Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2008

George Bush levitando sobre un campo de ruinas

Bruno Guigue
Oumma.com

Traducido por Caty R.


De la gira que ha realizado el inquilino de la Casa Blanca por Oriente Prximo, hay pocas posibilidades de que algo pase a la historia. Una visita para nada? se preguntaba seriamente la prensa francesa en vsperas del periplo presidencial. Ahora ya sabemos la respuesta: una nada profunda, abismal incluso, a la medida de la infinita ignorancia del presidente estadounidense con respecto a esta regin del mundo de la que no sabe nada, excepto que posee hidrocarburos.

No hace falta ser un experto para entender que esta gira diplomtica persegua slo un objetivo: soldar a los regmenes rabes contra Irn y hacer una representacin de ilusionismo sobre el conflicto israelopalestino. Sin sutilezas: era necesario mostrar compasin hacia los palestinos para evitar los remilgos de los pases rabes moderados ante la extensa coalicin antimuls orquestada por Washington.

De ah, obviamente, las inslitas declaraciones del presidente estadounidense sobre el final de la ocupacin que comenz en 1967, las lgrimas de cocodrilo ante las frustraciones masivas de los palestinos y el rechazo de un Estado palestino que se resumira en un gruyere; por no hablar de su tarda indignacin por los innumerables puestos de control militar israeles cuya existencia pareci descubrir en enero de 2008.

Si creemos lo que dijo el diario Le Monde, la incongruente expresin de George Bush de tales evidencias provoc a Mahmud Abbas un autntico arrobamiento. No obstante, suponemos que esa luna de miel entre la OLP y el to Sam no sobrevivi a la muerte en un solo da, el 15 de enero, de 19 palestinos asesinados por el Tsahal. Naturalmente, Israel quiso celebrar a su manera la tarda conversin al Derecho Internacional del presidente estadounidense, quien no hizo ningn comentario sobre esta grandiosa contribucin de Tel Aviv al nuevo proceso de paz.

Pero las calculadas obviedades con las que George Bush gratific a los medios de comunicacin no slo causaron el xtasis momentneo del presidente palestino y un diluvio suplementario de bombas israeles. Un dao colateral menos sangrante y mucho ms ridculo, estas declaraciones suscitaron adems, en la prensa francesa, una oleada de optimismo feliz. En un texto tan sintomtico que merece citarse detalladamente, Bernard Guetta se lanzaba as, en Liberation, a proezas retricas que dan la impresin de que Oslo resucit de entre los muertos.

A su regreso de Ramala, George Bush llam, en Jerusaln, al fin de la ocupacin que empez en 1967. En otras palabras, pidi que Israel se retire de Cisjordania y Jerusaln Este. Es una bomba. Y cmo reaccion el gobierno israel? Diciendo que es una solucin conveniente. Lejos de poner el grito en el cielo, Israel no rechaza esta exigencia. Es una auntntica revolucin que viene a justificar la conviccin, dicha y repetida, del presidente palestino de que ser posible una regulacin en este ao 2008, pero

S, pero he aqu, amonesta Guetta, que cuando los hechos sorprenden, perturban y se salen de las previsiones, nos negamos a ver su importancia. Y todo eso es un defecto de los escpticos que slo ven a un Bush en el final de su mandato, un gobierno israel a punto de estallar y a un Mahmud Abbas en prrroga. Ah estos ciegos! Pero aunque la paz, por supuesto, no se ha establecido y nada la garantiza totalmente, cmo pueden ignorar hasta que punto se ha progresado? Cmo no ven que se est en la aceleracin de un largo proceso? Y se preguntarn despus Cmo hemos podido ignorarlo? (Liberation, Rebonds, 15 de enero de 2008).

Desgraciadamente esa glosa pacifista se public el mismo da en que los hroes del Tsahal perpetraron su mejor pogromo antirabe desde hace un ao. En las subversivas propuestas de George Bush, Guetta crey ver una verdadera bomba: no podra haberlo dicho mejor. Pero esto no es todo. Sin preguntarse ni por un momento si las declaraciones del presidente de Estados Unidos no eran calculadas, tom ingenuamente al pie de la letra sus declaraciones. No es sorprendente que haya hecho castillos en el aire.

Repasemos punto por punto. Bush aparece, exige el fin de la ocupacin e Israel estara conforme con esta exigencia Grandes esperanzas, aleluyas? Es surrealista. Como acrrimo partidario del Estado hebreo, George Bush es el nico presidente estadounidense que ha cuestionado explcitamente el Derecho Internacional en Oriente Prximo. En una carta oficial a Ariel Sharon (abril de 2004), juzgaba ilusoria la vuelta a las fronteras de 1967 y as avalaba las nuevas anexiones. Y vendra, cuando faltan diez meses para terminar su mandato, a arruinar su idilio con los ultraderechistas israeles?

