Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2008

Ayer y hoy de la caza de brujas

Vicente Romano
Rebelin


Ante la crueldad de la Iglesia ejercida durante siglos contra la mujer y la invencin infame de la quema de brujas no cabe sino preguntarse por la sinrazn de semejante locura. Qu elementos tuvieron que intervenir para poner en marcha ese mecanismo sangriento de destruccin de seres humanos?

A nivel de la aldea estaban los intrusos, forasteros, raros, los outsiders de que hablan la sociologa usamericana, que resultaban sospechosos por su conducta o su saber y se resistan al conformismo. Entre estas personas estaba la herbaria, la curandera, la vieja desplazada por las guerras, abandonada por la familia o simplemente marginada, apartada de y por los dems. Cuando la comunidad aldeana crea haberla descubierto como bruja se poda llegar a matarla. Pero esto no explica las sistemticas persecuciones posteriores.

En la aldea, el enemigo es el individuo que hay que eliminar, en el mundo es, bajo ciertas condiciones, el mal en s, o lo que la gente tiene por tal. Contra este enemigo del mundo, ya sea una proyeccin de los miedos propios o de los deseos reprimidos, la sociedad moviliza sus defensas. O dicho de otro modo: como se padece la mana de que el mundo se ve atacado y rodeado por un poder real que impide ser bueno, se trazan explicaciones, teoras, ideologas. Con ellas se formula la sospecha a niveles superiores. Se disea una imagen del enemigo sobre la que se proyecta todo lo que el cdigo moral propio califica de negativo. Como los seres humanos no pueden reprimir su sexualidad, su demonio es sexualmente desenfrenado: como no pueden vivir sin dudar, su diablo duda de todos los valores; como no les gusta que las personas no cumplan con su palabra, su diablo es embustero y embaucador. Y como el diablo es todo eso, quien con l se ala debe sufrir el castigo que en realidad le corresponde a l.

En la Edad Media era sobre todo la mujer el objeto de la proyeccin de los deseos reprimidos del hombre. El nexo terico entre el mal y los muchos que lo favorecen ofrece el aspecto criminal de la locura. Pues, se sabe que la desconfianza y la sospecha estn justificadas, la autoridad da motivos para reforzar el conformismo hasta la eliminacin del extrao, del outsider. Una vez que se ha consolidado el clis, cuando la teora de los dominadores tiene buenas razones para la persecucin, empieza la caza de brujas, de melenudos, judos, comunistas y sospechosos de todo tipo.

En la aldea sola ser el cura quien formulaba el conformismo y pona en la picota a los extraos. A nivel superior eran los sabios quienes proporcionaban la teora contra el mal y ponan las leyes en manos del juez. Dirigan as el odio de la sociedad contra sus supuestos corruptores, aunque con estas acciones se corrompa ella misma. Nadie poda poner freno a este mecanismo infernal. Pues los signos de clemencia, indulgencia o benevolencia se interpretaban como sntomas de culpabilidad. Y viceversa, cuando predomina una situacin en la que los indulgentes son sospechosos, y cuando los principios ocupan la primaca, lo que impera es la sospecha, la desconfianza. Se afincan entonces las mejores razones para cometer las peores acciones, para emprender la caza de brujas.

Desde el punto de vista de la sociologa, es la presin del conformismo la que produce las brujas. Desde el de la psicologa, se trata de la proyeccin que convierte a la bruja en objeto de persecucin. Este es el punto de partida de esa neurosis que presenta lo absurdo como racional. En la llamada brujomana, que no es ms que un caso especial de la histeria de la limpieza, todas las partes del mecanismo tienen su formulacin teolgica, pues hasta el siglo XVIII el credo cristiano era la base de la existencia.

Por lo dems, esto slo rige para el mbito de la iglesia catlica y romana. En la iglesia oriental, la ortodoxa, nunca existi esa imagen del diablo ni hubo quema de brujas.

Los ejemplos de la caza de agentes del enemigo y el miedo a los espas vividos en la Alemania nazi o en la Unin Sovitica de Stalin durante el siglo XX, o actualmente en los EEUU con la histeria de los terroristas, ilustran cmo se originan las manas persecutorias.

Los inconformistas viven tranquilos mientras no haya ninguna teora que los vincule con el mal. Y la teora es impotente si no puede concentrar los miedos de la sociedad en determinados grupos. Y esto no slo vale para las viejas que de repente son sospechosas de ser brujas. As, por ejemplo, si alguien pudiera demostrar que el mal se ha aliado con la ciencia, sera rpidamente sospechosa toda persona con una educacin superior, gafas, una bata blanca y muchos libros.

El aislamiento, la eliminacin de las personas sospechosas no es ms que una consecuencia. Se ha visto que, adems de la ideologa de la limpieza, tambin entra en juego el inters material de los perseguidores. Tambin esto tiene su lgica. Como se quiere fomentar la limpieza, hay que recompensarla. Y una vez fijado el inters material, no se puede prescindir del objetivo que persigue. Por eso es tan difcil combatir el exterminio legal de las brujas: quien quera ayudar a los inocentes no poda expresar duda ninguna en la brujera, sino desenmascarar la legalidad de la destruccin como algo que se contradeca con los intereses de los razonables. La ilustracin no basta por s sola para detener la rueda de los intereses concretos.

