Portada :: frica :: Kenia, la violencia que nace de la abismal desigualdad
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-02-2008

El conflicto tiene una base tribal, como ambas partes aceptan la "economa de mercado", gane quien gane, la otra parte perder
Las brbaras consecuencias del capitalismo en Kenia

Alan Woods
El Militante


Lenin dijo en cierta ocasin que el capitalismo es horror sin fin. Kenia es la prueba ms espantosa de esa afirmacin. Es una nacin de aproximadamente 36 millones de habitantes, situada en el ecuador en la costa oriental de frica, con Sudn y Etiopa al norte, Uganda al oeste, Tanzania al sur y el Ocano ndico al este. Al noreste est Somalia. La capital, Nairobi, es una de las ciudades ms grandes de frica con una poblacin de 3 millones de personas. La edad media de la poblacin es slo 18 aos. Kenia est bendecido con un clima benigno y una tierra agrcola frtil, aunque el 70 por ciento del pas es rido o semi-rido. La combinacin del pintoresco paisaje y una fauna abundante hacen de Kenia uno de los principales destinos tursticos del continente. Kenia tiene una cultura muy vibrante que en no pequea medida es consecuencia de su diversidad tnica.

La base de su economa es la agricultura y el turismo. Los principales cultivos son el t, el caf, al anacardo, el maz, el azcar y el piretro. Por lo tanto, tiene todos los elementos para convertirse en una nacin prspera y triunfante. Pero casi medio siglo despus de la independencia del dominio britnico sigue siendo un pas pobre. La renta per cpita del pas es de aproximadamente 300 dlares. Hasta hace poco Kenia era presentado como un ejemplo brillante del xito de la economa de libre mercado. Era un pas que haba seguido al pie de la letra la poltica dictada por el Banco Mundial y el FMI. Se supona que era un ejemplo radiante de democracia, un faro de esperanza para lo que es conocido por los europeos como "el continente oscuro".

Ahora todos estos sueos han quedado reducidos a cenizas. En las recientes semanas Kenia se ha hecho pedazos debido a una oleada de violencia tnica y tribal que se ha cobrado casi mil muertos. La causa inmediata de la violencia fue el amao de las elecciones del 27 de diciembre, cuando el presidente actual Mwai Kibaki rob la victoria a la oposicin con un flagrante fraude electoral. Inmediatamente despus de las controvertidas elecciones, los seguidores de Raila Odinga, un miembro de la tribu Luo, que encabeza el opositor Movimiento Democrtico Naranja, y salieron a las calles para protestar. Como Kabaki es kikuyu, como lo son la mayora de sus partidarios, la lucha adquiri el carcter de conflicto tnico sangriento.

Desde entonces, al menos 1.000 personas han muerto y 200.000 han huido de sus casas debido a la extensin de la violencia. Cada da los medios de comunicacin occidentales aparecen llenos con historias de nuevos horrores, sobre como los pobres africanos se matan entre s con machetes, cachiporras y cuchillos. Saquean y queman casas, miles de personas se ven obligadas a huir a otras zonas. Docenas de miles de familias han tenido que abandonar sus hogares. Personas quemadas o asesinadas a machetazos. Mujeres violadas. La oficina de la ONU para la coordinacin de los asuntos humanitarios en Ginebra dijo hoy que el mes pasado en un hospital de Nairobi se contabilizaron 167 violaciones de mujeres, la vctima ms joven tena un ao de edad.

El asesinato, en incidentes separados, de dos parlamentarios Naranja, desencaden una orga de asesinatos en los suburbios de la capital y en otras zonas. Uno era Mugabe Were, un lunhya muy popular en Nairobi; el otro era David Kimutai Too, un kalenjin. En la capital provincial de Lous, Kisumu, ms kikuyus fueron masacrados, algunos de ellos murieron con neumticos ardiendo colocados a modo de "collares"" sobre sus cuellos a manos de jvenes luo. En Edoret, donde fue disparado Too por un oficial de polica, cientos de jvenes bloquearon las carreteras con neumticos ardiendo y piedras, cantando: "Kibaki debe irse". En lo que quedaba de la pobre ciudad de Nwagocho y en los barrios de Baraka se podan ver columnas de humo saliendo de las cenizas. All la polica dispar y mat a cuatro personas e hiri a otras cinco el jueves por la tarde y el viernes por la noche. Estaban acusados de participar en el saqueo de propiedades e incendiar casas residenciales y edificios de oficinas.

