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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2008

La trama de los agrocarburantes en Espaa

Rosa Binimelis, Mnica Vargas y Alejandro Jurado
Revista Biodiversidad

En Espaa, la Ley 24/1998 del Sector de Hidrocarburos establece el objetivo (obligatorio) de que para 2010, el 5,75% del consumo energtico en transporte proceda de agrocombustibles, acorde con las directivas europeas


El modelo de implantacin de los agrocarburantes a gran escala profundiza el proceso de concentracin masiva de riqueza y prioriza la rentabilidad econmica de unas pocas empresas por sobre la sustentabilidad social y ambiental de las regiones ms vulnerables del planeta. Derivar productos alimenticios a combustibles tendr efectos catastrficos en los pases en vas de desarrollo, comprometiendo la soberana alimentaria de millones de personas.

La expansin de los agrocombustibles a escala global puede explicarse, en buena medida, por el apoyo que las principales potencias econmicas, Europa y EUA, brindan mediante polticas pblicas, subvenciones y medidas legislativas. En Espaa, la Ley 24/1998 del Sector de Hidrocarburos establece el objetivo (obligatorio) de que para 2010, el 5.75% de su consumo energtico en transporte proceda de agrocombustibles, acorde con las directivas europeas.

Sus defensores argumentan el aumento de la seguridad energtica (lase la reduccin de la dependencia frente a los pases productores de petrleo percibidos como polticamente inestables); la preocupacin por el calentamiento global, por la hipottica reduccin de las emisiones de gases con efecto de invernadero (CO2, xido nitroso, etctera) y, finalmente, el dar respuesta a la crisis del sector agrario en los pases del Centro, que permitira, dicen, mejorar las condiciones de vida los pobladores de la Periferia al ofrecerles mercados para sus productos agrcolas . Este ltimo argumento se articula con el de los pases productores como Brasil: mostrar a los carburantes elaborados con base en la biomasa como solucin a la pobreza, el xodo rural y las desigualdades sociales, al promover el desarrollo rural.

El impacto de los agrocarburantes en el mundo rural estar fuertemente determinado por el precio de las materias primas y por el modelo global o local que se imponga en cada regin.

Existe un debate sobre las razones del aumento progresivo del precio de los alimentos bsicos (pan, por ejemplo): es ste atribuible a la utilizacin de las producciones agrcolas (maz, trigo, colza, caa de azcar, oleaginosas, etctera) para elaborar agrocombustibles (que actualmente es poco significativa), o se explica por el crecimiento sostenido de la demanda y el estancamiento de la produccin mundial?

Independientemente de la explicacin, derivar productos alimenticios a combustibles (ante igual comportamiento de la productividad mundial y en el actual modelo de produccin a gran escala) tendr efectos catastrficos en los pases en vas de desarrollo, comprometiendo la soberana alimentaria de millones de personas. Incluso si no se trata de cultivos alimenticios (como es el caso de la jatrofa), el resultado es el mismo pues se desplazan parcelas inicialmente destinadas a la alimentacin local. Por otro lado, el aumento de precio de algunas materias primas para la alimentacin animal (piensos) eleva el costo de produccin de los ganaderos, que si lo trasladan al consumidor no sern los nicos perjudicados.

A modo de ejemplo, consideramos aqu el caso de la implantacin de los agrocombustibles en el Estado espaol, que aspira a incrementar de manera masiva este tipo de produccin. Analizamos su capacidad de produccin de agrocombustibles y su relacin con las hectreas necesarias para satisfacer localmente la produccin. Analizando las redes implicadas identificamos quines controlan el negocio.

En Espaa existen 46 plantas de produccin de biodisel (16 productivas, 19 en construccin y 11 en proyecto) y 4 plantas de bioetanol en actividad [1]. La capacidad de produccin de biodisel es de 670 mil toneladas/ao, aunque la produccin de 2006 no super el 19% de la capacidad instalada. A pesar de ello, se prev triplicar la capacidad productiva en los prximos 2 aos, cuando se finalicen las plantas en construccin, hasta aumentar a un 600% con el funcionamiento de las plantas proyectadas. Mientras hoy se producen 41 875 tn/ao de media por planta, las plantas en construccin tienen el potencial de producir 103 579 tn/ao, y las que estn en proyecto rondaran las 185 mil tn/ao. La planta proyectada por infinita en Huelva, por ejemplo, podra producir 600 mil tn/ao, 4.8 veces ms que el conjunto de plantas en 2006.

