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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2008

Una resea de Compaero enemigo de Juan Antonio Bermdez
La hermandad de la herida

Ivn Mariscal
Rebelin


 

Bermdez, Juan Antonio, Compaero enemigo, Libros de la Herida, Coleccin Poesa en Resistencia, Sevilla, 2007

 

Ya desde el mismo ttulo Compaero enemigo Juan Antonio Bermdez (Jerez de los Caballeros, 1970) nos ofrece la paradoja que va a estar presente como nudo temtico de todo su poemario y, sobre todo, nos muestra una actitud valiente y desusada en estos das de confrontacin y abismos: la necesidad de la bsqueda del otro como nica va posible para la supervivencia en un mundo cada vez ms injusto y preado de miedos. Frente a las estructuras de poder (desde la familia, la escuela o la televisin) que nos abocan a la desconfianza, nos conducen al aislamiento y nos imponen la herencia del individualismo ms adocenador, el autor nos propone la humilde pero definitiva arma del amor y la fraternidad, de la valenta de una entrega que no juzga ni espera recompensas sino que procura en su mismo arrojo dar un sentido a este viaje lleno de enigmas y desconciertos que llamamos vida.

Pero, frente a lo que pueda parecer, no es esta una postura cndida. El autor sabe del dolor y sus asechanzas, de la herida y sus cicatrices, del fracaso, de la espada de la desilusin que pende sobre dos personas que se encuentran. Es entonces domingo de resaca (zozobro en la ciudad, vaca de ti,/entre objetos viudos, flores secas), el vaco en un cuarto vaco, la nostalgia (cuando nuestra memoria quepa/en una fotografa en blanco y negro,/t seguirs mirndome,/t seguirs mirndome), el desamparo, la terca soledad que regresa. Pero tambin sabe el poeta del milagro, de la luminosidad del tiempo, aunque sea corto, asido con la desesperacin del nufrago (djame que te abrace todava/sobre estas escaleras y estos puentes,/sobre esta herida abierta). Es en esos momentos donde ocurre la vida, lo que justifica al fin y al cabo el haber abierto los ojos, un da ya lejano, al mundo.

En este sentido, el fracaso o la equivocacin es una posibilidad que debe asumirse, aunque provoque dolor, porque es prueba de un trnsito valiente por el mundo. Los errantes, de hecho, era el primer ttulo que manej el autor, segn cuenta, para este libro, utilizando el doble sentido de la palabra errar: vagar, por un lado, equivocarse, por otro. Los que vagan no viajan con un rumbo cierto, no hay destino en su peregrinaje. Deambulan con los ojos abiertos, dispuestos a asombrarse y saber, azuzados por el ansia de descubrir, de encontrarse con lo desconocido. As desafan al miedo (y bienaventurados los errantes,/los que viajan sin mapa, sin destino,/los que aman sin urgir el estertor,/los que brindan su paz y hacen ofrendas/sin esperar a cambio el paraso).

Todos estamos en el mismo barco prodigioso que a veces ms de las que quisiramos hace aguas y zozobra, todos estamos lacerados por las mismas llagas. A todos nos atormenta la ausencia, la soledad, el horror, la muerte. Estamos sarmentosos de historia comn, que dira Gil de Biedma. Y sin embargo la mayora de las veces nos huimos, en un tozudo alejamiento de nuestra propia esencia, de lo que somos y de lo que nos salvara (somos de fuego y adoramos la ceniza;/nos da pavor la quemadura y somos llamas). Es por eso, parece decirnos el autor, que hay una hermandad ineludible y sobre la que hay que edificar la cotidianidad, poseemos un valioso recurso de resistencia: contamos con nosotros, contamos con el otro, y obviarlo es una prdida de tiempo y una partida que nos gana la muerte. La fraternidad de los errantes es, pues, una interaccin irremediable, de ah una de las citas que abre el libro, de Franz Hinkelammert: La bala que atraviesa a nuestro enemigo y lo mata/ da vuelta a la Tierra y me alcanza en la nuca.

En cuanto a estructura, Compaero enemigo se compone de tres partes fundamentales, ms dos de un solo poema que funcionan como prlogo y eplogo. En el primero de esos tres captulos, Equivocaciones, vocaciones, Juan Antonio Bermdez nos presenta ya sus inquietudes arriba expuestas pero se centra en las actitudes que dificultan la comunicacin. Una de ellas, que ser un elemento vertebrador y recurrente en el libro, es la de nuestra propensin a sepultar lo vivo en conceptos, de sustituir lo vivible por lo probable (embutimos la muerte en las agendas/con estopa de planes y proyectos/mientras la vida pasa y nos invita/a su delirio de molinos). El autor seala as con el dedo la artificiosidad de la sociedad del Espectculo que padecemos y que nos empuja a disfrazar lo real con los sugerentes ropajes de lo abstracto, hacindonos creer que mientras acariciamos la tela de la mentira estamos tocando la piel de la verdad.