Como venganza por los ataques, en la ciudad occidental de Ainamoi, un oficial de la polica fue linchado por una muchedumbre de 3.000 personas armadas con arcos y flechas, lanzas, palos y machetes. Le acusaban de haber herido a un civil cuando la polica abri fuego contra las protestas que estallaron al llegar las noticias de la muerte de Too. "El oficial de polica hiri a tres atacantes antes de que fuera dominado y linchado en el mismo sitio", estas son las palabras de un comandante de la polica, Peter Aliwa. Los funcionarios regionales dijeron que ocho personas haban sido asesinadas en la aldea de Ikonge, a 240 millas al oeste de la capital, Nairobi, en un ataque pare vengar el asesinato de Too. Unos 100 hombres cortaron a seis de las vctimas hasta morir. Los otros dos fueron asesinados con flechas envenenadas. Otras cuatro personas fueron asesinadas por la polica, la lista de horrores parece interminable.

Hipocresa de la "comunidad internacional"

La dbil burguesa nacional keniana est alarmada ante estos acontecimientos. El peridico ms grande del pas, el Daily Nation , que apoy a Kibaki durante la campaa electoral, ha perdido la paciencia con l. En una editorial deca que la "inercia e ineptitud" del gobierno dej al "descubierto los instintos bsicos y ha hecho retroceder al pas a los tiempos pre-coloniales". La burguesa se retuerce las manos, pero cul es la solucin? A esta pregunta el Daily Nation no tiene respuesta.

Qu pasa con la "comunidad internacional"? Pases democrticos agradables como Gran Bretaa y EEUU ayudarn? La respuesta de los gobiernos a esta terrible masacre ha sido el mutismo. Dnde estn los llamamientos a gritos por un cambio de rgimen en Nairobi? Dnde estn las resoluciones del Consejo de Seguridad? Dnde estn los planes de intervencin humanitaria? No hay nada. Por qu? Quiz por que Kenia no tiene petrleo, o quiz porque Occidente ha estado apoyando al presidente keniano, Mwai Kibaki y su rgimen, y por esa razn no ven la necesidad urgente de cambiar. Por cualquiera de las razones, los agradables, civilizados y cristianos lderes del mundo occidental no se han dado prisa por ayudar a evitar una catstrofe en las lneas de Ruanda.

Como siempre, la actitud de los imperialistas destila hipocresa, Gran Bretaa y EEUU han dado un apoyo militar considerable a Kenia y an se lo dan. Kibaki en el pasado fue recibido calurosamente como un aliado en la "guerra contra el terrorismo" global. Dicen que la Unin Europea podra "intentar" que se impongan sanciones a Kenia, que castigara a Kibaki y algunos de sus ministros y seguidores, mientras que, supuestamente, aliviarn a los kenianos ms pobres de los efectos de las sanciones comerciales y de privacin de las ayudas. Esto significara prohibicin de viajar para algunos individuos especficos y sus familias, y otras medidas similares. Pero este tipo de cosas ya se intent en el caso de Zimbabwe, sin producir ningn resultado significativo. Ser un pequeo inconveniente para Kibaki no poder viajar a Londres para comprar en Harrods, pero ser poco ms que un manotazo en la mueca.

Han enviado al anterior secretario general de la ONU, Kofi Annan, para que acte como mediador entre Kibaki y el lder de la oposicin, Raila Odinga. Kofi Annan dice que los oponentes polticos haban aceptado un plan de cuatro puntos que podra poner fin a la violencia "dentro de siete o quince das". "El primero [punto] es emprender accin inmediata para detener la violencia", dijo a Reuters . Pero slo son palabras y no hay ningn sntoma de que vaya a disminuir la violencia. Ms bien lo contrario.

Diplomticos, empresarios y lderes eclesisticos esperan fervientemente que las negociaciones de Annan tengan xito. Saben que Kibaki es culpable de amaar las elecciones presidenciales, han aceptado no presionar para que se impongan sanciones inmediatas y as dar ms tiempo a Annan. Pero el tiempo no est de su lado. Kibaki est prolongando las conversaciones con la esperanza de fortalecer su posicin sin hacer ninguna concesin sobre las elecciones o sobre nada ms. Y a los seguidores de la oposicin se les pide que repriman su furia y rebajen sus reivindicaciones. Eso es todo lo que han ofrecido Kofi Annan y las "Naciones Unidas": pedir calma! Evitar la violencia! Pero la violencia aumenta y amenaza con arrollar a la sociedad.

