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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2004

Propuesta de ponencia del Observatorio de Medios para evento UCAB
Los medios de comunicacin y la formacin ciudadana

Observatorio Global de Medios de Venezuela


En este trabajo se aborda la relacin entre medios y ciudadana, desde una perspectiva crtica. Partiendo del supuesto de que una informacin oportuna, plural, diversa y de calidad es vital para la conformacin del espacio pblico, como espacio de civilidad, se pasa revista al proceso de concentracin oligoplica de los medios y su incidencia negativa en la formacin ciudadana, especialmente en sta, la llamada sociedad de la informacin. De mane-ra muy sinttica se llama la atencin sobre la incidencia de las tecnologas de informacin y comunicacin que facilitan articular en un mismo momento acumulacin de capital, dominio poltico y manipulacin sociocultural. En la parte final se analiza la coyuntura actual del pas en materia comunicacional, mostrando lo que est en juego entre democracia representativa y democracia participativa, la necesidad de una poltica de Estado y la necesidad de la regulacin de los medios, as como el pleno derecho de los diferentes sectores sociales en la defensa de sus intereses mediticos, siempre que estos no obturen la conciencia social ni el sentido solidario de construccin ciudadana. El lector atento tendr que establecer las conexiones necesarias entre la complejidad de temas que, por la naturaleza de este trabajo apenas pueden enunciarse.

La importancia de la informacin en la construccin de la ciudadana

Los medios de comunicacin social son instrumentos fundamentales para la vigencia y el funcionamiento del sistema democrtico. De la naturaleza de los mensajes de los medios depende, en alto grado, la conformacin de la opinin pblica. De all la necesidad de un sistema comunicacional que garantice un flujo informativo libre, permanente, fidedigno y plural, y una amplia confrontacin de opiniones que proporcionen al ciudadano suficientes elementos de juicio para permitirle la toma de decisiones conscientes en su participacin en la esfera de lo pblico.
Este prrafo, que forma parte de la Declaracin de Principios del Observatorio Mundial de los Medios, captulo Venezuela, sintetiza la opinin de un grupo de profesionales y usuarios de los medios, agrupados en esa organizacin, en cuanto a la importancia y la necesidad de que el proceso comunicacional en su dimensin informativa cumpla con su obligacin en la formacin de la ciudadana en una sociedad democrtica.
Esta misma preocupacin existe tambin en muchos otros pases. Analistas, comunicadores y receptores expresan cada vez con mayor nfasis su rechazo a las modificaciones que se registran en las formas y procedimientos de los medios masivos. stos han abandonado los preceptos que haban normado su papel y su funcionamiento: su responsabilidad social en tanto intermediarios entre las instancias de los poderes instituidos de cualquier signo - poltico, econmico, cultural, ideolgicos, militar, religioso, de los grupos de presin, partidos y movimientos sociales y los ciudadanos.
Esta intermediacin implica que no basta con la existencia formal de la libertad de expresin ni con el derecho a la informacin. Existe, adems, la responsabilidad de los medios de proporcionar un tipo de informacin y de orientacin que garanticen realmente una participacin ms plural, diversa e igualitaria de los ciudadanos en la vida pblica. La redistribucin de los conocimientos, que siempre son un poder, a travs de las informaciones y opiniones, aminora el desequilibrio existente entre los sectores hegemnicos y los estratos menos favorecidos. Se contribuye as a tender a lograr el equilibrio entre la libertad e igualdad en el marco de un sistema democrtico moderno. Esta es la ecuacin que estn llamados a cumplir los medios y los periodistas, equidistantes de los factores del poder poltico, - de los gobiernos de turno y de los partidos y tambin libres de los condicionamientos que pueden surgir desde los otros sectores de poder social, militar, religioso o empresarial.
La responsabilidad social de la prensa en la tradicin liberal bajo la cual se constituy el moderno espacio pblico, tuvo como uno de los principios de la empresa periodstica, -por lo menos de aquella denominada independiente-, el deber de presentar una informacin oportuna, imparcial y de calidad, como una mediacin indispensable para proporcionar a los ciudadanos los conocimientos que posibilitaran su propia formacin ciudadana y demo-crtica en el ms amplio sentido del trmino. Toda la teora poltica liberal, de Locke a Kant reivindica la importancia de la informacin en la constitucin del espacio pblico y la democracia y tambin Habermas, ms contemporneamente, ha mostrado la importancia de la informacin en la transformacin de la vida pblica.

