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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-01-2008

Las paradojas del conflicto inexistente

William Ospina
Revista Cromos


El gobierno colombiano, iluminado por la sabidura poltica y jurdica de Jos Obdulio Gaviria, sostiene que en Colombia no existe un conflicto armado sino la persecucin oficial, con las armas de la Repblica, a una banda de terroristas.

Como se sabe, tambin combatan a esos delincuentes otros terroristas, los paramilitares, contabilizados inicialmente por el gobierno en 12.000. La suma de los guerrilleros, segn las cuentas oficiales, llegaba en el ao 2002 a 20.600 hombres, de modo que, al llegar, este gobierno enfrentaba en total un problema de 32.600 combatientes al margen de la ley. Con esa cifra, cualquiera en cualquier parte hablara de un conflicto armado, pero aqu los trminos son muy importantes, no slo porque Colombia se precia de valorar inmensamente el lenguaje y de llamar a las cosas por su nombre, sino sobre todo porque depende del nombre que se d a las cosas el tratamiento que merecen.

El primer fruto positivo de la poltica de Seguridad Democrtica consisti en la desmovilizacin de 25.000 paramilitares, es decir, asombrosamente, el doble de los que se perseguan. Llama la atencin que un gobierno se pueda equivocar en el ciento por ciento al calcular la cifra de sus enemigos armados, as haya quien afirme que los paramilitares no eran del todo enemigos del Estado y que por ello fueron tratados con benevolencia.

Ahora bien, el combate del Estado con las guerrillas ha producido en cinco aos 27.290 capturas, 9.841 bajas y 13.333 desmovilizaciones, de modo que de los 20.600 guerrilleros que haba en el 2002 han salido de la guerra nada menos que 50.464 en cinco aos. Una cifra desconcertante, pero no se puede decir que no es una victoria de la poltica de Seguridad Democrtica que, en total, en un lustro, 75.000 guerreros de los distintos bandos hayan quedado por fuera de un conflicto inexistente en el que el Estado no pareca tener ms que 32.600 enemigos armados.

Pero eso no significa que los guerrilleros se hayan acabado. Al parecer, con su proverbial exactitud, las cifras demuestran que todava quedan en armas 12.499. Por eso el principal tema de la seguridad democrtica sigue siendo la lucha contra la guerrilla, y el principal problema del pas sigue siendo la guerrilla, cada vez ms diezmada, si hemos de creerles a las incomprensibles cifras, y cada vez ms mentirosa, si hemos de creerles a las evidencias, pero tan capaz de poner al gobierno y al pas a girar en torno suyo como en tiempos del Cagun.

Esos 10.000 muertos en cinco aos (algunos temen que la cifra incluya alarmantemente muchas ejecuciones extrajudiciales, es decir, dada nuestra constitucin, crmenes, pero nuestro deber es pensar que las armas que pagamos con nuestros impuestos no se manchan contra la majestad de la ley) son bsicamente muertos en combate, vidas de colombianos extraviados perdidas para siempre. Hay que aadirles vidas que duelen mucho ms, las de los jvenes soldados que mueren en lucha con sus hermanos guerrilleros. Hace poco el gobierno puso el grito en el cielo cuando un gobernante de un pas vecino llam hermano a algn jefe guerrillero, pero hay que recordarles a Uribe y a su canciller que Cristo no habra vacilado en llamar hermano a Barrabs y hasta a Caifs. Hay gente que es muy cristiana salvo a la hora de la accin, y en esas peleas de trminos y de formalidades se mide bien la pugnacidad extrema del conflicto inexistente.

Todo parece indicar que el costo de sacar de la guerra a un enemigo, ya sea por la va de la captura, de la muerte en combate o de la desmovilizaci n, es de entre 600 y mil millones de pesos. Ese es, al menos, el equivalente de lo que hemos pagado, y de lo que seguiremos pagando, no por ganar, sino por mantener la situacin a este ritmo, ya que las cifran no nos dan certeza sobre lo que haba ni sobre lo que habr. Pero las paradojas de la guerra inexistente son muchas ms: por ejemplo, cuanto menos paramilitares y guerrilleros quedan, ms crece el pie de fuerza de nuestras Fuerzas Armadas, y ms crecen los gastos militares, incluida por supuesto la ya enorme carga pensional.