En vista de la manifiesta impotencia de Kofi Annan, el actual secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, vol desde la cumbre de la Unin Africana en Etiopa a Nairobi para darle su apoyo. Las conversaciones se reanudaron, Ban pidi a ambas partes que "miraran ms all del inters individual. Que mirarn ms all de su partido... Ahora el futuro est ante vosotros". Pero son palabras vacas que no han tenido ningn efecto. El abismo que separaba a los partidos antagnicos antes de las elecciones se ha convertido en un abismo insalvable. Este conflicto no se puede resolver en trminos puramente parlamentarios. En un discurso ante la cumbre de la Unin Africana en Addis Abeba, Kibaki dio la bienvenida a los esfuerzos mediadores internacionales pero sugiri que la oposicin debera llevar sus quejas a los tribunales . Dijo lo siguiente: "La judicatura en Kenia tiene aos de arbitraje en disputas electorales y la actual no es una excepcin".

Estas palabras demuestran el cinismo descarado de Kibaki. Todo el mundo sabe que los tribunales estn llenos de aliados de Kibaki. En cualquier caso, los procedimientos se mueven con lentitud y podran tardar meses o aos en llegar a una conclusin. Es un intento transparente de tcticas dilatorias. El recuento de los votos no resolvera nada porque la mayora de los kenianos no tienen confianza en la comisin electoral. Los Naranja estn exigiendo nuevas elecciones, que sera la opcin ms democrtica. Pero incluso si se celebraran elecciones (Kibaki se ha negado), quin las convocara? No es probable que Kibaki y sus seguidores se sentaran junto a Odinga en un gobierno interino mientras contina la carnicera.

Crmenes del imperialismo

Para muchas personas en Europa toda esta situacin parece inexplicable. Algunos seguramente se encogen de hombros y hacen referencias vagas al tribalismo, que es un trmino que no entienden. Otros ven en esto una confirmacin de que los africanos son personas "primitivas" con instintos "salvajes", frente a los civilizados europeos. Sin embargo nada puede estar ms alejado de la realidad. Siempre han existido diferentes tribus en Kenia, como en cualquier otro pas africano. En el pasado ha habido guerras entre tribus por el ganado, la tierra o los recursos naturales como lagos y ros. Pero esos conflictos tribales eran un juego de nios comparados con las guerras sangrientas que los "civilizados" europeos han llevado a cabo durante siglos y que han costado millones de muertos. Y el dao provocado por estas primeras guerras inter-tribales, palidece en comparacin con la llegada de los extranjeros, que comenz a mediados del siglo XV. El tipo de conflictos genocidas globales que hemos visto en lugares como Ruanda eran desconocidos en frica antes de la llegada del hombre blanco. Slo podran ser el producto de nuestro propio mundo civilizado e ilustrado.

La subyugacin colonial de Kenia lleg acompaada por la misma violencia que en otros pases africanos. Los colonialistas deliberadamente concedieron ciertos privilegios a algunas tribus en detrimento de otras. Los gobernantes europeos cristianos dividieron toda frica, alentando e intensificando las divisiones tribales. Los britnicos eran especialmente habilidosos en esta tarea. En Kenia introdujeron un rgido sistema de clasificacin de los "nativos" segn sus orgenes tribales o reales imaginarios. Incluso inventaron tribus inexistentes con este propsito, como los kalenjins, cuya existencia como tribu separada se remonta a los aos cuarenta del siglo XX. Fueron por tanto los britnicos los que plantaron las semillas de la lucha inter-tribal. Dejaron tras de s la misma herencia venenosa que sembraron primero en Irlanda, palestina, Chipre y el subcontinente indio.

El Valle del Rift, que se ha convertido en el centro de la mayor parte de la violencia tnica, en los tiempos coloniales era conocido como las Montaas Blancas. Originalmente estaba habitado por hordas de ganado masai, pero los britnicos, que queran estas tierras para s mismos, les expulsaron. Las semillas de la lucha por la independencia comenzaron desde el mismo instante en que las comunidades tuvieron que abandonar por la fuerza las tierras productivas. La resistencia organizada comenz despus de la Primera Guerra Mundial, e inicialmente se centr en cuestiones como el acceso a la educacin para los africanos, los derechos de propiedad de la tierra y los impuestos. La lucha se intensific despus de la Segunda Guerra Mundial, cuando los africanos negros regresaron del frente con destreza militar, lanzaron una prolongada y sangrienta guerra de guerrillas por la independencia.