La configuracin del espacio pblico en la sociedad de la informacin

Si la dimensin comunicativa-informativa en la constitucin del espacio pblico y la ciudadana fue importante ayer, hoy es fundamental. En efecto, en la sociedad actual la llamada sociedad de la informacin se caracteriza por la importancia determinante de la informacin y de la comunicacin como mecanismos hegemnicos de la reproduccin de la sociedad. El control de los cdigos con los cuales se produce e interpreta la informacin es la clave de la dominacin. De esta manera, los medios se convierten en el espacio a travs del cual se libra la lucha simblica sobre el significado de la informacin, la cual es determinante en la constitucin del individuo, la formacin de los movimientos sociales, la naturaleza de la accin colectiva, el carcter de la esfera pblica y el propio ejercicio de la democracia.
Este papel fundamental de la informacin en la constitucin de la vida social ha sido reforzado por la revolucin microelectrnica que ha producido un incremento sorprendente de la velocidad de procesamiento de la informacin y una expansin enorme en la capacidad de almacenamiento, procesamiento y manipulacin de datos. A la luz de esta revolucin, se ha desarrollado lo que algunos autores como Tapscott1 llama la nueva industria de los medios de comunicacin, que se ha convertido en el sector ms dinmico de la economa mundial, con la caracterstica de ser un sector cuya produccin est dirigida a incidir en la conciencia y el imaginario social.
Considerando esta caracterstica, y la importancia que han adquirido las industrias de contenido, la integracin industrial que permite la convergencia tecnolgica, los variados desarrollos de la televisin y la multimedia, la convergencia de inversiones de capital hacia el sector, entre otros factores, puede afirmarse que el proceso de acumulacin del capital es a la vez, simultneamente, el proceso de manipulacin de la conciencia social y de dominio poltico.
De esta forma, se verifica lo que Emanuel Derieux, profesor del Derecho de la Comunicacin en la Universidad de Pars, sealaba como uno de los peligros que acechan a la Comunicacin Social: Ampliamente liberados, aunque no totalmente, de las amenazas y presiones del poder poltico, los Medios de Comunicacin Social de una sociedad democrtica liberal pueden caer bajo el control del poder econmico, quedando sin capacidad de asumir la misin, que normalmente es la suya, de mantenerse al servicio de los ciudadanos y del debate de las ideas (Revista Chasqui, N 77)
Esta cada bajo el control del poder econmico se est produciendo a escala planetaria. La consecuencia inmediata es que los contenidos y los fines de la comunicacin vienen siendo puestos, cada vez ms, en funcin de los intereses del capital, al punto de que los medios globales se han convertido en los nuevos misioneros del capitalismo corporativo2 . Esta situacin se agrava en las naciones subdesarrolladas, como la nuestra, donde no resulta fcil determinar ni el alcance ni mucho menos impedir la nefasta influencia corporativa de los medios.
El capital transnacional, gracias a los procesos de globalizacin3 y apoyado en las tecnologas de informacin y comunicacin, TICs, opera hoy a una escala planetaria en la que, en la medida en que se amplia su esfera de circulacin para incrementar su acumulacin, presiona por colonizar todos los intersticios de la vida social y privada a travs de su aparato comunicacional. De esta manera, los medios de comunicacin, convertidos en el corazn de los grandes consorcios capitalistas, operan al servicio de los intereses polticos, sociales y culturales consistentes con la lgica de la acumulacin del capital. La vida social tiende a organizarse bajo una fuerte incidencia de la racionalidad mercantil, del pensamiento poltico excluyente y de matrices culturales que tienen en el consumo el sentido de pertenencia y realizacin social.
Como lo afirman muchos estudiosos de los fenmenos contemporneos tanto respecto al poder financiero globalizador, como al determinismo que las tecnologas estn imponiendo a la vida, al pensamiento y a la manera de sentir del hombre contemporneo, estamos inmersos en un punto de inflexin histrico desde el cual se hace difcil percibir el significado de lo que est ocurriendo. Mucho menos nos permite descubrir todos los intersticios por los cuales se insertan en nuestra mente los valores que preceden a la instalacin definitiva de una forma de vida determinada por los intereses de las grandes transnacionales del capital y de manera especial aquellas de la tecnologa comunicativa.
A la desorientacin natural producida por la falta de asideros tericos crticos que ayuden a orientar la reflexin sobre los fenmenos, pues el propio pensamiento se ha hecho efmero, ligero y circunstancial, se suma un fenmeno no registrado en otras pocas de crisis: el enorme poder de manipulacin sociocultural y poltica con que hoy cuentan los grupos monoplicos, gracias al control hegemnico sobre el conocimiento y las TICs y la propiedad. Todo este poder de manipulacin es desplegado para convencernos de las bondades del dominio financiero a escala planetaria, presentando todo el proceso como la oferta de la felicidad. El futuro est en sus manos: disfrtelo. Posea el ltimo aparato tecnolgico, reza el eslogan publicitario. De esta forma se substituye la vieja idea del progreso que desde el siglo XVIII, prometa la utopa del bienestar general por un paraso de evasin, va telemtica, en el que, adems, se rompe todo vinculo de solidaridad y se obscurece toda conciencia sobre la necesidad de la transformacin de la sociedad como objetivo fundamental del hombre.

