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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-01-2008

Consideraciones sobre un artculo de Albert Escusa
Orwell, el escritor de la Quinta Columna

Pepe Gutirrez-lvarez
Rebelin


...Transcurridos ms de 50 aos de la muerte de Jsef Vissarionovich Dzhugashvili (Stalin) persiste el debate entre sus detractores y defensores.

Quien escribe lneas como estas no sabe de lo que est hablando. No hay un debate con los defensores. Los que existen se pueden contar con los dedos de una sola mano. No estn en las libreras, ni en los foros, en cualquier pgina alternativa el concepto estalinismo se usa casi exclusivamente como insulto, o como parte de un pasado errneo, y en muchos casos, superados.

En el movimiento comunista espaol, el estalinismo comenz su cuenta atrs en 1956. En el debate que tuvo lugar en el PSUC a principios de los aos ochenta, fue utilizado como arma arrojadiza por eurocomunistas y prosoviticos. Los grupos maostas con alguna significacin se desintegraron por la misma poca. Desde entonces, ni tan siquiera el Partit Comunista de Catalunya (PCC), levanta tal bandera y recibe muy mal cualquier insinuacin de estalinismo. S existe una polmica, y potente. Pero es la que se da en lneas generales entre una derecha que trata de ennegrecer la historia comunista bajo los parmetros de Stalin (con la cohorte Pol Pot, Ceaucescu, el ltimo Mao), etc, y una izquierda amplia que trata de diferenciar entre el nio (el ideal del comunismo, y millones de personas que dieron por ello lo mejor de s mismos) y el agua sucia (el estalinismo).

Es verdad que existen historiadores que defienden determinadas posiciones del estalinismo, sin ir ms lejos en la guerra espaola. Lo dijo Jorge Semprn en un congreso con ministros, y lo dicen autores como Antonio Elorza, pero siempre diferencian entre este acuerdo concreto. Elorza sin ir ms lejos sola incluir a Lenin en la misma lista que Stalin, Hitler, MaoCuriosamente, no citaba a Franco. Por lo dems, cuando desde las pginas del negacionismo estalinista se citan autores que no son los de la casa (como Ludo Martens cuyos trabajos son ya muy lejanos), se atreven a citar investigadores como Robert Service o J. Arch Getty, porque matizan y contraran lo que podemos llamar el canon Soljenitsin, pero que hay que estar ciego para deducir de aqu que efectan alguna justificacin del estalinismo. Lo que dicen lo contrario es que no los han ledo (lo cual es bastante probable), o es que no saben leer (1).

Es evidente que el tema tiene una importancia central en la historia del siglo XX. Los nostlgicos que aoran los viejos tiempos en los que pareca que el meridiano histrico pasaba por Jsef Stalin, aciertan, fue as. Para los comunistas de fe de carboneros, todo estaba claro. De un lado la URSS, los pases socialistas, y el movimiento comunista internacional que gozaba de una base militante que lo dio todo en la lucha contra los fascismos. Contra el franquismo que a su vez estaba apoyado por el mundo libre, el mismo que traicion la Repblica...No hay la menos duda pues que la imagen de Stalin est estrechamente ligada con la primera experiencia (duradera en el tiempo) de un Estado socialista. Stalin fue el mximo dirigente del Partido Comunista (Bolchevique) y, por tanto, tuvo un papel decisivo en la historia de la Unin Sovitica a lo largo del periodo 1924-53. Sin embargo, no es menos cierto que a partir de ah, cualquier tiempo pasado fue mejor.

A lo largo de su trayectoria, el estalinismo conoci diversos perodos. En lneas muy generales (2), se puede hablar de una fase de ascenso (1922-1932), otra de apogeo (1932-1953), para entrar ya en abierta crisis (1953-1956), y luego, abiertamente en un proceso de retroceso incesante (1956-1968), as, hasta el final. Un final con una cada sin resistencia del Estado sovitico y de los pases del llamado socialismo real en los que, como dijo muy acertadamente Rudi Dustcke, existan muchas realidades, pero ninguna de ellas era el socialismo. Los que no quieran ignorar todo el proceso: de los soviets al mando nico, del desarrollo de la nomenclatura sovitica, los las ms groseras falsificaciones histricas, el sometimiento de la Internacional Comunista, el exterminio de la vieja guardia bolchevique, de los entresijos de la intervencin en la guerra de Espaa o del pacto nazi-sovitico, etctera, tendrn que dejar de ir a las bibliotecas, dejar de ver pelculas, y encerrarse en sus cuatro verdades. Pero la verdad es que le ira muy bien leer libros como los mencionados o pelculas La confesin, de Costa-Gravas (3) o La vida de los otros, de Florian Henckel-Donnersmarck, sopena de quedar totalmente marginados de la verdad, y no oponerse a la reconstruccin de una izquierda militante cuyo actual problema determinante es que si bien sabe contra lo que est (el neoliberalismo y todo lo dems), est muy desconcertada ante unas alternativas, justamente porque est fueron corrompidas y maltratadas por la socialdemocracia y por el estalinismo. .

