Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2008

Es el momento de aplicar el tratamiento sudafricano en el apartheid israel

Omar Barghouti
PACBI

Traducido del ingls por Beatriz Morales Bastos


En estos momentos la mayora de los palestinos reconocen una forma de apartheid en el consolidado sistema israel de colonialismo, racismo y negacin de los derechos humanos bsicos. De hecho, los palestinos estn lejos de ser los nicos en considerar as a Israel; importantes intelectuales, polticos y abogados de derechos humanos sudafricanos suscriben la misma idea. Por ejemplo, en un artculo publicado en The Guardian grficamente titulado Apartheid en Tierra Santa, el arzobispo Desmond Tutu escribi:

Me he sentido profundamente afligido durante mi visita a Tierra Santa; me record tanto a lo que nos ocurri a nosotros los negros en Sudfrica. [] Han olvidado su humillacin nuestras hermanas y hermanos judos? Tan pronto han olvidado los castigos colectivos, las demoliciones de casas ocurridas en su propia historia?[1].

De hecho, muchos judos no han olvidado. Dentro de Israel, algunos polticos y periodistas judos han establecido claras analogas entre Israel y Sudfrica. Roman Bronfman, presidente de la faccin Opcin Democrtica del partido Yahad, critic lo que l calific de un rgimen de apartheid en los territorios ocupados y aadi: la poltica del apartheid se ha infiltrado tambin en el Israel soberano y discrimina diariamente a los rabes israeles y a otras minoras. Es tarea de cada humanista luchar contra este punto de vista fascista [2].

Esther Levitan, la abuela juda que en la Sudfrica del apartheid fue condenada a confinamiento en solitario indefinido sin juicio por su activismo en el ANC [Consejo Nacional Africano], admiti en una entrevista publicada en el diario Haaretz que ella consideraba a Israel terriblemente racista y afirm: Los israeles tienen ese detestable odio a los rabes que me pone enferma. [] Crearn aqu un apartheid peor[3].

El ex-ministro de educacin israel, Shulamit Aloni, declar recientemente que Israel comete crmenes de guerra utiliza el terror y no es diferente del racismo sudafricano. Cuando se le pregunt cmo vea el futuro de Israel, Aloni respondi: Le puedo mostrar libros de Mussolini sobre el fascismo. Si los lee usted, llegar a la rotunda conclusin de que los ministros del actual gobierno israel transitan por la misma senda[4].

Valientes dirigentes sudafricanos judos tambin han hecho que se escuchen sus voces contra el apartheid israel al publicar su famosa Declaracin de Conciencia No en Nuestros Nombres en la que condenan rotundamente la negacin por parte de Israel de los derechos palestinos como la causa raz del conflicto. La Declaracin, de la que son autores el ministro del gobierno, Ronnie Kasrils, y el legislador Max Ozinsky, y que ha sido firmada por cientos de otros importantes judos sudafricanos, establece que resulta difcil, especialmente desde la perspectiva sudafricana, no establecer paralelismos entre la opresin experimentada por los palestinos bajo el dominio de Israel y la opresin experimentada en Sudfrica bajo el gobierno del apartheid[5].

Uno podra preguntarse qu puede haber suscitado toda esta indignacin moral. Los siguientes ejemplos representativos de la opresin israel en las tres partes principales del pueblo palestino (bajo la ocupacin, en el exilio y en Israel) pueden ayudar a responder esta pregunta.

La ocupacin israel

Nada refleja mejor la inmensa injusticia de la ocupacin como el Muro colonial de Israel, construido en su mayora sobre territorio y condenado por ilegal por una opinin consultiva histrica de Tribunal Internacional de Justicia de La Haya en julio de 2004. A pesar de las graves repercusiones del Muro sobre los medios de vida, el medio ambiente y los derechos polticos palestinos, la prctica totalidad de los judo israeles lo apoyan [6]. Sin embargo, el ex ministro de Medioambiente israel, Yehudit Naot, protest en relacin a un aspecto especfico del Muro afirmando:

La valla de separacin rompe la continuidad de las zonas abiertas y es perjudicial para el paisaje, la flora y la fauna, los corredores ecolgicos y el drenaje de los arroyos. El sistema de proteccin [sic] afectar irreversiblemente a los recursos de la tierra y crear enclaves de comunidades que estn cortadas de su entorno[7].

