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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2008

Las maniobras polticas se suceden en Pakistn

Txente Rekondo
Rebelin


Muchas miradas se posarn sobre Pakistn los prximos das. Si se cumplen los plazos previstos, a pesar de los rumores en sentido contrario, el pas asitico celebrar el prximo dieciocho las elecciones pospuestas tras el atentado que cost la vida a una de las dirigentes opositoras, Benazir Bhutto. Desde ese trgico acontecimiento, la voltil situacin pakistan se ha ido escorando hacia un peligroso precipicio, y donde toda una serie de actores, locales y extranjeros, fuerzan sus bazas para conseguir beneficios, aun a costa del bienestar y la seguridad de buena parte de la poblacin del pas.

Algunos no se cansan en repetir que la realidad pakistan se asemeja cada vez ms a una crnica de un estado fallido, encontrando la raz de ello en la propia creacin del estado en los aos cuarenta del pasado siglo. Y al mismo tiempo, esas fuentes reconocen que el radicalismo y el extremismo aumentan su presencia, mientras que tras la muerte de Bhutto, a ello se aaden las demandas nacionalistas en Sindh y Baluchistn, cansados estos pueblos de la discriminacin e injusticia a que son sometidos desde hace dcadas por parte de un ejrcito y una clase poltica  dominados por los punjabis.

La mayora de gobiernos en Islamabad han utilizado la poltica colonial de divide y gobierna, potenciando a elementos feudales en puestos provinciales, presentndolos al mismo tiempo como la voz de su pueblo, cuando en realidad se trata de las clases colaboracionistas dispuestas a enriquecerse a costa de su propio pueblo, quien sigue sufriendo una pobreza endmica, desatendidos socialmente por su propio gobierno y sometido a una nefasta poltica feudal.

Pakistn est atravesando en estos momentos uno de sus peores periodos dentro de su ya turbulenta historia, a la violencia de todo tipo (sectaria, religiosa, comunal, estatal, secesionista...) que no hace sino inundar de sangre la tierra pakistan, hay que aadir las crisis en torno a la electricidad, el gas, los alimentos, que han visto como ha empeorado su servicio en unos casos o se ha encarecido sustancialmente en otros. Si la insurgencia baluchi ha resurgido con fuerza contra el expolio de las riquezas de su pueblo por parte del gobierno central de de las compaas extranjeras, la presencia y el accionar armado de los llamados militantes pakistanes tambin ha aumentado.

La presencia de grupos como Tehrik-i-Taliban, conocidos como los talibanes pakistanes se ha extendido desde las zonas montaosas del norte y sur de Waziristn, a las regiones de las reas Tribales Administradas Federalmente (FATA), y ha lanzado ataques en las `principales ciudades del pas. Estos datos apuntan adems a la posibilidad de una mayor coordinacin entre esos grupos y al uso de tcticas de guerrilla, al estilo de la resistencia iraqu. Esta dinmica permite especular con la posibilidad de un incremento de los ataques desestabilizadores conforme se acerque la fecha de la selecciones.

Mientras que los signos que apuntan a una importante participacin conjunta de ese abanico de organizaciones militantes, tambin existe algn dato que apunta hacia importantes diferencias internas. As, la sucesin de ataques contra las tropas e intereses de Islamabad por parte de esos grupos ha provocado una seria reaccin por parte del lder taliban afgano, Mullah Omar, quien ha recordado que el principal objetivo de su movimiento es expulsar a las tropas ocupantes de Afganistn, y no el cambio que propugnan Meshed y sus hombres en Pakistn. El enfado de Omar ha sido importante, llegando incluso a retirar el nombramiento de Baitullah Mehsud como el representante de los talibanes pakistanes en el emirato islmico creado en la regin.. No obstante tras esa maniobra todava no ha conseguido un sustituto.

Si el escenario militar se presenta tan candente como hemos visto, las maniobras electorales tampoco aaden mucha estabilidad al pas. La muerte de Bhutto ha dado paso a todo un movimiento tras los escenarios, donde los principales protagonistas buscan consolidar sus privilegios o alcanzar una mayor cota de poder. El desconcierto que propagan los dirigentes polticos no hace sino confundir an ms a una poblacin que comienza a estar cansado de tantos tejemanejes oportunistas. Es significativo ver cmo los principales partidos polticos todava no han sealado quin ser su candidato a ocupar la plaza de primer ministro, y muchos de sus mximos dirigentes ni siquiera se presentan a las elecciones.

Los rumores se han disparado en las calles de Pakistn, algunos apuntan a un nuevo aplazamiento de las elecciones, que sera compensado a travs de la creacin de un gobierno de unidad nacional que se presentara como la mejor defensa de los intereses del pas. Muy unido a esto estn los comentarios del propio Musharraf, apuntando a la preocupacin que se est creando en crculos de poder de Pakistn, ante la posibilidad de que la crisis poltica estalle tras las elecciones si la oposicin rechaza aceptar los resultados.

A pesar de que posteriormente Musharraf ha declinado cualquier acuerdo antes de la cita electoral, la idea de un gobierno de consenso sigue apareciendo en sus intervenciones, tal vez para anticipar el ms que previsible desastre que puede cosechar el PML-Q, tambin conocido como el partido del rey. Lo cierto es que la actividad de Muhsrraf estas semanas ha sido frentica, con el viaje por diversos pases de Europa como punto de inflexin para anticipar las intenciones del dirigente pakistan.

Oficialmente se seala que el motivo del viaje obedece a tres objetivos: calmar a los dirigentes europeos sobre el papel de Pakistn en la guerra contra el terror; descartar las desconfianzas hacia la celebracin de unas elecciones libres y limpias; y animar a los inversores europeos a aumentar sus aportaciones al pas. Sin embargo, ha destacado la visita al Reino Unido, donde no ha recibido invitacin oficial para hacerlo. Al parecer, el aumento de la influencia britnica en los ltimos meses en relacin a la poltica y el futuro del estado asitico habra permitido a Musharraf cimentar unos contactos con el dirigente opositor, Nawaz Sharif, a travs de una persona de confianza de ambos polticos, el brigadier retirado Niaz Ahmad.

El dieciocho de febrero se acerca y la tensin aumenta en Pakistn, que est asistiendo a una de las campaas electorales ms anodinas de los ltimos tiempos, y buena culpa de ello est en el clima de violencia que se encuentra inmerso el pas. Las maniobras y los atentados se suceden de forma simultnea, y el futuro del fiel aliado occidental en la compleja regin no acaba de despejarse. Un analista pakistan sealaba el papel dirigente de los militares y la guerra contra el terror como dos de los pilares para justificar la situacin actual. A lo que aada un tercer factor, el lazo entre un dictador y un actor extranjero, donde unas potencia occidental apoya de forma encubierta o no a los dictadores o a los dirigentes militares.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Anlisis Internacional (GAIN)


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