No puede recurrir as buenamente a argumentos tan simplones como que al final de cuentas la historia la escriben los vencedores, una magnfica regla de tres con la cual se puede justificar todo, no es por casualidad que los nostlgicos del nazismo la aprecian tanto. El estalinismo comenz a ser derrotado culturalmente ya a finales de los aos cuarenta sino antes. No hay otra manera de explicar que de todos aquellos intelectuales que le dieron apoyo en aquellos tiempos, y que luego fueron renegando uno por uno, hasta no quedar de hecho ninguno. Claro que al igual que Lise London, eso no significa renegar de sus ideales.

ste es el caso de un joven comunista belga que en 1936 tena veintids aos, Paul Nothomb, quien en su libro Malraux en Espaa (Edhasa, 2001), escribe: "Hoy me consta que los que fuimos sin duda sinceros comunistas ramos los cmplices de grandes crmenes. Nos encontramos a finales de 1936, es decir, en el momento en que Stalin se lanza a sus purgas ms sangrientas, cuyos ecos llegan hasta nuestros odos y dan lugar a violentas discusiones entre nosotros. Despus de todos estos aos, sin embargo, me niego a considerar a mis camaradas del Partido de manera distinta a como lo haca entonces".

Qu nos esta diciendo Nothomb?. Dos cosas que no son contradictorias. De un lado, valora aquel momento cuando, gracias a su experiencia en la aviacin, se enrola en la escuadrilla Espaa que Andr Malraux para acudir en ayuda de la Repblica espaola. Rememorando este compromiso de juventud, de revuelta exigente contra el orden burgus. Nothomb precisa en la pgina que acabo de citar: "La adhesin a la doctrina de Lenin nos una como la fe une una orden de monjes soldados". Con ello no est hablando de algo que se pueda amalgamar con el gran terror, sino de algo paralelo que, aunque ciego ante lo que, por perspectiva histrica, por su educacin sectaria, no son capaces de ver, y se niega a considerar que sus camaradas fueran responsables de todo aquello. Ellos dieron lo mejor de s mismo por una causa que lo mereca, y cuando tomaron conciencia de lo que fue el estalinismo, llamaron las cosas por su nombreSe siente "cmplice" en el sentido ms noble del trmino, es decir acepta su responsabilidad, pero, insisto, dicha complicidad no menoscaba la generosidad de su experiencia. Algo semejante se podra decir del Malraux capaz "transpirar" la solidaridad y la generosidad del pueblo en armas en una novela y una pelcula, dos obras inmortales donde las haya que, a su vez, no quita que Malraux se equivocara de pleno en la cuestin de la poltica comunista oficial como reconocera aos despus, aunque desde una ptica muy diferente a la de Nothomb (4)

Insistimos: el estalinismo comenz a perder la guerra cultural a finales de los aos cuarenta, y miserias apartes de tantos arrepentidos, no es otra cosa lo que cuenta la muy citada Frances Stonor Saunders en su muy citada obra La CIA y la guerra fra cultural (5). Ciertamente, la historiadora britnica enfoca ante todo dichas miserias, y pone en evidencia como al escoger la libertad muchos escogieron Corea, la caza de brujas de MacCarthy, la guerra del Vietnam, y todo lo dems. Pero a lo largo de sus ms de 6000 pginas, nunca justifica en lo ms mnimo, antes al contrario, a los que como Louis Aragon, Pablo Neruda, Rafael Alberti, y otros, se sometieron acrticamente ante el estalinismo, y miraron hacia otro lado en situaciones como los procesos de Mosc. Todos ellos tenan la misma repuesta que Paul Nothomb, no saban.

Despus del XX congreso del PCUS, partidos comunistas como el francs, el italiano o el espaol, haban revisado su historial, y haban tratado de tomar sus distancias de lo que llamaron culto de la personalidad. Y aunque los maostas hablaron de revisionismo y de traicin, y arguyeron una conspiracin a partir de la cual se rompa con el marxismo-leninismo, y con el socialismo sovitico, toda la documentacin existente sin excepcin abunda en sentido contrario: el Informe Jruschev sobre los crmenes de Stalin fue una medida de autodefensa de la burocracia, y fue sentida como un paso liberador por la gente en todas partes. Lderes como Togliatti o Thorez trataron de detener a Jruschev por temor a las consecuencias nacionales, pero al final se subieron al carro. Las fracciones tipo Enrique Lister que trataron de seguir como antes, carecieron de cualquier apoyo significativo. Extraa traicin esta que entre millones y millones de adherentes, apenas se oponen unos cuantos.