El pueblo keniano sufri muchas muertes, muchos luchadores por la libertad fueron encarcelados y enviados a campos de concentracin. Pero al final ganaron. Kenia gan la independencia el 12 de diciembre de 1963. Fue una gran victoria para la poblacin. Pero los lderes de clase media de la lucha por la independencia continuaron con el sistema opresor y explotador de los britnicos. Independiente de nombre, la burguesa nacional mantuvo una actitud servil hacia Gran Bretaa. En realidad, ms de cuarenta aos despus de la independencia, Kenia depende hoy ms del imperialismo que antes.

Cul es el problema? El problema es el siguiente: que la poblacin de Kenia luch una guerra heroica de liberacin nacional contra el imperialismo britnico. Los britnicos tuvieron que irse. Pero, en realidad, slo fue media victoria. La parte del len del botn fue a parar a la nueva clase media, los negros que aspiraban a los niveles de vida europeos y que en secreto admiraban a los viejos amos coloniales, que queran ser como ellos. El primer presidente fue Jomo Kenyatta, el legendario lder de la lucha de liberacin. Gobern Kenia desde la independencia hasta su muerte en 1978. Como Julius Nyerere y otros lderes africanos, al principio, hablaba de socialismo, prometi liberar al pas de la maldicin de la enfermedad, la ignorancia y la pobreza. En realidad, era el programa de la revolucin democrtico burguesa. Pero en las condiciones modernas es imposible que un pas subdesarrollado como Kenia resuelva los problemas de la revolucin democrtico burguesa sobre la base del capitalismo.

La bancarrota de la burguesa nacional

La burguesa nacional es demasiado dbil, demasiado dependiente del imperialismo para hacer frente a los problemas ms apremiantes de las masas. La nueva elite negra fue a elitistas escuelas privadas britnicas donde aprendi a hablar y pensar como los bwanas blancos de los tiempos coloniales. Se convirtieron en accionistas de las empresas britnicas y norteamericanas que se instalaron en Kenia y establecieron un nuevo tipo de dependencia colonial. Para el trabajador y campesino keniano pobre no cambi nada. Hicieron todo en la lucha pero slo consiguieron cambiar a un amo por otro. La nueva burguesa negra era tan rapaz como los britnicos, pero an ms corrupta, ineficaz y podrida. En realidad, slo eran los agentes locales de los imperialistas britnicos y estadounidenses.

Despus de la independencia, los distintos grupos de la clase dominante comenzaron a luchar por el poder y la influencia. En esta lucha de poder se basaron en lealtades tribales. Preservaron intacto el viejo sistema britnico de divide y vencers. Kenyatta, que era un kikuyu, entr en conflicto con Odinga Odinga (el padre del actual lder de la oposicin), que se bas en los luos. Para reforzar su posicin, Kenyatta distribuy grandes zonas de tierra frtil en las antiguas Montaas Blancas entre sus seguidores kikuyu. Otras tribus como los luo y los kalenjin quedaron excluidos. A pesar de esto, las diferentes tribus vivan juntas en paz y a menudo se casaban entre s. Exista un sentimiento de identidad nacional keniana, pero en los ltimos aos lo que ha predominado es el sentimiento de que los frutos del crecimiento econmico de Kenia no se han compartido de la misma forma. Este sentimiento poco a poco se ha convertido en resentimiento contra la tribu dominante kikuyu que detenta el poder.

Las constantes luchas por el poder entre los partidos de la oposicin y el gobernante llevaron a una concentracin de poder dentro de la presidencia. Kenia se ha convertido de facto en un partido de estado (KANU) con un lder bonapartista (Kenyatta). Todo el poder recaa sobre la presidencia. La independencia de la judicatura es una farsa. Los oponentes eran encarcelados sin juicio y las verdaderas amenazas eran "eliminadas". El amiguismo y la corrupcin florecieron. Pero durante la Guerra Fra entre Rusia y EEUU, Kenia era el preferido de occidente. En un momento en que los estadounidenses teman que frica terminara en el campo sovitico, Kenyatta era visto como un baluarte contra el "comunismo". Reciba fondos mientras el "Occidente democrtico cerraba los ojos ante los excesos del gobierno, la falta de democracia y la rampante corrupcin".

