Portada :: Otro mundo es posible :: VIII Foro Social Mundial (Enero 2008)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2008

El Foro Social Mundial y la poltica: el riesgo de la extincin

Miguel Romero
Viento Sur

[Este texto forma parte del libro 'El futuro del Foro Social Mundial', Icaria, Barcelona, 2008]


I.

En enero del ao 2006, unos das antes de la reunin del Foro Social Mundial (FSM) en Caracas, el socilogo brasileo Emir Sader public el artculo Foro Social Mundial. O risco da intranscendncia (Carta Maior. 20/01/2006). Sader consideraba que: O el Foro Social Mundial (FSM) sale de la fase de resistencia al neoliberalismo y pasa a participar activamente en la lucha por otro mundo posible o quedar relegado a la intranscendencia. La realizacin del FSM en Venezuela es una excelente oportunidad para dar ese salto. Si no la aprovecha, y contina con el mismos discurso que antes, sin aprender de las extraordinarias conquistas y lecciones que Amrica Latina y el Caribe estn ofreciendo, se condenar a perpetuar su actual marginalidad en relacin a los grandes combates que se luchan contra la hegemona imperial y el neoliberalismo en el mundo, los reinos del dinero, de las armas y de los medios de comunicacin monopolistas. Sader pona as sobre la mesa un tema fundamental que el FSM haba esquivado desde su fundacin: las relaciones del Foro, y por extensin de los movimientos sociales, con el poder poltico.

La reunin de Caracas confirm que sta era no una, sino la cuestin fundamental para el futuro del proceso iniciado en enero de 2001 en Porto Alegre. Desde entonces, cada convocatoria haba contado con un mayor nmero de participantes, se haba logrado con xito la extensin del Foro a Europa, Asia y frica, se haba popularizado el lema Otro mundo es posible e incluso la marca Foro Social, aunque con usos muy diferentes, y en algunos casos aberrantes, respecto a su sentido original /1..., pero los logros obtenidos de la campaas y movilizaciones inspiradas por el Foro haban sido muy limitados: en lo que se refiere a iniciativas de alcance general, fundamentalmente, la paralizacin del rea de Libre Comercio de las Amricas (ALCA), pero no de los Tratados de Libre Comercio que la siguieron, y las grandes manifestaciones de febrero de 2003 contra la guerra de Irak, pero no evitar la guerra. Las numerossimas acciones sectoriales y locales de reivindicacin y resistencia animadas por organizaciones y movimientos vinculados con el FSM no haban obtenido frutos significativos en ningn pas.

Cada Foro terminaba siempre con un balance positivo, pero referido hacia adentro: la voluntad expresada de continuar en la lucha, la inyeccin de moral que reciban los participantes, la continuidad del proceso, etc., consideraciones, sin duda, muy valiosas, pero claramente insuficientes para el objetivo proclamado de ser, no slo el referente mundial de la lucha contra el neoliberalismo, sino adems el lugar de elaboracin de alternativas capaces de orientar las luchas sociales en esa direccin. En cambio, la llegada al gobierno de Lula en el ao 2003, la consolidacin de la revolucin bolivariana en Venezuela, la victoria electoral del MAS en diciembre de 2005... cambiaron el panorama y las expectativas polticas en Amrica Latina /2, y alcanzaron un impacto considerable en organizaciones y movimientos sociales en todo el mundo. Con independencia del balance muy controvertido de las realizaciones prcticas de estos gobiernos, apareci en ellos un camino para desarrollar alternativas al neoliberalismo que obtuvieran resultados sociales y polticos tangibles. Como vino a decir Tariq Al, polemizando irnicamente con las posiciones de John Holloway: Haba que tomar el poder para cambiar el mundo... aunque fuera un poco.

As, la cuestin de las relaciones con la poltica, siempre presente y siempre aplazada o tratada con sobreentendidos en los debates del FSM, se situ encima de la mesa, pero de una forma que, si se consolida, pienso que llevar a la extincin del proceso: es decir, como subordinacin de las organizaciones y movimientos sociales a los gobiernos considerados progresistas y a los partidos que aspiran a formar gobierno. En definitiva, la vieja forma de hacer poltica. El tema de este artculo es comentar de una manera resumida las etapas principales de las relaciones del FSM y la poltica, para a continuacin proponer una politizacin alternativa, que me parece imprescindible para que no se pierda esta posibilidad, la nica realmente existente hoy, de construir un movimiento social internacionalista y anticapitalista de alcance mundial.