Se opusieron China y Albania?. S lo hicieron no fue desde luego indefensa del legado estaliniano sino por otros intereses, por lo dems, la desintegracin tambin caer sobre. En este punto me viene a la memoria una ancdota verdica de principios de los aos ochenta, cuando una agrupacin de jvenes prosoviticos catalanes marcharon de misin a Polonia porque estaban convencido que el rechazo al comunismo no poda darse en los barrios proletarios a los que fueron a parar con sus mochilas y sus insignias comunistas. Tuvieron que salir por piernas porque lo confundieron con provocadores o polica, y es que en nombre del comunismo (como de la democracia o de cristo) se han perpetrado demasiados crmenes.

Actualmente, seguro que estos jvenes ya no piensan igual, como no lo hacen cantidad de antiguos amigos maostas o psuqueros de la viaja guardia. En Cuba la palabra estalinismo produce salpullido, en Venezuela, Chvez ha hablado claro en este sentido, solamente quedan unos pocos mohicanos que con su antorcha buscan argumentos como Digenes buscaba hombres bajo el sol del medioda. Pero ms que argumentos a favor parecen que lo que ms encuentran sern los traidores que lo contaminaron todo tanto, tanto, que al final lo consiguieron.

Uno de ellos es por supuesto Trotsky, contra el que tratan de levantar las justificaciones ms peregrinas (5). Otro nos lleva a Orwell in person, en especial a sus obras Homenaje a Catalua, Rebelin en la granja y 1984, un arsenal literario contra el que algunos nostlgicos de los tiempos de Beria y Vichinsky, se han acogido como a un clavo ardiendo. El ms refrendado por el cartel pginas del negacionismo estalinista es sin duda el de Albert Escusa Quin fue realmente George Orwell? (http://www.rebelion.org/docs/6220.pdf), que resume sus supuestos en el siguiente subttulo: Los mitos orwellianos: de la Guerra Civil espaola al holocausto sovitico. Al parecer, Albert Escusa, forma parte del Partit Comunista de Catalunya (PCC), grupo prosovitico, partido actualmente coaligado con Iniciativa per Catalunya y con Llamazares, o sea con camaradas que ya no solamente abjuran de Stalin, lo hacen tambin del comunismo... Escusa se limita a dar por bueno lo que llama socialismo sovitico o marxista, todo como un acto de fe que no requiere la menor verificacin. Adems, lo hace sin mojarse del todo, rehuyendo entrar en materia, con miedo a asumir sus credenciales estalinianas.

En su opinin Orwell es meramente un mito montado por las clases dominantes para alimentar la reaccin de muchos izquierdistas y progresistas contra el modelo socialista sovitico. Dicho mito se habra montado falsificando su verdadero rostro cuando en realidad lo que haca era rechazar el modelo marxista de la URSS. Orwell siempre rechazo el comunismo, y por supuesto, la revolucin rusa, no es de otra manera que interpreta Rebelin en la granja. Elemental, sobre todo si no haba nada que criticar. De ah pues que segn Escusa escribi Animal Farm para satirizar la Revolucin rusa de 1917 y su desarrollo posterior. Detalles al parecer innecesarios para desmontar a los que se dejan arrastrar (por el mito Orwell), y hacen un anlisis superficial del personaje por el simple hecho de que pasan por alto el contexto histrico.

sta es una puerta que Escusa no abre aunque presume tener la llave: el nico contexto que cita se sita en la fase final de la II Guerra Mundial, y ya esta. Lo dems ya no debe ser contexto. Sin embargo, es un contexto ms que suficiente para dictaminar que Orwell, no padeci ninguna censura, simplemente sufri un aplazamiento. La libertad de crtica debe ser un arma mortfera porque Escusa parece temer que la edicin de Rebelin en la granja era un grave peligro cuando todava no se saba quin vencera en el conflicto, s la Alemania nazi o la Unin Sovitica. Nadie poda predecir con seguridad que el nazismo sera extirpado de Europa, ni todava se haban descubierto los campos de exterminio nazis Con su pequea fbula, Orwell era un peligro para la Unin Sovitica como paradigma de estado socialista. Es ms, solamente beneficiaba al enemigo, a al Eje. En su afn de encontrar ms pruebas, Escusa llega a afirmar con rotundidad que Rebelin en la granja que apareci en Gran Bretaa coincidiendo con el final de la guerra (por el aplazamiento para no molestar a un gobierno amigo). Ni que decir tiene que esta obra se imprimi en la Alemania nazi y la Italia fascista. No hay duda para Escusa y CIA: Orwell fue por excelencia, un escritor de la Quinta Columna.

