El informe
oficial israelí sobre la guerra de Líbano de 2006, que tuvo esta semana en vilo
al gobierno de Ehud Olmert por el fracaso bélico, deja de lado la masacre de
civiles, cuestionaron activistas y expertos.
La organización de derechos humanos Amnistía
Internacional advirtió que la Comisión Winograd, designada por el gobierno,
funcionó "profundamente sesgada" al no prestar atención los crímenes de guerra
cometidos por Israel contra la poblaicón civil libanesa.
El informe de
la Comisión Winograd, presentado el miércoles luego de una investigación de un
año que incluyó numerosas audiencias sobre la conducción de la guerra se
caracterizó por "fallas y defectos" y que Israel careció de estrategia clara.
Pero la Comisión, presidida por el juez retirado Eliahu Winograd, no
explicó por qué las fuerzas armadas israelíes atacaron sin discriminar entre
combatientes del islamista Partido de Dios (Hezbolá) y la población civil
libanesa, un hecho constatado, incluso, por la Organización de las Naciones
Unidas.
Israel niega haber cometido crímenes de guerra en Líbano, y
atribuye el origen del conflicto desarrollado en julio y agosto de 2006 a los
ataques indiscriminados de Hezbolá contra objetivos civiles en su territorio.
En las 72 horas anteriores al cese del fuego, formalizado el 14 de
agosto de ese año, las fuerzas armadas israelíes arrojaron desde el aire sobre
el sur de Líbano 1.800 bombas de racimo con 1,2 millones de submuniciones,
muchas de las cuales siguen vivas.
Amnistía registró la muerte de 40
personas --27 civiles y 13 trabajadores a cargo de la desactivación de minas y
municiones-- por la explosión de estas armas desde el fin del confilcto, y más
de 240 heridos por la misma causa.
De las 629 páginas del informe de la
Comisión Winograd, apenas seis están dedicadas a las bombas de racimo, cuyo uso,
aseguró el grupo, fue legal. Sin embargo, cuestionó la falta de disciplina
operacional, supervisión y control en el bombardeo de estos artefactos.
"Recomendamos una reevaluación de las reglas y principios del ejército
en el uso de bombas de racimo", indica el estudio, en una apreciación
considerada demasiado tímida por observadores.
"La Comisión cumplió con
el rol que se esperaba de ella: el de encubrir el desastre y disculpar a los
políticos", dijo el profesor de ciencias políticas de la Universidad de Tel Aviv
Yoav Peled.
El informe final podría aplastar el reanudado diálogo de paz
de Israel con la Autoridad Nacional Palestina, el cual, en la evaluación de
Peled, "es una farsa dirigida a darle a Olmert apoyo desde izquierda" en caso de
que la Comisión Winograd fuera desfavorable para el primer ministro israelí.
"Ahora que Olmert no necesita ese respaldo, puede olvidarse de la farsa"
del diálogo, consideró Peled.
Luego del impacto inicial del informe, el
primer ministro se dedicó esta semana a ampliar la base de sustento político de
su gabinete en el Knesset (parlamento), que incluiría a sectores ultraortodoxos
judíos.
Sin embargo, el informe no alteró la estabilidad del gobierno,
dada la mayoría parlamentaria de la que goza.
Mientras, la oposición
continúa reclamando su renuncia, al igual que 57 por ciento de los encuestados
para un sondeo publicado por el diario Mahariv. Sin embargo, esa proporción se
elevaba a 73 por ciento en abril pasado.
"Fue otra oportunidad perdida
de atender las políticas que determinaron graves violaciones al derecho
internacional humanitario --incluidos crímenes de guerra—cometidas por las
fuerzas israelíes", dijo, por su parte, el director del programa de Amnistía
para Medio Oriente, Malcolm Smart.
"La matanza indiscriminada de muchos
civiles libaneses no se enmarcó en las hostilidades (contra Hezbolá), y la
destrucción deliberada y al azar de propiedades e infraestructura civiles a
escala masiva no fue considerada por la Comisión más que como un gesto
simbólico", agregó.
Amnistía reclamó a Israel una investigación
indepndiente de las acciones de sus soldados y la prohibición del uso de bombas
de racimo, así como ayuda para los trabajos de desminado en Líbano.
También cuestionó a la Comisión Winograd por no hacer uso de sus
potestades de convocar forzosamente a testigos y de recomendar una acusación
judicial contra los responsables.
La Comisión "no hizo intentos serios
de investigar violaciones al derecho internacional humanitario, incluidos
crímenes de guerra, cometidas por las fuerzas israelíes", advirtió Amnistía en
una declaración pública.
En cambio, advirtió, el grupo "esencialmente
dejó de lado" evidencias disponibles de esas violaciones, con la excusa de las
controversias entre expertos sobre interpretaciones del derecho internacional
humanitario.
Además, la Comisión recordó que esas violaciones ya eran
objeto de estudio de otras instituciones, y que se las usaba como propaganda
contra Israel.
Basada sobre investigación en el terreno, Amnistía
concluyó que la población civil libanesa, y no los combatientes de Hezbolá, fue
la que pagó "el mayor costo" de los ataques israelíes.
Durante los
ataques, murieron unos 1.190 habitantes de Líbano. Según Amnistía, la amplia
mayoría eran civiles, incluidos cientos de niños. Muchas viviendas, propiedades
e instalaciones de infraestructura fueron destruidas en los bombardeos. El
ataque contra una central eléctrica derivó en un derrame masivo de combustible.
Una comisión investigadora de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU) llegó a conclusiones similares en noviembre de 2006.
Esta comisión
constató "un patrón significativo de excesivo, indiscriminado y desproporcionado
uso de la fuerza por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel contra civiles y
objetivos civiles, sin distinguirlos de los combatientes y objetivos militares",
aseguró la ONU.