II.


Hay una ambigedad poltica en la fundacin del FSM que se ha ido vadeando a largo de su desarrollo, sin grandes problemas en una primera etapa -hasta el III Foro de Porto Alegre (2003)-, pero con dificultades crecientes a partir del regreso de la poltica al centro de los conflictos internacionales, como consecuencia fundamentalmente de la situacin creada por la guerra y la ocupacin de Irak. En esta situacin, conceptos como paz, justicia internacional, lucha contra el imperialismo, igualdad... pasaron del discurso moral a los conflictos concretos, en lo que haba que tomar partido y, por tanto, afrontar desacuerdos profundos entre fuerzas progresistas, que no podan resolverse en trminos de consenso.

Recordemos que la Carta de Principios fundacional defini al Foro Social Mundial como un espacio abierto de encuentro para ahondar la reflexin, para un debate democrtico de ideas, elaboracin de propuestas, libre intercambio de experiencias y articulacin de acciones eficaces por parte de entidades y movimientos de la sociedad civil que se opongan al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo y que se empeen en la construccin de una sociedad planetaria orientada hacia una relacin fecunda entre los seres humanos y de estos con la Tierra. (...) Las alternativas propuestas por el Foro Social Mundial se contraponen al proceso de globalizacin comandado por grandes corporaciones multinacionales y por los gobiernos e instituciones que sirven a sus intereses, con la complicidad de los gobiernos nacionales.

En el ao 2001, esta declaracin poda soportar lecturas polticamente contradictorias: desde la lectura de las organizaciones sociales y polticas militantes que consideraban antineoliberalismo, anticapitalismo y antimperialismo como conceptos complementarios o equivalentes, hasta la de partidos de orientacin socialdemcrata, entonces casi todos en la oposicin, cuyo objetivo era llegar al poder para gestionar desde all variantes de lo que se llamaran polticas social-liberales. Todos podan decir: Otro mundo es posible, pero la enorme popularidad de la frmula se basaba, y se basa, en su indefinicin, de modo que ese otro mundo puede entenderse como un neoliberalismo paliado con dosis de modernizacin de las costumbres y asistencialismo social o como una forma pedaggica para llamar de nuevo a la lucha porque el mundo cambie de base.

Contribua a esta ambigedad, la poca claridad sobre cul era el significado poltico de esas alternativas que se queran elaborar y proponer. El smbolo de Porto Alegre era el presupuesto participativo, una iniciativa inspirada por el PT de Porto Alegre -que entonces encabezaba la oposicin de izquierdas a Lula dentro del partido- para favorecer la participacin de las organizaciones sociales en la gestin del gasto social municipal. Presentada como la prueba de que era posible realizar ya la democracia participativa, se trataba en realidad de una herramienta de doble uso, fcilmente integrable incluso por gobiernos municipales de derechas y que slo poda considerarse una alternativa al neoliberalismo en la medida que promoviera la organizacin social de base y su poder efectivo en el mbito local; la experiencia slo nos ha dado unas pocas y muy efmeras muestras de esta posibilidad.

Otras alternativas como la Tasa Tobin eran tambin susceptibles de interpretaciones variadas: por ejemplo, humanizar la globalizacin, o encontrar nuevas fuentes de financiacin para un instrumento tan poco alternativo como la ayuda al desarrollo; pero tambin poda entenderse como un medio para popularizar la crtica a los fundamentos de la economa neoliberal, en especial, el poder absoluto de los mercados financieros.

El FSM era tambin un altavoz de campaas internacionales por objetivos realmente alternativos, como la abolicin de la deuda externa, la soberana alimentaria, la crtica radical a la Organizacin Mundial y las dems instituciones financieras internacionales,..., pero en estos casos no se trataba de propuestas de consenso, sino de objetivos que asuma un sector de las organizaciones participantes en el FSM.