Luego resulta nada menos que Mientras que los ingleses ahogaban en sangre la lucha del pueblo griego, dirigido por los comunistas, y mientras provocaban enfrentamientos entre las comunidades islmicas e hindes de la India, para evitar su independencia, al precio de cientos de miles de muertos, Orwell reivindicaba el Imperio y ayudaba a este mismo Gobierno, denunciando a comunistas y progresistas y especulando sobre la supuesta tirana sovitica para azuzar el odio anticomunista. Y era esta misma URSS el nico pas que ayudaba abiertamente las luchas de las colonias por su liberacin! (7).

Lo ms curioso es que este tipo peligroso por su stira era en realidad un vulgar plagiario segn cita de un seor desconocido, al que refrenda con una referencia del propio Orwell, y una cita de Isaac Deutscher, un historiador trotskista heterodoxo que para ste caso le sirve, y ya est. Pero, adems, Escusa no se olvida del psicoanlisis y describe a Orwell como un pequeo burgus sentimental, como una suerte de Cristo redentorista sin ideologa concreta, o sea sin una casa marxista-leninista donde todo est cientficamente en su lugar...Armado de un socialismo puro y sentimental Orwell vino a Espaa al frente de Huesca que era un cachondeo, todo con la finalidad de constituir el nefasto modelo orwelliano, en realidad toda una trama de falsificaciones que junto con las maquinaciones del POUM, que persegua el hundimiento de la retaguardia republicana;

Como Escusa no se atreve a ilustrarnos sobre el complot que una el trotskismo con el hitlerismo nos lleva hasta los elementos de la CIA que daran lugar a la conexin catalana. Los agentes fueron como los Reyes Magos, tres: Vctor Alba, Julin Gorkin y Burnett Bolloten. Y aqu estn las pruebas: a Vctor Alba fue elogiado por Jimnez Losantos; Gorkin, al que trata de irona como viejo bolchevique (8), fue por su parte, amigo de Jacques Doriot (que hasta 1932 fue estalinista, y que en 1936 se hizo fascista), y tambin del traidor Jess Hernndez, algo que Escusa apunta como s se tratara de un pecado inconfesable, curiosamente fue un pecado muy extendido en el PCE-PSUC: Valentn Gonzlez, Joan Comorera, Llibert Estarts, Jos del Barrio, Gabriel Len Trilla, Enrique Castro Delgado, Fernando Claudn, Jorge Semprn, y la lista sigue (9). En cuanto a Bolloten, el historiador de la presunta revolucin espaola, aunque se comprometi con la causa republicana y simpatiz con los comunistas, al final se hizo anticomunista. Todo ello adems, sin el menor motivo. Y como un buen ejemplo de tamaa "conexin Escusa cita la antihistrica y manipuladora filmacin Tierra y Libertad, pelcula profusamente elogiada en todos los medios burgueses, sin anotar que fue pasada en una de las fiestas del PCC...

Al parecer, la actuacin personal de Gorkin y de otros antiguos poumistas tienen un poder contaminante, de ah que Escusa precisa citando un texto editado en la Web de la Fundacin Andreu Nin, heredera de lo que fue el POUM: En 1953 fue uno de los fundadores del Congreso Por la Libertad de la Cultura. (...) Gorkin pas a ocupar la direccin de la revista de la organizacin, Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, fundada ese mismo ao. La direccin de esta revista sera el empleo ms estable que jams llegara a tener. Junto a Gorkin se incorpor Ignacio Iglesias, antiguo poumista asturiano, como jefe de redaccin. Cuadernos, pese a estar radicada en Pars, se diriga principalmente al pblico sudamericano, contando con colaboradores del exilio y la oposicin interior espaola y autores de distintos pases de Amrica Latina. En Cuadernos escribieron, entre otros, Salvador de Madariaga, Aranguren, Ferrater Mora, Amrico Castro, Vctor Alba, Camilo Jos Cela y Dionisio Ridruejo. O sea que escribieron muchos antifranquistas, intelectuales que pretendan crear una oposicin no comunista. Tambin estuvieron detrs del contubernio de Munich (10).

Estas son consideraciones muy habituales del viejo estalinismo, y podan haber formado parte de un artculo en la prensa comunista oficial en los aos cincuenta o sesenta, aunque dudo que el PCE y el PSUC lo hubiesen publicado despus de la ocupacin rusa que puso fin a la primavera de Praga, segn Breznev, para desarticular una infiltracin trotskista. Escusa habra firmado sin duda este argumento ya que en su opinin, todo lo que vino despus es el en gran medida consecuencia del modelo orwelliano, consecuencias que detalla su amigo Eduardo Nez con las siguientes palabras Es una realidad que lejos de construir el modelo totalitario sobre la base de la realidad sovitica, los intelectuales y acadmicos operaron a la inversa, es decir, utilizaron el modelo orwelliano para entender y explicar la sociedad sovitica que ellos queran que existiese realmente. A ver s lo he entendido, o sea que todo lo que escribi Orwell (y toda lista de intelectuales antisoviticos, que fueron rechazando dicho modelo), lo que describan era lo que ellos queran que Rusia fuese, y por supuesto, no era. El juego de manos que sigue es literalmente alucinante.