Acumulacin de capital, dominio poltico y obliteracin de la conciencia social.

Ahora bien, hasta el momento precedente a la actual revolucin tecnolgica, si bien todo el aparato ideolgico y publicitario funcionaba legitimando las relaciones sociales de produccin, los procesos de acumulacin de capital se daban fundamentalmente en un espacio (la factora) y en un tiempo (el tiempo de trabajo) y la publicidad y el entretenimiento se daban en otro espacio (el espacio privado del hogar) y en otro tiempo (el tiempo de ocio). Hoy da, el proceso de acumulacin sobrepasa el tiempo de trabajo y se extiende al tiempo libre, que es penetrado por la ahora llamada industria de contenidos, colonizando el espacio privado en funcin del consumo convirtiendo el tiempo de descanso y ocio en tiempo de entretenimiento que, a su vez, es instrumentalizado a travs de la manipulacin ideolgica y consumista.
De suerte que los medios de comunicacin social, en todas sus facetas, sistemas, contenidos, variedades tecnolgicas pasan a ocupar el centro de inters de las grandes fuerzas financieras, tanto por los beneficios econmicos esperados como por el poder de penetracin y de convencimiento de los medios. Por un lado, acumulacin de capital a travs de la venta del soporte tecnolgico, equipos, software, especulacin financiera; por otro lado, manipulacin de la conciencia social, que a veces llega a la adiccin, en cuanto al uso, disfrute y credibilidad de los contenidos que ofrecen.
La dimensin periodstica propiamente tal de esos contenidos tiene una importancia de primer orden para todo el proceso. Si los contenidos de evasin permiten la desideologizacin y la lasitud creciente en cuanto a la identificacin societaria del individuo, la informacin contingente de los medios est sufriendo una metamorfosis de consecuencias im-previsibles, problema que debe ser comprendido sobre todo cuando, como en el presente encuentro, se pretende relacionar la comunicacin social con la formacin ciudadana.
El abandono de su funcin social por parte de los medios de comunicacin social y su suplantacin por contenidos informativos tendenciosamente orientados hacia cierta vacuidad social ha impulsado a sectores periodsticos, universitarios y sociales a cuestionar su papel en el contexto de las democracias occidentales. Al mismo tiempo se buscan las vas para revertir esa tendencia. Las denuncias llenan las pginas de las publicaciones independientes, al margen de los poderosos grupos empresariales. Internet es prdigo en ese sentido, y a menudo constituye la nica va de acceso de esas denuncias y proposiciones. Los grandes medios, como es lgico, ignoran por completo esos hechos, como otras tantas cosas trascendentales para el mundo.
Reseemos un ejemplo para ilustrar la anterior afirmacin. La Columbia Journalism Review, dependiente de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York, resea en su nmero de agosto septiembre de 1998, lo siguiente: Hasta hace dos dcadas la mayora de los medios (norteamericanos) -peridicos, revistas, estaciones de radio y televisin- eran empresas pequeas o familiares, pero ahora forman parte de grandes consorcios. Otra variante es que durante los aos 80 y 90 los principales medios estadounidenses acudieron en masa a cotizar en Wall Street4 . La consecuencia ha sido la frivolizacin o tabloidizacin de la informacin que ahora enfatiza las noticias sobre escndalos de celebridades, chismes y otras historias de inters humano que, entre 1977 y 1997, pasaron a ocupar del 15 al 43% del espacio de los principales noticieros de televisin, portadas de revistas y las primeras pginas de los peridicos ms importantes de los Estados Unidos. Segn John Soloski, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Iowa, Las compaas de medios que entraron a cotizar pblicamente estn en un circulo vicioso del cual no pueden salir debido a que gran porcentaje de estas acciones estn en manos de instituciones -fondos mutuales, fondos de retiros, compaas de seguros- que presionan por el incremento de las ganancias, antes que por la calidad del periodismo. Segn el mismo Soloski, "Esas instituciones financieras son evaluadas semanalmente, mensualmente, trimestralmente en su desenvolvimiento. As que ellos trasladan esa presin -que es bastante- a las compaas de medios5". Estos a su vez presionan a sus jefes de informacin para elevar por cualquier medio necesario los precios de las acciones.
Esta situacin ha llevado a una creciente preocupacin por parte del Estado hacia el papel de los medios. En algunos pases como Mxico, tiene lugar un proceso de reforma del Estado y en cuyo marco se discute el papel de los medios masivos. Las denuncias se refieren sobre todo a los contenidos de los medios radioelctricos y surgen demandas para una nueva regulacin del rgimen de propiedad de los mismos, con el fin de detener la tendencia hacia la monopolizacin de esos medios por parte de fuertes inversionistas privados que tratan de consolidar el control de los mismos a travs de la concentracin de la inversin accionaria y publicitaria.
Se espera que para el prximo ao entre en vigor la nueva Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Informacin Pblica y para entonces la Universidad Autnoma de Mxico espera graduar a dos promociones de abogados especializados en la recin creada ctedra del Derecho de Acceso a la Informacin. El director del instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM, Diego Valads, asegur que uno de los principales problemas del pas es la falta de informacin y afirm que no hay desarrollo democrtico sin el acceso a informacin.
Por su parte, la FELAP, organismo que agrupa a los periodistas latinoamericanos, en su reunin realizada en el mes de mayo, denunci que los grandes consorcios de otros campos penetran en el de la comunicacin y la informacin, donde se reflejan sus intereses parcializados, rompiendo la equidistancia con otros sectores de la sociedad. La concentracin y las megafusiones van excluyendo progresivamente a editores y medios sustentados con el apego a la independencia y soberana que dieron lugar a su nacimiento.