En fin, otro elemento de ambigedad poltica est en la posicin sobre la participacin de los partidos. La Carta afirma que El Foro Social Mundial rene y articula nicamente a entidades y movimientos de la sociedad civil en todos los pases del mundo.(...) No deben participar del Foro representaciones partidarias ni organizaciones militares. Podrn ser invitados a participar, en carcter personal, gobernantes y parlamentarios que asuman los compromisos de esta Carta. La yuxtaposicin entre partidos y organizaciones militares es, por lo menos, curiosa. Pero lo ms significativo es que las excepciones a la regla se refieren exclusivamente a gobernantes y parlamentarios es decir personas, con poder poltico, normalmente polticos profesionales. Aparece aqu entre lneas una concepcin muy habitual de la poltica como los poderes polticos establecidos, que excluye a las polticas y organizaciones antisistmicas, que son las que pueden considerarse propiamente alternativas. A esta concepcin responde una idea sobre lo que debe ser la poltica de la sociedad civil, como una combinacin entre la denuncia abstracta de los males de nuestra sociedad y el lobby concreto sobre el poder poltico en pro de reformas integrables.

En estas condiciones, el sector ms militante del FSM hizo suya la propuesta del dirigente del Movimiento Sin Tierra Joao Pedro Stdile: Intercambiar experiencias para articular luchas. Este enfoque pragmtico ha producido sin duda los mejores frutos del FSM durante estos aos. Pero inclua tambin una toma de distancias respecto a los debates polticos (los debates nos separan, las luchas nos unen), que por otra parte tenan un papel marginal en los Foros: las grandes conferencias se organizaron como mtines de personalidades respetadas, y slo en talleres reducidos y, sobre todo, en las reuniones informales, en las costuras del Foro, se podan compartir opiniones diferentes sobre los temas de fondo. Por eso cuando personas de reconocida autoridad en el Foro, como Walden Bello o Inmanuel Wallerstein, plantearon la necesidad de elaborar estrategias que pudieran dar coherencia y continuidad al proceso, la idea encontr una amplia aceptacin, pero nadie tena claro ni cmo, ni dnde hacerlo. A finales del ao 2002, el Foro Social de Florencia abri una va para avanzar hacia otra forma de hacer poltica, en la prctica/3.

Concurran una serie de circunstancias excepcionales en el Foro de Florencia: en primer lugar, la fortaleza y la radicalidad del movimiento antiguerra y el movimiento antiglobalizacin italianos, ambos mezclados por las formidables y trgicas movilizaciones contra la reunin del G 8 en Gnova (julio de 2001) y unidos en torno al lema del Foro: Contra el neoliberalismo, la guerra y el racismo; en segundo lugar, el carcter realmente horizontal y pluralista de la organizacin del Foro, abierto a debates sin trabas de posiciones diversas o contradictorias sobre todos los temas centrales para el desarrollo de los movimientos sociales, incluyendo las relaciones con las organizaciones polticas; finalmente, la participacin muy activa de Rifondazione Comunista, una organizacin que, en aquel momento, pareca haber roto definitivamente con la versin italiana del social-liberalismo (Prodi y/o DAlema) y buscar una relacin leal con los movimientos sociales, basada en una autocrtica de las relaciones de subordinacin-representacin del pasado, y en la bsqueda de una convivencia de culturas sociales y polticas dentro de un nuevo sujeto emancipador.

Todo ello dio lugar a una experiencia de fraternidad militante inolvidable, a iniciativas que se mostraron muy eficaces para la movilizacin internacional (como la jornada antiguerra del 15 de febrero del 2003) y, sobre todo, a la ilusin de que era posible ensamblar unidad y radicalidad, y promover una alianza sin hegemonas entre movimientos sociales y organizaciones polticas comprometidas realmente en la lucha contra el neoliberalismo y la guerra.

La reaccin contra el Foro de Florencia fue fulminante desde los dos poderes fcticos establecidos en el Consejo Internacional del FSM desde su fundacin: el primero, el comit brasileo, integrado por representantes de diferentes organizaciones sociales vinculadas con el PT y el segundo, los portavoces de ATTAC-Francia; recordemos que el Consejo Internacional del FSM es un organismo integrado por ms de un centenar de organizaciones, que funciona mediante una forma particular de consenso vertical, en cuyo vrtice se encuentran estos dos grupos.