As, Escusa asegura que la existencia de un genocidio silencioso, un siniestro y oculto holocausto contra los pueblos exsoviticos, es un producto del modelo orwelliano. La cada del muro y de todo los demsfue al parecer, fraguada por Orwell, Gorkin y sus seguidores han ayudado a la cada del socialismo. Lo han hecho con libros como Rebelin en la granja y 1984 con los que estaban estaban ayudando a destruir una parte del mundo. Por supuesto: tambin ayudaban a la CIA a levantar otra realidad, la constituida por los escuadrones de la muerte, las dictaduras militares, las guerras sucias, los desaparecidos... Sigue con mayor furia: Este es uno de los grandes xitos de estos intelectuales, pero su mayor xito (...) es el espantoso holocausto que estn viviendo los pueblos exsoviticos. Y mira por donde ahora, ni Pepe Gutirrez ni ningn otro orwelliano se ha conmovido y ha levantado la voz para protestar por la represin hacia los escritores comprometidos y perseguidos por el imperialismo. Y para remachar, nos lleva al gesto inevitable coincidir con la acusacin del camarada Fernndez Ortiz cuando ste proclama: Por cierto, y dicho sea de paso, quiz va siendo hora de asumir responsabilidades y que aquellos que desde la izquierda contribuyeron y se alegraron de la desaparicin de la URSS porque no era autntico comunismo, reconozcan su error pblicamente y pidan disculpas a la poblacin de la antigua Unin Sovitica por su parte de responsabilidad en los sufrimientos que para millones de personas ha supuesto la desaparicin del comunismo sovitico. (11)

Orwell nunca tuvo a priori ningn rechazo al comunismo, antes al contrario. El comunismo es una meta final ulterior al reino de la libertad que no se ha aplicado en ninguna parte. El concepto retomado por Lenin al crear la III Internacional se justificaba como una forma de rechazo a lo que se haba convertido la socialdemocracia clsica.

Perteneca a una generacin que naci a la vida poltica entre finales de los aos veinte y la primera mitad de los aos treinta, o sea en una coyuntura poltica de crisis abierta del sistema capitalista, y por lo mismo, de revalorizacin de la revolucin rusa. Para l, al menos hasta 1936-37, se trataba poco ms o menos de un inmenso pas en el que proyectar los sueos sobre la ciudad ideal, un pas que haba quedado al margen de la gran depresin, y que se eriga como un baluarte ante al nazi-fascismo en oposicin a la actitud cmplice de la burguesa liberal (y la socialdemocracia parlamentarista). Orwell denunci a la derecha que haba credo que el demonio nazi se contentara con llevar sus exigencias expansionistas hacia la URSS, se vio obligada a aceptar una alianza antifascista con la que adems- se reconciliaban con sus propios pueblos. En esta trgica coyuntura, el estalinismo pas a ser sinnimo de comunismo, y alcanz un prestigio enorme que se manifest por el auge extraordinario de los partidos comunistas. Fallecido en 1950, Orwell apenas s tuvo ocasin de conocer el inicio de una quiebra que tendra su primer acto en el cisma titosta.

Apenas s pudo asistir a los prolegmenos de la guerra fra, y desde luego no se le puede considerar responsable de cmo los verdaderos vencedores de la Guerra Mundial, los norteamericanos con todo su potencial, utilizaron sus obras, marcadas por su obsesin crtica sobre el curso que haba tomado la URSS desde los procesos de Mosc, escritas a partir de su experiencia en la tentativa de reproducir dichos procesos en el campo republicano, y por lo tanto, situadas a contracorriente. Su actitud contra el comunismo no fue muy diferente al que acabaran tomando artistas e intelectuales de procedencia izquierdista como lo fueron, entre otros muchos: Bertrand Russell, Ignazio Silone, Andr Malraux, Edmund Wilson, Arthur Koestler, Stephen Auden, Richard Wright, James T. Farrell, Gustav Regler, John Dos Passos (12 ). Tampoco fue muy diferente a las actitudes asumidas por los socialistas de izquierdas, por no hablar de los anarquistas. Luego vendra la muerte de Stalin, las movilizaciones antiburocrticas en Alemania, XX Congreso del PCUS, la revolucin hngara de 1956, el ascenso del tercermundismo, de las nuevas vanguardias juveniles, y la crisis acelerada del movimiento comunista internacional que producira deserciones en cadena, hasta la total debcle actual.