Despus de la muerte de Kenyatta en 1978, Daniel Arap Moi, su vicepresidente, tom el poder. Pero la inestabilidad subyacente qued al descubierto con un infructuoso golpe de estado por parte de la fuerza area en 1982. Moi rpidamente consolid su poder dentro de la presidencia, como haba hecho Kenyatta. Y Occidente de nuevo cerraba los ojos. Bajo el rgimen de Moi, la corrupcin, que siempre existi, se desarroll en algo parecido a un arte. El saqueo de las arcas del Estado era la regla, los que se beneficiaron de la privatizacin fueron los que se esperaban, aquellos que contribuyeron a los fondos del partido KANU. Los oponentes polticos eran encarcelados sin juicio, torturados y eliminados. De nuevo Occidente no dijo nada.

El dominio de un solo partido silenci eficazmente a aquellos que no estaban de acuerdo con el gobierno. Por ejemplo, el comit disciplinario del partido reprendi a un ministro del gabinete porque "no aplaudi lo suficientemente entusiasta" despus de un discurso presidencial en un acto pblico. Pero a finales de los aos noventa, la reivindicacin de elecciones libres con ms de un partido se volvi en algo irresistible. Tal era el descontento que las detenciones sin juicio, las palizas y las torturas no pudieron detener el movimiento por la democracia. El rgimen tuvo que aceptar las primeras elecciones multipartidistas en 1992. Sin embargo, la oposicin estaba fragmentada en lneas tribales, y en las elecciones de 1992 y 1997, el KANU regres al poder para continuar con su saqueo.

En 2002 la oposicin se uni detrs un nico candidato e infligi una severa derrota al KANU. Con la Alianza Nacional de la Coalicin del Arcoiris la oposicin consigui una victoria arrolladora en diciembre de 2002. Para muchos pareca el final de casi cuarenta aos de gobierno ininterrumpidos de gobierno del KANU. El nuevo presidente, Mwai Kibaki, declar tolerancia cero a la corrupcin y prometi elaborar una nueva constitucin en cien das. Inici una purga de la judicatura y prometi eliminar la corrupcin. Pero no se haba secado la tinta del papel cuando se conocieron los detalles de acuerdos corruptos multimillonarios. Como en el pasado, los funcionarios veteranos del gobierno estaban implicados en la masiva corrupcin.

Otro Ruanda?

La oposicin insiste en que Kibaki rob las elecciones de diciembre y es un presidente ilegal. Obviamente tienen razn. Pero al desatar una oleada de violencia dirigida contra los kikuyus, los dirigentes de la oposicin han jugado un papel letal. Es posible que las revueltas y los pogromos fueran espontneos, una expresin de la furia contenida de jvenes desempleados que lleva mucho tiempo hirviendo a fuego lento. Pero los lderes no los han detenido y hay mucha violencia que ahora la est alimentando para sus propios objetivos, como hace el gobierno. En Eldoret, al oeste de Kenia, bandas de la tribu luo quemaron a ms de 30 personas que se cobijaban en una iglesia. Este tipo de acciones dan excusas a los extremistas kikuyus para organizar ataques de venganza contra los luos en otras zonas.

El argumento de Kibaki de que el pas debera volver a la normalidad es algo absurdo. El antiguo equilibrio inestable se ha destruido y no se puede recomponer. La realidad es que ni Kibaki ni Odinga pueden resolver los problemas de la sociedad keniana. Este es un conflicto entre dos polticos burgueses, luchando para obtener un pedazo del pastel estatal para s mismos sus familias y seguidores. Pero como el conflicto tiene una base tribal, como ambas partes aceptan la "economa de mercado", gane quien gane, la otra parte perder. Es una receta acabada para la lucha tribal, las masacres, el caos y el genocidio.