Las crticas ms virulentas vinieron de Francia, donde se lleg a escribir que se haba realizado una OPA de la izquierda radical sobre el movimiento, frente a la cual habra que restaurar el espritu de Porto Alegre (Le Monde, 16/11/2002). Desde Brasil se remach el clavo: Chico Whitaker defendi el Foro espacio, que correspondera al espritu de Porto Alegre, frente al Foro movimiento que sera el objetivo de la izquierda radical.

Esta dicotoma entre espacio y movimiento ha generado una abundantsima literatura, pese a tratarse de una presentacin maniquea e interesada de los debates existentes. Porque el problema real est en la naturaleza del espacio y del movimiento y, sobre todo, en establecer cules son los desafos a los que el FSM tiene que responder para merecer ser un referente internacional en la lucha frente al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo en la nueva situacin internacional inaugurada por la guerra y la ocupacin de Irak.

El proyecto del FSM como un espacio de encuentro internacional, con un programa bsico antineoliberal y antiimperialista; pluralista, protagonizado por organizaciones sociales y organizado de forma democrtica y horizontal, es un patrimonio valioso que se debera preservar y que, quizs, se puede an preservar. Pero este proyecto tiene poco, y cada vez menos que ver con la realidad del proceso.

En realidad: -existe en el Foro una participacin muy influyente de personalidades y fuerzas polticas que ejercen o apoyan polticas abiertamente contradictorias con la Carta del Foro, como es el caso de las diferentes variantes del social-liberalismo; -existe un consenso implcito pero infranqueable que impide o margina el debate abierto sobre polticas interiores y exteriores de gobiernos considerados progresistas y, en general, las instituciones de la izquierda (partidos parlamentarios y sindicatos correspondientes) cuando afectan a temas fundamentales para las luchas sociales, como por ejemplo, sus polticas en las Instituciones Financieras Internacionales o respecto a sus multinacionales o las alianzas internacionales o respecto a las privatizaciones o las polticas energticas, etc.; -existen estructuras informales que toman decisiones al margen de cualquier control democrtico sobre cuestiones importantes para la actividad del Foro, como han criticado pblicamente, por ejemplo, un amplio colectivo de organizaciones participantes en el Foro tras la reunin de Nairobi (www.europe-solidaire.org/spip.php?article6088).

Respecto al denostado Foro movimiento, el sentido, y en buena parte la realidad del proceso del FSM es desarrollar un repertorio de propuestas, metodologas de trabajo y acciones comunes entre diferentes colectivos que comparten unos objetivos bsicos. En este sentido, es o debera aspirar a ser un movimiento, o como se le ha llamado de forma voluntarista un movimiento de movimientos. Es ms, sin esta dimensin prctica, el FSM podra terminar siendo una feria de productos ideolgicos, como lo caracteriz Lula a finales del 2004 (Clarn, 28/10/04) como ataque preventivo ante el temor de que en V Foro de Porto Alegre (enero del 2005) le llovieran crticas por la poltica de su gobierno; los consensos informales impidieron que la sangre llegara al ro.

Pero si adquiriera esta dinmica activista, el FSM sera muy difcilmente controlable y desbordara frecuentemente, no la Carta de Principios, pero s los consensos fcticos polticos y organizativos que controlan el Foro. Por eso se excomulga al Foro movimiento presentndolo como una conspiracin para someter el FSM a una estructura jerarquizada bajo el dominio de la izquierda radical, ejercido a golpe de consignas: pero esto es slo un espantajo, que slo sirve para ocultar los problemas reales.

Porque la opcin real despus de Florencia no estaba entre supuestos modelos organizativos abstractos: espacio o movimiento, sino entre orientaciones concretas sobre la poltica del FSM. La situacin internacional exiga una accin poltica del Foro y el desafo era inventar una forma de hacer poltica adecuada a la naturaleza de un referente social internacional contra el neoliberalismo y el imperialismo. En nombre del consenso y el encuentro pluralista de la sociedad civil (menos sociedad civil y ms desobediencia civil!, reclam Naomi Klein) se cre un vaco poltico artificial, que se rellen de mala manera.