Resulta curioso que el verdadero Orwell que describe Escusa fuese y siga siendo, uno de los escritores ms estudiados, ledos y admirados, y que lo sea mucho tiempo despus que algunas figuras emergentes de la segunda postguerra hayan cado en el mayor olvido. Ms curioso resulta que su verdad no corresponde a la de ningn estudiosoCuando sali a la luz pblica la desdichada historia de las listas (posible indicio de un proceso de derechizacin del escritor tal indic Mary MacCarthy), la prensa reaccionaria britnico no dud sobre donde deba poner el acento: haba que destruir el prestigio de un escritor socialistaAl describir mayo del 37, Orwell se adelant veinte aos a los que vieron el Octubre hngaro de 1956, e intuy lo que estaba sucediendo en la Rusia de Stalin. El lector que quiera pasar de las controversias para entrar en una descripcin directa que respira autenticidad por los cuatro costado, no tiene ms que leer Vida y destino, de Vasili Grossman, y comprobar toda la miseria de la escolstica sobre el socialismo y esa ciencia con la que el movimiento comunista ha pasado de ocupar un papel central en la historia a quedar totalmente marginado.

Sera prolijo y fatigoso responder a cada una de las falsedades vertidas por Escusa. Orwell no fue ms machista que Marx o Lenin, fue antisionista y no antisemita, al revs que Stalin, Gabriel Zad en Cultura e imperialismo lo distingue como una de las pocas voces del anticolonialismo literario britnicoVctor Alba fue un personaje con varias vidas, y con contradicciones muy fuerte, pero s una biografa tiene que ser medida por lo que dice Jimnez de los Santos, Largo Caballero debi ser ms que el Lenin espaol. Es muy curioso como se subraya las conexiones con la CIA de un puado de plumistas que haban dejado de serlo (que no de defender su historia), cuando fueron legin los comunistas que hicieron el mismo camino, baste sealar los casos de Franois Furet o el de algunos de los responsables del Libro Negro. Algunos fervorosos estalinianos se aplican en crear listas de trotskistas que se han pasado a la reaccin cuando representan poco ms que una gota en el ocano de deserciones del comunismo oficial. Doriot fue un estalinista hasta 1932, entre 1932 y 1935 fue un disidente de izquierda, acrrimo defensor del frente obrero contra el fascismo, Gorkin dej de tratarlo en 1934, pero la relacin no sirve para contaminar al PCF sino contra Gorkin y el POUM. Lo de la retaguardia republicana, las ironas sobre el asesinato de Andreu Nin, son notas de la misma calaa que la mentira la edicin de Rebelin en la granja en la Alemania de Hitler y en la Italia de Mussolini. S es verdad por el contrario que con ocasin del pacto nazi-sovitico, Stalin regal a Hitler a numerosos militantes comunistas que estaban refugiados en la URSS.

El verdadero Orwell que ha construido Escusa en contra de todas las fuentes y estudios conocidos, se parece a una de aquellas obritas con la las ediciones de Lenguas Extranjeras moscovitas converta la obra de John Reed Diez das que conmovieron el mundo en un compendio de rectificaciones en las que se precisaba una y otra vez que los bolcheviques que se haban enfrentado a Stalin en una fase u otra haban sido en realidad una pandilla de antileninistas. Est escrito con la misma materia que se construan antao traidores como Arthur London, Joan Comorera o Paul Nizan. Partiendo de la misma premisa que mi abuelita que cuando alguien quera negar algo muy evidente, clamaba, !Es cmo decir que Dios no existe.

Su mtodo es tan sencillo como la vida misma. No hay un pice de rigor y de verdad en ninguna de sus acusaciones. Cierto es que Orwell fue un personaje contradictorio, que sus relaciones con el movimiento obrero y el socialismo no estuvieron exentas de conflictos, o que en tal o cual cuestin su postura merece ser discutida, pero aspectos parecidos pueden encontrarse en Heinrich Heine, en Mximo Gorki, y las lista es interminable. Hay toda una literatura en este sentido, baste recordar las ambivalencias de un Jack London, o de Cesare Pavese, y tantos y tantos otros, gente especial como deca Marx de Heinrich Heine. Con el baremo de Escusa, Jack London hubiera sido un miserable fascista, misgino, racista, y un largo etctera, y sin embargo fue un militante del socialismo marxista, compaero de Eugene Debs. Con citas ajenas, con amputaciones infames, Escusa crea un Orwell que si representa algo es a su propio reflejo, lo clasifica como un funcionario del Ministerio de la Verdad.