La necesidad de regulacin de los medios de comunicacin

En muchos pases surgen iniciativas de distinto tipo para enfrentar lo que pareciera ser inherente al proceso globalizador y se adelantan acciones de tipo legal mediante leyes especialmente concebidas para impedir la concentracin de los medios en manos de poderosos consorcios nacionales y transnacionales. Asimismo, se realizan movilizaciones y protestas y se discuten nuevas leyes que actualicen la normativa para el otorgamiento de las concesiones del sistema radioelctrico, y normas que faciliten la fiscalizacin de los contenidos emitidos por los medios, como en el caso de Italia.
Especialmente novedosa e importante es la participacin de los grupos organizados de la sociedad civil en este intento por evitar que el monstruo de mil cabezas se apodere de forma total de los medios, de los contenidos y de las mentes de los ciudadanos. Adems de denunciar el carcter monoplico de la conformacin de los medios, de exigir un mejor y ms amplio carcter informativo y una ms sana programacin televisiva, sobre todo en defensa de los nios y adolescentes, los sectores sociales organizados buscan las formas de contrarrestar la dependencia informativa de los medios y crear nuevas formas de obtener los conocimientos sobre la actualidad nacional e internacional.
En Argentina, por ejemplo, se instalan radiodifusoras regionales de carcter comunitario, con escasos medios tecnolgicos, pero con alcance suficiente para su grupo social. Se multiplican los medios impresos, de factura modesta, pero con contenidos necesarios. Estos medios han tenido un importante papel organizativo en los acontecimientos de protesta y de ayuda mutua durante los acontecimientos de los ltimos meses en ese pas.
Pero no solo se trata de la sociedad civil. Tambin algunos sectores investigadores y algunas universidades vienen realizando esfuerzos por investigar este fenmeno de la concentracin monoplica de los medios y sus efectos en la vida social. Recientemente tuvo lugar en Sevilla, Espaa, la fundacin de la Unin Latina de Economa Poltica de la Informa-cin, la Comunicacin y la Cultura, ULEPICC, por investigadores vinculados a ms de 30 universidades del mundo latino. En uno de los apartes de su declaracin de principios establece que Todos los sectores de la comunicacin, apoyndose en la convergencia que propician las TIC pasan por una brutal concentracin y centralizacin apoyados por el poder estatal, mientras que, por otro lado, ese mismo poder dificulta al extremo la accin de aquellos actores no hegemnicos que podran representar una alternativa democrtica y progresista de organizacin de los sistemas de comunicacin como el movimiento de las radios y televisoras comunitarias y todos los sectores de servicio pblico, cada vez ms arrinconados y desfigurados, imposibilitados de competir contra los poderosos intereses econmicos oligoplicos6 .
Como puede apreciarse, las sociedades se orientan a confrontar este tipo de globalizacin de la informacin y la comunicacin por dos vas: mediante acciones de tipo legal a travs de las cuales los Estados garanticen el derecho ciudadano a la informacin y la comunicacin plural, diversa, oportuna y de calidad, y por otro lado buscando acceder al conocimiento de la realidad social a travs de medios fundados al margen de los monopolios informativos. Tal respuesta podra juzgarse dbil y poco efectiva dada la magnitud del poder financiero que enfrenta. Sin duda, es difcil suponer que, sin una decisin firme desde el poder poltico para revertir la tendencia global hacia la concentracin y la penetracin de capitales transnacionales en el sector de las telecomunicaciones en pases atrasados, como los latinoamericanos, sea posible lograr cambios substantivos.
Sin embargo, la batalla por el dominio mundial recin est en su primera fase expansiva. Tampoco se trata de una ofensiva monoltica por parte de los capitales monoplicos como podra deducirse de la terminologa que por lo general se usa. Aunque la monopolizacin y centralizacin del capital operan en ese sector a una escala indita de transnacionalizacin, en ningn momento se diluyen las bases nacionales de los monopolios que tratan de no perder todo el control de mercado.
En el fondo, la disputa planteada en torno a la desregulacin de las telecomunicaciones y de las nuevas y viejas tecnologas es la disputa por la posibilidad de defender la soberana como pueblo y como nacin, por tener la posibilidad de un desarrollo econmico y social autnomo e incorporado a la esfera mundial en condiciones no onerosas, por tener una cultura con posibilidad de contribuir al desarrollo humano y solidario de la sociedad. Lo cual pasa por la confrontacin del poder y la concentracin y centralizacin de los medios. Y esto, de alguna manera, se expresa en las iniciativas de los periodistas, de sus organizaciones, de los sectores sociales que estn aprendiendo a percibir las falacias de los medios de comunicacin social y a reclamar sus derechos en el rea de la cultura y de la informacin.
Se dara as un fenmeno nunca antes visto en la dinmica de las formaciones de movimientos sociales y que nada tiene que ver con la normativa que sobre los medios elabor la Teora Social de la Comunicacin: el sentido de ciudadana se estara formando en sentido negativo, es decir, no solo al margen de los contenidos de lo medios en cuanto a la partici-pacin ciudadana, sino justamente por su ausencia, por no existir ningn elemento que se supone indispensable para la identificacin del receptor en su calidad de ciudadano.
Sin embargo, habra que aclarar que esa toma de decisiones y de acciones se limita por ahora a grupos sociales ms o menos restringidos que se sienten motivados en asumir la iniciativa de reclamar y exigir sus derechos ciudadanos. La gran mayora sigue expuesta a los contenidos culturales e informativos de los medios que le niegan ese acceso a su identifi-cacin como miembro de una sociedad.