Ya en Porto Alegre 2005 los protagonistas del Foro no fueron los movimientos, las organizaciones o las luchas sociales, sino Lula y Chaves, representando una cierta competencia de polticas, pero en un marco de alianzas: ambos se defendieron mutuamente y desautorizaron a quien criticara al otro, o a cualquiera de los aliados de ambos. Esta reaparicin de la poltica de bloques, en la cual slo se admite la crtica al enemigo y son los gobiernos que encabezan el bloque los que establecen en cada momento quien es el enemigo, mostraba una politizacin efectiva del Foro, pero en una direccin equivocada.

Al ao siguiente en Caracas se confirm esta lnea de politizacin subalterna al poder poltico establecido, aunque Chaves, en un encuentro con los movimientos sociales (decidido cmo y cuando les vino en gana a los poderes fcticos del Consejo Internacional), manifest su respeto a la autonoma de los movimientos sociales y les anim a construir contrapoderes, una propuesta ms bien confusa, pero que puede abrir un debate interesante sobre la articulacin entre fuerzas polticas y movimientos sociales.

Y as ha llegado al momento actual el debate sobre las relaciones entre el FSM y la poltica, reducido a las relaciones con las instituciones polticas consideradas con mayor o menor razn progresistas. Es un debate gravemente mutilado que, en el mejor de los casos, convertira al FSM en el frente de masas de gobiernos en conflicto con los nuevos imperialismos, y en el peor en una marca manipulable, til para legitimar cuando convenga a los gestores de la globalizacin con rostro humano. Mientras tanto, todos los proyectos de fortalecimiento poltico y organizativo del FSM se han ido quedando en el camino: la organizacin de una red internacional permanente de movimientos sociales, la constitucin de un archivo-memoria de las actividades, ponencias y debates realizadosn /4, la elaboracin de estrategias, la organizacin de redes para el debate entre organizaciones afines, los balances de los Foros que nos permitiran saber qu queda de ellos un tiempo despus de su realizacin...Finalmente, se ha debilitado seriamente el intercambio de experiencias para articular luchas, aunque se puede mantener la esperanza de que la jornada internacional convocada para el 26 de enero ayude a recuperar esta dimensin de actividad militante.

Ser hora, como se pregunta Walden Bello, de que el FSM levante su campamento y deje sitio para nuevos modos de organizacin global de la resistencia y la transformacin/5 ? Pienso que no, o al menos, hay que dedicar todo el esfuerzo necesario para que no sea as.

III.

Para resolver un problema, primero hay que reconocerlo como tal y desde dentro.

Lleva razn Pierre Rousset cuando afirma que: La crtica de izquierda a los foros se formula a menudo de una forma demasiado abstracta, demasiado exterior (...). El xito de los foros no es en nada evidente, expresa algo nuevo. Para ser pertinente, la crtica debe empezar por comprenderlo y reconocerlo: debe ser formulada de una forma, digamos, ms interna./6 De acuerdo, pero descartemos tambin los enfoques acrticos, que responden a los deseos que a la realidad.

Por ejemplo, la idea de que el FSM es un iceberg, del que slo vemos la parte ms reducida. La imagen es probablemente cierta en un sentido: han pasado por los Foros centenares de miles de activistas, que han hecho en ellos relaciones y aprendizajes que habrn continuado despus en algunos casos, o habrn influido en experiencias posteriores, aunque no se refieran formalmente al FSM. Pero tambin es verdad que todo lo que existe bajo las reuniones de los Foros est fragmentado, desarticulado...: no hay referencias nacionales, ni sectoriales,..., ni presenciales, ni va internet..., que den una mnima estabilidad al proceso, permitan mantenerlo vivo entre reunin y reunin, aseguren un control, y tendencialmente una representacin democrtica del Consejo Internacional... Y sobre todo, al menos desde el Foro de Caracas, no hay experiencias significativas de luchas, incluso en Amrica Latina, que hayan tenido como referente el FSM. Se est produciendo pues un deshielo por abajo, que puede dejar al Foro a la deriva.

