Portada :: frica :: Kenia, la violencia que nace de la abismal desigualdad
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2008

La locura llamada "hogar" (Kenia)

Mumia Abu-Jamal
Indymedia


La carnicera actual en Kenia (frica Oriental) evoca sentimientos mezclados de confusin y vergenza.

Confusin, porque si la causa del dicho conflicto infernal es el tribalismo, esta palabra tiene poco sentido para los negros estadounidenses, es decir, los nietos de los esclavos fueron destribalizados, o tal vez sera ms preciso decir comprimidos en un solo tribu nacional de la negritud.

Vergenza, porque los negros an sienten afinidad con una frica idealizada y por eso sus desgracias parecen ser las nuestras; adems, desde el relativamente reciente fin del colonialismo, muchos pases africanos han aguantado ms desgracias de lo que les corresponden.

El escritor y defensor de derechos humanos keniano Koigi wa Wamwere, en su libro Negative Ethnicity, o La Etnicidad Negativa (Seven Stories Press/Open Media, 2003), se refiere a algo desgarrador que sucedi en Kenia en 1998, citando a un hombre que se llama John Mwangi, quien detalla lo que le pas en la zona Makuru del pas:

?Estoy tumbado en el suelo en medio de un devastador incendio. Nuestra aldea est arrasada y destruida. Hay gritos por todos lados. La gente cae herida. Inhalo humo y por todas partes me llega el olor de carne, comida y madera quemada. Veo a un hombre que me acerca. Lleva una antorcha encendida para quemar las casas y los alimentos almacenados, una lanza para clavar en mi corazn y una espada para cortarme el cuello y matarme, como lo han hecho a otros. Pienso que he llegado al final, pero todava no. 'Por favor no me mates?, le ruego con el aliento que me quede. ?Somos africanos. Somos hermanos?. Sin mirarme, me clava la lanza en el costado y me corta el cuello. Dice: ?Muera, Muera, piojo sucio! No soy tu hermano. No soy de tu tribu?. Con el sabor de sangre en la boca, pierdo la consciencia y esa palabra resuena?tribu, tribu??hasta que el mundo queda en el silencio. Cuando me despierto, estoy en el hospital, envuelto en vendas de pies a cabeza. Un Buen Samaritano me recogi y me trajo aqu. Varios meses despus, regreso a mi aldea, pero ya no existe. Veo el lugar donde mi casa se ubicaba antes, pero ahora hay otra en la tierra que era ma. Ahora la nueva casa y mis tierras pertenecen al tipo que pretendi matarme. Por ser de otra comunidad tnica, me desalojan de mi hogar y mi tierra y me ?limpian? de la provincia del Valle Rift, donde quien no sea Kalenjin se conoce como forastero. Lloro y pregunto por qu? Nadie contesta?. [pag. 9-10]

Aunque se reporta en la prensa estadounidense que la guerra tribal no tiene precedente en el Kenia moderno, se sabe que este tipo de conflicto ocurri hace una dcada (en 1998), y tambin casi una dcada antes (en 1992). Por lo regular, dichos conflictos se manipulan por los lderes polticos para ganar el apoyo comunitaria (lanse tribal) en una batalla despiadada por recursos, ganado y , s, lebensraum (trmino alemn que significa ?espacio para vivir?). Wamwere lo expres mordazmente al contar una media broma entre l y unos amigos gikuyos y kalenjinos. Bromearon sobre la manera en que los kalenjinos terminan con los mejores empleos, los mejores puestos en las escuelas, o el crdito bancario. El kalenjino dira: ?Ahora a nosotros nos toca comer. Ya les toc a ustedes gikuyos?. (66)

Para Wamwere, el tribalismo (o para usar su trmino, la ?etnicidad negativa?) ha sido una herramienta poderosa utilizada por los polticos para comunicar la idea de que ?ahora a nosotros nos toca comer.?

Wamwere cuenta una clsica historia escalofriante de cuando Jomo Kenyatta tom poder en los ltimos das del colonialismo, y su gobierno asesin a uno de sus propios ministros, Tom Mboya, un destacado poltico de la tribu luo. Varios disturbios de los luo sacudieron a Nairobi y a Kisumu. Wamwere recuerda que Kenyatta respondi, forzando a los gikuyo a firmar un juramento de lealtad. Los que se negaron a hacerlo fueron golpeados o asesinados. Wamwere explica que l tambin firm el juramento, en parte por miedo y en parte por fascinacin. El juramento fue en contra de los luo. Esto sucedi en 1969.

La idea de ?nacin? es pasajera. Las naciones vienen y se van; el tribu se queda. Por lo tanto, los polticos se postulan con la promesa implcita: Si me eligen a m, podremos comer.

Y mientras las tribus se pelean entre s para las sobras, el orden socio-econmico entero sirve para que la riqueza de la tierra se enve a las cocinas y las arcas de Europa y Estados Unidos, mientras los polticos envan su exceso de riqueza a los bancos occidentales para salvaguardarlo. Pues qu otra cosa son estos pases excepto creaciones occidentales , con fronteras diseadas a conservar las relaciones econmicas corruptas en las cuales el continente entero se vuelve una enorme plantacin, con capataces negros quienes manejan a las y los trabajadores negros para incrementar las ganancias de la explotacin occidental?

Mientras millones de africanos padecen la desnutricin, millones de estadounidenses y europeos gastan miles de millones de dlares para intentar controlar su obesidad rampante.

El tribalismo? la etnicidad negativa? o la gente pobre peleando entre s para las sobras? Desde el corredor de la muerte, soy Mumia Abu-Jamal. Fuentes: Wamwere, Koigi wa, Negative Ethnicity: From Bias to Genocide (New York: Seven Stories Press/Open Media, 2003); Wamwere, Koigi wa, I Refuse to Die: My Journey for Freedom (New York: Seven Stories, 2002) (para ver la crtica de Wamwere de la dictadura moi).


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