El miedo se extiende como una epidemia incontrolable. El miedo genera ms violencia y la nueva escalada de violencia engendra an ms miedo, creando una espiral incontrolable de violencia. Kenia vive en medio del rumor. Algunos dicen que hay desacuerdos furiosos dentro del crculo de Kibaki. Otros dicen que fue envenenado por imponer el estado de excepcin. Entre los kikuyus, hablan temerosos de las milicia luo leales a Odinga entrenadas en el sur de Sudn. Todo esto produce una mayor escalada de violencia desde machetes a ametralladoras, palos, navajas y flechas envenenadas. Pero si estalla una guerra civil abierta, las atrocidades de hoy parecern una fiesta. Estos acontecimientos, suficientemente horribles, no han alcanzado todava el nivel de las matanzas que vimos en Ruanda en 1994. Pero la perspectiva est ah.

No es imposible que Kenia pueda fracturarse en lneas tnicas. Ya la violencia ha provocado la huida de varios cientos de miles de kenianos que pertenecan a minora tnicas en sus distintos lugares de residencia. Los luos han tenido que huir de la Provincia Central y los kikuyus del oeste. Si las cosas llegan hasta su extremo, el gobierno dominado por los kikuyus de Kibaki mantendra el control del centro del pas, la zona ms rica, hasta Nakuru, al noroeste de Nairobi, mientras que la oposicin Naranja de Odinga controlara el oeste y la mayor parte del norte. Pero todava quedara el problema del Valle del Rift. La mayora de los kalenkin que viven aqu son hostiles al dominio poltico kikuyu. Esto fcilmente podra llevar a una guerra civil sangrienta, acompaada por nuevos horrores.

Hasta hace poco, esto habra parecido una perspectiva increble para la mayora de los kenianos. La velocidad con la que se ha desintegrado toda la estructura social y poltica de lo que pareca uno de los pases ms estables de frica, demuestra la fragilidad subyacente de la democracia burguesa en todas partes. El capitalismo no ha conseguido resolver los problemas del pueblo de Kenia, como ha fracasado a escala mundial en dar a la mayora de la poblacin la vida que quiere. Lenin dijo que la cuestin nacional es, en ltima instancia, una cuestin de pan. El problema central era, y an es, econmico: el crecimiento econmico de Kenia no ha mantenido el crecimiento rpido de la poblacin, que es uno de los ms rpidos de frica. El resultado fue una escasez crnica de empleos, sobre todo entre los jvenes. La escasez de buena tierra agrcola y el desempleo rural han tenido un efecto serio.

Incapaces de vivir de la tierra, muchos jvenes parados emigraron a las ciudades donde se refugiaron en los suburbios de Nairobi y otros centros urbanos. Si la economa hubiera podido suministrar empleo y vivienda a todos, el antagonismo, la sospecha, los recelos entre personas de diferentes comunidades perderan su razn de existir. Eso es tan aplicable a Kenia como a cualquier otro pas del mundo. De esta manera, se cre una mezcla voltil y explosiva que ahora ha explotado rasgando la estructura de la sociedad. Si existiera un partido revolucionario, podra dar una explosin organizada y consciente del descontento de las masas. Pero en ausencia de una alternativa revolucionaria, otras fuerzas pueden salir a la superficie, las fuerzas oscuras del tribalismo que hunde sus races en un pasado lejano y que no se ha superado.

El tipo de atrocidades que se han cometido son obra de elementos criminales y desclasados, incitados por promotores profesionales de pogromos de un lado y otro. La mayora de los kenianos estn espantados de lo que est ocurriendo en su pas. Pero se sienten intiles frente a una marea de locura colectiva. La nica fuerza en la sociedad que sera capaz de detener la violencia es la clase obrera organizada. Si los sindicatos fueran dignos de ese nombre, defenderan una alternativa de clase frente a la locura tribal. Organizaran milicias obreras armadas, vinculadas a los sindicatos, para patrullar los distritos obreros y mantener el orden, desarmar y castigar a los perpetradores de los pogromos.

La naturaleza aborrece el vaco. En una situacin donde un gran nmero de jvenes estn tomando las calles, o la clase obrera da al movimiento una expresin organizada y objetivos claros, o inevitablemente caern bajo la influencia de los incitadores de los pogromos tribales. Desgraciadamente, la Organizacin Central de Sindicatos (COTU), la principal federacin sindical en Kenia, ha adoptado una posicin de abstencin en esta crisis, dice que el problema fue instigado polticamente y que se debera "resolver polticamente". Los dirigentes de la COTU piden a Kibaki que solucione la crisis mediante la negociacin. Es una traicin y un abandono total del deber.

