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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-01-2008

ltimo informe de Bush

Alejandro Nadal
La Jornada


George W. Bush entreg su octavo y ltimo informe presidencial. Sorprendi el nmero de interrupciones por aplausos durante el discurso. Y es que Bush pareca un buen orador, capaz de hilar ideas y concluir una oracin. No cabe duda, la tecnologa hace milagros: el tele-prompter permite dar esa impresin. Pero desgraciadamente todava no proporciona subttulos en espaol. Para suplir esta carencia ofrecemos la traduccin sin censura del informe.

Honorable Congreso de la Unin: ste es mi ltimo informe como presidente de este gran pas. Lamento mucho que me toca entregarlo cuando las cosas no estn bien. La economa estadunidense sigue siendo la ms grande del mundo, pero el crecimiento se ha frenado. Avanzamos hacia una recesin y eso tendr consecuencias negativas para nuestros amigos en el sector financiero y bancario. Pero ellos saben que nos esforzamos para sacarlos del apuro. Pido un reconocimiento para Ben Bernanke, quien desde la Fed trabaja activamente para rescatarlos.

Esta elite financiera-corporativa es mi base electoral. Son pocos, pero tienen toda la plata del mundo. As que por eso no me preocupa que esta noche mi rating de aceptacin sea de apenas 34 por ciento. Y no me preocupa porque adems yo voy de salida y logr casi todo lo que se propuso Dick Cheney y su cbala. Pueden estar tranquilos: desde esta tribuna les aseguro que no abrigo ningn rencor contra esta turba de mal agradecidos que desaprueba mi gestin.

Una prueba es que estoy enviando al Congreso un paquete de estmulos fiscales por 150 mil millones de dlares. Como siempre, es un poco de oxgeno para la golpeada clase media y los ms beneficiados sern los ms ricos. Esperamos grandes resultados de este paquete: servir para atenuar la recesin que se nos viene encima y, sobre todo, le quitar municiones a los candidatos demcratas en estas elecciones.

Hay quien se pregunta, qu pasa en la guerra contra el terrorismo? Djenme informarles de nuestros logros. Comencemos con Afganistn. Ese pas ha recuperado su lugar en la economa globalizada y hoy, gracias a sus ventajas comparativas, es el primer productor de opio en el mundo. Adems, ahora los talibanes son ms populares que cuando estaban en el poder. La frontera con Pakistn es cada vez ms inestable y eso nos da la excusa perfecta para perpetuarnos en esa regin.

En Irak estamos ganando la guerra. Y cuando no, estamos ganando tiempo. Nuestras bajas se han reducido por nuestra estrategia: hemos comprado las tribus sunitas que antes nos atacaban, convirtindolas en milicias a nuestro servicio. Algunos piensan que esa estrategia puede desembocar en un gran bao de sangre. Cierto, es una bomba de tiempo, pero para cuando explote ya habremos logrado nuestro objetivo.

Otros logros? No ms fjense en todos los demcratas que estn aqu reunidos esta noche. Ya se les quit la comezn por imponerle al Pentgono un calendario para retirarnos de Irak. Hoy todos ellos entonan la misma cancin sobre la guerra en ese pas: hay que lograr la victoria con honor y decoro.

A raz de los arteros ataques contra el World Trade Center y el Pentgono, nos alzamos como una sola persona. Pero ahora, seis aos despus, hay ms ciudadanos que no creen en la versin oficial sobre el 11 de septiembre. Este escepticismo va ms all de nuestras fronteras.

Es cierto que el talento de muchos cientficos e ingenieros estadunidenses independientes ha demostrado que la versin oficial tiene ms agujeros que una coladera. Pero me ir tranquilo a la noche de la historia porque nadie les va a creer. Nuestras mentiras sobre el 9/11 estn blindadas: si alguno las critica, de inmediato la gente le preguntar si realmente piensa que hubo una conspiracin desde el poder. Y como eso parece inimaginable, nuestros crticos se hunden. O sea, nosotros tenemos una historia que contar y ellos no. Un reconocimiento especial para el vicepresidente Cheney y su equipo que tan bien planearon esta obra de ingeniera sicolgica que el mismo Goebbels envidiara.

Hay otro motivo de orgullo esta noche. Juntos, el Congreso y el Ejecutivo hemos logrado imponer un nuevo rcord. La marca de interrupciones por aplausos en informes presidenciales la tena Daz Ordaz desde 1966. Hoy hemos podido romper esa barrera. Los aplausos que he recibido son testimonio claro de la decadencia de la clase poltica de este gran pas.

Para concluir, quiero enviar un mensaje a nuestros soldados en la lnea de combate: no se hundan en el desaliento. Es cierto que la vida en Irak es una pesadilla para los habitantes de ese pas, pero as aprendern lo que cuesta la transicin a la democracia. A nuestros militares los invito a pensar en las paradojas de la historia. Tenemos ms armamento, pero se redujo nuestra seguridad. Maana al amanecer en las arenas del desierto piensen en el ocaso de mi desacreditada presidencia. Sobre todo, recuerden que su sacrificio no es intil, pues sirve para prolongar la agona de este imperio. Que Dios los bendiga.



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