Medios, espacio pblico y ciudadana en la Venezuela actual.

En Venezuela, a diferencia de los dems pases latinoamericanos, se vive una condicin distinta. En trminos polticos la situacin del pas se caracteriza por un proceso de transicin de un rgimen poltico de democracia representativa a uno de democracia participativa. La sola denominacin no implicara necesariamente un contenido de transformacin real si ese mandato constitucional no hubiese logrado movilizar a grandes grupos humanos en la concrecin de ese concepto que, en lo social promete alcanzar el desarrollo pleno, digno y vital de todos, con la participacin de las mayoras nacionales excluidas y postergadas durante la poca de la democracia representativa.
A pesar de que ese proceso de transformacin se ha planteado tanto por el gobierno como por importantes sectores sociales, como un proceso pacfico y participativo, lo cierto es que diversos factores llevaron al pas al actual estado de confrontacin. Sin entrar a considerar las causas que generaron ese estado de cosas, es necesario sealar que los grandes medios de comunicacin asumieron el papel protagnico, al abrogarse un liderazgo como voceros propagandsticos y agitativos de la oposicin. De esta forma dejaron de cumplir el rol que en una democracia se les asigna a los medios masivos.
A su vez, y en cierto sentido como consecuencia de lo anterior, los medios del Estado siguieron la tendencia tradicional de esos medios como voceros del Gobierno. De suerte que en Venezuela se estara conformando, gracias a la dispar actuacin de los medios, un sentido contrapuesto de lo que es el proceso de conformacin del espacio pblico y de la propia ciudadana. La actuacin pblica de cada uno de los polos polticos demostrara la influencia que los medios han logrado en el imaginario de los dos sectores sociales
Por un lado, el sector de la oposicin encuentra en los medios respectivos su plena identificacin al percibir sus mensajes como reforzadores de posiciones y creencias ya existentes o en estado larvario. En la elaboracin de estos mensajes se aplican, con impdica evidencia, las ms elementales tcnicas de manipulacin informativa ocultamiento de los hechos, tergiversaciones, hiperdimensionamiento de aquellos acontecimientos que favorecen su posicin poltica, descontextualizacin de las declaraciones, lenguaje descalificador a tal punto que esos contenidos ofrecidos como informacin periodstica siguen toda la normativa de produccin de los mensajes propagandsticos.
En el otro extremo del espectro poltico comunicacional, incluidos tambin los recin creados medios alternativos o comunitarios, se procede con indudable tendencia a incentivar el apoyo a la gestin oficial y a movilizar a los sectores populares hacia la defensa del proceso bolivariano con el cual se identifican por ser los sectores de la sociedad venezolana que haba sido excluido del sistema de la democracia representativa. Tambin aqu la identificacin de la ciudadana viene dada a travs de un proceso comunicacional, sin duda de menor intensidad y penetracin, pero que logra articular el sentido de pertenencia a un modo de concebir un sistema de sociedad democrtica y participativa y que actan en consonancia en la defensa de sus derechos como ciudadanos.
Esta dicotmica situacin de la realidad venezolana actual demuestra que el concepto de ciudadana no es unvoco y que la misma requiere de una precisin ms extendida que la sola percepcin de su definicin jurdica. En su acepcin poltica significa el derecho a participar activamente en la vida poltica del Estado al cual se pertenece. El concepto actual tiene su origen en la ideologa liberal democrtica y en el concepto del Estado de Derecho del siglo XIX. Su formulacin primigenia aparece en la Declaracin de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolucin Francesa en 1789 que fija la norma de la libertad poltica a todos los ciudadanos de participar en las funciones pblicas y en el ejercicio del poder del Estado. Sin embargo, a pesar de que el principio de igualdad de la ciudadana est consagrado en la mayora de las constituciones contemporneas, es frecuente que esta, en la prctica, quede desvirtuada por factores econmicos sociales (clase social, influjo), raciales o polticos.(Juan Ontza La Poltica)
Esto fue lo que ocurri en Venezuela durante los 40 aos de la democracia representativa: la exclusin de grandes grupos sociales del ejercicio pleno de la ciudadana, ms all de su participacin formal en las elecciones. En muchos contenidos de los medios de comunicacin social y en las manifestaciones verbales de los sectores de la oposicin se hace explcito el rechazo a permitir que los sectores populares ejerzan esos derechos y, por ende, se les niega la posibilidad real para el ejercicio de la ciudadana.
El concepto de la soberana popular, y su derivado de ciudadana, no es unvoco ni se verifica de forma automtica. Como muchos otros conceptos polticos tiene un substrato axiolgico que debe ser precisado para que la intencin del legislador tenga verificacin plena.