Al mimo tiempo que amputa al reo toda clase de desviaciones, mientras que deja fuera de toda sospecha a Stalin y la burocracia, s hay algo que objetar no puede ser otra cosa que provocacin o propaganda imperialista, de ah que ni siquiera se rebaje a contestar sobre la historia de una revolucin que se adelant a su tiempo, y que sobrevivi al borde del abismo con medios brbaros. Ni media palabra sobre el gran debate del siglo como no sea para denigrar a un escritor sobre el que escogido las citas que le ha convenido sin hacer ms lectura que la requera la apariencia. Sus mtodos no son muy diferentes al de esa derecha que afirma que el comunismo es intrnsecamente perverso, y que escoge a Stalin (o a Lenin) para convertirlo en el pecado original, ttulo por cierto del que fue Evgeni Etvuchenko contra Lenin.

Se trata de un ltimo espasmo del viejo estalinismo, ya desahuciado hasta en formaciones como el PCE, reducido a los ncleos ms impresentables del PCE, as como a una serie de pequeas fracciones sobrevivientes de cuyo nivel cultural y moral artculos como los de Escusa pueden parecer autnticas virgueras, suficientes para luego verter insultos de todo tipo desde el anonimato de los blogs. Alguien dijo que el fanatismo se cura leyendo, y debe ser cierto porque prcticamente todos los estalinistas que he podido conocer a lo largo de cuatro dcadas, han acabado evolucionando por la discusin, la lectura, y claro est, por la suma de evidencias mostradas por el mismo curso de la historia.

(El lector encontrar un trabajo ms detallado sobre Orwell y el estalinismo en mi libro La cuestin Orwell, en preparacin en editorial Sepha de Madrid)

Notas

---1) Los negacionistas del estalinismo tienen obviamente- sus propios autores, pero ninguno de ellos sobrepasa los mbitos propios, ni tienen mayor reconocimiento que el meramente afn. En su afn de encontrar cmplices citan a autores como J. Arch Getty, quien, junto con Oleg V. Naumov, escribi La lgica del terror. Stalin y la autodestruccin de los bolcheviques, 1932-1939 (Barcelona, Crtica, 2001), uno de los trabajos ms reputados sobre lo que la derecha llama sin ms el Gulag. La mera lectura de la contraportada aclara sobre lo que llaman una guerra paranoica de todos contra todosLa obra acota la cronologa exacta, y sita a las vieja guardia bolchevique como la principal vctima, y por lo tanto, desmiente el canon Soljenitsin que se arrastra toda la revolucin, y convierte a los bolcheviques en culpables. Sobre esta cuestin me remito a mi trabajo Los negacionistas del estalinismo (1 y 2), aparecido en Kaoesenlared.

---2) Para un estudio sinttico sobre el cmo y el porqu del estalinismo seguramente el mejor breviario actual sea el de Moshe Lewin, El siglo sovitico. Qu sucedi realmente en la Unin sovitica?, de Moshe Lewin (Barcelona, Crtica, 2006).

---3) Arthur London y Lise london fueron dos comunistas que creyeron en todo momento que criticar a la URSS y al partido era dar municin al enemigo, hasta que la dinmica inquisitorial les cay encima. Las torturas que describe Arthur a lo largo del libro recuerdan enormemente a las descritas por Orwell en La confesin, y a las que describe el hijo de Antnov Ovseenko en el documental de investigacin Operaci Nikolai

---4) En una resea del libro aparecida en El Pas (18-12-2001), Jorge Semprn, describe a Nothomb como "seducido y aducido por el ideal bolchevique, el idealismo revolucionario de un bolchevismo irreal que se encamara en los horrores del socialismo real", y reconoce que ste describe "un espritu de compaerismo inaudito, un extraordinario buen humor en todo momento, hasta el punto de que, al recordar esas horas pasadas, no puedo dejar de pensar que vivimos uno de esos raros instantes en que la fraternidad humana, eso tan a menudo adulterado, se convierte en algo ms que una palabra, que un eufemismo.". Semprn no disocia estos conceptos --muy similares a los de la "solidaridad viril" que Malraux vea encarnada en el activismo revolucionario- del horror estalinista, y trata, una vez ms, de abordar una cuestin que describe como s fuera un entomlogo, o sea como alguien que esta ms all de la historia. aunque esto no es el lugar, cabe recordar al menos algunas cosas, tales como que Semprn aparte de ser un antiguo comunista oficial (que como Federico Snchez se la "jug" contra el franquismo cuando los "liberales" no se atrevan ni a carraspear), fue luego un marxista heterodoxo (conocido sobre todo por su labor como guionista del "cine poltico"), para acabar, finalmente, como un "arrepentido" neoliberal, como un anticomunista a veces digno del ABC, que mira la Norteamrica ("republicana") con la misma devocin con que antao mir la URSS, solo ahora sus combates por la libertad (de las multinacionales) tiene un carcter mucho menos noble que cuando crey en el comunismo. Por ejemplo, durante la guerra de Golfo, Semprn dict como ministro la exclusin de una lista de funcionarios que haban firmado un manifiesto contra la guerra.