Incluso despus de trasladar los lirios y de crear pasos para los animales pequeos, el portavoz de la Autoridad para la Proteccin de la Naturaleza y los Parques Nacionales de Israel se queja:

Los animales no saben qu es una frontera. Estn acostumbrados a tener cierto espacio vital y lo que nos preocupa es que su diversidad gentica se ver afectada porque diferentes grupos de poblacin no podrn relacionarse y reproducirse. No existe la menor duda de que aislar a las poblaciones a ambos lados de la valla crea un problema gentico[8].

Al tiempo que est tan preocupado por el bienestar de las flores salvajes y los zorros, Israel trata a los nios palestinos como criaturas prescindibles. Tiradores de primera adiestrados profesionalmente disparan contra ellos durante los incidentes en los que se tiran piedras. Por ejemplo, fuentes mdicas [9] y organizaciones de derechos humanos, incluyendo Mdicos por los Derechos Humanos, documentaron en la primera etapa de la actual Intifada palestina un modelo de disparo a los ojos y rodillas de los nios palestinos con la clara intencin de herirlos [10]. La profesora de la Universidad de Tel Aviv, Tanya Reinhart, escribe: Una prctica comn [de los tiradores de primera] es disparar una bala metlica recubierta de caucho a los ojos, un pequeo juego entre soldados bien adiestrados que requiere un mximo de precisin[11].

Y cuando no se produce un incidente de tirar piedras detrs del que escudarse, los soldados israeles tienen que provocarlo. El veterano periodista estadounidense Chris Hedges expuso [12] cmo los soldados israeles en Gaza haban provocado sistemticamente a los nios palestinos que jugaban en las dunas al sur de Gaza para disparar contra ellos. Mientras estos nios jugaban al ftbol, se pudo or una voz procedente de los jeeps del ejrcito: Venid, perros. [] Dnde estn todos los perros de Khan Younis? Venid! Venid! [...] Cabrones!. Hedges describe cmo se desarroll entonces el plan:

Los nios (la mayora de ellos no mayores de diez u once aos) se lanzaron duna arriba en pequeos grupos hacia la valla elctrica que separa el campo del asentamiento judo. Lanzaron piedras por encima de la valla contra los jeeps blindados aparcados en lo alto de la duna y sobre los que haba altavoces. [...] Explot una granada de percusin. Los nios [...] , asustados, corrieron torpemente por la densa arena. Bajaron por detrs de un banco de arena fuera de mi vista. No se oyeron los tiros, Los soldados dispararon con silenciador. Las balas de los rifles M-16 llovieron sobre los delgados cuerpos de los nios. Ms tarde pude ver en el hospital la destruccin: los estmagos arrancados, los huecos dejados por las bajas en los miembros y el torso.

Ayer los israeles dispararon en este punto a ocho nios [...]. Se ha disparado contra nios en otros conflictos que he cubierto [], pero nunca no haba visto antes a soldados atraer a los nios a una trampa y despus matarlos por deporte.

Atroces como son, las violaciones israeles de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados no son la nica forma de opresin practicada contra los palestinos. Otras dos dimensiones cruciales de la injusticia israel y de las violaciones del derecho internacional no son menos importantes, ni posiblemente menos urgentes, concretamente la negacin por parte de Israel de los derechos de los refugiados palestinos y su discriminacin racial sistemtica contra sus propios ciudadanos rabe-palestinos. Los palestinos no pueden ignorar ninguna de las dos formas de opresin.

Israel y los derechos de los refugiados palestinos

Lejos de admitir su culpa en la creacin del ms antiguo y mayor problema de refugiados del mundo, Israel ha eludido constantemente toda responsabilidad sobre la Nakba, la catstrofe de la desposesin y desarraigo palestinos en torno a 1948. Lo ms peculiar en la corriente dominante del discurso israel sobre el nacimiento del Estado es su negacin total de este crimen. Con unas pocas brillantes excepciones, los israeles consideran como la independencia de Israel la implacable destruccin sionista de ms de 400 pueblos palestinos y su campaa de limpieza tnica que llev al exilio a ms de 750.000 palestinos. Incluso comprometidos israeles de izquierda se lamentan con frecuencia por la prdida de la superioridad moral de Israel despus de la ocupacin de Gaza y Cisjordania en 1967, como si antes de esta fecha Israel hubiera sido un Estado normal, civil y respetuoso de la ley.