Espacio pblico y ciudadana en la democracia participativa

La idea de la democracia participativa tiene su origen, entre otras, en la teora roussoniana de la soberana popular y la constitucin de sta alrededor de la voluntad general que no es otra cosa que el bien colectivo. La tesis central de Rousseau es que es necesario formar individuos plenamente humanos para que puedan llegar a ser buenos ciudadanos, pues la ciudadana correctamente ejercida facilita complementar la esfera pblica y la esfera privada. Solo una sociedad que produce seres humanos, en el sentido de seres morales, autnomos y libres, capaces del bien comn, puede formar ciudadanos.
Los antiguos polticos hablaban incesantemente de costumbre y de virtud; los nuestros slo hablan de comercio y de dinero, escriba Rousseau al contrastar su utopa con la descomposicin de la poltica en la naciente sociedad moderna en la que vivi. A diferencia del credo liberal, Rousseau hace de las esferas pblicas y privadas esferas complementarias y no esferas separadas y contrapuestas como se establece en la filosofa poltica liberal. Este filsofo asigna al ser humano dos principios originarios e inalienables: el de la conservacin de la vida y el de la solidaridad. Y sern stos los que formulan todas las reglas del derecho natural y quienes marquen los objetivos y las condiciones del contrato social.
Desde este punto de vista, la deliberacin normativa est guiada por estos dos principios originarios y nunca meramente por el principio de autointrs, como en el liberalismo. Es falso asegura Rousseau que en el estado de independencia, la razn nos lleva a concurrir al bien comn por la consideracin de nuestro propio inters, ya que el inters particular y el inters general sigue lgicas divergentes y excluyentes, con lo que este pensador se adelant a criticar a Smith y su mano invisible del mercado.
En estos planteamientos hay una doble ruptura radical con la llamada democracia liberal (o neoliberal): 1) establece que el pueblo, en tanto la soberana descansa en l, puede por s mismo dirigir el Estado, sin necesidad de delegar su soberana, tal como en la prctica sucede con las democracias representativas o indirectas. 2) esta direccin del Estado est indisolublemente unida a la bsqueda del bien comn, y no como en la democracia representativa en la que, bajo la argucia de la libertad individual, con el camuflaje de la igualdad de oportunidades y el acicate de la competitividad, se legitima el inters de grupos minoritarios contrapuestos al inters general de la sociedad. Las relaciones vinculantes entre estos dos puntos y las diferencias entre representacin y participacin directa saltan a la vida.
El concepto de voluntad general en cuanto exponente procedimental del bien comn se concreta en la legislacin general, la Constitucin, que establece la regla de lo justo y de lo injusto y norma la sociedad con carcter imperativo. Ningn sector podr desconocerla ni estar por encima de ella en todo o en parte. La soberana, concebida as, no es otra cosa que la bsqueda del bien comn. Esto presupone la institucin de una comunidad poltica real -y no slo nominal de igualdad ante la ley como en el liberalismo- en la cual los individuos quedan efectivamente comprometidos, desde su propia individualidad, en la bsqueda del bien comn por encima de sus intereses particulares, y no mediante una mera convergencia, supuestamente garantizada, de los intereses particulares y del inters general. Ello conlleva una transformacin moral y poltica de los individuos, mediante la cual se convierten en ciudadanos.
La Constitucin bolivariana contiene prcticamente todos los valores polticos y sociales desarrollados por Rousseau en su concepto del contrato social. De forma que la respuesta a la interrogante sobre la formacin ciudadana - y el papel de la Comunicacin Social en su conformacin debera venir precedida por una precisin sobre el alcance del concepto mismo de la ciudadana en las condiciones legales y polticas que hoy vive la sociedad venezolana. Definir si la calidad de ciudadano implica la asuncin de los valores ticos y procedimentales que fija la Constitucin, libremente aprobada por el pueblo, o se pretende asumir como vlido el concepto liberal de ciudadana, lo que implicara el desconocimiento de la legalidad existente. En trminos ms precisos y en el mbito de la comunicacin significa interrogarse si los propietarios de los medios de comunicacin, como sector particular, administrando un bien que es comn, tal como lo es el espectro radioelctrico, tiene el derecho de imponer a la sociedad en su conjunto sus intereses particulares. Asimismo, si el gobierno de turno, tiene el derecho de imponer sus intereses al conjunto de la sociedad o si, por el contrario, es necesario un poltica comunicacional de Estado que orientada normativamente por la Constitucin, garantice tanto un espacio comunicacional de servicio pblico y universal al servicio de la sociedad, y en determinadas circunstancias normadas por la ley, un espacio para los sectores privados y para el propio gobierno.