---5) Entre la abundante historiografa existente sobre las complejas relaciones entre los intelectuales y el comunismo oficial, seguramente la obra ms cuidadosa y detallada sea la de Herbert R. Lottman, La Rive Gauche. Intelectuales y poltica en Pars, 1935-1950 (Barcelona, 1985), en traduccin de Pepe Martnez, editor de Ruedo Ibrico. Su simple lectura demuestra que el caso Orwell fue cualquier cosa menos una exclusiva.

---6) Sera muy prolijo entrar entre las cosas que se puede leer sobre Trotsky en las pginas negacionistas, Nez por ejemplo insina que el presidente norteamericano le dio todas las facilidades para que pudiera viajar hasta Rusia, o sea reproduce una acusacin que se llev contra tren alemn que llev a Lenin a la estacin de Finlandia. En una pgina aparece un presunto investigador que dice que l s ha visto documentos en los archivos soviticos que prueban la conexin Trotsky-nazismo, y sus editores ni siquiera se plantean que puede tratarse de una broma estpida ya que, primero, qu sentido tena para la KGB su ocultacin?, y segundo, s las ha visto, porqu no las muestra?. La lista dara para algo as como un Celtiberia Show sobre la cutrez cultural.

---7) Sobre esta cuestin, el lector tiene a la mano una obra de la envergadura de Cultura y colonialismo, de Edward Sad (Barcelona, anagrama, 1996), y ver como Orwell aparece entre los anticolonialistasEscusa atribuye a la URSS una ptima posicin anticolonialista cuando hasta poda ser verdad hasta cierto punto, o sea despus de establecer la primaca de los intereses propios, as por ejemplo, el importante partido comunista iran arruin su implantacin apoyando al Sha porque eso era lo que interesaba a la URSS. La represin anticolonialista del imperio britnico despus de la II Guerra Mundial fue presidida por los laboristas, prosoviticos hasta entonces. Los franceses reprimieron brutalmente en Argelia, Tnez, Vietnam, etc, con un gobierno de Unin Nacional, con participacin del partido comunista francs.

---8) La breve indicacin sobre que Gorkin era un viejo bolchevique (cierto, fue comunista desde 1917), adquiere en la pluma e Escusa una resonancia especialmente srdida ya que indica que los viejos bolcheviques asesinados en los aos treinta eran de la misma naturaleza traidora que Gorkin.

---9) Sobre todas estas disensiones resulta imprescindible la obra de Gregorio Morn, Miseria y grandeza del Partido Comunista de Espaa, 1939-1985 (Barcelona, Planeta, 1986). El lector curioso podr encontrar una pequea contribucin de Escusa a una prolongacin de esta historia en su texto Marxismo o anarquismo? (www.espaimarx.org), escrito contra Joan Tafalla y Joaqun Miras cuando estos y otros camaradas entraron en contradiccin con la direccin del PCC, lo que para Albert representaba una hereja anarquista.

---10) Habra que estudiar como corriente tercerista (antifranquista, anticomunista), es representada por autores como Javier Tusell como una avanzada de lo que luego sera UCD, partido con el que la direccin del PCE-PSUC firm todos los pactos habidos y por haber en una operacin que entre otras cosas- signific la ruina del amplio movimiento social antifranquista y de ambos partidos, hoy situados en la marginalidad. Culpar a Carrillo de tales firmas significa no tener en cuenta que este posea el mando nico, la frmula que representa la quintaesencia del estalinismo.

---11) Citas del propio Escusa del libro: Chechenia versus Rusia. El caos como tecnologa de la contrarrevolucin, p.144, Editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2003. Con esta visin de la historia que justifica plenamente por ejemplo que Breznev mandara los tanques a aplastar la primavera de Praga porque esta consenta una infiltracin trotskista, lo ms seguro es que responsables y colaboradores de El Viejo Topo desde su fundacin hubiesen acabado en algn hospital psiquitrico y algo peor. En cuanto a la referencia personal, la verdad es que ser tratado como cmplice del imperialismo y parte de la conexin Orwell en Catalua es un honor que no me merezco.

---12) El lector encontrar una cierta informacin sobre algunos de estos escritores en una serie de trabajos mos aparecidos en Kaosenlared bajo el epgrafe de Literatura y revolucin, serie que ser ampliada en otras entregas, por ejemplo para hablar de escritor comunista alemn y miembro de las Brigadas internacionales, Gustav Regler.



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