El paso del tiempo, ese viejo conocido, est tambin muy presente. Es realmente sorpresivo, en el sentido de lo mil veces explorado, que todava haya poemas que traten del sagrado tema capaces de conmovernos de la manera en que lo hace, por ejemplo, Talin de la ciudad en la que fuimos felices, un texto portentoso y uno de los mejores del libro. Aqu el tiempo no existe, se ausenta de la vida vivida hasta la ltima consecuencia, de esa vida ajena a lo que no sea darse y compartir (entonces desprecibamos los relojes/y pasbamos delante del espejo/como un turista visita un cementerio). Pero es l, el tiempo, quien aparece, tranquilo e imbatible, cuando uno intenta retener esos momentos volviendo una y otra vez sobre ellos ya sea fsica o sentimentalmente porque, sencillamente, esa tarea intil es camino seguro a la asuncin de lo perdido (todo regreso es un fracaso/inofensivo y dulce como una droga blanda,/como la masturbacin de un viejo). Y la herida entonces se abre como un homenaje, solitario, a los que compartieron con nosotros un trozo de vida que se cierra, inexorable, para siempre.

En la segunda parte, de mismo ttulo que el libro, el autor centra su mirada en los desheredados, aquellos que sufren el horror de una miseria no slo intelectual y emocional aquella de la que nos habla la primera parte sino tambin la material. Son aquellos que sufren por la sandez de un mundo que les obliga, en el mejor de los casos, a sobrevivir en medio de la opulencia. En este contexto, el autor reconoce su incapacidad, su impotencia. Slo tiene la palabra para levantar acta de la ignominia (la palabra, esa isla, es nuestro nico horizonte) de unos seres humanos sometidos a la humillacin cotidiana de las noches al raso, la penuria o la desesperanza, en poemas de construccin tan admirable como Nana de nadie o El verso ms exacto. Es por eso que al autor le brota, con valenta y sin mirada autocomplaciente, ese honrado sentimiento revolucionario como deca Marx, don Carlos que es la vergenza (para ellos estas lentas letras de humo/para ellos esta vergenza y este abrazo). Slo le queda insistir en que, a pesar de los cantos de sirena de sociedades del bienestar, ddivas pas y fines de la historia, ellos siguen ah, como enormes interrogantes que sangran, como espejos. Y queda tener un plan, a pesar de todo y de algunos: no hundir al otro en nuestro nado. No hundir al otro.

La tercera parte, Hambre para maana, est preada de excelentes poemas de amor que inciden en lo ya planteado a lo largo del libro pero de una forma ms concreta y minuciosa, con lo que adquieren un vuelo y una intensidad demoledores. Aqu el protagonista es la cotidianidad de dos amantes, sus encuentros y renuncias, su carnalidad desbordada, sus ausencias, el detenimiento en pequeos cuadros costumbristas amatorios. De este modo, la recreacin del famoso poema de ngel Gonzlez (Para que yo me llame ngel Gonzlez) desciende aqu a la intimidad de una habitacin (asomado a este cuarto un faro en el ocano) y a una reflexin que termina en una accin de gracias gozosa y transida de vitalidad (Y agradezco sin lmite la lluvia/que empuj a mis abuelos y a los tuyos/a una cama tan blanda como sta), que se complementa con poemas como Elogio del incesto o En el principio, el tacto. Pero tambin estn aqu otros temas caros al autor, como la oportunidad de un encuentro que se pierde por la cobarda y el miedo (What is this thing called love) o el regreso infructuoso a un pasado convertido en artificio conceptual, en este caso representado en unas fotos donde el luminoso tiempo compartido se ha convertido en sombras /chinescas archivadas en un lbum/como opaca quincalla del recuerdo.

Toda esta parte est concebida bajo el motivo recurrente del carpe diem, del aprovechamiento de la vida aqu y ahora. En realidad, todo el libro es una invitacin, incluso una exhortacin, a la plenitud compartida, al goce del instante, al disfrute del momento aunque ste se vaya sin remedio y el amor sea, a veces, un difcil ejercicio de equilibrismo sin red (sacimonos, que luego acecha el fro/() el abismo/del sueo sin almohada, el hambre cruda).

Slo nos queda ya recomendar vivamente la lectura de Compaero enemigo. Porque hay libros que deslumbran por sus imgenes certeras. Hay otros que nos seducen por lo exacto de su lenguaje, por la fineza del verbo. Otros nos emocionan porque la verdad est ah, brotando lnea a lnea de su negra sangre. Y hay otros que son todo eso junto y mucho ms. Como el de Juan Antonio Bermdez. Como Compaero enemigo.

 

(Ms informacin en http://www.librosdelaherida.blogspot.com)



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