Esa retrica, charlatanera lanzada con complacencia ante las cmaras de las cadenas rabes va satlite, slo ceg a los que no quieren ver. Para Washington, la alianza de las petromonarquas tiene un precio ms barato que sigue siendo puramente simblico: una pizca de demagogia compasiva es suficiente. La salvacin del Israel colonialista bien vale algunas reprimendas oratorias. Sobre todo porque no comprometen a nada y echan un hueso para entretener a la opinin pblica de los pases rabes cuyos potentados de otra poca se apresuran hacer reverencias al presidente estadounidense.

Ehud Olmert lo entendi perfectamente e hizo como si estuviera de acuerdo con las amonestaciones aadiendo algunas frmulas huecas sobre el doloroso compromiso de las renuncias previas que tendra que hacer. Nos preguntamos a qu renuncias se refera. Renunciar al residuo de Cisjordania que todava no est trufado de colonias? Conceder a los palestinos un sombro suburbio de Jerusaln Este a manera de capital? Hay 470.000 colonos confortablemente instalados en sus bnkers en los Territorios Ocupados. Pueden estar tranquilos: no ser George Bush quien los obligue a trasladarse.

No importa: ansioso por erigir un monumento al pensamiento acrtico, Bernard Guetta no da su brazo a torcer: El fracaso sigue siendo ms probable que el xito, empieza diciendo en un insospechado arrebato de lucidez. Pero despus se desquita: Es muy difcil, pero Olmert, Abbas y Bush ya estn de acuerdo en las lneas generales de un Reglamento en el que estn trabajando. Se compartira Jerusaln. Bajo condiciones de ajustes territoriales, las mayores colonias seguiran siendo israeles.

Una alucinacin que nos deja estupefactos: en tres palabras nuestro analista despacha la cuestin de Jerusaln como si la fuesen a regular maana por la maana. Pero la nica divisin de Jerusaln vlida es la aplicacin del Derecho Internacional. Es decir, la restitucin ntegra de Jerusaln Este a sus dueos legtimos, lo que implica la abolicin de la ley fundamental israel que hace de la Jerusaln reunificada la capital eterna de Israel, y adems el traslado de los 220.000 judos instalados ilegalmente en la parte rabe de la ciudad. Ehoud Olmert de verdad habra dado el visto bueno? Si fuese as, superara el herosmo del mismsimo Isaac Rabin, a quien la extrema derecha sionista asesin por menos que eso. Sin duda sera una autntica bomba informativa. La verdadera cuestin es averiguar cmo un periodista serio puede creer semejantes disparates. Pero es cierto que estamos en Francia.

Eventualmente se podra aventurar una segunda hiptesis igualmente ridcula: el acuerdo en cuestin estara basado en nuevas concesiones palestinas. Sin decrselo a nadie, Mahmud Abbas habra renunciado al ncleo duro de la posicin oficial de la OLP desde 1988: un Estado palestino en las fronteras de 1967 con Jerusaln Este como capital. Pero, o Bernard Guetta est mejor informado que todos los periodistas del planeta, o confunde la velocidad con el tocino. Con todos los respetos, nos inclinamos por la segunda opcin.

Lo que no le impide seguir mencionando la cuestin de los refugiados como si se tratase de una bagatela: Palestina tendra garantizada la continuidad territorial y, en cuanto a los refugiados, recibiran compensaciones econmicas, pero es al futuro Estado palestino y no a Israel adonde regresaran. Y se puede llamar a eso un acuerdo? En realidad, esta frmula corresponde exactamente a la posicin de Tel Aviv: ningn reconocimiento de los perjuicios padecidos por el pueblo palestino, ningn refugiado autorizado a regresar a territorio israel, a la tierra de sus antepasados, y un puado de shekels a manera de compensacin.

Despus de comentar servilmente las peroratas de Bush y Olmert, Bernard Guetta llega por fin a la parte fundamental: Pero queda una gran cuestin por solucionar, el mayor escollo que hay que salvar: Cmo aplicar este acuerdo mientras Hams controle Gaza? Aqu estamos: sera mucho ms fcil, en efecto, si los palestinos abandonaran y renunciasen a cualquier resistencia! Y si al otro lado del nuevo muro de la vergenza erigido por Israel, no estuviera ese maldito escollo que se obstina en existir.

Al votar a Hams en 2006, el pueblo palestino se rebel democrticamente contra el ocupante. No van a poner la otra mejilla en 2008. Bush y Olmert lo saben, pero Guetta parece ignorarlo. Seguramente porque la concepcin del conflicto a la que se adhiere, junto a la mayora de los comentaristas, exige esta amnesia voluntaria. Para aferrarse, no a la realidad sino a su representacin dominante, hace falta un culpable. Ahora bien, como dicho culpable no puede ser Israel, slo puede ser Hams, cuya misma existencia es un desafo para los israeles.

Al negar la evidencia se invierten entonces la causa y el efecto: no es la ocupacin la que provoca la resistencia, sino el terrorismo el que justifica la autodefensa. Al negar a las vctimas la misma valoracin se burlan las estadsticas del conflicto. En 2007, el ejrcito israel asesin a 373 palestinos en la Franja de Gaza. En el mismo perodo hay que lamentar 13 vctimas israeles. Pero la causa est clara : el terrorismo islamista amenaza a Israel con un nuevo holocausto. Mientras haya terroristas en Gaza, ser muy difcil llegar a un acuerdo de paz con los palestinos, resume Ehud Olmert en un artculo de fe recogido a coro por los medios de comunicacin occidentales.

Es cierto, el Primer Ministro del Estado hebreo sabe de qu habla: la principal organizacin terrorista de Oriente Prximo es el ejrcito israel. Evidencia aritmtica, simplemente. En un sentido, israeles y estadounidenses tienen razn: el terrorismo est por todas partes. Pero es sobre todo all donde se niegan a verlo. Un detalle cmico: durante su breve estancia en Jerusaln, George Bush decidi alojarse en el hotel King David, que en la poca del mandato britnico albergaba el cuartel general del ejrcito de ocupacin. Un comando del Irgun lo hizo estallar en 1946 matando deliberadamente a un centenar de personas. El futuro Primer Ministro e dolo de los medios de comunicacin despus de Camp David, el terrorista Menahem Begin, fue el comanditario del atentado.

George Bush sali ileso hotel King David para continuar su gira por Oriente Prximo. Como estaba previsto, la segunda parte del viaje fue de un gran clasicismo. El programa: jugosos contratos con los reyezuelos del petrleo y avalancha de diatribas contra Irn. En Palestina, el presidente estadounidense combin la conmiseracin de fachada y las falsas amonestaciones. Con las petromonarquas agit el espantajo del chismo nuclear para estimular las ventas de armas made in USA. Obstinadamente amenaz por ensima vez al rgimen iran, el patrocinador del terrorismo, asignndole semnticamente esta confusin entre el comercio y la poltica, habitual en la superpotencia estadounidense.

Sin pararse en barras intent vanamente explotar un ridculo incidente naval entre Irn y EEUU ocurrido en el estrecho de Ormuz. Como en el asunto de los marinos britnicos capturados en Chott-al-Arab, la indignada actitud de la potencia occidental por un rasguo en una de sus caoneras era totalmente grotesca. No nos atrevemos a imaginar lo que pasara si se interceptasen estrellas iranes en el Tmesis o submarinos frente a Manhattan. Como un matn, el texano encolerizado se despach ante las cmaras con ridculas baladronadas en las que se mofaba de Irn.

Ni una palabra, en cambio, sobre la situacin iraqu. En efecto, para qu recordar pblicamente el mayor desastre estadounidense desde la guerra de Vietnam? Iraq es el agujero negro, enorme y abierto de par en par de la poltica de Estados Unidos en Oriente Prximo. Pero todo se relaciona. Iraq es el fracaso mesopotmico que vino a multiplicar la obsesin de los neoconservadores por Irn. Haca falta un motivo importante para derivar la atencin lejos del fracaso iraqu, un nuevo frente con nuevos malvados satanizables. Con George Bush, Estados Unidos no conseguir curarse el sndrome de las brujas de Salem. Al contrario, cada da se hace ms fuerte.

El primer viaje a Oriente Prximo de un George Bush en fase terminal ha dejado tras de s una abrumadora impresin de vaco sideral y monumental hipocresa. Pero en cierto sentido no habr sido intil. El inquilino de la Casa Blanca mostr su autntica cara en la escena planetaria: inflado de retrica mesinica, demagogo como nadie, obsesionado por una hegemona que se agrieta, pattico lanzador de anatemas que no impresionan nadie. Planeando sobre un campo de ruinas que ha contribuido a expandir generosamente, George W. Bush apareci, como levitando, desvinculado sin remedio de un mundo rabe que le detesta.

Original en francs: http://oumma.com/George-Bush-en-levitation-au

Bruno Guigue (Touluse 1962) es titulado en geopoltica por la ENA (cole nationale d'administration), ensayista, colaborador habitual de Oumma.com y autor de los siguientes libros: Aux origines du conflit isralo-arabe, LEconomie solidaire, Faut-il brler Lnine?, Proche-Orient: la guerre des mots y Les raisons de lesclavage, todos publicados por la Ed. LHarmattan.

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.





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