La divergencia conceptual y axiolgica sealada supra se refleja en las dos posiciones asumidas por los medios de comunicacin durante los ltimos dos aos. Ms all de los numerosos recursos propagandsticos que se utilizan para apuntalar esas posiciones, subyace en el fondo de todo el proceso de enfrentamientos mediticos la defensa de posiciones contrarias a lo que determina el concepto de la democracia participativa y el bien comn como valor fundamental.
Si bien existe el compromiso tcito de que el individuo, al convertirse en ciudadano, deba atenerse en todo a la voluntad general, esta transformacin no anula la voluntad particular de cada miembro, cuya dinmica opera en sentido contrapuesto. La legitimidad de sostener posiciones contrarias a los valores desarrollados en la Constitucin no puede desconocerse. Sin embargo, lo que debe preservarse es el respeto por la normativa legal existente, justamente la que ha pretendido violentarse tanto en los contenidos de los medios como en los hechos de tanta evidencia anticonstitucional como el golpe de Estado del 11 de abril.
En ese contexto pareciera un ejercicio de vacua utopa proponer algunas vas o formas para que, especialmente los medios privados pudiesen incidir en la formacin de la ciudadana. Tal vez lo nico que se les debera exigir es que, an asumiendo una posicin de franco rechazo al proceso que se vive, volvieran a cumplir con su antiguo deber de informar. Nadie pueda exigirles que compartan los valores del bien comn ni de la democracia participativa de la Constitucin bolivariana. Para defender su punto de vista tienen a su disposicin los espacios de opinin de sus respectivos medios. Pero la informacin es un bien comn que pertenece a todos y que nadie puede manipular en su beneficio exclusivo, menos en detrimento de otros sectores sociales.
En el marco de esta problemtica sera conveniente referirse brevemente a un fenmeno mundial que ha sido sealado con insistencia por algunos periodistas y tericos de los medios: la metamorfosis que se est verificando en la comunicacin social, debido a la creciente tendencia a asumir formas propagandsticas y publicitarias en la elaboracin y presentacin de los contenidos informativos.
James Reston afirm que el siglo XIX era el siglo de los escritores y el siglo XX el de los periodistas. Apenas despuntando el nuevo siglo surge el temor de que la profesin y la labor periodsticas sean suplantadas por un profesional y una actividad de tipo hbrido en el lmite entre el publicista y el relacionista pblico. En otros trminos, la informacin pasara a ser instrumentalizada con la tcnica de la propaganda. Ya no sera importante transmitir los conocimientos que el ciudadano requiere para su desenvolvimiento como ciudadano en una sociedad democrtica. Lo importante sera inducir al receptor a asumir determinados comportamientos acorde con las decisiones tomadas en las instancias hegemnicas: gobiernos, grupos de presin, empresas y consorcios transnacionales.
Estas aseveraciones, que en este momento puedan sonar a ciertos presagios propios de ciencia ficcin, no parecen estar tan lejos de la realidad, incluso de la realidad venezolana. El vertiginoso desarrollo tecnolgico, la imbricacin de los distintos medios para la produccin de los contenidos, la preeminencia del personal tcnico en desmedro del periodista, la concentracin horizontal de los recursos para la produccin de los contenidos y la concentracin vertical de los capitales para abarcar la mayor gama posible de los medios son algunos de los sntomas que impulsaran un cambio de la esfera comunicacional hacia una conformacin diferente de lo que hemos conocido hasta ahora.
La primera vctima de este proceso sera el periodista. La ntida diferenciacin que haba existido entre el periodismo, la publicidad y las relaciones pblicas, en trminos no solo de su especificidad profesional sino, y sobre todo, en su dimensin tica, parece ser hoy cada vez ms laxa y en muchos casos esos diferentes roles sociales de los comunicadores se solapan. Esta situacin es ms evidente en los programas de opinin (en realidad, entrevistas de opinin) en la televisin, cuando el periodista es al mismo tiempo entrevistador, difusor de mensajes publicitarios y propagandista de determinada posicin poltica. Sin duda, las nuevas tecnologas favorecen la desaparicin del periodista, pero tambin contribuye a ello ese comportamiento ambiguo del profesional de la informacin al abandonar su primigenio papel social.
La segunda vctima seran los receptores, los destinatarios de los mensajes que, en principio, deberan contribuir a su formacin ciudadana. Pero el sentido y la tcnica de un mensaje propagandstico y publicitario no forma ciudadanos, slo consumidores y borregos, muy lejos de los ciudadanos conscientes que demanda una democracia participativa. La sociedad venezolana en su conjunto y especialmente las escuelas de comunicacin social, los comunicadores sociales, los investigadores, profesores y estudiantes tienen la palabra.


