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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-01-2008

Barack Hussein Obama: las palabras pueden?

Jorge Majfud
Txacala


En un reciente debate emitido por CNN entre los candidatos demcratas, una Hillary Clinton ofuscada, quizs por su derrota dos das antes en las preliminares de Iowa, reproch a los dems candidatos de abusar de la palabra "cambio". Lo significativo es que esta palabra es la preferida tambin por los republicanos, al igual que la frase "enough is enough" ("ya basta"). John Edwards tambin insisti, como lo ha hecho desde el 2004, que ningn cambio es posible hasta que no se quiebre el poder de los grandes lobbys que dominan el poder poltico y la economa de este pas. Estas corporaciones "nunca renunciarn voluntariamente al poder, y todos lo que piensan as viven en el pas de Nuncajams". (They "won't voluntarily give the power away and those who think so are living in 'Neverland.'") En gran parte, quien es aludido de vivir en "Nerverland" como Michael Jackson y Peter Pan es Barack Obama.

Pero el error de Edwards, Richardson y Clinton radica en no entender que la poltica, especialmente la poltica norteamericana, no se mueve segn argumentos, razonamientos o datos. stos slo sirven para legitimar un deseo popular o una accin de gobierno. Como lo anotamos en otro ensayo, son los estados de nimo el motor de los electores. Si hay un candidato que representa una fuerte esperanza de ser o de estar motivada por el miedo o por el cansancio, ms all de cualquier realidad, se ser el vencedor. Si ese candidato es capaz de hacer volar a sus electores como Peter Pan en Neverland, no slo resultar vencedor, sino que Neverland terminar por imponerse como el paradigma de la realidad y el pragmatismo. No hay nada ms poderoso que la imaginacin. Lo mismo ocurri con el imperio islmico, movido por una fe radical que haban perdido los romanos, y con otros imperios, como el espaol al principio inferior cultural y militarmente al imperio musulmn que surgi por la fuerza de la creencia en su destino celestial, contra los musulmanes y los aztecas, y cay por la burocratizacin de esa misma fe. Esto ser s por unas dcadas ms, hasta que la sociedad global madure su perfil multipolar.

"No basta con repetirlo dijo la senadora Clinton; hay que saber hacerlo. Y para saber quin puede hacerlo se debe ver la experiencia y el historial de cada candidato. ("Change is just a word if you don't have the strength and experience to actually make it happen.") La observacin iba dirigida, no slo con la mirada de un rostro rgido y sin paciencia, sino por la repetida alusin al senador de Illinois, Barack Obama, de no tener experiencia poltica necesaria para gobernar. Obama se mostr dbil en esta oportunidad, con ideas un poco vagas. Hubiese bastado con recordar que al ahora atacado presidente le haba sobrado experiencia desde el principio. A diferencia de John Edwards que insisti apasionadamente con cifras sobre la catstrofe del gobierno del presidente Bush, Obama se limit a insistir en los aspectos positivos de un "nuevo comienzo". Respondiendo a la senadora Clinton, titube unas palabras que al principio pudieron sonar "polticamente inconvenientes". Cuando lo correcto y tradicional es asociarse al prestigio los "hechos" y las "acciones", tal vez porque no tena la experiencia del gobernador hispano de Nuevo Mexico, Bill Richardson, para responder a la senadora, Obama balbuce unas palabras que en principio pudieron sonar dbiles, pero que la realidad de la voluntad popular est confirmando como su mayor fuerza: "Las palabras valen dijo; con las palabras se puede cambiar esta realidad".

Esta expresin me record el reciente libro colectivo de la UNICEF Las palabras pueden, en el cual fuimos invitados a participar. Muchas veces insist, tal vez por mi doble experiencia de arquitecto y escritor, que la realidad est hecha ms con palabras que con ladrillos. Esta afirmacin se deba al aspecto negativo de las palabras organizadas en las narraciones sociales de una cultura hegemnica: me refera a las palabras del poder, a la manipulacin ideolgica, a lo "polticamente correcto", a los clichs, a los ideolxicos, etc. Sin embargo, por otro lado, podemos ver su aspecto positivo o, al menos, optimista: con las palabras se puede cambiar el mundo. Es demasiado optimista pero no del todo utpico. Esta confianza en las palabras puede ser ms propia de nuestro amigo Eduardo Galeano, pero nunca pensamos escucharla en un candidato serio a la presidencia de Estados Unidos en su sentido de cambio, de (tibia) rebelin. Primero por la historia poltico partidaria y geopoltica de este pas. Luego por la excesiva confianza de la cultura angloamericana en los "hechos" y su menosprecio por las "palabras", las ideas y todo lo que proceda del lado intelectual del ser humano.

Estados Unidos est a un paso de un cambio significativo. Como previmos, este cambio, en medio de una marea conservadora que lleva treinta aos, puede producirse en la prxima dcada. Y este es el ao crucial.

Lo ms probable es que un candidato demcrata se lleve la presidencia. Hace cuatro aos pens que sera una mujer, Hillary. Como es casi la norma, una mujer hija o esposa de algn prestigioso exgobernante, como ha sido la norma hasta ahora. Desde hace un buen tiempo pensamos que ese presidente puede ser Obama. Aunque el poder destruye cualquier cambio significativo, podemos pensar que de todos los candidatos, salvo el disidente republicano Ron Paul con un sorprendente apoyo que casi iguala al obtenido por Rudy Giuliani, pero lejos de llegar a la presidencia, Barack Obama es quien mejor representa ese posible cambio y, ms, es quien mejor est habilitado para encarnarlo. No a pesar de su escasa experiencia, sino por eso mismo.

Barack Hussein Obama parece ser un candidato marcado por un fuerte y hasta paradjico simbolismo. Su nombre no lo beneficia, a no ser por una radical interpretacin psicoanaltica (que tambin se dio en la Reconquista ibrica): recuerda fonticamente tres veces a personajes musulmanes, un presidente, un dictador y la obsesin nmero uno de este pas. Por otro lado, si en los siglos anteriores era comn que el patrn blanco embarazara a la sirvienta negra, Obama es producto de una simetra. No es descendiente de esclavos africanos, sino el hijo de un musulmn negro de Kenia y una laica blanca de Missouri. La pero combinacin para los influyentes conservadores. Naci en Honolulu, cuando sus padres estudiaban en la universidad, y se cri en Indonesia, el pas musulmn ms poblado del mundo. No fue amamantado por nodrizas negras sino por una familia blanca, tpica clase madia norteamericana, luego de la separacin de sus padres. Obama es un universitario exitoso, segn los cnones actuales, abogado y conferencista. Es, en el fondo, no slo un ejemplo para la minora negra norteamericana, sino para la blanca tambin: representa el paradigma del despojado, del Moiss nacido en desventaja que se encumbra en lo ms alto de la pirmide poltica-econmica de un pueblo.

Pero por esto mismo tambin representa la mayor amenaza para el ala conservadora de esta sociedad, que es la que retiene el mayor poder econmico y sectario, aquel que nunca saldr a la luz sino como meras especulaciones o bajo etiquetas como "teoras de la conspiracin".

Obama se ha opuesto desde el principio a la guerra de Irak, ha dicho que se entrevistara con Fidel Castro, que socializara la salud y otros servicios, adems de una larga lista de manifestaciones de voluntad polticamente incorrectas que poco a poco comienzan a ser premiadas ante la mirada atnita de los radicales y hasta de los ms moderados "neocons", acostumbrados al poder. La acusacin de vivir en Neverland puede terminar emocionalmente asocindolo al consolidado precepto de "I have a dream" de Martin Luther King.

Tal vez Obama triunfe en las internas demcratas. Si lo hace, ms fcil le resultar vencer a los republicanos y llegar a la presidencia. Tal vez impulse esos cambios que, tarde o temprano llagarn a este pas. Ojal no alcance el mismo destino trgico de John F. Kennedy o del otro soador negro.






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