Hasta el ao 1993 el principal culpable de todo lo malo que pasaba en Colombia, que era mucho, era Pablo Escobar. Parece increble que, muerto aquel demonio de aldea en los tejados de Medelln, entre 1994 y 2007 las fuerzas militares hayan tenido que aumentar de 120.000 a 210.000 hombres, y estemos tan lejos de vivir en la relativa tranquilidad cotidiana que tienen casi todos los pases latinoamericanos. Hoy el presupuesto militar asciende al 6.5 del Producto Interno Bruto, y segn el informe Algunas consideraciones cuantitativas sobre la evolucin reciente del conflicto en Colombia, elaborado por J. F. Isaza y D. Campos Romero, del que he obtenido buena parte de esta informacin, el 80% de los cargos de la nmina oficial tienen ya que ver con defensa, seguridad y polica. Para nuestro dolor, hay que citar tambin esta frase: El gasto en defensa es igual a la suma de todas las transferencias en salud, educacin y saneamiento ambiental.

El lenguaje irreal contagia y se apodera de todas nuestras circunstancias. No slo no hay conflicto. Segn las Farc los secuestrados no son secuestrados sino retenidos y las extorsiones son impuestos de guerra. El gobierno autoriza al presidente venezolano para mediar en el conflicto inexistente, tratando de lograr la liberacin de los secuestrados, pero despus lo destituye de ese encargo por haber llamado a un general a preguntarle cuntos secuestrados haba. La guerrilla, a la que no aflige la suerte de las personas que mantiene privadas de la libertad en el fondo de la selva implacable, se llena de cortesa y decide desagraviar al presidente Chvez, entregndole, como si de una ofrenda se tratara, a tres de las vctimas. Chvez acepta el tributo y dispone una gran operacin de rescate, que, por supuesto, indigna al gobierno colombiano, que la vive como un desplante.

La historia del nio Emmanuel es especialmente dolorosa. Nacido bajo el cautiverio de su madre, los captores no slo no son capaces de la delicadeza humana de darles la libertad a la madre y a su criatura, sino que al poco tiempo los separan. Encargan a un campesino de su custodia, y a pesar de estar el nio en un terrible estado de salud, no le ofrecen un solo centavo por sus cuidados aunque s cuentan con que podrn disponer de l cuando lo necesiten. Por supuesto que al comienzo no deban apostar un peso a que el niito les sirviera para algo, pero Emmanuel comenz a convertirse en un smbolo, aunque fuera un smbolo de la propia crueldad de la guerrilla, y eso lo valorizaba a sus ojos. Ahora alegan que si lo entregaron a alguien fue para sacarlo de los peligros de la guerra, pero entregrselo a su familia verdadera habra sido un poco ms seguro y mucho ms humano.

Son las ltimas horas del ao. Los colombianos esperamos con ansiedad, y bajo el peso de la culpa colectiva por tantos inocentes sufriendo rigor y sevicia en el monte, y anhelamos que la operacin se cumpla. Entonces el Alto Comisionado para Algo declara que no hay ningn plazo fijado para la entrega, y veinticuatro horas despus declara que el plazo se ha vencido, bajo la definitiva frmula la guerrilla ha incumplido otra vez. Es porque ya el gobierno sospecha que un nio que hay en Bienestar Familiar sea el pequeo maltratado, abandonado y ahora reclamado como oro en polvo por el ejrcito de los que luchan por un mundo mejor. El gobierno sabe que hay alguna duda sobre la validez de su versin, y que debe comprobarla mediante exmenes, pero eso no lo hace vacilar en su decisin de intervenir, porque su prioridad es frustrar el operativo.

El lenguaje irreal del conflicto inexistente arrecia: las Farc declaran que hace mal tiempo, el gobierno muestra un tiempo excelente. La guerrilla declara que hay operativos militares. El gobierno declara: 1. Que no sabe de qu rea se trata. 2. Que en esa rea desconocida definitivamente no hay operativos. 3. Que est dispuesto a suspender cualquier operativo en un corredor determinado. Nadie parece advertir que en esa declaracin cada elemento contradice a los otros. Y para concluir, cuando la guerrilla se ve obligada a aceptar que no tiene al nio en su poder, declara con cinismo que el gobierno lo ha secuestrado.

A travs de los medios todos seguimos perplejos e intiles las sucesivas descargas de lenguaje irreal del conflicto inexistente. Pero a veces uno piensa que no es el conflicto lo que no existe, sino ms bien el pas.



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