No me parece convincente tampoco la caracterizacin de Michael Lowy: La fuerza del movimiento proviene sobre todo de su negatividad radical, inspirada por una profunda e irreductible indignacin. (...) La radicalidad del movimiento es resultado, en buena medida, de su propia capacidad para la revuelta y la insumisin, de su disposicin intratable a decir no!/7 As debera ser, asi fue en Florencia, pero ya no es as. Ms an: slo una parte de las organizaciones que participan en el Foro comparten esa irreductible indignacin, pero no parecen tener una influencia notable en el Consejo Internacional y no existen entre ellas ms que contactos ocasionales. Pienso que sera ms interesante interpretar las palabras de Lowy como objetivo: es decir, lograr que ese sector tenga existencia poltica; eso exigira, en primer lugar, que se incorporaran corrientes sociopolticas, como los zapatistas, y organizaciones ecologistas, feministas, libertarias... que no participan en los Foros; y, a continuacin, traducir la imprescindible negatividad radical en debates y propuestas de accin. Por supuesto, este sector slo sera una corriente del Foro y tendra que convivir con otras corrientes en un encuentro complejo y conflictivo, en el que podran abordarse los problemas reales de la lucha social y poltica. A mi parecer, el futuro del FSM depende de su capacidad para ser este tipo de encuentro, un encuentro libre y militante, organizado democrticamente, sin vetos polticos implcitos o explcitos y trabajando sobre problemas concretos.

Por ejemplo: tras la derrota en el referndum venezolano estn circulando por la red textos con opiniones muy plurales, abiertamente polmicas, que afectan en muchos casos a problemas de fondo de la estrategia y la poltica que hay que construir. Tambin en Europa, en Francia y en Italia especialmente, hay experiencias y debates en los que se plantean problemas de ese tipo. Aqu est la materia prima para esa elaboracin estratgica que se viene reclamando desde hace aos, sin que se consiga ningn paso adelante real.

Por supuesto, este proyecto significara una refundacin del FSM y est lleno de dificultades y peligros, incluso peligros de ruptura. No estoy seguro de que sea un proyecto viable, porque los poderes fcticos del Foro quieren dejar las cosas como estn y, tambin, porque la corriente irreductible no existe como tal y no se ven fuerzas significativas interesadas en construirla. Pero creo que es un proyecto con sentido, necesario. Hay muchas razones para defenderlo. Incluso podemos encontrar alguna en un lugar insospechado; por ejemplo, es Bernard Cassen el que ha escrito: En todas partes del mundo, los ciudadanos aspiran a cambios radicales. Si los Foros no son el lugar donde se elaboran y donde los socios de su aplicacin se encuentran, otras estructuras lo harn en su lugar./8

Mas all de los planteamientos generales, pienso que hay algunos problemas determinantes para la construccin de la izquierda alternativa, en sentido social y poltico, que podra tener en el FSM un marco muy propicio para abordarlo, y si no es en l, no veo ningn otro que pueda cumplir esa funcin. Me refiero concretamente al tema con el que inici el artculo y ahora lo concluyo: las relaciones entre lo poltico y lo social, entre las organizaciones polticas y los movimientos sociales anticapitalistas... un desafo que heredamos del siglo pasado, por no decir directamente de la I Internacional, y que nos perseguir hasta que empecemos a encontrar vas para resolverlo.

Polemizando con el co-presidente de ATTAC Jean-Marie Harribey, en uno de los debates ms interesantes y racionales que se han conocido en mucho tiempo, escribe Daniel Bensaid: ...esta divisin funcional del trabajo (entre partidos y movimientos sociales, lucha poltica y lucha social) significa, en la prctica, dejar la responsabilidad del poder (en particular del poder del Estado, que no se disuelve en la red de poderes) en manos de organizaciones polticas y de polticos profesionales, confinando a los movimientos sociales a un papel de lobby sobre las instituciones internacionales o sobre los gobiernos nacionales de izquierda. Esta dicotoma y esta discontinuidad entre lucha social y representacin poltica, entre Estado y sociedad civil, permite combinar la radicalidad verbal en el movimiento social y un oportunismo electoral y parlamentario sin lmites, como ilustra la evolucin de Rifondazione en Italia./9