Segn Dbler, el verdadero diablo es la inexorable compulsin humana a la abstraccin, a sacar la consecuencia extrema, que se ha separado de los sentimientos. Tal vez se oculte en todo esto el miedo de lo supuestamente amenazado que recurre al terror para protegerse de algo que slo existe en su fantasa. Cientos de miles de personas han sido vctimas de ese miedo. Y otros miles y millones de vctimas vuelven a caer vctimas de este miedo cada vez que una ideologa de la sociedad se saca de la manga un enemigo, producto de su mala conciencia, de sus represiones, de sus conflictos no resueltos. Los colaboradores de este enemigo son rpidamente clasificados, designados, registrados y eliminados. Y una vez ms las vctimas inocentes son condenadas de acuerdo con la Ley. En momentos de semejante tensin tambin se encuentran finalmente los cmplices, esbirros y torturadores, todos ellos obligatorios.

Volviendo al tema de las brujas. Cuntas murieron? Las cifras ya no impresionan a quienes conocen las masacres del siglo XX y las que se llevan a cabo todava en el XXI. De todos modos, en las cifras de vctimas de la brujomana hay que tener en cuenta que la poblacin de Europa en los siglos XVI y XVII era muy inferior a la actual. Adems, las cifras son muy imprecisas, oscilan entre los 9.500.000 y las 500.000 vctimas. Lo cierto estar en el punto medio.

Hoy da las brujas no constituyen ninguna amenaza para la sociedad, esto es, no son ya ningunas vctimas potenciales. La creencia en las brujas no es ms que un residuo de tiempos pasados, igual que las caricaturas de demonios en las catedrales gticas. La locura de la limpieza prevalece hoy en la esfera poltica ms que en la religiosa. No obstante, algunos aspectos del antiguo odio purificador contra las brujas se han mantenido hasta el presente.

La historia de las brujas es la historia de la discriminacin y subyugacin de la mujer, la historia de la misoginia, que se inici con el advenimiento del patriarcado, se justific mediante la mitologa y se exacerb con la invencin del pacto con el diablo por parte de la Iglesia.

La historia de las brujas se remonta a la primigenia divisin del trabajo. La evolucin de los cambios sociales se mueve siempre al ritmo de las transformaciones efectuadas en la divisin del trabajo. Y sta no es ms que la fundamentacin de una jerarqua de valores, ordenada de arriba abajo, de lo superior a lo inferior, de Dios a Satans, del rey al sbdito, del Papa al monaguillo, etc. La divisin histrica del trabajo es la divisin del trabajo entre los gneros y las generaciones.

Los valores pertenecen a la constitucin interna del ser humano. Son historias internas que se refuerzan con actuaciones externas, que, a su vez, se corresponden con determinas formas de comportamiento.

Ante la brutalidad de las actuaciones contra las brujas e inconformistas del pasado y del presente hay que preguntarse por las causas de semejantes comportamientos.

500 aos despus de las grandes persecuciones de brujas en Europa la creencia en ellas extiende todava su larga sombra. Hasta la dcada de 1970 se vendan en las farmacias de la comarca de Lneburgerheide (Alemania) remedios para espantar a las brujas. La agencia usamericana AP difunda el 15 de diciembre de 1975 la noticia siguiente, fechada en Kennewick, Washington: Una vez al mes se renen las 13 hijas de JICA (bruja en ingls antiguo, VR) para celebrar su sabat. A la luz de flameantes y trmulas velas, envueltas en el dulce aroma del incienso y de los salmos latinos, conjuran las almas de los muertos y pretenden curar a los enfermos.

Se trata de sesiones de espiritismo, de brujas buenas. Cierto, no se besa el trasero de ningn macho cabro, ni se celebra rituales orgisticos. Es brujera blanca que lucha contra la brujera negra. Quieren contrarrestar la labor de las hijas de Satans. Mediante recursos hipnticos pretenden dominar a las personas y, de paso, obtener un beneficio propio cobrando por sus servicios.

El culto actual de Wicca se remonta al libro de Margaret Murria The Witch Cult in Western Europe, publicado por primera vez en 1921 y reeditado en 1967.

El culto a las brujas y la creencia en la magia y en la astrologa se ha puesto de moda entre las clases medias. Vuelve la tendencia a lo trascendental, y se ridiculiza lo racional. Todo el que cree en la astrologa duda de la razn. Predomina la moda retro, la nostalgia del pasado, que se convierte en mercanca a travs de las antigedades. Se recuperan los viejos argumentos: el murmullo, el cuchicheo, la calumnia, y las tradiciones milenarias, como procesiones y romeras religiosas. Se venera lo antiguo, como, por ejemplo, los refajos y pololos de la abuela. Y, por qu no, a un nivel ms alto, ms culto, se juega un poco con la magia blanca y negra.

