando.

Esto ser as, adems, por una segunda razn. No es slo que nos gusten nuestras melodas, sino que la msica constitucional, la msica para desfilar, la msica de la corte, la msica clerical, la msica monolinge que quieren aprendamos obligatoriamente no nos gusta nada. Es ms, nos parece un bodrio. Nunca cantaremos esas canciones ni bailaremos esos ritmos.

En los ltimos meses hemos visto acuerdos municipales, institucionales y concentraciones en las que partidos de derecha e izquierda, centralistas y nacionalistas, sindicatos obreros y confederaciones empresariales, cantaban al alimn partituras en defensa de nuestro estado de derecho (el de la monarqua hereditaria, la patria indivisible y las leyes de excepcin), nuestros tribunales de justicia (como el que ha sentenciado el 18/98) y solidarias con la Polica y la Guardia Civil (los eternos abonados a las denuncias de Amnista Internacional). No era msica lo que sala de ah, sino ruido. La preocupacin de sus miembros por salir en la foto, que no por entonar, y el confundir el gritar con el cantar, ha hecho de todo esto un autntico esperpento.

Hace treinta aos, Lluis Llach, al referirse a la Transicin que trag tantas esperanzas, compuso la cancin No era aix, conpanys, no era aix, cuya traduccin deca: No era esto, compaeros, no era esto por lo que murieron tantas flores, por lo que lloramos tantos anhelos. Puede que haya que ser valientes de nuevo y decir, amigos mos, no es esto. Hoy, nuevamente, ante tanto desatino es preciso repetir: no es esto, compaeros, no es esto.

Mientras tanto, las flores, los anhelos y la valenta de los condenados en el 18/98 ha compuesto una cancin de dignidad que cantaremos, silbaremos y tararearemos durante dcadas. Mila esker!

* Sabino Cuadra Lasarte es abogado



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