Desde Amrica Latina, y a partir de las experiencias vinculadas con el socialismo del siglo XXI, Pablo Dvalos plantea las consecuencias prcticas que puede llegar a tener esa divisin funcional cuando la protagonizan gobiernos progresistas o de izquierda: ... el escenario de confrontaciones y de lucha de clases se ha ido desplazando poco a poco de las calles y las organizaciones sociales, hacia las instituciones del Estado; y est controlado por liderazgos construidos y legitimados desde las movilizaciones sociales y que son parte de los denominados gobiernos progresistas o de izquierda, en otras palabras, el escenario de confrontacin del socialismo del siglo XXI est en lo institucional, no est en lo social y organizativo. Por paradjico que pueda parecer, el debate sobre el socialismo del siglo XXI no expresa la riqueza y fuerza organizativa de los movimientos sociales sino ms bien lo contrario. Expresa uno de los momentos ms crticos de los movimientos sociales, aquel de su posible institucionalizacin, vale decir, su derrota y eliminacin como sujetos polticos y su conversin en bases de apoyo, movilizacin y sustento a gobiernos progresistas y de izquierda. Como Cronos que devoraba a sus hijos, la izquierda institucional que ahora controla los gobiernos de la regin quiere devorar a los movimientos sociales, que son la fuente de su legitimidad./10

Aqu est el ncleo del problema. Conocemos bien, y por experiencias muy duras ya vividas, y las que vendrn, las consecuencias de unas relaciones viciadas entre lucha poltica y lucha social. Salimos de una etapa movimientista, basada en la ilusin de que los movimientos sociales, alejados de la poltica, salvo la vinculada directamente con sus propias causas, o con una concepcin utilitaria, aparentemente inocua de las relaciones con la poltica institucional, podan afrontar por s mismos las luchas emancipatorias. Algunos datos que hemos comentado en el artculo parecen indicar que hemos entrado ahora en una etapa bajo el primado de la poltica gubernamental. No est ah la alternativa. Se trata de buscar el regreso de la poltica entendida como una actividad emancipadora, pero por otros caminos que nos alejen de los callejones sin salida del pasado. Recordando que, como dice Marco Revelli, que sabe bien de lo que habla por su apasionante seguimiento crtico del curso tortuoso de Rifondazione /11: La poltica, si no se tiene conciencia de los peligros que entraa, abrasa lo social. Recordando tambin cul es el balance de lo social sin la poltica tal como lo hemos vivido estos aos pasados, por no hablar de experiencias histricas, an reconociendo todo lo que nos ha enriquecido la experiencia de los zapatistas, los piqueteros argentinos, las nuevas corrientes militantes libertarias o las grandes luchas sociales que han mantenido viva la esperanza en un nuevo comienzo.

Creo que el futuro del FSM est en este cruce de caminos.

Notas

1. Ver, por ejemplo, la denuncia de Michel Warshawski del Foro Social de Madrid por una Paz Justa en Oriente Medio www.rebelion.org/noticia.php?id=60481

2. Ver, por ejemplo, Janette Habel. Washington perdi a Amrica Latina?.Le Monde Diplomatique, diciembre 2007. www.rebelion.org/noticia.php?id=60522

3. Ver, por ejemplo, VIENTO SUR n 66. Diciembre 2002.

4. Es significativo de la desatencin hasta a las cuestiones ms elementales para la informacin sobre el Foro que en una web oficial, el enlace con el Foro Social Mundial de Karachi conduzca a una pgina de contactos sexuales, sin que nadie se haya dado cuenta de semejante ridculo, por decirlo suavemente. Ver www.forosocialmundial.org.ve/

5. Walden Bello. El Foro Social Mundial en la encrucijada. www.rebelion.org/noticia.php?id=50792

6. Pierre Rousset. Regard sur le Forum social de Karachi et sa porte internationale. 16/04/2006 www.europe-solidaire.org/spip.php?article1923

7. Michel Lwy. Negatividad y utopa del movimiento altermundista. 18/08/2007 www.rebelion.org/noticia.php?id=55025

8. Bernard Cassen. El Manifiesto de Porto Alegre y el futuro de los Foros Sociales Mundiales. 22/02/2006

9. Jean-Marie Harribey. Ebauche de contribution au dbat [dans Attac France] sur la stratgie. 17/05/2007 http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article6372

Daniel Bensaid. Une crise stratgique ( propos dun texte de Jean-Marie Harribey, coprsident dAttac). 28/06/2007 http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article6549

10. Pablo Dvalos. Socialismo del siglo XXI y movimientos sociales: historia de un desencuentro. 6/02/2007 www.rebelion.org/noticia.php?id=46304

11. Hay numerosos y muy recomendables textos de Revelli en www.sinpermiso.info


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