En la esta sociedad del conocimiento, como algunos gustan de llamar a la sociedad actual, proliferan como nunca toda clase de magia, espiritismo, ocultismo, curanderismo, quiromancias, tarots, videncias, horscopos, y dems supersticiones. Y no pocos medios de comunicacin hacen su agosto con las angustias e insatisfacciones que esta sociedad genera. Basta con echar un vistazo a la cantidad de pelculas que produce Hollywood, la fbrica de sueos como la calific I. Ehrenburg en los aos 30 del siglo pasado, sobre poderes sobrenaturales y fantasas esotricas.

El vud no slo tiene adeptos entre la empobrecida poblacin de Hait. Las sectas satnicas florecen en el denominado primer mundo, como la de Charles Manson, que en 1969 asesin a Sharon Tate y sus invitados en su casa de Hollywood. En Espaa se cuentan ms de 50 de ellas, con unos 2.500 adeptos. Los exorcismos sancionados por la Iglesia llevan a muertes tan horrendas como la de la nia Rosa Fernndez Gonzlvez el 16 de septiembre de 1990 en el pueblo de Almansa (Albacete). Su propia madre, curandera y exorcista, convencida de que la nia estaba embarazada del demonio, quiso liberarla del Maligno extrayndole las entraas por la vagina matndola en el intento.

Por otro lado, la Iglesia catlica parece empeada en reanimar la vieja demonologa, descalificada y abandonada por el Concilio Vaticano II con el papa Juan XXIII a la cabeza. Pero sus sucesores, Pablo VI, Juan Pablo II y, muy en particular, Benedicto XVI, conocido por su formacin y sus actividades nazis y haber dirigido la Congregacin de la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisicin), han revitalizado la creencia en el demonio. Los nuevos expertos en demonologa y exorcismos se publicitan incluso a travs de la red electrnica. Tal es el caso, por ejemplo, del sacerdote J. A. Fortea, que anuncia en su pgina de Internet sus sermones y explicaciones sobre el demonio, la posesin y el infierno en una serie de 13 vdeos. He aqu sus credenciales, tal como aparecen en su pgina:

Jos Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, Espaa, 1968) es sacerdote y telogo especializado en demonologa. Curs sus estudios de Teologa para el sacerdocio en la Universidad de Navarra. Se licenci en la especialidad de Historia de la Iglesia en la Facultad de Teologa de Comillas. Pertenece al presbiterio de la dicesis de Alcal de Henares (Madrid). En 1998 defendi su tesis de licenciatura "El exorcismo en la poca actual" dirigida por el secretario de la Comisin para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Espaola. En octubre de 2001 fue nombrado arcipreste. Compagina su trabajo como telogo con su labor como prroco de Nuestra Seora de Zulema, Villalbilla (Madrid) y administrador parroquial de La Asuncin de Nuestra Seora de Los Hueros.

Pero la persecucin de inconformistas, discrepantes, extraos y heterodoxos de todo tipo parece imparable. El ex - seminarista Jos Stalin encarcel y fusil a miles de crticos y personas inocentes en sus purgas de los aos 30 del siglo pasado. De nuevo el simbolismo de la limpieza. Hitler y su rgimen nacionalsocialista llevaron este concepto al paroxismo con el exterminio de millones de judos, gitanos y comunistas. El propio jefe de las SS, H. Himmler, orden una persecucin secreta de brujas, tal como han revelado los archivos.

Sin embargo, fueron los usamericanos los que, tras la II Guerra Mundial, resucitaron la expresin caza de brujas con la persecucin de toda persona sospechosa de ser comunista o afn en los famosos juicios del Comit de Actividades Antiamericanas. Entre los perseguidos hubo figuras tan destacadas de la ciencia y las artes como Albert Einstein, Bertold Brecht o Charles Chaplin.

Este celo inquisitorial se aplica ahora a los sospechosos de terrorismo, sin que nadie sepa en qu consiste el terrorismo ni qu es un terrorista. La actual Administracin fundamentalista de Washington incluso ha promulgado leyes que legitiman la tortura bajo el eufemismo de interrogatorios coercitivos. No deja de ser un cruel sarcasmo que esta misma Administracin invoque el respeto a los derechos humanos en el mundo cuando ella los pisotea en sus centros de detencin como el de Guantnamo, en sus crceles de Iraq y en las secretas que tiene repartidas por el mundo, y donde se aplican mtodos de tortura que las calenturientas mentes de los inquisidores medievales no podan imaginarse. Gracias a las Tecnologas de la Informacin y la Comunicacin, algunas de las imgenes de estos interrogatorios coercitivos han dado la vuelta al mundo.

* Este es el eplogo del libro La sociognesis den las brujas. El origen de lan discriminacin de la mujer, Editorial Popular, Madrid 2007.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter