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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2008

Sobre Hannah Arendt y Rosa Luxemburgo
La banalidad del amor

Osvaldo Bayer
Revista Koeyu Latinoamericano



S. Tal cual. En vez de La banalidad de la Maldad, como subtitul la ensayista juda Hanna Arendt su libro sobre Eichmann, se ha estrenado una obra teatral en Alemania que lleva por ttulo La banalidad del amor. Y justo se refiere a la relacin entre la misma Hanna Arendt con el filsofo alemn Martn Heidegger, quien en 1933 se afili al partido nazi. Una relacin que nadie la mayora ha podido entender todava. La autora de la obra de teatro tambin es juda, se llama Savyon Liebrecht y trata de interpretar en la obra de ficcin esa relacin entre dos personas tan distintas en sus ideologas. La obra se ha estrenado con un gran xito de pblico. No es para menos.

Antes de morir, Hannah Arendt declar: "Me siento elevada hasta hoy por Heidegger como ser pensante y como mujer". S, una escritora que describi como pocos la miseria absoluta de pensamiento del nazismo.

El comienzo de esa relacin fue la del profesor con la alumna. Heidegger era ya, a los 35 aos, en 1924, un profesor de filosofa cuyos libros haban comenzado a trascender en todo el mundo. Ella, de 17 aos, era su alumna. Profesor y alumna pasaron muchas horas muy enamorados en una cabaa no muy lejana de la casa de Heidegger, quien era casado con dos hijos. La relacin amorosa fue muy intensa entre 1924 y 1926, hasta que despus ella se fue a estudiar a otra universidad. En 1929 Hanna se cas con el escritor Gnther Anders. En 1933 ella comienza a hacer una labor muy intensa en defensa de los judos alemanes y Heidegger se afilia al partido nazi y es elegido rector de la Universidad Albert-Ludwig.

La pregunta es: cmo un hombre de estudios y pensamientos tan profundos como Heidegger pudo apartarse tan profundamente de la tica. Nunca pidi disculpas a la humanidad por haber apoyado en ese momento a un rgimen absolutamente racista y totalitario. Tal vez al quedar al desnudo su equivocacin o su oportunismo podra haber declarado: s, yo tal vez fui un genio pero no fui un sabio. Me dej llevar por los entusiasmos (tal vez la mejor palabra sera oportunismo) de ese entonces pero no supe jugarme por los principios ticos que tienen que ser irrenunciables en todo momento, aunque sea ante el peligro de muerte, de crcel, de prdida de posicin y ms cuando se es un docente famoso. No, nunca se sinti culpable de nada.

Hanna Arendt fue presa por la Gestapo en 1933. En 1937 le fue quitada la ciudadana alemana y finalmente emigr, primero a Francia y desde 1941 vivir en Estados Unidos. All dedic sus mejores horas a luchar contra el Holocausto y form parte de la Reconstruccin Cultural Juda. Terminada la guerra, en 1950, Hanna volvi a visitar a Heidegger y mantuvo una nutrida correspondencia con l hasta que Heidegger muri en 1976. Adems se preocup para que los ltimos libros de Heidegger se editaran en Estados Unidos y que las traducciones sean excelentes.

Pero claro, el tema no es slo Heidegger, sino tambin Hanna Arendt. Ella, que vivi en carne propia toda la injusticia nazi y su total irracionalidad. Ella que asisti al juicio de Eichmann y supo describir en su libro toda la trivialidad de un asesino de masas, un autor de crmenes de lesa humanidad, pero al mismo tiempo un representante tpico de un sistema al que adhiri su amado Heidegger. Cmo nos puede explicar ella que, despus de la cada del nazismo, fue a visitarlo y no le pidi que reconociera pblicamente haberse equivocado. No, sigue su amistad. Hanna Arendt se conforma tal vez con la nica defensa de s mismo que ensaya Heidegger: "Hitler me enga, me traicion". Un hombre de la inteligencia de Heidegger no puede dejarse engaar por un demagogo que ya en los aos '20 bas su marcha hacia el poder con su injustificable racismo. Hanna Arendt escribir muchos aos despus, buscando una interpretacin, tal vez de Heidegger o tal vez de ella misma, lo siguiente: "Nosotros, que queremos honrar a los pensadores, y aunque nuestro lugar de residencia se encuentre en el centro del mundo, no podemos dejar de sentir como llamativo y al mismo tiempo enojoso que tanto Platn com Heidegger cuando se referan a situaciones humanas buscaran refugio en tiranos y 'Fhrer'." A esa pasin ella la llam deformation profesionelle. Y aade: "Esa inclinacin hacia lo tirnico tericamente puede adjudicrles a casi todos los grandes pensadores (Kant sera una gran excepcin)". Citndolo a Heidegger contina: "Muy pocos tenan la capacidad de asombrarse ante la sencillez... tomar ese asombro como lugar habitable... en estos pocos es ltimamente igual hacia dnde nos llevan las tormentas del siglo. Porque el huracn que atraviesa el pensamiento de Heidegger como aquel que todava nos roza desde la voz de Platn no tiene nada que ver con el siglo. Proviene de lo ms antiguo y deja algo concluso que, como todo lo concluso, atae al pasado".

Palabras... Para justificar a quien tal vez segua siendo, en lo ms recndito, su amor de adolescente. O para justificarse a s misma. Por qu para un apenas lacayo de cuarta como Eichmann, la pena de la horca, y a Heidegger, la comprensin dentro de la crtica rebuscadamente filosfica. Para Eichmann, el ejecutor, nada ms que la soga al cuello. Para Heidegger que dio el ejemplo en 1933 de afiliarse al partido nazi y as influenciar a sus miles de alumnos y de lectores en su tierra y en el mundo entero, a l nada ms que explicar todo como "una deformacin profesional". Es banal el amor o son banales los que justifican todo a travs del amor? Una pregunta difcil de contestar. Ni el amor es banal ni la maldad es banal, aunque muchos se comportan en forma banal con expresiones profundas. (Esto no implica ninguna crtica a los ttulos de la obra de Hannah Arendt ni a la obra teatral de Savyon Liebrecht, al contrario, son ttulos mordaces que hacen pensar.)

Hanna Arendt escribir en 1949 que para ella los dos ms grandes filsofos de su poca fueron Heidegger y Jaspers. La pregunta es: a la humanidad y al propio Heidegger les sirvi de algo en la vida ser "grande", cuando se falta tan profundamente a la tica?

Pero en esa misma Alemania se demuestra lo que es la verdadera conducta tica. El 15 de enero concurrieron ms de setenta mil personas (clculo del diario principal de Berln, Tagespiegel) a llevar claveles rojos a la tumba de Rosa Luxemburgo, a 89 aos de su cobarde asesinato por militares en Berln. Se repite as un homenaje que se cumple todos los aos. No hay figura que se recuerde as, en ninguna parte del mundo. Ni grandes pensadores, ni hroes histricos, ni polticos. Es un increble ejemplo de respeto, recuerdo y admiracin por la obra y la tica de esa mujer. Sus profundos escritos acerca de cmo el mundo deba luchar por un sistema definitivo que trajera la paz eterna y terminara con las injusticias sociales deberan ser lectura en todos los ltimos aos de los colegios secundarios y de las universidades, y tema preferido en centros culturales. Fue pacifista y por su lucha estuvo presa en las crceles del Kaiser casi los cuatro aos de la Primera Guerra Mundial. Fue en ese tiempo fundadora del Grupo Internacional Antimilitarista. Propuso siempre la solidaridad internacional de los trabajadores y por eso sostena que ningn trabajador alemn deba apretar el gatillo contra un trabajador francs o de cualquier otra nacin. Cuando, pese a su lucha, se declar la guerra, dijo: "Cuando escuch la noticia, pens en suicidarme. Me di cuenta de que haba vencido el oportunismo". Ese oportunismo e irracionalidad que cost la muerte de miles de jvenes. Rosa estaba contra la violencia y sealaba que el arma fundamental para la revolucin obrera deba ser la huelga general. Fue una luchadora contra la pena de muerte. Y defenda la Libertad como un fundamento absoluto de la sociedad. Su frase que ms trascendi en la historia fue: "Libertad es siempre la Libertad del que piensa distinto". Durante la revolucin alemana, el 15 de enero de 1919, fue detenida en el hotel Eden, y en la puerta misma el suboficial Runge le dar un culatazo en la cabeza y luego ser asesinada por el teniente Souchon, que le peg un tiro en la sien. Terminaba as esa cabeza que tantos principios profundos ense a la humanidad.

En el recordatorio del martes pasado, ante su tumba, se vio a jvenes y viejos con lgrimas en los ojos. Su tumba qued cubierta totalmente por claveles rojos que llevaron cada uno de los asistentes. Un diario titul el acto as: "El da en que faltaron claveles rojos en Berln". Y se escucharon las viejas canciones obreras de siglos pasados.

Un ejemplo. Es curioso: los hroes de la sociedad en sus monumentos no son recordados, amn de algn acto oficial cada cincuentenario de su muerte. Pero a Rosa Luxemburgo la recuerdan como a nadie, ao tras ao, despus del espantoso y cobarde crimen.

Que tengan esto en cuenta todos aquellos que aman el poder por el poder mismo. La historia va filtrando y slo quedan aquellos que dieron sus vidas por esa palabra con la que comenzamos: la Etica, que es siempre el no rotundo a la muerte y el firme s a la Vida.

No hay amores banales, como tampoco hay crmenes banales.



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