Si el biodisel se produjera a partir de colza, se necesitara usar el 10% de las tierras cultivables del Estado espaol para atender la demanda que supondra la totalidad de las plantas de biodisel en pleno funcionamiento. De utilizarse girasol o soja, este porcentaje se duplicara. La tendencia actual muestra que las materias primas no provendrn de territorio espaol, sino que la mayora se importar de Argentina, Brasil, Centroamrica, Indonesia, etctera, recorriendo miles de kilmetros. Segn un informe de Asociacin de Productores de Energas Renovables (appa, 2007), la cantidad de oleaginosas requeridas en Europa en 2020 supondra ms de 90% de toda la produccin comunitaria y por tanto, el abastecimiento de biodisel slo ser posible recurriendo a la importacin del 50% del consumo previsto. El transporte requerido por dicha importacin implica aumentar las emisiones de co2 ya que se realiza mediante combustibles fsiles. En el Estado espaol, el 61% de la produccin de biodisel se exporta a pases de la Comunidad Europea, lo que implica an ms consumo de energa fsil, comprometiendo el balance final de emisiones de CO2. La produccin de biodisel en Espaa en 2010 podra duplicar el objetivo marcado por la legislacin, lo que parece continuar la tendencia actual.

La produccin de bioetanol en 2006 fue de 321 mil toneladas (72% de los agrocombustibles), sobre una capacidad de produccin de 441 mil toneladas anuales. Aunque an no existe ningn proyecto de construir nuevas plantas de bioetanol, dicha capacidad queda muy por debajo de la produccin requerida para cumplir los objetivos de la legislacin europea slo un 32% del objetivo. La mayor parte del bioetanol se destina al consumo interno (75%).

Cabe subrayar una novedosa convergencia entre el sector pblico y las grandes empresas del sector petrolero, automovilstico, agroalimentario, biotecnolgico, energtico y financiero. A nivel global, vemos por ejemplo a la petrolera BP asociarse con la biotecnolgica DuPont para proveer el mercado britnico del biobutanol, o a la semillera Bunge plantearse una alianza con la constructora Acciona para suministrar biodisel a Repsol YPF.

Observamos por ejemplo que en la planta Bio-Gibraltar se ubican inversiones de Abengoa y Cepsa (de la que la petrolera francesa Total controla 48%, bsch 30% y Unin Fenosa 5%). La planta de Bio-Dosbio se encuentra a cargo de Biocombustibles Castilla y Len, participada por Abengoa, y el gigante agroalimentario Ebro Puleva. En el negocio de los agrocarburantes intervienen principalmente grandes corporaciones espaolas [2]. A pesar de la gran cantidad de actores, las 5 empresas con mayor volumen de produccin de agrocarburantes en el Estado espaol reunieron en 2006 una cuota conjunta de 88% sobre el total de la produccin (DBK, 2007).

Los distintos niveles de gobierno y numerosos centros de investigacin pblicos y privados son parte del entramado al apoyar la produccin de agrocombustibles: la planta Bionet Europa (Reus) tiene participacin del Instituto para el Desarrollo Energtico (IDEA), lInstitut Catal de lEnergia (ICEAN), y socios privados como Agrar Tecknick y Reagra; la planta Idea (Alcal de Henares) es impulsada por el Instituto para la Diversificacin y Ahorro de la Energa (idae) y la Universidad Complutense de Madrid; o la planta Biodisel de Andaluca 2004 sa-vida, proyecto subvencionado al 100% por el gobierno andaluz.

La implementacin obligatoria de los agrocarburantes en el sector de transportes, sin disponer de la capacidad de produccin local necesaria, ni de disponibilidad de tierras dentro del Estado espaol para cultivos energticos, genera la necesidad de importar materia prima (soja, palma aceitera, maz, etctera). Una mayor demanda de materia prima implica el desarrollo desmesurado de cultivos energticos en pases en vas de desarrollo, lo que tendr impactos sociales y ecolgicos negativos, pues supone que los pases productores incrementen la superficie de cultivo. En diversas regiones esto provocar el avance irremediable de la frontera agropecuaria sobre reas de incalculable valor biolgico y cultural, profundizando, adems, los impactos ya conocidos de los monocultivos: el uso desregulado de agroqumicos, el desplazamiento de comunidades indgenas y campesinas, el despoblamiento rural por la concentracin de la tierra y la produccin de gran escala para exportacin.

Todo ello por satisfacer las necesidades energticas del mundo desarrollado [3], cuando en realidad debera primar la generacin de recursos energticos con materias primas locales, privilegiando la bsqueda de la soberana energtica.

El modelo de implantacin de gran escala profundiza el proceso de concentracin masiva de riqueza y prioriza la rentabilidad econmica de unas pocas empresas por sobre la sustentabilidad social y ambiental de las regiones ms vulnerables del planeta. Nos preguntamos entonces cmo pueden acceder los pequeos agricultores y las comunidades rurales a los beneficios de la produccin y comercializacin de los agrocombustibles cuando la produccin, la distribucin, la provisin de insumos y la regulacin del precio se hallan en manos de las grandes corporaciones y lobbies econmicos. Cmo es que gobiernos de profundos valores democrticos promueven los biocombustibles, aun sabiendo que en los pases productores esto generar profundas desigualdades, exclusin social, prdida de diversidad, libertades y autonoma. Peor si consideramos que las poblaciones de estos pases no tienen ninguna participacin en la toma de decisiones que afectarn directamente su modo de vida.

Y en cuanto a la supuesta solucin que constituiran los agrocombustibles ante el cambio climtico, el modelo agro exportador contribuye en 14% a las emisiones de gases de efecto invernadero y los cambios de uso de suelo (sobre todo la deforestacin) representan otros 18% [4]. Por tanto resulta difcil entender que se pretenda mitigar el calentamiento global intensificando dicho modelo para producir agrocarburantes.

Consideramos que producir agrocombustibles en pequea escala (para autoconsumo, con materias primas que no entren en conflicto con la produccin alimentaria o bien provengan del reciclado o del cultivo de tierras degradadas, promovidas por cooperativas o asociaciones de pequeos productores, entre otras caractersticas) podra constituir un modelo alternativo viable. En lo inmediato, una respuesta atinada se ubica en polticas que regulen el consumo energtico insostenible, mejoren la eficiencia y, de manera general, permitan iniciar un proceso de descrecimiento operando una ruptura con la lgica crematstica actual, principal responsable de dichas problemticas. Proponemos la aplicacin de principios de sustentabilidad, dar prioridad a tecnologas que aumenten la productividad de los recursos, en vez de incrementar la cantidad extrada de recursos (Daly, 1997), dar prioridad a tecnologas orientadas a la satisfaccin de necesidades bsicas y que contribuyan a la reduccin de las desigualdades (Vilches y Gil-Prez, 2003), y aplicar el Principio de Precaucin cuando no conocemos las repercusiones econmicas, sociales, ambientales e institucionales que una tecnologa puede desencadenar en el mbito local y global. A partir de la nocin de justicia ambiental , es que las polticas pblicas del Estado espaol deberan tender a evitar la afectacin social y ambiental de las poblaciones de la Periferia, provocada por el uso desproporcionado de los recursos de por s limitados del planeta por las sociedades del Centro, y las propias empresas espaolas. La expansin de varias de ellas ha contado con diferentes mecanismos pblicos de apoyo a la internacionalizacin, a pesar de haber demostrado en los ltimos aos una autntica irresponsabilidad social corporativa en sus actuaciones en el Sur [5].

* Rosa Binimelis, Observatori del Deute en la Globalitzaci Ctedera unesco de Sostenibilidad de la Universitat Politcnica de Catalunya e Instituto de Ciencia y Tecnologa Ambiental-Universidad Autnoma de Barcelona.
Mnica Vargas, Instituto de Ciencia y Tecnologa Ambiental-Universidad Autnoma de Barcelona.
Alejandro Jurado, Instituto de Gobierno y Polticas Publicas-Universidad Autnoma de Barcelona.

Publicado en Revista Biodiversidad en Espaa
http://www.grain.org/biodiversidad/

Notas

[1] Ver pginas web de las empresas productoras. Se puede encontrar un listado parcial en: www.biodieselspain.com y www.appa.es. Ver tambin Ramrez, 2007. Cabe destacar las dificultades que tuvimos en conseguir informacin sobre la materia prima a partir de la cual dichas empresas producen agrocarburantes.

[2] Base de datos SABI, pginas web de las empresas mencionadas. stas y otras empresas de los sectores antes citados realizan fuertes inversiones en agrocarburantes en Latinoamrica, Indonesia y Malasia.

[3] El 14 % de la poblacin (pases desarrollados) consume el 50% de la energa mundial.

[4] Informe Stern: la economa del cambio climtico (http://www.ambientum.com/documentos/general/resumeninformestern.pdf)

[5] http://www.odg.cat

Bibliografa

APPA, 2007. Biocarburantes y Desarrollo Sostenible. Mitos y Realidades, Madrid. Disponible online: http://www.appa.es/descargas/Doc_biocarburantes_1309.pdf

DBK, Biocarburantes, Informe especial, Madrid, 2007.

Ramrez Copeiro del Villar, J., Principals aspectes del mercat espanyol del Biodisel. Ponencia en las III Jornadas del Biodisel. Asociacin Catalana del Biodisel.

Daly H. (1991) Steady-State Economics (Washington dc, Island Press). Vilches, A. y Gil-Prez, d. (2003). Construyamos un futuro sostenible. Dilogos de supervivencia. Madrid: Cambridge University Press. Captulo 12.



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