Pero la verdad que haba sido literalmente enterrada bajo los escombros ha salido finalmente a la luz, en gran parte gracias al trabajo de los nuevos historiadores de Israel. Hoy el problema de los refugiados sigue siendo, de manera irrefutable, el motivo de acusacin ms importante y con mayor carga moral de todo el conflicto.

Manipulando el Holocausto, Israel ha establecido la premisa de su rechazo de los derechos de los refugiados palestinos sobre la teora de que los judos no estn a salvo entre los gentiles y de que, por consiguiente, deben vivir en un Estado que tenga un carcter judo dominante que ha de ser mantenido sagradamente, sin tener en cuenta el derecho internacional y sin respetar los derechos humanos y polticos de las personas nativas desplazadas de la tierra sobre la que se erigi este Estado. Ningn otro pas del mundo reivindica hoy un derecho similar a una supremaca tnico-religiosa. Cuando las vctimas de las super-vctimas son consideradas como humanos relativos, como si tuvieran un valor comparativo inferior, semejante actitud es ampliamente tolerada [13].

Al tiempo que niegan los derechos bsicos de los refugiados palestinos, los judos de Israel y de occidente han obtenido muchos xitos en sus campaas a favor de las restituciones y compensaciones por el Holocausto, que a menudo incluyen su derecho a retornar a Alemania, Polonia y otros pases de los que fueron expulsado. Pero la quintaesencia de la falta de coherencia la delatan las presiones por parte de la Federacin Mundial Sefard sobre el Espaa para que reconozca a los sefardes, los descendientes de los judos expulsados de Andaluca hace ms de cinco siglos, como ciudadanos espaoles y que, en consecuencia, los rehabiliten [14].

El hecho de que los refugiados constituyan una mayora del pueblo palestino unido a sus sufrimientos en el exilio desde hace 57 aos hacen del reconocimiento de los derechos bsicos de los refugiados palestinos, incluyendo el derecho a retornar a sus tierras, la prueba decisiva de moralidad para alguien que sugiera una solucin justa y duradera para el conflicto israelo-palestino. Dejando de lado los derechos morales y legales, la negacin de los derechos de los refugiados palestinos garantiza la perpetuacin del conflicto [15].

Israel y sus propios ciudadanos rabe-palestinos

Puede que Israel no sea el nico en practicar la discriminacin racial contra su minora nacional [16]. Pero desde luego s es el nico en su notable y continuo xito, por el momento, en salir bien parado al proyectar una falsa imagen de progresa y democracia. En el centro de la forma especfica de apartheid de Israel subyace una consideracin profundamente arraigada de los ciudadanos palestinos del Estado no slo como indeseables recordatorios del pecado original[17], sino tambin como una amenaza demogrfica. La discriminacin racial contra ellos en todos los aspectos de la vida ha sido siempre la norma. De hecho, la defensa de una igualdad total y inequvoca entre rabes y judos se ha convertido en un equivalente a la sedicin, si no a la traicin. En una ocasin en Tribunal Supremo Israel estipul que es necesario evitar que un rabe o judo que defiende la igualdad de derechos para los rabes se siente en el Knesset [Parlamento israel] o sea elegido a l[18]. Hasta la fecha, una significativa mayora de judos israeles se han opuesto sistemticamente a la completa igualdad de los ciudadanos palestinos de Israel [19].

