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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2008

Ms all de las cifras en las elecciones cubanas

Jose Miguel Arrugaeta-Joseba Macas
Gara


Tarde pero aparecieron, reflejo de los apasionantes aunque complejos caminos de la Revolucin cubana y de sus mecanismos de funcionamiento social. Transcurridos nueve das desde de la celebracin de los sufragios electorales para la renovacin de la Asamblea Nacional (Parlamento) y de las Asambleas Provinciales, la Comisin Electoral Nacional cubana publicaba este pasado mircoles las cifras generales y territoriales obtenidas de los resultados oficiales de las elecciones.

El retraso dio pie a todo tipo de conjeturas especialmente en determinados mbitos de la prensa internacional, sobre las razones que explicaran un silencio prolongado a la hora de dar a conocer los votos pormenorizados de los ms de 8.642.000 cubanos y cubanas mayores de 16 aos llamados a las urnas. Pero cualquiera que conozca un poco los particulares mecanismos de funcionamiento social de este pas sabe que los caminos de la Revolucin siguen siendo tan apasionantes como complejos.

Sin duda los datos llegaron con retraso, teniendo en cuenta el nivel de informatizacin del sistema, pero para eliminar cualquier suspicacia y como muestra de transparencia, la edicin del diario Granma haca pblicas este mircoles 30 de enero todas las cifras con detalle.

Finalmente, la participacin alcanz el 96,89% del electorado y los votos vlidos fueron el 95,24%, de ellos, el llamado voto unido (priorizado en la propia papeleta y que consista en votar a todos los candidatos y candidatas de la lista convirtindose, de hecho, en la opcin oficial a todos los efectos) fue refrendado por el 90,90% de los votantes. De esta forma, los candidatos a los 614 puestos a diputados y diputadas y los 1201 delegados provinciales, fueron elegidos en la primera vuelta.

Y en cualquier anlisis de resultados hay que destacar como primer elemento el mantenimiento de una tendencia sostenida al crecimiento de la participacin, desde el ao ms duro de la crisis econmica y poltica -1993- hasta el da de hoy (92,97% en 1993; 94,98% en 1998; 96,14% en 2003; y 96,89% en 2008). En segundo lugar el ya mencionado voto unido (es decir la eleccin de todos los candidatos en conjunto -que es la propuesta oficial y ampliamente promocionada-) aunque sigue siendo la opcin seguida por la mayora de los electores mantiene un tendencia permanente a la baja, lo que indica a su vez un crecimiento sostenido de un voto revolucionario crtico, y slo basta sealar que ste ha ido subiendo sin ninguna inflexin, desde el 4,04% de 1993 hasta el 9,10% de estas elecciones.

Por otro lado, siguiendo la tendencia de las elecciones locales de octubre del ao pasado, las provincias orientales de Granma y Guantnamo, que son las ms afectadas por las dificultades socio-econmicas y de servicios, contina manifestando, curiosamente, el mayor grado de consenso con la Revolucin (en una tendencia tambin sostenida), mientras que los datos oficiales de estos comicios generales confirman que las contradicciones cotidianas de las grandes concentraciones urbanas, Ciudad de La Habana, Holgun y Santiago, siguen reproduciendo cifras particulares de disenso (sin ser significativas) que son netamente superiores a las del resto del pas.

Mencin aparte merecen la notable e inexplicable bajada, en apenas tres meses, del voto nulo, del 3,08 % al 1,04 %, voto que de manera general refleja una actitud sumamente agresiva contra la Revolucin. O los extraos resultados del Municipio Especial Isla de la Juventud que triplican todos los ndices nacionales de rechazo o crtica (abstencin, nulo, blanco y voto selectivo) y que parecen obedecer ms a una situacin de evidente y grave descontento local que a una lectura de poltica nacional.

Sistema peculiar

El sistema electoral cubano es realmente peculiar y mezcla componentes de verdadera democracia de base con otros de clara orientacin de la voluntad popular. Es cierto que el proceso parte en su origen de las estructuras locales (cuadras, barrios, municipios) en un manifiesto ejercicio de lo que podramos denominar estructuracin horizontal, que existe la posibilidad de no ejercer el derecho al voto (matizable pero, sin duda, con una absoluta flexibilidad si lo comparamos con buena parte de las llamadas democracias regionales de su entorno), que est exento del juego meditico de la sociedad del espectculo occidental, que no existe profesionalizacin de la poltica (ninguno de los elegidos cobra salario alguno por ejercer su funcin, debe rendir cuentas a sus electores en asambleas abiertas al menos una vez al ao y puede ser solicitada su revocacin en cualquier momento de su mandato), que el perfil de los candidatos propuestos responde de forma estrictamente democrtica y equitativa a la realidad del tejido social de la Cuba de hoy (en cuanto a variables como cualificacin profesional, nivel de estudios, gnero, edad, raza o adscripcin religiosa...)

Pero, simultneamente, un proceso electoral como el celebrado el 20 de enero se mueve ms en claves de ratificacin popular de los principios revolucionarios genricos (elementos simblicos que, evidentemente, siguen contando con un consenso mayoritario en la Repblica) que de libre designacin de unos candidatos a diputados o delegados provinciales. No deja de ser significativo, en este sentido, que en los textos que acompaaban las decenas de miles de fotos de los nombres postulados que han sido colocadas a lo largo y ancho de los ncleos poblacionales del Archipilago, aparecieran como reiteradas y exclusivas referencias las actividades profesionales y militancias polticas (desde el Partido a las organizaciones de masas) desarrolladas por los hombres y mujeres hoy ya elegidos sin establecer en ningn caso lneas o propuestas de trabajo a promover en el desempeo del nuevo cargo (una consigna muy popular en la Cuba de los aos 70 estableca elementos de contraste: No me digas lo que hiciste, dime lo que ests haciendo). Ni tampoco parece una cuestin menor que a lo largo de toda la campaa en prensa, radio y televisin se haya establecido un binomio ms o menos sutil ente la llamada a la participacin electoral y la identificacin del voto unido como el verdaderamente revolucionario (incluso desde la vspera de la jornada electoral en la puerta de muchas circunscripciones se poda leer la frase Vota pronto y vota bien).

En definitiva, un proceso de ratificacin ms que de eleccin directa que en estas prximas semanas se enfrenta a una nueva fase no exenta de especulaciones, internas y externas, respecto a los nombres que van a ocupar los ms altos cargos en el nuevo organigrama institucional. No es una cuestin menor en un Republica socialista inmersa en un proceso de cambios y transformaciones, ms all de la visualizacin de las mismas o de su ritmo de aplicacin. Pero aqu en Cuba todo el mundo sabe o intuye que esta nueva Asamblea Nacional recin elegida tiene por delante una tarea enorme en un momento sumamente especial. Y todo ello, en un pas que, hoy por hoy, sigue conjugando trminos tan en desuso en estos tiempos como tica colectiva, dignidad o justicia social.



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