[1] Segn la clasificacin del U.S. Bureau of Labor Statistics citada por Tapscott, las comunicaciones incluyen telecomunicaciones; equipos caseros de audio y video; equipos telefnicos y de telgrafo; equipos de radio, TV y comunicaciones; transmisin de radio y TV; y comunicaciones (excepto radio y TV). La computacin incluye equipos computarizados; semiconductores y equipos relacionados; componentes electrnicos; equipo elctrico y suministros; equipos de investigacin y navegacin; servicios de computacin y de procesamiento de datos; software; talleres de reparacin de equipos elctricos. Las llamadas industrias de contenidos, incluye diarios, publicaciones peridicas, libros, publicaciones varias, publicidad, fotocopiado, arte comercial, fotoacabado, pelculas, TV por diferentes modalidades, alquiler de videocintas e industria del entretenimiento en general. Las ramas que comprende este nuevo sector, los montos de capital que mueve y la tecnologa de punta que utiliza explican por s mismo su centralidad en el nuevo ordenamiento econmico mundial.

[2] Vase Edward Herman y Robert Mcchesney: Los Medios Globales. Los nuevos misioneros del capitalismo corporativo. Ctedra, Madrid, 1997.

[3] Entendemos la globalizacin como la fase actual de desarrollo del capitalismo en la que coinciden al menos seis grandes procesos sociales: 1) la crisis del rgimen de acumulacin de postguerra; 2) la ocurrencia de la revolucin cientfico tcnica con su desarrollo de las tecnologas de informacin y comunicacin, las tecnologas de nuevos materiales y las biotecnologas y bioingenierias; 3) la emergencia de un nuevo paradigma productivo basado en la flexibilizacin de los procesos de valorizacin y la precarizacin de las condiciones de trabajo; 4) el colapso del socialismo real y la crisis de los paradigmas, la alteridad y la utopa; 5) el ascenso del neoliberalismo como paradigma social hegemnico, cuyo ncleo central es la hegemona mercantil, el globalismo y el Estado mnimo; 6) el desarrollo de una cultura nihilista basada en el consumismo hedonista sin ningn horizonte de trascendencia.

[4] Citado por Josefina Blanco en el artculo El afn de riqueza merma la calidad de la prensa. Un dardo en el alma del periodismo de EE UU. El Nacional, 09-08-1998.

[5] Ibdem.

[6] Vase http://www.eptic.com.br/



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