Incluso en la investigacin contra el cncer [20], el apartheid israel est presente de forma contundente. En junio de 2001 el ministerio de Sanidad public un mapa de la distribucin geogrfica de las enfermedades malignas en Israel entre los aos 1984 y 1999. El informe detallado presenta datos acerca de estas enfermedades en comunidades con ms de 10.000 residentes. El informe no incluye ni una sola comunidad rabe en Israel, con excepcin de Rahat. Cuando se les pregunt la razn, altos cargos del ministerio recurrieron a la omnipresente excusa de los problemas de presupuesto. Pero, por qu es particularmente importante esta investigacin? Pues bien, porque en Israel slo cuando se demuestra que hay una correlacin entre la presencia de lugares contaminados y la incidencia de una enfermedad maligna es posible impedir la instalacin de nuevos riesgos y exigir unas medidas de seguridad medioambientales ms estrictas. Al omitir intencionadamente las ciudades rabes en su exhaustivo mapa del cncer, indirectamente el ministerio de Sanidad ha dado luz verde a los contaminadores para que se trasladen a las ciudades rabes. Los resultados de este apartheid sanitario no presagian nada bueno. En las ltimas tres dcadas el ndice de enfermedades malignas entre la poblacin palestina ha aumentado un 97.8% entre los hombres y un 123% entre las mujeres, frente al aumento del 39.8% para los hombres del 24.4% para mujeres entre la poblacin juda. Un portavoz del Centro contra en Racismo coment: El informe ha producido dos grupos diferentes. primero, un grupo privilegiado cuyas vidas son valiosas para el Estado; segundo, cuyas vidas no tienen importancia para el Estado.

Hay que considerar esta discriminacin en el ms amplio contexto de la percepcin que tiene Israel de los palestinos. Los polticos, intelectuales, acadmicos y los medios de comunicacin israeles a menudo debaten apasionadamente sobre qu es lo mejor para combatir en la guerra demogrfica contra los palestinos. Se han erigido vallas racistas en varias localidades dentro de Israel en las que judos y palestinos viven muy cerca. En Lydda, Ramleh y Caesaria se construyeron barreras de distintos tipos para separar demogrficamente ambas comunidades [21]. Hacindose eco de un punto de vista popular en Israel, un acadmico perteneciente al grado ms alto, el mayor general (en la reserva) Shlomo Gazit del Centro Jaffee de Estudios Estratgicos, afirma: Hay que subordinar la democracia a la demografa[22].

Muchos israeles pertenecientes a todo el espectro poltico defienden ahora distintas formas de limpieza tnica de los ciudadanos palestinos de Israel. Esta consigna de la extrema derecha y que antes era considerada tab, defendida por figuras marginales como el rabino Meir Kahane se ha convertido ahora en un discurso aceptable acerca de la demografa en la corriente dominante israel [23].

Un israel de conciencia, que se subleva contra este lenguaje de control demogrfico, es el dr. Amnon Raz-Krakotzkin de la Universidad de Ben-Gurion, quien afirma: Es alarmante cuando los judos hablan de demografa[24].

Ronnie Kasrils y Victoria Brittain trataron este raramente mencionado aspecto del apartheid de Israel en un artculo de The Guardian, en el que escribieron:

El deseo de una mayora tnico-religiosa de judos israeles se ha filtrado por los territorios ocupados hasta impregnar la agenda nacional israel, que cada vez ms considera a los ciudadanos palestinos de Israel como una amenaza demogrfica []. Durante dcadas se ha negado a la minora palestina de Israel los derechos bsicos a la igualdad en la sanidad, educacin, alojamiento y posesin de tierras, nicamente por no ser judos. El hecho de que se permita votar a esta minora apenas compensa la desmesurada injusticia en todos los dems derechos humanos bsicos. Los palestinos de Israel estn excluidos de la definicin misma de Estado judo y prcticamente no tienen influencia en la legislacin o en los mbitos poltico, social o econmico. De ah su similitud con los negros sudafricanos [25].

Entonces, qu se debe hacer?

El abyecto fracaso de la comunidad internacional durante las ltimas dcadas en conseguir que Israel acate el derecho internacional ha provocado que personas de conciencia de todo el mundo vayan ms all de la mera condena de los crmenes y violaciones de los derechos humanos de Israel para aprobar y defender explcitamente formas de presin efectiva contra Israel, como se hizo con el rgimen de apartheid Sudfrica. En un artculo titulado Contra el apartheid israel, Desmond Tutu afirma:

Quienes ayer eran habitantes de los distritos segregados de Sudfrica pueden hablarles de la vida actual en los territorios ocupados. [] Las humillaciones, la dependencia y la ira son demasiado familiares para ellos. [] Muchos sudafricanos estn empezado a reconocer los paralelismos con lo que nosotros sufrimos. [] Si acab el apartheid, tambin puede acabar la ocupacin, pero la fuerza moral y la presin internacional tienen que tener la misma determinacin. La actual campaa de desinversin es el primer paso necesario en esta direccin, aunque desde luego no es el nico[26]

sta es precisamente la conclusin a la que lleg la sociedad civil palestina. El da 9 de julio [de 2005], da del primer aniversario de la Opinin Consultiva del Tribunal Internacional de Justicia contra el Muro, ms de 170 partidos polticos, sindicatos, asociaciones profesionales y otras organizaciones sociales palestinas emitieron el Llamamiento al Boicot, la Desinversin y las Sanciones , o BDS, contra Israel hasta que acate totalmente el derecho internacional y los principios universales de los derechos humanos. La campaa de BDS est anclada en la resistencia no-violenta contra la opresin israel en todas sus dimensiones. Estableciendo un importante precedente, este documento histrico fue firmado por representantes de los tres sectores constitutivos del pueblo palestino: los refugiados, los ciudadanos palestinos de Israel y los palestinos de los territorios ocupados. Tambin es la primera vez que esta forma de resistencia no violenta es respaldada ampliamente por prcticamente todos los sectores de la sociedad palestina. Un aspecto crucial del Llamamiento es su apelacin directa a los israeles de conciencia a apoyarlo.

Donde ms fuerte es el apoyo al boicot contra Israel es en Sudfrica. En octubre de 2004, un llamamiento a un boicot total contra Israel emitido por grupos de solidaridad sudafricanos fue respaldado por la mayora de las principales organizaciones y sindicatos de Sudfrica, incluyendo el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU, por sus siglas en ingls), el Movimiento de Los Sin Tierra, la Coalicin Sudafricana de ONGs, la Coalicin Contra la Guerra y Mdicos por los Derechos Humanos.

As pues, en qu consiste exactamente el llamamiento de la sociedad civil palestina?

Basndose en sistema del apartheid israel en tres estadios que hemos descrito, el Llamamiento al BDS palestino estipula:

Nosotros, representantes de la sociedad civil palestina, hacemos un llamamiento a las organizaciones de la sociedad civil internacional y a las personas de conciencia de todo el mundo a imponer un amplio boicot y a implementar iniciativas de desinversin contra Israel similares a las aplicadas en Sudfrica en la poca del apartheid. Os apelamos a presionar a vuestro respectivos Estados para que impongan embargos y sanciones contra Israel. Invitamos tambin a los israeles de conciencia a apoyar este Llamamiento en nombre de la justicia y la paz genuina [27].

El modelo del Llamamiento al BDS fue un llamamiento anterior emitido por la Campaa Palestina por el Boicot Acadmico y Cultural a Israel (PACBI, por sus siglas en ingls) que se convirti en el centro de atencin durante el debate que llev, y sigui, al boicot de AUT contra una seleccin de universidades israeles en abril de 2005. Aquella decisin histrica fue invalidada en mayo de ese mismo ao. Durante 34 los palestinos de todas partes del mundo vieron un poco de luz al final del tnel de la obscura opresin que lleva durando 57 aos. Nos dimos cuenta de que se poda bajar a Israel del pedestal en el que lo ha situado occidente, por tomar la metfora de Desmond Tutu. Durante 34 nos pareci que el mundo escuchaba, que finalmente habamos conseguido hacer una verdadera brecha en el muro del silencio vergonzante y de la complicidad en la arena internacional. Durante 34 das fuimos testigo de un evidente momento de transformacin en el modus operandi del movimiento de solidaridad desde limitarse a concienciar y emitir comunicados o condenas, por muy importante que esto sigan siendo, hasta aplicar tambin medidas efectivas de presin para conseguir justicia y paz.

Hay muchos argumentos en contra de ignorar el Llamamiento palestino. Tratar de resumir los ms racionales y populares de ellos, y de dar contra-argumentos, la clave de los cuales es el principio de coherencia moral.

Principales argumentos contra el Llamamiento al BDS

Algunos destacados defensores de la causa palestina han argumentado en contra de aplicar sanciones y boicot al estilo de las aplicadas en Sudfrica por diferentes razones, las ms significativas de las cuales son las siguientes:

(A) Israel es esencialmente un pas democrtico son con una activa sociedad civil y, por consiguiente, se la puede convencer de acabar esta opresin sin sanciones.

(B) A diferencia de la Sudfrica del apartheid, la mayora en Israel se opone a las sanciones.

(C) Las organizaciones de la sociedad civil israel son ampliamente progresistas y estn a la vanguardia del movimiento de paz, y, por consiguiente, hay que apoyarlas no boicotearlas.

Contra-argumentos

(A) Cmo puede se puede calificar nunca de democracia a una supremaca tnico-religiosa que tambin es un poder colonial? Por ejemplo, el profesor de la Universidad de Nueva York Tony Judt, considera que Israel es un anacronismo disfuncional y lo clasifica ente los etno-Estados dirigidos por la fe y beligerantemente intolerantes[28].

El famoso escritor judo-estadounidense I.F. Stone, resumi el dilema del sionismo afirmando: Israel est creando una especie de esquizofrenia en el mundo judo. Fuera de Israel, el bienestar de los judos depende del mantenimiento de sociedades plurales, laicas y no raciales. Dentro de Israel, los judos defienden una sociedad en la que no se pueden legalizar los matrimonios mixtos, en la que los no-judos tienen un estatuto inferior al de los judos, en la que el ideal es racista y exclusivista[29].

(B) De todos los argumentos en contra del boicot, ste refleja o bien una sorprendente ingenuidad o bien una deliberada deshonestidad intelectual. Vamos a juzgar si se aplican sanciones a un poder colonial basndonos en la opinin de la mayora en la comunidad de los opresores? La comunidad oprimida no cuenta en absoluto?

(C) Esto es simplemente un mito propagado y mantenido por algunos acadmicos e intelectuales que se consideran a s mismos la izquierda. La inmensa mayora de los israeles sirve en las fuerzas de reserva del ejrcito israel y, por consiguiente, conocen de primera mano o han participado en los crmenes cotidianos de la ocupacin y la colonizacin. Adems, con la excepcin de una exigua aunque crucial minora, la sociedad civil israel se opone mayoritariamente a una igualdad total de los palestinos, apoya la opresin del Estado o mantienen un silencio connivente con ella.

Segundo grupo de argumentos contra la campaa de BDS

Desde una perspectiva ligeramente diferente, algunos observadores han argumentado que boicotear a Israel es contraproducente y que puede llevar a:

(1) Perder la capacidad de influir en el posible campo de la paz de Israel,

(2) Radicalizar a la derecha israel y dificultar el trabajo a la izquierda,

(3) Aumentar indirectamente el sufrimiento de los palestinos que pueden llegar a perder financieramente e incluso verse sometidos a unas condiciones an ms deterioradas de opresin debido a un Israel ms salvaje y aislado.

Segundo grupo de contra-argumentos

(1) Qu influencia? Europa prcticamente no tiene ahora derecho alguno. Incluso en Estados Unidos la israelizacin de la poltica exterior, particularmente contra Oriente Prximo, ha llegado a sus cotas ms altas con lo que se ata de manera efectiva las manos a toda perspectiva de presin estadounidenses con el objetivo de restringir, por no mencionar cambiar, las polticas represivas israeles.

(2) Qu izquierda? La izquierda sionista de Israel consigue fcilmente que los partidos de extrema-derecha de Europa parezcan tan morales como la Madre Teresa, especialmente cuando se trata de reconocer los derechos de los refugiados palestinos. Por otra parte, la izquierda moralmente coherente y no sionista es un grupo diminuto, cuyos miembros pueden sin querer acabar perdiendo beneficios, privilegios y fondos a consecuencia del boicot. Esto debera obligarnos a matizar nuestras tcticas de boicot para disminuir la posibilidad de que esto ocurra innecesariamente. Pero, todos lo sabemos, esto no es una ciencia exacta (si es que lo es alguna ciencia). Debemos subrayar el aspecto positivo que puede tener el boicot en la totalidad de la lucha por los derechos humanos, la igualdad y la democracia real incluso en Israel.

(3) Ms asfixia? Incluso el arzobispo Desmond Tutu se qued horrorizado por el elaborado y multifactico asedio que ha establecido Israel en los territorios palestinos ocupados, y ha hecho un llamamiento a aplicar contra Israel unas sanciones al estilo de las aplicadas contra Sudfrica.

El argumento del Holocausto y del anti-semitismo

Como afirma el filsofo francs Etienne Balibar, no se debera permitir a Israel instrumentalizar el genocidio de los judos europeos para situarse por encima de la ley de las naciones[30]. Ms all de ello, al hacer la vista gorda de la opresin de Israel, como suele hacer Estados Unidos y la mayor parte de la Europa oficial, occidente ha perpetuado de hecho la miseria, el sufrimiento humano y la injusticia que han continuado desde el Holocausto.

Por lo que se refiere a la acusacin de anti-semitismo, salta a la vista que est fuera de lugar y que claramente se utiliza como una herramienta para la intimidacin intelectual. Apenas vale la pena reiterar que el llamamiento palestino al boicot, las desinversiones y sanciones no se dirige contra los judos, ni siquiera contra los israeles en tanto que judos. Se dirige exclusivamente contra Israel en tanto que potencia colonial que viola los derechos palestinos y el derecho internacional. El creciente apoyo entre los judos progresistas europeos y estadounidenses a una presin efectiva contra Israel es un contra-argumento al que no se da una publicidad adecuada.

La campaa de BDS no descarta una cooperacin palestino-israel en tanto sta reconozca la realidad de la opresin, acepte la necesidad bsica de igualdad y se dirija contra la injusticia. Simplemente establece unos criterios cuidadosos para hacer esta cooperacin moralmente firme y polticamente efectiva. No basta con hacer un llamamiento a la paz, porque esta palabra se ha convertido en la palabra del diccionario de la que ms se abusa, particularmente cuando dos notorios y certificados criminales de guerra se consideran actualmente a s mismos hombres de paz. La paz sin justicia equivale a institucionalizar la injusticia.

Los proyectos de paz que omiten deliberadamente toda mencin a la opresin que ejerce Israel sobre los palestino no son sino esfuerzos perjudiciales y corruptos. Quienes imaginan que pueden adoptar la postura del avestruz ante el conflicto sugiriendo unos foros para el acercamiento, la distensin o el dilogo -- que ellos esperan que puedan llevar a un autntico proceso de reconciliacin y finalmente a la paz -- son cnicamente ilusos o peligrosamente engaosos. Tratar de cambiar la percepcin de los oprimidos en vez de ayudar a terminar con la propia opresin es un indicador de ceguera moral y de estrechez de miras poltica. Prologar la opresin no slo carece de tica, sino que tambin es pragmticamente contraproducente ya que perpeta el conflicto.

La campaa de boicot, desinversin y sanciones no es un bloque cerrado que sirve para todo. Si se acepta la premisa bsica de que hay que presionar a Israel para que acate el derecho internacional, entonces se pueden aplicar diferentes formas de presin de acuerdo con contextos especficos. Sin un apoyo basado en principios y eficaz a este forma mnima, civil y no-violenta de resistencia a la opresin o a cualquier forma comparable de lucha, las organizaciones de la sociedad civil internacional abandonarn su obligacin moral de defender el derecho, la justicia, la paz verdadera y una oportunidad de dar validez a la preponderancia de principios ticos universales.

Notas:

* Omar Barghouitti es un investigador palestino independiente y miembro fundador de la Campaa Palestina para el Boicot Acadmico y Cultural a Israel (PACBI).

[1] Desmond Tutu, Apartheid in the Holy Land, The Guardian, 29 de abril de 2002.

[2] Roman Bronfman, The Hong Kong of the Middle East, Haaretz, 20 de mayo de 2005.

[3] Thomas O'Dwyer, Parts and apartheid, Haaretz, 24 de mayo 2002.

[4] Roee Nahmias, Israeli terror is worse, Yedioth Ahronoth, 29 de julio de 2005.

[5] Jon Jeter, South African Jews Polarized Over Israel, Washington Post, 19 de diciembre de 2001.

[6] Editorial de Haaretz, A Fence Along the Settlers Lines, 3 de octubre de 2003.

[7] Mazal Mualem, Old Habitats Die Hard, Haaretz, 20 de junio de 2003.

[8] Ibid.

[9] Dr. Aghlab Khouri del Hospital Oftalmolgico de St. John de Jerusaln explica en su declaracin jurada a la organizacin de derechos humanos el efecto del impacto de una bala de metal recubierta de caucho en el ojo: Los casos que he tratado durante los enfrentamientos eran de disparos directos a los ojos con balas de metal recubiertas de caucho. Este tipo de bala no es afilada, pero tiene dentro un trozo de metal; golpea el ojo a una gran velocidad y crea un impacto que hace aicos el ojo.

LAW, Israels Excessive and Indiscriminate Use of Force: Eye Injuries, 2 de noviembre de 2000.

[10] Physicians for Human Rights, Evaluation of the Use of Force in Israel, Gaza and the West Bank, 3 de noviembre de 2000.
http://www.phrusa.org/research/forensics/israel/Israel_force_2.html

[11] Tanya Reinhart, Dont Say You Didnt Know, Indymedia, 6 de noviembre de 2000.

[12] Chris Hedges, A Gaza Diary, Harpers Magazine, octubre de 2001.

[13] Para leer ms sobre este argumento, vase: Omar Barghouti, The Spirit of Auschwitz, Al-Ahram Weekly Online, 2 - 8 de mayo de 2002.

[14] DPA, Sephardi Jews Demand Recognition from Spanish Government, Haaretz, 15 de octubre de 2002.

[15] Para ms detalles, vase: Omar Barghouti, On Refugees, Creativity & Ethics, ZNet, 28 de septiembre de 2002.

[16] Segn Mdicos por los Derechos Humanos de Israel [Physicians for Human Rights-Israel], aunque los ciudadanos palestinos del Estado de Israel representan aproximadamente el 20% de su poblacin, esta comunidad sufre una discriminacin institucional que provoca unas graves diferencias socio-econmicas entre la mayora juda y la minora rabe. No se han hecho inversiones relevantes para eliminar estas diferencias. Al contrario, la poblacin rabe contina sufriendo carencias de asignaciones presupuestarias y discriminacin en muchos mbitos, incluyendo el paro, la educacin, la pobreza y polticas de planificacin y los servicios sanitarios.
http://www.phr.org.il/Phr/Pages/PhrArticle_Unit.asp?Cat=37&Pcat=4

[17] El escritor israel Benjamin Beit-Hallahmi afirma, los israeles parecen obsesionados por [] la maldicin del pecado original contra los nativos rabes. Cmo se puede discutir sobre Israel sin recordar la desposesin y exclusin de los no judos? Este es el hecho ms bsico acerca de Israel y no es posible comprender la realidad israel sin l. El pecado original obsesiona y atormenta a los israeles: marca todo y tie a todo el mundo. Su recuerdo envenena la sangre y marca cada momento de la existencia", Benjamin Beit-Hallahmi, Original Sins: Reflections on the History of Zionism and Israel (1993); citado en: The Origin of the Palestine-Israel Conflict,
www.cactus48.com

[18] Edward Herman, Israeli Apartheid and Terrorism, Z-Magazine, 29 de abril de 2002.

[19] Haaretz, 22 de mayo de 2003.

[20] Eli Ashkenazi, Budget for Cancer Mapping doesnt extend to Arab Sector, Haaretz, 28 de marzo de 2005.

[21] Lily Galili, Long Division, Haaretz, 19 d diciembre de 2003.

[22] Lily Galili, A Jewish demographic state, Haaretz, lunes 1 de julio de 2002.

[23] Yulie Khromchenco , Poll: 64% of Israeli Jews support encouraging Arabs to leave, Haaretz, 22 de junio de 2004.

[24] Galili, 2002.

[25] Ronnie Kasrils y Victoria Brittain, Both Palestinians and Israelis will benefit from a boycott, The Guardian, 25 de mayo de 2005.

[26] Desmond Tutu y Ian Urbina, Against Israeli Apartheid, The Nation, 15 de julio de 2002.

[27] Se puede leer el llamamiento completo de la sociedad civil palestina al boicot, las desinversiones y sanciones (BDS) en:
www.PACBI.org

[28] Tony Judt, Israel: The Alternative, New York Review of Books, Vol. 50, #16, 23 de octubre de 2003.
http://www.nybooks.com/articles/16671

[29] I.F. Stone, For a new approach to the Israeli-Arab Conflict, The New York Review of Books, 3 de agosto de 1967.

[30] Etienne Balibar, A Complex Urgent Universal Political Cause, ponencia den la conferencia la Facultad para la Paz Israelo-Palestina (FIP, en sus siglas en ingls), Universit Libre de Bruxelles, 3 y 4 de julio.

Enlace con el original: http://www.pacbi.org/articles_by_campaign_members_more.php?id=124_0_6_0_C





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