Histricamente, los sindicatos kenianos han estado dominados por el KANU y han mantenido estrechos vnculos con el gobierno. A pesar de esto, ha habido luchas importantes por los salarios y los empleos, como en 2003, cuando los trabajadores kenianos protagonizaron una oleada de huelgas por todo el pas. Este hecho demuestra el potencial revolucionario de la clase obrera, que es socavado por la poltica de colaboracin de clases de la direccin. La clase obrera debe adoptar un papel activo, totalmente independiente de cualquier partido o dirigente burgus. Debe luchar para situarse a la cabeza de la nacin y dirigir la lucha por un cambio fundamental de la sociedad, que es lo que ms desea y necesita la mayora arrolladora de los kenianos.

Lo que hace falta es un verdadero partido obrero, que supere todas las divisiones tnicas y tribales, que organice la lucha contra los empresarios y el corrupto gobierno de Kibaki. Este partido luchara por reivindicaciones democrticas, comenzando con la exigencia de nuevas elecciones para echar del poder a Kibaki y su corrupta camarilla. Pero las elecciones por s mismas no resuelven nada. La democracia es una frase vaca a menos que implique una genuina transferencia de poder al pueblo, a la mayora de la sociedad, que son los trabajadores y los campesinos.

La burguesa ha tenido dcadas para demostrar que era capaz de hacer algo por la poblacin de Kenia. Ahora se ve donde ha terminado! El modelo capitalista de frica en cuestin de das ha quedado reducido a la quema de aldeas y a montones de cadveres. Pero una tragedia incluso an mayor pende sobre la cabeza de millones de hombres, mujeres y nios inocentes. Los cnicos y los escpticos dirn que la idea del socialismo y la unidad de los trabajadores son imposibles. No! Lo que es imposible es que los hombres y las mujeres continen viviendo en esta sociedad capitalista corrupta y decadente, una sociedad que destruye todo lo que es humano y decente, que reduce a las personas al nivel de los animales. Si tratas a las personas como animales, se comportarn como tal.

Algunos dirn que proponemos una utopa. Pero lo que proponemos es una sociedad basada en la solidaridad humana y no en la codicia del beneficio. Esa codicia del beneficio es, en ltima instancia, responsable de la miseria de millones de personas en frica y en todo el mundo. Es la avaricia rapaz de los terratenientes, banqueros y capitalistas, tanto de los ricachos de Londres y Nueva York, como sus chicos locales tipo Kibaki, que han saqueado frica todo su tesoro y reducido a la poblacin a la esclavitud. Eso, dicen los crticos del marxismo, es "prctico", pero no es lo que defendemos.

Hemos tenido suficiente de vuestras polticas "prcticas", hemos visto con mucha frecuencia adonde llevan. Lo que vemos en Kenia es la barbarie, pero la barbarie es el resultado del fracaso del capitalismo, el fracaso de dar empleo a millones de jvenes parados, condenados a pudrirse en las chabolas de Nairobi, el fracaso de alimentar y vestir a la poblacin, proporcionar viviendas decentes, escuelas y hospitales, en una palabra, el fracaso a la hora de darles las condiciones ms bsicas de la existencia civilizada. Niegan a las personas una vida civilizada y despus se quejan de la barbarie! Pero el capitalismo, en ltima instancia, significa barbarie y lo que hoy vemos en las calles de Nairobi se puede repetir incluso en las naciones ms civilizadas del planeta si sigue existiendo este sistema degenerado. La eleccin es socialismo o barbarie, no slo en Kenia, sino en todo el mundo.

La humanidad est condenada inevitablemente al descenso a la barbarie? Por supuesto que no! Hay una fuerza que puede impedir esta situacin. Esa fuerza es la clase obrera internacional, una clase que es capaz de traspasar todas las viejas barreras de raza, color, nacionalidad y religin. Carlos Marx deca: "los trabajadores no tienen patria". La clase obrera slo puede sobrevivir desarrollando la unidad de clase, superando todas las distinciones de color, raza, tribu y credo. No somos kikuyo ni luo, catlicos ni protestantes, ni blancos ni negros, somos hermanos y hermanas luchando por la misma causa. Somos soldados de la revolucin socialista mundial. Ese es el nico mensaje de esperanza a los trabajadores y campesinos de Kenia y de todo el continente africano.



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